Perdida en la memoria, lejana en el recuerdo, como cantó el Gato Pérez, tengo aquella noche de vino y rosas en San Sebastián en la que estuvimos escuchando al trío virtuoso formado por Al Di Meola, John Mclaughlin y Paco de Lucia. Fue en un recinto enorme y estábamos sentados, o tirados, en el suelo y con el correspondiente colocón de mariguana. Cosas de la juventud, en fin, que si no para otra cosa sirvieron al menos para tener una historia común que sacar a colación en las veladas de nostalgia colectiva. Pero no es a eso a lo que quería ir hoy.
Lo de hoy tiene que ver con ese trío y una secuencia del documental "La Busqueda" en la que Paco de Lucia cuenta la sorpresa que se llevó Mclaughlin cuando le preguntó cómo se improvisaba a la guitarra. Claro, McLaughlin le estaba viendo improvisar todas las noches en la gira que ambos estaban llevando a cabo por todo el mundo. Lo que no sabía era que Paco no conocía los intríngulis de lo que estaba haciendo cuando improvisaba. Es decir, en aquellos maravillosos solos había mucha técnica pero ninguna teoría. Era todo instintivo. De oído, como se suele decir.
La anécdota, reconocerán conmigo, tiene su miga. Porque demuestra hasta qué punto el ser humano por mucho poder que tenga está acomplejado frente al saber. Y ahí, en el momento de esa pregunta, y la confesión de haberla hecho, está la mayor grandeza de Paco: reconocer la causa de sus limitaciones y querer resolverlas.Porque se había dado cuenta de que saber teoría pone alas al instinto.
Pensaba en estas cosas porque en los últimos tiempos toda mi actividad intelectual se concentra en el visionado de tutoriales musicales. Y la verdad es que doy muchas gracias a los dioses omnipotentes por haberme instigado a iniciarme en este mundo sin limitaciones. Y sofisticado por demás, porque por alguna razón biológica que desconocemos determinadas combinaciones de sonidos y ritmos tienen la propiedad de suscitar emociones reconocibles. Dado lo cual, no sabe el profano hasta qué punto y con qué facilidad puede estar sometido a manipulaciones sentimentales por medio de la música que suele acompañarle durante las más diversas actividades, desde ver cine, viajar en tren o hacer la compra en el super.
En resumidas cuentas, que internet mediante, uno tiene la oportunidad de desasnarse un poco al respecto. Y uno puede comprender el porqué de que Paco hiciera esa pregunta a Mclaughlin. Y es que los tutoriales dedicados a la música flamenca se concentran en la técnica y cuatro detalles armónicos, dejando lo demás a la intuición del ejecutante, mientras que el jazz y el pop dan la técnica por dominada y se enredan en un sin fin de retorcimientos de la armonía tradicional. Porque es que la música, como todo lo que coloca, gasta pronto su efecto y se necesitan nuevas sustancias para reactivarlo. Ciencia combinatoria en definitiva. El cuento de nunca acabar. En fin.
jueves, 30 de noviembre de 2017
miércoles, 29 de noviembre de 2017
Por su nombre
Los de youtube, de los que soy fiel admirador, me envían todos los días dos o tres vídeos de lo que ellos consideran candente actualidad. Bueno, en realidad no sé quién me los envía, pero el caso es que me llegan. Ayer, por ejemplo, llegó uno en el que una periodista de prosodia catalana por los cuatro costados echaba pestes de la situación que se vive en aquella región de España. Lo peor, claro está, la convivencia, que se ha convertido en un infierno. Tres cuartos de lo mismo de lo que pasaba hace cuatro días en todo el territorio de las Provincias Vascongadas y sigue pasando hoy en todo lo que no sean las capitales. Exactamente, para que nos entendamos, lo que hemos visto hasta la saciedad en las películas con tema de alemán malo. Unas cuantas, por cierto.
Vengo diciendo hace tiempo que los dos sitios más atrasados de España son Cataluña y el País Vasco y, por supuesto, la gente que me oye me mira como diciendo este tío está majara. Pero hablo con conocimiento de causa porque he vivido en los dos sitios. Y sí, les puedo asegurar que son sociedades cien o doscientos años por detrás de la que puede haber, por poner otro ejemplo de lo que conozco, en Castilla la Vieja. La misma Barcelona, cuando uno comprueba la relación de la abrumadora mayoría de sus habitantes con el principal club de fútbol de la ciudad no puede sino pensar que las aldeas no son cuestión de tamaño. La unanimidad es el signo por antonomasia del sometimiento. No en vano fue un partido político catalán, el primero que se formó allí, el que ostenta el título de "últimos de Filipinas" en la defensa a ultranza del esclavismo.
Ahora, por aquello tan lustroso de resumir los problemas con el uso de una palabra culta llaman a lo que pasa en las provincias desleales supremacismo. Se quiere decir con ello que se consideran superiores al resto. Puede ser, no lo voy a discutir. Pero eso, como médico que soy, sé que sólo es un síntoma más de los que denuncian el profundo trastorno orgánico que está en el origen de la enfermedad. Y ahí es a donde debemos llegar si no queremos hacer como los malos médicos que pretender curar enmascarando los síntomas.
El trastorno orgánico, ese es el asunto. ¿Cómo desenmascararlo? Habrá que extraer una muestra y analizarla, digo yo. El informe PISA, un suponer, es un buen indicador. En cualquier caso, infinitamente más fiable que la renta per capita. Porque esa es la primera contradicción, el no tener nada que ver la cuantía de la una con los resultados del otro. Habrá que preguntarse por el porqué de las cosas.
No sé, digo yo que el que se tenga esa unanimidad enfermiza por sostener que el Barça es más que un club unido a unos resultados bastante mediocres en las pruebas PISA a lo mejor es indicación de que algo no funciona muy bien allí arriba por donde se razona. Quizá falta de inteligencia por el simple hecho de haber nacido catalán... no creo en esas cosas, la verdad. Quizá la mala educación propiciada por la falta de cuestionamiento de unas tradiciones arcaicas... me inclino por este lado.
Ya en el siglo XIX los empresarios del lugar, los mismos que tenían esclavos en sus ingenios de Cuba o negociaban con ellos desde sus bases en el Maresme, decidieron, cuando los obreros empezaron a reclamar su parte del pastel, regresar al feudalismo por medio de la construcción de colonias fabriles alejadas de las ciudades. Auténticas distopias, como se dice ahora, en las que el sometimiento al patrón era absoluto. Y de aquellos polvos...
Resumiendo, la experiencia me dice que las patologías se enmascaran tras síntomas que dan el pego y de ahí que cueste tanto diagnosticarlas. Por eso son tan importantes los buenos médicos. Maria Elvira Roca Barea, en el caso que nos ocupa. Pues bien, sostiene Maria Elvira que lo de Cataluña no es otra cosa que un rebrote del feudalismo del que nunca se curaron del todo en aquella comunidad. Las oligarquías locales no consiguen concebir una sociedad sin pastoreos. Y de ahí, de esa tara mental, todo lo demás por añadidura. Así que ya sabemos de qué va aquello: tú eres superior -te sientes seguro- a condición de que te acoples al rebaño. Y eso es todo, atraso de siglos.
