Los andaluces sacan tan buenas notas que sus papis en premio les han iluminado las pistas de esquí para que puedan estar toda la noche deslizándose. Total, por dos perras y unas cuantas toneladas más de CO2 al medio ambiente que le dicen, pues ya me dirás tú por qué privarse. Y más, teniendo en cuenta que la culpa de todo la tiene Trump. Nosotros a lo nuestro que es el buen rollito.
Ayer hizo un día diez para la bicicleta. Fresco, soleado y sin una brizna de viento. Fuimos a comer a Astudillo. Por la carretera nos cruzamos con cientos de ciclistas. Algunos, viejos, en solitario, pero los más en grupos compactos, como emulando el Tour. También había un tráfico inusitado de coches a toda pastilla. María se quejaba por ello y la tuve que decir que, por favor, no me amargase el día. A la una y media o así ya estábamos en la plaza del pueblo. Esas plazas, por Dios, qué cosa más perfecta. Los padres y los abuelos sentados en las terrazas mientras los niños corretean entre los árboles. La imagen más precisa del paraíso, donde nadie tiene miedo de nada ni, ni siquiera, la menor preocupación. Como si Prometeo todavía no hubiese llegado a engañar a los dioses con su artera ofrenda de huesos embadurnados con grasa.
El caso es que la Internacional Progresista está que trina como Severina la de San Sebastián de Garabandal. Progresista, es decir, eufemismo de "dime de qué presumes y te diré de qué careces". Motivos no les faltan: para empezar, Trump, entre otras, ha nombrado como Secretario de Medio Ambiente a un tipo que no cree en el calentamiento global. ¡Qué barbaridad! ¡Pero si está ahí! Si sólo hay que asomar la nariz por la ventana para darse cuenta. También son ganas de fastidiar. Y mientras tanto nosotros, los que presumimos de lo que carecemos, venga a privarnos de las delicias del progreso: ni agarramos aviones, ni coches, ni compramos cachivaches, ni nada de nada que pueda ir en detrimento de la prístina pureza del medio ambiente.
No sé, la verdad, a dónde vamos a llegar con esto del populismo que es como ahora se llama a decir mentiras que son verdades a medias. ¿O son verdades que parecen mentiras a medias? Yo, la verdad, ya digo, no sé, pero este Trump como que cada vez me cae mejor. Con sus artesonados dorados, su poil de carotte, sus gachis que quitan el hipo, su venga a echar toneladas de CO2 al medio ambiente sin presumir de lo contrario... un tipo, en definitiva, que destila consecuencia, esa virtud por excelencia que parecía haber desaparecido del mundo. No me extraña nada que la gente, aunque solo sea por eso, por verle como un tío que tiene un par como dios manda, le vote. ¡Ay, Dios, que vida ésta! Y mientras tanto "la conciencia del mundo" sigue trinando mientras se desliza por las pistas de nieve iluminadas y mamonadas por el estilo.
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