martes, 6 de diciembre de 2016

Corte de mangas

Escribe Arcadi en su blog: "Se trata de lugares con una estricta reserva del derecho de admisión. El mundo (un perro) queda fuera. Uno come y bebe y lo siente pataleando a la intemperie, queriendo penetrar infructuosamente. Es muy agradable. La felicidad siempre añade un corte de mangas."

¡Genial!

Cuentan los cronistas que el corte de mangas es un invento de la Roma imperial. En origen, por lo visto, lo usaban los chaperos para expresar su disponibilidad a los posibles clientes. Después, andando el tiempo, pasó a ser un gesto procaz que se le hacía a alguien con la intención de denigrarle. Como llamarle cliente de chapero o algo así. O sea, maricón. 

Hoy día, sabido de sobra es que a nadie con dos dedos de frente le interesa lo más mínimo cuales son las preferencias sexuales del prójimo. Entre otras cosas, porque a lo mejor tampoco tiene muy claro cuales son las suyas. Lo que pasa es que también se sabe que dos dedos de frente no los tiene casi nadie. La inmensa mayoría, por las razones freudianas que sean, a pesar de que guarda ciertas formas, sigue pensando que los homosexuales son gente despreciable. Así es que ya sea conscientemente reprimido o inconsciente, que no sé la diferencia, el perro mundo de los proscritos a la intemperie sigue mandando al prójimo a tomar por el culo cuando quiere despreciarle. Y lo mismo, el corte de mangas. 

Lo que pasa también es que cuando uno se sofistica no necesita del gesto procaz para expresar el desprecio por los inferiores. Ese sentimiento que engrandece la felicidad, por más que sólo los muy valientes sean capaces de reconocerlo en este mundo de cagones. Yo hago lo que no puedes tú, que lo sepas. Y trágate ese embuste de que nadie es más que nadie.

Epílogo: 

Una de las mejores escenas del neorrealismo italiano: está Alberto Sodi apoyado en el capó de su flamante Fiat 600. A no mucha distancia la puerta de una fábrica por la que salen en tropel los obreros. Alberto se pone de pie y mirando hacia ellos grita a la vez que ejecuta un corte de mangas, ¡laboratori! Lo siguiente ya es la cutre moralina cristiano-marxista. Se sube al coche para salir pitando, pero el coche se niega a arrancar y los obreros cada vez están más cerca. 

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