Vengo diciendo hace tiempo que los dos sitios más atrasados de España son Cataluña y el País Vasco y, por supuesto, la gente que me oye me mira como diciendo este tío está majara. Pero hablo con conocimiento de causa porque he vivido en los dos sitios. Y sí, les puedo asegurar que son sociedades cien o doscientos años por detrás de la que puede haber, por poner otro ejemplo de lo que conozco, en Castilla la Vieja. La misma Barcelona, cuando uno comprueba la relación de la abrumadora mayoría de sus habitantes con el principal club de fútbol de la ciudad no puede sino pensar que las aldeas no son cuestión de tamaño. La unanimidad es el signo por antonomasia del sometimiento. No en vano fue un partido político catalán, el primero que se formó allí, el que ostenta el título de "últimos de Filipinas" en la defensa a ultranza del esclavismo.
Ahora, por aquello tan lustroso de resumir los problemas con el uso de una palabra culta llaman a lo que pasa en las provincias desleales supremacismo. Se quiere decir con ello que se consideran superiores al resto. Puede ser, no lo voy a discutir. Pero eso, como médico que soy, sé que sólo es un síntoma más de los que denuncian el profundo trastorno orgánico que está en el origen de la enfermedad. Y ahí es a donde debemos llegar si no queremos hacer como los malos médicos que pretender curar enmascarando los síntomas.
El trastorno orgánico, ese es el asunto. ¿Cómo desenmascararlo? Habrá que extraer una muestra y analizarla, digo yo. El informe PISA, un suponer, es un buen indicador. En cualquier caso, infinitamente más fiable que la renta per capita. Porque esa es la primera contradicción, el no tener nada que ver la cuantía de la una con los resultados del otro. Habrá que preguntarse por el porqué de las cosas.
No sé, digo yo que el que se tenga esa unanimidad enfermiza por sostener que el Barça es más que un club unido a unos resultados bastante mediocres en las pruebas PISA a lo mejor es indicación de que algo no funciona muy bien allí arriba por donde se razona. Quizá falta de inteligencia por el simple hecho de haber nacido catalán... no creo en esas cosas, la verdad. Quizá la mala educación propiciada por la falta de cuestionamiento de unas tradiciones arcaicas... me inclino por este lado.
Ya en el siglo XIX los empresarios del lugar, los mismos que tenían esclavos en sus ingenios de Cuba o negociaban con ellos desde sus bases en el Maresme, decidieron, cuando los obreros empezaron a reclamar su parte del pastel, regresar al feudalismo por medio de la construcción de colonias fabriles alejadas de las ciudades. Auténticas distopias, como se dice ahora, en las que el sometimiento al patrón era absoluto. Y de aquellos polvos...
Resumiendo, la experiencia me dice que las patologías se enmascaran tras síntomas que dan el pego y de ahí que cueste tanto diagnosticarlas. Por eso son tan importantes los buenos médicos. Maria Elvira Roca Barea, en el caso que nos ocupa. Pues bien, sostiene Maria Elvira que lo de Cataluña no es otra cosa que un rebrote del feudalismo del que nunca se curaron del todo en aquella comunidad. Las oligarquías locales no consiguen concebir una sociedad sin pastoreos. Y de ahí, de esa tara mental, todo lo demás por añadidura. Así que ya sabemos de qué va aquello: tú eres superior -te sientes seguro- a condición de que te acoples al rebaño. Y eso es todo, atraso de siglos.
martes, 28 de noviembre de 2017
Hemorroides
Para saber que el ser humano lo pasa más mal que bien en la vida no es necesario leer a Shopenhauer. En el momento en que te haces consciente de los peligros sin fin que te acechan ya es imposible no vivir con el culo prieto y, de ahí, que no de otra causa, la ingente prevalencia de esa enfermedad inconfesable: las hemorroides. Digamos que es el indigno tributo que nos vemos obligados a pagar los humanos por el privilegio de la razón que nos concedió la naturaleza.
Sí, ahí está, la razón, ese instrumento que nos permite pensar y que cada cual usa en función de sus habilidades, innatas o adquiridas, que nunca se sabrá cuantas de una u otra clase habrá en cada uno de nosotros, aunque las sensateces prematuras nos hagan sospechar del predominio de las innatas que, a la postre, son las que más molan. Nacer inteligente que le dicen, no nos engañemos, es el verdadero chollo. Y no le demos más vueltas, porque la más auténtica injusticia de este mundo nos viene de fábrica y tiene poca solución: que un listo se malogre es fácil, pero que un tonto espabile, imposible.
Y en esas estamos, con la injusticia a cuestas e inventando siempre artilugios para que nos pese menos. La dichosa política para que nos entendamos. Creamos varias opciones y el personal se apunta a ellas en función de su cacumen. Todo depende de a quién achacas la culpa de las almorranas que te salieron: a ti mismo o a los otros. Ese es el meollo de la política: te autoinculpas y te quedas en casa a estudiar o culpas a los otros y sales a la calle a dar gritos. Individuos y masa. Conciencia e inconsciencia. Inteligentes y lerdos.
En fin, sí, ya sé, las cuestiones morales. Nietzsche dixit:
"La moral... Dónde creéis que tiene sus más peligrosos, más rencorosos defensores?... He aquí un fracasado que no posee suficiente espíritu para sentirse satisfecho de lo que tiene, y que no obstante ha recibido suficiente cultura como para saberlo; se aburre, siente hastío de sí mismo, se desprecia; para colmo, desposeído por una pequeña herencia del consuelo supremo, de la "bendición del trabajo", del olvido de sí mismo en la "tarea cotidiana", es un ser que, en el fondo, siente vergüenza de su existencia -tal vez, bajo su más profunda cara, alberga algún pequeño vicio en lo más recóndito de su alma; por otra parte no puede impedir corromperse cada vez más, volverse siempre más vanidoso e irritable debido a lecturas a las que no tiene derecho, o a frecuentar personas demasiado intelectuales para su capacidad digestiva: envenenado hasta la médula-, ya que para un fracasado de esta estirpe el espíritu es veneno, y veneno también la cultura, la soledad y la propiedad; se hunde finalmente en un estado de rencor, en un deseo crónico de vengarse... ¿De qué crees que tiene necesidad, absoluta necesidad, para conservar frente a sí mismo una apariencia de superioridad sobre espíritus más fuertes que el suyo, para darse, por lo menos en la imaginación, la voluptuosidad de la venganza lograda? De la moralidad, siempre de ella, sin duda alguna, tiene necesidad de los preceptos de la moral, de la gran arca de la justicia, de la sabiduría, de la santidad, de la virtud; tiene necesidad de la actitud estoica (¿ah, estoicismo, que bien ocultas lo que no se tiene!...), tiene necesidad de la capa del silencio superior, y de otros idealistas encubrimientos bajo cuyos ropajes vemos a los incurables que se desprecian a sí mismos y que son también los incurables vanidosos."
Sí, ahí está, la razón, ese instrumento que nos permite pensar y que cada cual usa en función de sus habilidades, innatas o adquiridas, que nunca se sabrá cuantas de una u otra clase habrá en cada uno de nosotros, aunque las sensateces prematuras nos hagan sospechar del predominio de las innatas que, a la postre, son las que más molan. Nacer inteligente que le dicen, no nos engañemos, es el verdadero chollo. Y no le demos más vueltas, porque la más auténtica injusticia de este mundo nos viene de fábrica y tiene poca solución: que un listo se malogre es fácil, pero que un tonto espabile, imposible.
Y en esas estamos, con la injusticia a cuestas e inventando siempre artilugios para que nos pese menos. La dichosa política para que nos entendamos. Creamos varias opciones y el personal se apunta a ellas en función de su cacumen. Todo depende de a quién achacas la culpa de las almorranas que te salieron: a ti mismo o a los otros. Ese es el meollo de la política: te autoinculpas y te quedas en casa a estudiar o culpas a los otros y sales a la calle a dar gritos. Individuos y masa. Conciencia e inconsciencia. Inteligentes y lerdos.
