Suele pasar que cuando alguien adquiere cierta notoriedad de inmediato se siente tentado a utilizar su tribuna para opinar sobre lo humano y lo divino. Así, por ejemplo, un tipo que incluso tiene un Premio Nobel de medicina se pone a decir que estamos a dos pasos de alcanzar la inmortalidad. U otro que lo es de física, que en dos días sabremos cual ha sido el origen del universo. Unos sabios muy necios en definitiva.
Otros que tal bailan son los actores y gentes del espectáculo en general. Troncos vacíos, como les llamó alguien. Sabido es que suelen llevar mal su notoriedad en el sentido de que a la primera que se les presenta se ponen a hacer la rueda. Nada extraño por otra parte ya que su negocio y la publicidad son una y la misma cosa. Cuanto más presentes están en los medios, no importa por lo que sea, más sube su caché.
Así las cosas, va un conocido director de cine español y se pone a opinar con un pronunciado sesgo ideológico sobre asuntos políticos. Resultado: luego hace una película y la gente que se ha sentido molesta por sus declaraciones se pone a boicotearla. Y el director a decir Diego donde dijo digo y de paso a insultar a los que le boicotean. Hubiera estado callado a propósito de lo que no tiene por qué entender y aquí paz y después gloria. Pero el hombre, envalentonado, busca la manera de sostenella y no enmendalla al más puro estilo del honrado y principal. Tan español él, que es lo que en su día dijo no sentirse.
Así las cosas, otra vez, va un tal Trump y gana en reñida liza la Presidencia de los EEUU. LLeva de Vice a un tal Mike Pence. Pues bien, a ciertos actores de Broadway no les ha gustado un pelo el resultado y han trincado la ocasión al vuelo para manifestarlo. Habiendo acudido el Vice Pence a verlos actuar, uno de ellos, percatado de su ilustre espectador, no se ha cortado y le ha soltado tal que esto:
“We sir, we are the diverse America who are alarmed and anxious that your new administration will not protect us, our planet, our children, our parents, or defend us and uphold our inalienable rights, sir,"
(Nosotros, señor, somos la América multicultural que estamos alarmados y ansiosos porque los que habéis ganado las elecciones no nos vais a proteger ni a nosotros ni a nuestro planeta, ni a los niños, ni a nuestros padres, o defender y mantener nuestros derechos inalienables, señor.)
El Vice, por aquello de que lo carca no quita lo inteligente, ha respondido sin perder la sonrisa: "Os lo advierto muchachos; así es como funciona la democracia."
No hay que ser Montaigne para darse cuenta de que lo que soltó el actor de marras es una majadería de tomo y lomo. Pero eso es lo de menos, lo que cuenta es el envalentonamiento (embolden) que no viene a cuento, valga la redundan. Tener una opinión y estar tan seguro de su certeza que necesitas lanzarla como si fuese un dardo certero de Diana Cazadora. Piensas, en tu atolondramiento, que no puedes fallar el blanco.
Pues bien, esas opiniones tan rebuscadas, y sobre todo largas, nada que ver con Diana que, por cierto, es melliza de Apolo. Así, como el actorcito, es como piensa Dionisos, fruto de haberse pasado la noche tomando copas con sus amigos los coribantes. No hay coribante que no tenga su Penteo (ley y orden) que matar. En eso están todos tan de acuerdo que es como la mierda que comen las moscas porque cien mil millones de moscas no se pueden estar equivocando.
En fin, que qué cuidado hay que tener con las propias opiniones. Convendría, antes de pretender ser Diana con sus dardos certeros de las lluvias inclementes, tener en cuenta de dónde salieron, si de Apolo o Dionisos. Porque es lo que va de la civilizada disposición a cagarla irremisiblemente.

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