lunes, 12 de diciembre de 2016

Gloomy

Siempre me fascinó aquello de Shopenhauer de que no entendía en absoluto las razones del apego a la vida del ser humano. En los demás animales, vale, ya que su biológico instinto de conservación no se ve contrapunteado por un cerebro con capacidad para la reflexión. Pero, nosotros, los seres pensantes, tenemos que tener alguna otra misteriosa pulsión que contrabalancee esa conciencia inevitable de que lo penoso del existir gana por goleada a lo placentero. Quizá es la esperanza que no osó escapar de la caja de Pandora porque no sabía si era un bien o un mal. La esperanza de que, al fin, puede llegarnos una epifanía. Una verdadera estupidez que no aguanta el tipo ante el menor esfuerzo reflexivo.

Sí, esa es la realidad y Seinfeld la niqueló cuando cuando dijo que a ver quien iba a ser el idiota que comprase una máquina que necesitase tanto mantenimiento como el ser humano. Porque de eso se trata, de mantenimiento. Como decía el Rey Emérito cuando le entrevistaban a la puerta de una clínica: "tengo que pasar por el garaje". Y así es la vida, garaje y más garaje tratando de paliar el inextinguible sufrimiento corporal. 

Pero eso es lo de menos, lo de más, como decía Chumy Chúmez, son las cargas morales. Las del espíritu. En el pasado lejano de cada cual también había garaje para eso, las iglesias de toda laya, pero, ¡ay!, un día maldito robamos a los dioses el conocimiento de la diferencia que hay entre creer y pensar. Y no nos lo perdonan. Desde entonces estamos condenados a deambular por los espinosos desiertos de la incertidumbre. Lo que hoy te sirve, mañana no. Y te tienes que inventar otra del mismo fuste y duración. Es un sinvivir. 

Un sinvivir que no para de buscar portillos por los que escapar. Y casi siempre nos pasa lo mismo, que todos los que encontramos a la primera de cambio y usamos sin previa comprobación van a dar al mismo desierto, si cabe más espinoso. Y así, siempre, de mal en peor. La verdad es que no sé cómo escapar a eso y a la vez seguir vivo. 

En fin, perdonen mi sinceridad, pero es que se acerca la Navidad. 

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