En fin, sí, ya sé, las cuestiones morales. Nietzsche dixit:
"La moral... Dónde creéis que tiene sus más peligrosos, más rencorosos defensores?... He aquí un fracasado que no posee suficiente espíritu para sentirse satisfecho de lo que tiene, y que no obstante ha recibido suficiente cultura como para saberlo; se aburre, siente hastío de sí mismo, se desprecia; para colmo, desposeído por una pequeña herencia del consuelo supremo, de la "bendición del trabajo", del olvido de sí mismo en la "tarea cotidiana", es un ser que, en el fondo, siente vergüenza de su existencia -tal vez, bajo su más profunda cara, alberga algún pequeño vicio en lo más recóndito de su alma; por otra parte no puede impedir corromperse cada vez más, volverse siempre más vanidoso e irritable debido a lecturas a las que no tiene derecho, o a frecuentar personas demasiado intelectuales para su capacidad digestiva: envenenado hasta la médula-, ya que para un fracasado de esta estirpe el espíritu es veneno, y veneno también la cultura, la soledad y la propiedad; se hunde finalmente en un estado de rencor, en un deseo crónico de vengarse... ¿De qué crees que tiene necesidad, absoluta necesidad, para conservar frente a sí mismo una apariencia de superioridad sobre espíritus más fuertes que el suyo, para darse, por lo menos en la imaginación, la voluptuosidad de la venganza lograda? De la moralidad, siempre de ella, sin duda alguna, tiene necesidad de los preceptos de la moral, de la gran arca de la justicia, de la sabiduría, de la santidad, de la virtud; tiene necesidad de la actitud estoica (¿ah, estoicismo, que bien ocultas lo que no se tiene!...), tiene necesidad de la capa del silencio superior, y de otros idealistas encubrimientos bajo cuyos ropajes vemos a los incurables que se desprecian a sí mismos y que son también los incurables vanidosos."
lunes, 27 de noviembre de 2017
De muerte
Ayer era un día de esos para pasarlo en el mirador. Soleado y con un viento del nordeste de los que traspasan varias capas textiles. Así y todo, y debido más que nada a la insistencia de María, nos echamos a la carretera. Y, la verdad, metido uno ya en harina, caes en la cuenta de que la cosa no era para tanto. Convenientemente pertrechados pusimos cara al viento y tiramos hacia Fuentes de Valdepero. De allí a Monzón, que como todo es bajada, está chupado. Y en Monzón nos metimos en lo de Josefina. Curiosamente, no había bullicio. Y no es que hubiese poca gente. No sé a qué sería debido tan extraño acontecimiento. Pedí un verdejo y un pincho de morro. El morro estaba de muerte. Se lo dije al marido de Josefina y el hombre lo agradeció tanto que hasta me dio una palmada en la espalda. Sí, nos queda muy bien, dijo.
Son curiosos los derroteros de la vida. Uno se ha esforzado lo indecible por ascender por los más variados vericuetos del saber y al final en lo único que me he convertido en experto es en la corona de bares y restaurantes que adornan a la ciudad de Palencia. En un radio de veinte kilómetros o así me los conozco a todos los que tienen algo que ofrecer. Y luego, como cuando sales de ellos aparece rapídamente en el movil una demanda de opinión, pues voy y escribo la mía que siempre va acompañada del anagrama que me caracteriza que es una foto de mi ortler meran. Con lo cual, los dueños me identifican y, aunque hacen como que no saben, todo son atenciones cada vez que vuelvo. Y los de google no dejan de recordarme que tengo batido un nuevo record. El otro día ya iban por tres mil las visitas a una foto que colgué del interior del restaurante La Concordia, también en Monzón -las mejores manitas de cordero que recuerdo, por cierto-.
Y así paso la vida, a mis cosas, mientras los assholes del mundo mundial gastan sus esfuerzos en pretender que la cambie. Por Dios bendito, que ya va siendo hora de que dejen de dar la lata. Y a eso se reduce todo, a lo que siempre nos decía el obispo Eguino y Trecu en sus visitas pastorales: zapatero a tus zapatos. Tu te dedicas a lo tuyo, que en mi caso es catalogar la calidad de los pinchos de la corona palentina, y dejas a los assholes con dos palmos de narices. ¿Que quieren instaurar el reino de Dios en la tierra? Pues nada, que sigan adelante con su empeño, que ya se cansarán.
Son curiosos los derroteros de la vida. Uno se ha esforzado lo indecible por ascender por los más variados vericuetos del saber y al final en lo único que me he convertido en experto es en la corona de bares y restaurantes que adornan a la ciudad de Palencia. En un radio de veinte kilómetros o así me los conozco a todos los que tienen algo que ofrecer. Y luego, como cuando sales de ellos aparece rapídamente en el movil una demanda de opinión, pues voy y escribo la mía que siempre va acompañada del anagrama que me caracteriza que es una foto de mi ortler meran. Con lo cual, los dueños me identifican y, aunque hacen como que no saben, todo son atenciones cada vez que vuelvo. Y los de google no dejan de recordarme que tengo batido un nuevo record. El otro día ya iban por tres mil las visitas a una foto que colgué del interior del restaurante La Concordia, también en Monzón -las mejores manitas de cordero que recuerdo, por cierto-.
Y así paso la vida, a mis cosas, mientras los assholes del mundo mundial gastan sus esfuerzos en pretender que la cambie. Por Dios bendito, que ya va siendo hora de que dejen de dar la lata. Y a eso se reduce todo, a lo que siempre nos decía el obispo Eguino y Trecu en sus visitas pastorales: zapatero a tus zapatos. Tu te dedicas a lo tuyo, que en mi caso es catalogar la calidad de los pinchos de la corona palentina, y dejas a los assholes con dos palmos de narices. ¿Que quieren instaurar el reino de Dios en la tierra? Pues nada, que sigan adelante con su empeño, que ya se cansarán.
domingo, 26 de noviembre de 2017
La cuestión candente
Se sabe desde la más remota antigüedad que la tarea más ingente que puede, y debe, acometer un ser humano es la de conocerse a sí mismo. En ese esfuerzo se le va la vida con resultados inciertos de los que depende el ser o no ser. Porque no nos engañemos, las personas son personas en la medida que se conocen o, dicho de otro modo, según la capacidad que generan para reírse de sí mismos, porque a la postre, convénzanse, todos somos de chiste. Y esto es, más o menos, todo lo que hay que saber para conseguir un cierto buen pasar por el mundo. Pero, en fin, como he dicho de entrada que la tarea es ingente, ya podemos suponer que los mortales, en su inmensa mayoría, nacen, viven y mueren, en la más total inopia respecto a lo que son, lo cual que viene a ser causa más que suficiente para tanto desafuero y malestar como el que estamos acostumbrados a ver en las primeras planas de todos los medios.
Y, esta inopia de los individuos, me parece, se podría extrapolar a los países. La historia que nos solemos contar los unos a los otros suele ser una adaptación burda de la realidad que cada cual hace en función de intereses desencadenados en lo más profundo del inconsciente. Así, para saber de alguien, pocas cosas hay más útiles que dejarle que te cuente quienes somos y de dónde venimos. Y suele dar igual lo que uno haya tratado de instruirse porque, como demuestra la experiencia de los amigos Sánchez Albornoz y Américo Castro, una erudición exquisita puede llevar a interpretaciones totalmente dispares. En realidad, lo más divertido de los libros de estos señores son los insultos que se lanzan el uno al otro que ni las pescateras de Puertochico se atrevieron nunca a llegar a tales cotas de vulgaridad.
