Que en Castilla-León hay buena escuela es cosa de la que ya me había dado cuenta en los años que viví en Salamanca. No había más que hablar con la gente que venía a la consulta desde los pueblos de la Raya con Portugal. Todavía tengo por ahí, con lo poco que tiendo yo a guardar, unos versos en estilo romance que me trajo un viejecito de la zona de Yeltes en los que se exaltaba la figura de los maestros y el suyo en particular. Todo un canto a la educación. Bueno, nunca tuve en aquella consulta el menor contratiempo de tipo reivindicativo. Hablabas con la gente y la gente entendía porque sabía escuchar. Para ellos yo era alguien que había pasado por la universidad: una autoridad en definitiva. Así es que viniendo como venía yo, de la periferia de Barcelona, donde todo el mundo es más que todo el mundo, aquello me parecía poco menos que el distrito de Mayfair. Por fin había dado con gente civilizada.
Pero es que también confirma mi teoría lo que me cuenta María que lleva un par de años en un colegio del barrio más difícil de Palencia y alucina en colores. Lo compara con los colegios que ha conocido en Santander y dice que es como negro y blanco. Aquí, asegura, hay verdadera vocación desde la dirección al último mono. Y por eso el ambiente es tan exigente como agradable.
Y a los hechos hay que remitirse. Sólo hay que comparar los resultados por regiones del informe sobre educación que cada tres años hace la OCDE, lo que se conoce como Informe PISA. Castilla-León se lo lleva todo de calle. Hasta el más tonto tendrá que pensar que por algo tiene que ser. Es probable que sea debido a esa conjunción entre unos padres que votan conservador y unos maestros resueltos a ejercer de lo que son. O sea, una sociedad más avanzada. Todo lo contrario, en definitiva, de lo que vende la chusmología socialdemócrata. Cataluña, punta de lanza de la modernidad, queda a curso y medio de distancia, como Cantabria De soltera Santander, por no hablar de Andalucía y Extremadura que nunca paran de votar socialista para poder seguir dando cursos sobre la mejor manera de masturbarse.
Así son las cosas y para eso sirve la ciencia estadística, para contarlas de la forma más objetiva posible. Y no creo yo que exista forma más fiable de medir la calidad de vida de una población que centrándose en su nivel de conocimientos. Cuanto más altos, mejor vive la gente. Y sí, hay una cierta relación entre conocimientos y renta, pero sólo, como digo, cierta. Teniendo conocimientos se necesita mucho menos pasta para pegarse la gran vidorra. Porque, por ejemplo, ¿cuánto cuesta dejarse cegar por la luz sofoclea? Nada en el presente, buena escuela en el pasado. Y desengáñense, placeres como ese ni comiendo en el Bulli, ni volando a Bora-Bora, ni, ni siquiera, sacando al perro a husmear ojetes.
En fin, las cosas son como son, y lo de la tan de moda postverdad que tan entretenidos tiene a los paniaguados de la cosa mediática no es más que más de la misma bazofia para analfabetos funcionales. La verdad nunca fue tan meridiana como lo es hoy y más que lo será mañana en la medida que avancen las ciencias estadísticas, las grandes enemigas del wishful thinking socialdemócrata (pleonasmo).
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