Sea como sea, el caso es que hace unos meses, con ocasión de un evento familiar, tuve un tête à tête con un sobrino por lo demás encantador y con motivos más que de sobra para ser persona ilustrada. Comentando entonces sobre la manía que les había entrado a algunos munícipes de cambiar los nombres de las calles, me dijo que no entendía ese ensañamiento con personajes de tres al cuarto cuando, después, no les importa que las calles principales lleven el nombre de los que cometieron genocidios en América, Pizarro, Cortés y así. Me quedé de piedra, la verdad, y sólo le pregunté si había leído la obra de Bernal Díaz del Castillo, que por supuesto que no. Bueno, lo que cuenta es que así corre el mundo, y, además, considerando que siendo él de la región levantina, y de simpatías sociatas por demás, la cosa tenía poco misterio. Pero esa es otra historia.
Y sí, así corre el mundo, pero no todo. También está María Elvira Roca Barea que con la autoridad que le dan sus estudios en los más prestigiosos centros del mundo trata de poner las cosas en su sitio. O mi admirada Cayetana que es que es como si hubiese venido de Oxford para sacudir las telarañas de los ojos de la crème de la intelectualidad. Porque, sí, nuestra crème ya nos tiene aburridos con sus tópicos y monsergas. Y la juventud se les escapa hacia pastizales más jugosos y no siempre saludables. Así, les comentaba ayer a mis amigos en la tertulia mañanera de La Cañía el caso de mi querido Savater, la persona que seguramente más me ha enseñado en esta vida. Pero ahí sigue el hombre cultivando la cizaña en medio de las flores. Que el franquismo le metiese en la cárcel una semana o lo que fuere no puede ser para un intelectual como él el color del cristal a través del cual ve toda aquella época. Necesitamos que se sacuda la mugre y nos cuente porque hay una diferencia tan grande de percepción entre, un suponer, Ataturk y Franco. Uno un héroe y el otro un villano, cuando en términos históricos podríamos decir que se parecen casi como dos gotas de agua. Savater, y otros como él, nos deben una explicación al respecto. Porque, seguramente, ni uno fue tan héroe ni el otro tan villano y, lo que sí, es que con instrumentos muy similares sacaron a sus países de la edad media y los pusieron en la modernidad. Y ese sí que es un hecho objetivo.
En fin, lo dicho, conocerse y conocernos para vivir mejor: esa es la cuestión candente.
Y, esta inopia de los individuos, me parece, se podría extrapolar a los países. La historia que nos solemos contar los unos a los otros suele ser una adaptación burda de la realidad que cada cual hace en función de intereses desencadenados en lo más profundo del inconsciente. Así, para saber de alguien, pocas cosas hay más útiles que dejarle que te cuente quienes somos y de dónde venimos. Y suele dar igual lo que uno haya tratado de instruirse porque, como demuestra la experiencia de los amigos Sánchez Albornoz y Américo Castro, una erudición exquisita puede llevar a interpretaciones totalmente dispares. En realidad, lo más divertido de los libros de estos señores son los insultos que se lanzan el uno al otro que ni las pescateras de Puertochico se atrevieron nunca a llegar a tales cotas de vulgaridad.
Sea como sea, el caso es que hace unos meses, con ocasión de un evento familiar, tuve un tête à tête con un sobrino por lo demás encantador y con motivos más que de sobra para ser persona ilustrada. Comentando entonces sobre la manía que les había entrado a algunos munícipes de cambiar los nombres de las calles, me dijo que no entendía ese ensañamiento con personajes de tres al cuarto cuando, después, no les importa que las calles principales lleven el nombre de los que cometieron genocidios en América, Pizarro, Cortés y así. Me quedé de piedra, la verdad, y sólo le pregunté si había leído la obra de Bernal Díaz del Castillo, que por supuesto que no. Bueno, lo que cuenta es que así corre el mundo, y, además, considerando que siendo él de la región levantina, y de simpatías sociatas por demás, la cosa tenía poco misterio. Pero esa es otra historia.
Y sí, así corre el mundo, pero no todo. También está María Elvira Roca Barea que con la autoridad que le dan sus estudios en los más prestigiosos centros del mundo trata de poner las cosas en su sitio. O mi admirada Cayetana que es que es como si hubiese venido de Oxford para sacudir las telarañas de los ojos de la crème de la intelectualidad. Porque, sí, nuestra crème ya nos tiene aburridos con sus tópicos y monsergas. Y la juventud se les escapa hacia pastizales más jugosos y no siempre saludables. Así, les comentaba ayer a mis amigos en la tertulia mañanera de La Cañía el caso de mi querido Savater, la persona que seguramente más me ha enseñado en esta vida. Pero ahí sigue el hombre cultivando la cizaña en medio de las flores. Que el franquismo le metiese en la cárcel una semana o lo que fuere no puede ser para un intelectual como él el color del cristal a través del cual ve toda aquella época. Necesitamos que se sacuda la mugre y nos cuente porque hay una diferencia tan grande de percepción entre, un suponer, Ataturk y Franco. Uno un héroe y el otro un villano, cuando en términos históricos podríamos decir que se parecen casi como dos gotas de agua. Savater, y otros como él, nos deben una explicación al respecto. Porque, seguramente, ni uno fue tan héroe ni el otro tan villano y, lo que sí, es que con instrumentos muy similares sacaron a sus países de la edad media y los pusieron en la modernidad. Y ese sí que es un hecho objetivo.
En fin, lo dicho, conocerse y conocernos para vivir mejor: esa es la cuestión candente.
jueves, 23 de noviembre de 2017
La autentica manada
Ahí tienen ustedes a la autentica manada. Y no es que yo quiera exculpar al grupo de descerebrados que se creyeron que los sanfermines eran barra libre para todo. Que paguen por lo que hayan hecho mal y que después vuelvan a la cadena de producción para la que fueron preparados. Pero todas estas viragos, y algún clérigo camuflado entre ellas, ¿qué les lleva a adoptar esa actitud? ¿El afán de justicia? ¡Anda ya, a otro perro con ese hueso!
Toda esa es gente frustrada que se apunta a cualquier "causa justa" para arrojar al cielo los dardos fabricados con el rencor que amenaza reventarles el corazón. Seguro que son todas, y todos, socialistas o peor si cabe. Achacando siempre su fracaso a la maldad de los otros. Los ricos, los que se divierten, da igual, el caso es quitarles la sonrisa de la cara para que sepan lo que se siente siendo un puto desgraciado como yo.
¡Qué mala educación, por Dios! Por qué no enseñarán a la gente que la primera regla para una vida normal es ocuparse de lo propio y, la segunda, que todo lo que me pasa, para bien y para mal, es el producto de mi interacción con los dioses. Y no hay más tu tía.
¡Santo cielo, qué hartazgo de reaccionarismo! Entre unos y otros nos están haciendo añorar a Franco. Por aquel entonces cuando podías hacer chistes sin miedo a que viniese la autentica manada a matarte civilmente.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
Cuestionando
Ayer, creo que fue en El Mundo, me topé con un artículo que, dando muchos rodeos como para despistar, ponía en cuestión la salud mental de los propietarios de perros. Al cabo de un rato quise leerlo otra vez para cerciorarme de que había leído bien, pero no conseguí dar con él. Pensé que algún censor había ordenado su inmediata retirada. Con la religión no se juega, pensé.
Hoy veo una foto estremecedora de Madrid, con su boina más negra que el sobaco de un grillo, como decían los proscritos. Da igual, porque del coche no nos vamos a bajar porque sería un sacrilegio. Hay muchas otras cosas que contaminan dicen los fieles indignados. Que empiecen por ellas y luego ya veremos. ¡Oye, total por unas toses de más! La cosa tampoco es para tanto.
Luego voy y me entero de que un nacionalista vasco le ha dicho a uno de ciudadanos que es un ignorante y no sabe de qué está hablando porque, éste, ha cuestionado el "cupo" de aquel. Otra religión, los vascos tienen derecho al cupo por gracia divina y sanseacabó. No hay más que hablar.
Lo del monotema, ya, para qué seguir. Cojan, agarren La Vanguardia y verán de qué poco ha servido todo lo que ha pasado. La verdad revelada no se borra de los espíritus tan así como así. Se necesitarían, como siempre ha sido a lo largo de la historia, ríos de sangre para sólo desvaírla porque, desengáñense, hacerla desaparecer ni con la bomba de neutrones.
Lo de los asaltos sexuales, de traca. No hay tía buena que en su temprana decadencia no denuncie a algún famoso. Ayer le toco a Charlie Rose. ¡Vaya por Dios! Se podían acordar las muy golfas de cuando estaban venga a sacar prebendas a costa de su buenez.
El asunto es peliagudo, sí. Porque se ha instalado en el mundo una lógica perruna. Lo que quería Hitler más o menos. Es decir, que el respetable no sepa distinguir los matices que separan la lealtad de la sumisión. Es una cuestión de cuestionamientos, valga la redundancia. Lo nuestro no se cuestiona porque ese es nuestro concepto de la lealtad dicen los muy necios camino del despeñadero. El acatamiento ciego de lo que parece que me beneficia, la religión de los perros. La sumisión grabada a fuego en el ADN.
En fin, cuestionen por favor, a ver si así acabamos de una vez con toda esa inmundicia que dejan los perros por las esquinas y farolas de la ciudad.
Hoy veo una foto estremecedora de Madrid, con su boina más negra que el sobaco de un grillo, como decían los proscritos. Da igual, porque del coche no nos vamos a bajar porque sería un sacrilegio. Hay muchas otras cosas que contaminan dicen los fieles indignados. Que empiecen por ellas y luego ya veremos. ¡Oye, total por unas toses de más! La cosa tampoco es para tanto.
Luego voy y me entero de que un nacionalista vasco le ha dicho a uno de ciudadanos que es un ignorante y no sabe de qué está hablando porque, éste, ha cuestionado el "cupo" de aquel. Otra religión, los vascos tienen derecho al cupo por gracia divina y sanseacabó. No hay más que hablar.
Lo del monotema, ya, para qué seguir. Cojan, agarren La Vanguardia y verán de qué poco ha servido todo lo que ha pasado. La verdad revelada no se borra de los espíritus tan así como así. Se necesitarían, como siempre ha sido a lo largo de la historia, ríos de sangre para sólo desvaírla porque, desengáñense, hacerla desaparecer ni con la bomba de neutrones.
Lo de los asaltos sexuales, de traca. No hay tía buena que en su temprana decadencia no denuncie a algún famoso. Ayer le toco a Charlie Rose. ¡Vaya por Dios! Se podían acordar las muy golfas de cuando estaban venga a sacar prebendas a costa de su buenez.
El asunto es peliagudo, sí. Porque se ha instalado en el mundo una lógica perruna. Lo que quería Hitler más o menos. Es decir, que el respetable no sepa distinguir los matices que separan la lealtad de la sumisión. Es una cuestión de cuestionamientos, valga la redundancia. Lo nuestro no se cuestiona porque ese es nuestro concepto de la lealtad dicen los muy necios camino del despeñadero. El acatamiento ciego de lo que parece que me beneficia, la religión de los perros. La sumisión grabada a fuego en el ADN.
En fin, cuestionen por favor, a ver si así acabamos de una vez con toda esa inmundicia que dejan los perros por las esquinas y farolas de la ciudad.
martes, 21 de noviembre de 2017
Ángel
Ángel aguantaba estoicamente aquellos ataques porque seguramente estaba convencido de que lo que le tenían era envidia por no haber tenido que pasar las miserias que ellos habían padecido allí a donde emigraron en busca de sustento. Así que cuando se cansaba de aguantar impertinencias decía: "cambiando de tema" y se ponía a contar cualquier historia intrascendente de sus sobrinos o cosa por el estilo. Él era un hombre de refranes y chascarrillos y sabía perfectamente cual traer a colación en el momento oportuno. "La misa y el pimiento, cosa de poco alimento", solía decir. Y cuando se quería explayar, recitaba: A las seis de la mañana,/cuando apunta el sol en la cumbre,/ hay más pollas en los chochos/ que pucheros en la lumbre. El bueno de Ángel, que siempre que iba a la compra, al regresar, tocaba al timbre para enseñarme lo que había comprado y lo que le había importado. Importar, un verbo que me traía recuerdos de la remota infancia en la escuela del pueblo. Un kilo de peras me ha importado tantas pesetas...
Así todo, cuando a Ángel se le murió la centenaria madre y sus hermanos se le llevaron a vivir a Burgos la cohesión de los Proscritos se desbarató. Fue como si un disolvente se hubiese llevado el pegamento que los mantenía unidos. El inferior que servía de punto de apoyo para el necio sentimiento de superioridad. Al faltar, se perdió pie. Una tragedia. Ya quedaba poco que hacer por allí, así que organicé la retirada.
Supongo que todo el mundo funciona igual, manteniéndose erguido gracias a ese sentimiento estúpido que autoafirma del Rey abajo a la práctica totalidad. Y que, por supuesto, se manifiesta con virulencia inversamente proporcional a la distancia objetiva entre los supuestos iguales ante la ley. Así, cuando no hay motivos, el necio se esfuerza por inventarlos y ahí empiezan los problemas.
En fin, que somos muy limitados y lo único que podemos hacer es cultivar un jardín cualquiera que es la mejor forma de tomar conciencia de esa limitación y de paso bajar los humos xenófobos. Me voy a lo de LoremaryluGT a seguir cavando.
lunes, 20 de noviembre de 2017
La Santa Misa
La Behetría era ayer al mediodía un hormiguero. La gente se había quedado aterida atendiendo a la Santa Misa -imposible, claro, calefactar el mamotreto de Santa Eugenia- y trataba de calentarse al solecillo del atrio mientras hacían comunidad. Después, por pequeños grupos cruzaban la plaza y se metían en La Behetría a continuar el jolgorio. Yo, mientras tanto, zampaba un pincho de tortilla y un café con leche en la terraza sombreada. El calor que traía del camino apenas resistió unos minutos, así que despaché rápido y salí zumbando al banco soleado del otro lado de la plaza para seguir observando sin el inconveniente del tirititeo que diría Camarón.
La escena de la salida de Misa Mayor. Tantos recuerdos de la infancia. Los niños, los jóvenes matrimonios, los viejos. Las autoridades que se demoraban a la espera de que el cura se despojase de sus sofisticadas vestimentas para acompañarle de regreso a casa. Todo ese mundo que ya no se sostiene. Los niños no existen, los jóvenes matrimonios duermen la mona del sábado noche, las autoridades, quizá socialistas, ni de coña se dejan caer por allí, el cura, sin sotana, como uno más. Sólo viejos más doblados que una uve, quizá acompañados de sus hijos sesentones que aprovechan ese instante para dar cumplida cuenta del cuarto mandamiento.
Me preguntaba, entonces, si estaremos haciendo bien al abandonar ese rito semanal de contacto con lo trascendente. Al fin y al cabo no dejaba de ser una terapia para el espíritu de lo más reconfortante. Renovar la conciencia de nuestra insignificancia. Porque, si bien se mira, toda esa chusma que va por ahí a toda mecha en sus superferolíticos cacharros no son más que ángeles caídos que no se cansan de desafiar a Dios. O a las leyes de la naturaleza por decirlo de otra manera. Y por tal es que no dejan de sufrir y cargarse de odios y rencores.
No es que esté diciendo que si la gente cultivase el sentido de lo trascendente dejaría de votar a Podemos, pero casi. La idea de Dios es la conciencia de lo inasible. A los humanos todo se nos escapa de las manos y, si no tienes cabeza para reconocerlo por ti mismo, quizá pudiera servir que un cura te lo recordase una vez a la semana antes de ir a tomar el aperitivo en el bar de la Plaza Mayor que hay en frente de la Iglesia Parroquial.
Bueno, sólo era una somera reflexión sobre un mundo que se va porque, seguramente, otro está venido sin que todavía sepamos muy bien en qué consiste.
La escena de la salida de Misa Mayor. Tantos recuerdos de la infancia. Los niños, los jóvenes matrimonios, los viejos. Las autoridades que se demoraban a la espera de que el cura se despojase de sus sofisticadas vestimentas para acompañarle de regreso a casa. Todo ese mundo que ya no se sostiene. Los niños no existen, los jóvenes matrimonios duermen la mona del sábado noche, las autoridades, quizá socialistas, ni de coña se dejan caer por allí, el cura, sin sotana, como uno más. Sólo viejos más doblados que una uve, quizá acompañados de sus hijos sesentones que aprovechan ese instante para dar cumplida cuenta del cuarto mandamiento.
Me preguntaba, entonces, si estaremos haciendo bien al abandonar ese rito semanal de contacto con lo trascendente. Al fin y al cabo no dejaba de ser una terapia para el espíritu de lo más reconfortante. Renovar la conciencia de nuestra insignificancia. Porque, si bien se mira, toda esa chusma que va por ahí a toda mecha en sus superferolíticos cacharros no son más que ángeles caídos que no se cansan de desafiar a Dios. O a las leyes de la naturaleza por decirlo de otra manera. Y por tal es que no dejan de sufrir y cargarse de odios y rencores.
No es que esté diciendo que si la gente cultivase el sentido de lo trascendente dejaría de votar a Podemos, pero casi. La idea de Dios es la conciencia de lo inasible. A los humanos todo se nos escapa de las manos y, si no tienes cabeza para reconocerlo por ti mismo, quizá pudiera servir que un cura te lo recordase una vez a la semana antes de ir a tomar el aperitivo en el bar de la Plaza Mayor que hay en frente de la Iglesia Parroquial.
Bueno, sólo era una somera reflexión sobre un mundo que se va porque, seguramente, otro está venido sin que todavía sepamos muy bien en qué consiste.
domingo, 19 de noviembre de 2017
Pour se battre
El otro día estaba escuchando un debate en una televisión francesa en el que unos "buenos" -¡qué útiles las comillas!- se indignaban por no recuerdo qué masacre en cualquier sitio del planeta. Entonces, Kouchner, el fundador de Médicos sin Fronteras y exministro de Asuntos Exteriores, que estaba allí con la tensa templanza que le caracteriza, se limitó a recordar a los indignados que el ser humano viene a este mundo pour se battre. En realidad, pensé, poca más filosofía hay que saber para encontrar un acomodo razonable en esta vida.
Todo lo que vive está en las mismas. No hay más que ver esos documentales rodados en el Serengueti o similares en los que todo el rato los animales están ingeniándoselas, ya sea para escapar de otros, ya sea para comérselos. Siempre es igual y, sin embargo, parecen no cansar a la gente. La misma gente que luego parece no comprender, e incluso se indigna, cuando el ser humano saca la fuerza a pasear por tal de prevalecer sobre sus congéneres. Porque de eso es precisamente de lo que se trata, de prevalecer por los medios que sean: si naces dotado, en solitario, pero, si no, recurriendo a la manada. En la práctica totalidad, un mix de las dos posibilidades.
Se battre por prevalecer. Cada uno a su manera en función de lo que natura le proveyó al nacer. Músculos o cabeza, belleza o fealdad, no es lo mismo, desde luego, cómo te ponen las cosas de fáciles o difíciles unas cosas u otras. Aunque, como todos sabemos, al final, la suerte de la fea la guapa la desea.
Porque si prevaleces eres alguien. Justo lo que da sentido a la vida. Lo demás mandangas. Así que nada de lo que extrañarse por lo que vemos en el mundo y, tampoco, por las propias tonterías que son los atajos que creemos haber encontrado para llegar al ansiado fin del reconocimiento.
En fin, hay lo que hay y, si en vez de tanto confiar en las letras, hubiese confiado un poco más en la espada, quizá otro gallo me cantara. Pero es que nací con poco músculo, es decir, predispuesto a sucumbir al complejo de justificación. Toda la vida tratando de camuflar las carencias para, no ya prevalecer, si no para por lo menos pasar desapercibido a los depredadores. En eso consiste el se battre de los cobardes. Casi toda la humanidad por cierto.
Todo lo que vive está en las mismas. No hay más que ver esos documentales rodados en el Serengueti o similares en los que todo el rato los animales están ingeniándoselas, ya sea para escapar de otros, ya sea para comérselos. Siempre es igual y, sin embargo, parecen no cansar a la gente. La misma gente que luego parece no comprender, e incluso se indigna, cuando el ser humano saca la fuerza a pasear por tal de prevalecer sobre sus congéneres. Porque de eso es precisamente de lo que se trata, de prevalecer por los medios que sean: si naces dotado, en solitario, pero, si no, recurriendo a la manada. En la práctica totalidad, un mix de las dos posibilidades.
Se battre por prevalecer. Cada uno a su manera en función de lo que natura le proveyó al nacer. Músculos o cabeza, belleza o fealdad, no es lo mismo, desde luego, cómo te ponen las cosas de fáciles o difíciles unas cosas u otras. Aunque, como todos sabemos, al final, la suerte de la fea la guapa la desea.
Porque si prevaleces eres alguien. Justo lo que da sentido a la vida. Lo demás mandangas. Así que nada de lo que extrañarse por lo que vemos en el mundo y, tampoco, por las propias tonterías que son los atajos que creemos haber encontrado para llegar al ansiado fin del reconocimiento.
En fin, hay lo que hay y, si en vez de tanto confiar en las letras, hubiese confiado un poco más en la espada, quizá otro gallo me cantara. Pero es que nací con poco músculo, es decir, predispuesto a sucumbir al complejo de justificación. Toda la vida tratando de camuflar las carencias para, no ya prevalecer, si no para por lo menos pasar desapercibido a los depredadores. En eso consiste el se battre de los cobardes. Casi toda la humanidad por cierto.
sábado, 18 de noviembre de 2017
Cavando
Como uno se deje llevar por la melancolía y luego vaya y se ponga a leer los periódicos o ver las televisiones... entonces, apaga y vamos a ver donde esta la Roca Tarpeya más cercana para tirarse al vacío. Porque la sensación es que todo esto está completamente ido de las manos de Dios y caído en las de los imbéciles.
Dice el gran titular que si vives con un perro tienes muchas menos probabilidades de morir de cualquier cosa. Así, como suena. Por si no tenían ya suficientes razones tanta gente para ir por la calle recogiendo caquitas. Que es que hay que ver de lo que sirve que alguien por fin te haga puto caso.
Dice otro que "la manada femenina" corta la Gran Vía en protesta por los "abusos patriarcales". Todo entre comillas, por si las moscas. Porque "cuando decimos no es que no" aunque sea en los sanfermines y estemos hasta el culo de mariguana o lo que sea. Ya ven, por fin el triunfo total de la razón sobre las pasiones desatadas. ¡Quién lo iba a decir, Apolo doblegando a Dionisos en medio de la Fiesta!
En fin, pelillos a la mar y volvamos a la vida. Porque la verdad es que si uno se fija un poco hay por ahí mucho de lo que regocijarse. Basta con que te dediques a cultivar un jardín. Entonces, cavas un poco y no paras de encontrar pepitas de oro. Personalmente hace días encontré un filón que me tiene conmocionado. Se llama LoremaryluGT y es una chilena afincada en Buenos Aires que da unas clases de guitarra tan buenas que sus alumnos ya no se cortan a la hora de las gracias y le piden directamente hacer el amor con ella. Desde luego que es que los hay que no controlan las hormonas cuando confunden a Diana con Venus. La vieran luego desnuda y se quedarían de piedra. Pero, en fin, esa es otra historia.
En resumidas cuentas, menos "actualidad" y más Loremarylu. Y a vivir que son dos días. O quizá uno.
Dice el gran titular que si vives con un perro tienes muchas menos probabilidades de morir de cualquier cosa. Así, como suena. Por si no tenían ya suficientes razones tanta gente para ir por la calle recogiendo caquitas. Que es que hay que ver de lo que sirve que alguien por fin te haga puto caso.
Dice otro que "la manada femenina" corta la Gran Vía en protesta por los "abusos patriarcales". Todo entre comillas, por si las moscas. Porque "cuando decimos no es que no" aunque sea en los sanfermines y estemos hasta el culo de mariguana o lo que sea. Ya ven, por fin el triunfo total de la razón sobre las pasiones desatadas. ¡Quién lo iba a decir, Apolo doblegando a Dionisos en medio de la Fiesta!
En fin, pelillos a la mar y volvamos a la vida. Porque la verdad es que si uno se fija un poco hay por ahí mucho de lo que regocijarse. Basta con que te dediques a cultivar un jardín. Entonces, cavas un poco y no paras de encontrar pepitas de oro. Personalmente hace días encontré un filón que me tiene conmocionado. Se llama LoremaryluGT y es una chilena afincada en Buenos Aires que da unas clases de guitarra tan buenas que sus alumnos ya no se cortan a la hora de las gracias y le piden directamente hacer el amor con ella. Desde luego que es que los hay que no controlan las hormonas cuando confunden a Diana con Venus. La vieran luego desnuda y se quedarían de piedra. Pero, en fin, esa es otra historia.
En resumidas cuentas, menos "actualidad" y más Loremarylu. Y a vivir que son dos días. O quizá uno.
viernes, 17 de noviembre de 2017
Llegando a ti
Recuerdo que había por entonces un cantante mejicano de nombre Javier Solís que me fascinaba. Sus cadencias me parecían perfectas. Y luego que tenía asociadas las rancheras a la felicidad de la infancia, cuando triscando con los amigos por los campos nos llegaban los sones desde los altavoces del Hotel Cantábrico. Rancheras, cumbeas, boleros y cosas así, porque el dueño había andado por aquellas tierras y se había traído para casa el regusto pegadizo de los requintos.
Poco a poco, me voy acercando a ti.
Poco a poco, la distancia se va haciendo menos.
Siempre me pareció un estribillo genial. Porque es que, además, casi todo en la vida es así, poco a poco se van fraguando las nuevas realidades y cuando tomas conciencia de ellas difícilmente hay marcha atrás, sobre todo cuando te has metido en un mal sueño.
Poco a poco. Petit a petit. Y no será porque no suele haber voces que advierten de lo que se avecina. Voces sensatas que quedan desdibujadas en la inmensa maraña de voces agoreras. Y luego, claro, cuando llega lo irremediable, se alza el guirigay del ¡ya lo decía yo!
En fin, no sé, pero esto de que no llueva me está produciendo una melancolía como de película de Lars von Trier. Como de fin del mundo para que nos entendamos. Ahora sí que, si eres creyente, lo mejor que puedes hacer es comprarte una parcelita en el Valle de Josafat.
Poco a poco, me voy acercando a ti.
Poco a poco, la distancia se va haciendo menos.
Siempre me pareció un estribillo genial. Porque es que, además, casi todo en la vida es así, poco a poco se van fraguando las nuevas realidades y cuando tomas conciencia de ellas difícilmente hay marcha atrás, sobre todo cuando te has metido en un mal sueño.
Poco a poco. Petit a petit. Y no será porque no suele haber voces que advierten de lo que se avecina. Voces sensatas que quedan desdibujadas en la inmensa maraña de voces agoreras. Y luego, claro, cuando llega lo irremediable, se alza el guirigay del ¡ya lo decía yo!
En fin, no sé, pero esto de que no llueva me está produciendo una melancolía como de película de Lars von Trier. Como de fin del mundo para que nos entendamos. Ahora sí que, si eres creyente, lo mejor que puedes hacer es comprarte una parcelita en el Valle de Josafat.
jueves, 16 de noviembre de 2017
Eleusino
Lo bueno del caso a estas alturas de la vida es que con un par de copas de tintorro ya tienes de sobra para celebrar un encuentro eleusino. Quien quiera saber a fondo lo que es eso que recurra a Las memorias de Adriano de Marguerite Youcenar. Pero así, para andar por casa, básteles saber que es una especie de comunión de los santos, pero a lo bestia. Es estar reunido unas horas con los amigos en un lugar amable para que no sustraiga atención de lo que realmente importa, que no es otra cosa que hablar sin tapujos de lo más íntimo de cada cual. En fin, tampoco hay que exagerar. Quedamos en Aguilar, dimos un paseo por los alrededores, fuimos a comer a la posada del monasterio, dimos otro paseo y nos despedimos con la sensación, en mi caso, de que, realmente, merece la pena seguir vivo porque, todavía, de vez en cuando, se puede disfrutar como un chon en un patatal, que decíamos de niños y, encima, con una cierta pretensión de haber salido del trance enriquecido espiritualmente.
El caso es que vine por la autopista acompañado todo el rato por una puesta de sol a mi derecha, sobre la tierra de Campos, que me hizo recordar a aquel centro para mayores que había en Casares de las Hurdes que lo llamaban El Alegre Atardecer. Siempre con la metáfora a cuestas, cuando no con el eufemismo. Porque la verdad es que de alegre nada. Más bien, diría yo, esforzado: me costaba mantener la atención necesaria para conducir. Esa es la realidad, que ya se va el santo al cielo a nada que te descuides. Y no hay nada, pienso, que defina mejor la vejez: capacidad de concentración averiada. Pereza mental, dicho de otro modo.
Así que ya digo, no queda más remedio que esforzarse para seguir sur la brèche. De lo contrario, mejor irse al Alegre Atardecer de Casares de las Hurdes. Porque, además, tampoco es para tanto: todo lo nuevo es elemental. Lo he comprobado esta mañana que he instalado en mi móvil un sistema para intercambiar dinero al instante con cualquiera. ¡Sorprendente! Y ya ven, venía hace unos días pensando que ya estaba bien con lo que tenía, que ya pasaba de más innovaciones, etc.. Me estaba entregando a la fatalidad tiñendo la decisión de sabiduría estoica. Hay que tener mucho cuidado, sí, porque esa es otra de las trampas de la vejez: la imparable tendencia a confundir la pereza con la sabiduría. En definitiva, que qué bien está eso de los encuentros eleusinos y cuanta energía dan para saber distinguir.
El caso es que vine por la autopista acompañado todo el rato por una puesta de sol a mi derecha, sobre la tierra de Campos, que me hizo recordar a aquel centro para mayores que había en Casares de las Hurdes que lo llamaban El Alegre Atardecer. Siempre con la metáfora a cuestas, cuando no con el eufemismo. Porque la verdad es que de alegre nada. Más bien, diría yo, esforzado: me costaba mantener la atención necesaria para conducir. Esa es la realidad, que ya se va el santo al cielo a nada que te descuides. Y no hay nada, pienso, que defina mejor la vejez: capacidad de concentración averiada. Pereza mental, dicho de otro modo.
Así que ya digo, no queda más remedio que esforzarse para seguir sur la brèche. De lo contrario, mejor irse al Alegre Atardecer de Casares de las Hurdes. Porque, además, tampoco es para tanto: todo lo nuevo es elemental. Lo he comprobado esta mañana que he instalado en mi móvil un sistema para intercambiar dinero al instante con cualquiera. ¡Sorprendente! Y ya ven, venía hace unos días pensando que ya estaba bien con lo que tenía, que ya pasaba de más innovaciones, etc.. Me estaba entregando a la fatalidad tiñendo la decisión de sabiduría estoica. Hay que tener mucho cuidado, sí, porque esa es otra de las trampas de la vejez: la imparable tendencia a confundir la pereza con la sabiduría. En definitiva, que qué bien está eso de los encuentros eleusinos y cuanta energía dan para saber distinguir.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
il mondo cane
Cuando ella dice que no, es que no, ha dicho con toda la razón del mundo un juez. Lo que no sé si se habrá apresurado a añadir es que toda la razón del mundo no basta en este mundo para andar seguro por el mundo. Es como esa pareja de ciclistas que van charlando por la carretera, uno en el arcén y otro, pegado a él, pero por la calzada. Les asiste todo el derecho, pero de vez en cuando viene un coche y se lleva por delante al que va por la calzada. ¿De qué le sirvió entonces tener toda la razón o derecho? Así que, señoras y señores, tan importante como tener razón, o derecho, es saber que la bestia que anda suelta no reconoce tales sutilezas. Por eso un servidor cuando va en bicicleta por la carretera no sólo se limita al arcén sino a la parte del arcén más pegada a la cuneta. Porque sé que hay por esas carreteras de Dios mucho jubilado suelto con el automático puesto. En fin.
El caso es que el personal se desgañita cuando le pisan los derechos. Seguro que en ello tiene que ver que nadie les enseñó nada. Mi padre, que en gloria esté, siempre nos advirtió contra esa forma de estupidez. Si vas en coche y te chocas con alguien, la culpa siempre es tuya, nos decía. Porque para ser buen conductor, añadía, tan importante como no tener fallos es saber evitar los del que te viene de frente. Una buena metáfora en cualquier caso para todas las cosas de la vida.
Y bueno, por la vida vamos cometiendo todo tipo de fallos y también sufriendo los de los vecinos que no hemos sabido evitar. Los unos y los otros por la propia pura tontería, que no otra cosa es la que tenemos que aprender a reconocer para que no se nos lleven los diablos. Por así decirlo, madurar que no es otra cosa que saber reírse de uno mismo. Y eso es todo que no es poco por cierto, porque parece que estamos volviendo a tiempos en los que se creía que a Dionisos se le podía meter en la cárcel y a la lujuria se la podía combatir rezando padrenuestros y avemarías.
El mundo es el mundo y la carne la carne, y tener razón está muy bien -sostenella y no enmendalla que se decía por aquel entonces-, pero si pierdes el pellejo, o acaso la honra, de poco consuelo sirve que los tribunales después te indemnicen. Así que, sí, un respeto por lo que dice el juez, pero, sobre todo, saber resguardarse de la bestia que anda suelta.
El caso es que el personal se desgañita cuando le pisan los derechos. Seguro que en ello tiene que ver que nadie les enseñó nada. Mi padre, que en gloria esté, siempre nos advirtió contra esa forma de estupidez. Si vas en coche y te chocas con alguien, la culpa siempre es tuya, nos decía. Porque para ser buen conductor, añadía, tan importante como no tener fallos es saber evitar los del que te viene de frente. Una buena metáfora en cualquier caso para todas las cosas de la vida.
Y bueno, por la vida vamos cometiendo todo tipo de fallos y también sufriendo los de los vecinos que no hemos sabido evitar. Los unos y los otros por la propia pura tontería, que no otra cosa es la que tenemos que aprender a reconocer para que no se nos lleven los diablos. Por así decirlo, madurar que no es otra cosa que saber reírse de uno mismo. Y eso es todo que no es poco por cierto, porque parece que estamos volviendo a tiempos en los que se creía que a Dionisos se le podía meter en la cárcel y a la lujuria se la podía combatir rezando padrenuestros y avemarías.
El mundo es el mundo y la carne la carne, y tener razón está muy bien -sostenella y no enmendalla que se decía por aquel entonces-, pero si pierdes el pellejo, o acaso la honra, de poco consuelo sirve que los tribunales después te indemnicen. Así que, sí, un respeto por lo que dice el juez, pero, sobre todo, saber resguardarse de la bestia que anda suelta.
lunes, 13 de noviembre de 2017
Sin piedad
Hace años aposente por un tiempo mis reales en la Serralada Central, que así llaman en Cataluña a la sierra que, perpendicular a los Pirineos, baja hasta casi la desembocadura del Ebro, dividiendo el territorio en dos partes perfectamente diferenciadas sobre todo en lo que hace el clima. La parte interior, la Plana de Lérida, tiene un clima maldito, con un calor sofocante en verano y nieblas persistentes en invierno. La parte marítima, ya saben, veranos pestilentes y resto del año una maravilla. Pues bien, allí en la Serralada, tuve la oportunidad de saber lo que vale un peine. Ves las fotos de los sitios paradisíacos y no hueles los purines que acaban de echar en los campos ni sientes el desprecio de los xenófobos que los habitan. Y otras muchas cosas que les pudiera contar, pero sería ya matraca.
El caso es que había allí una costumbre de la que apenas se ha hablado y que sin embargo ya por entonces presagiaba lo peor. Ibas a un supermercado de la zona y podías observar que había dos tipos de estanterías perfectamente diferenciadas respecto al trato que recibían por parte de los clientes. En unas, las más accesibles, sólo había productos fabricados a casa nostra, en las otras, al fondo, lo de afuera, o sea, lo español. Ya se pueden imaginar en cuales se suministraba la chusma xenófoba. Los mismos tenderos ya se encargaban de facilitar el triaje. Una cosa, como ven, la mar de simpática.
Pues así, tacita a tacita, como decía Carmen Maura en aquel famoso anuncio, las cosas han llegado a donde han llegado y no habrá sido porque algunos no lo hubiésemos advertido, eso sí, encontrándonos casi siempre con una pared de escepticismo cuando no de franco rechazo. ¡Cataluña, por Dios, con la clase que tiene aquella gente! El desing y todo eso. Barcelona, cuna de la modernidad, etc.. Y así, con la inopia bobalicona de los unos, los otros, a la chita callando, hacían su labor de zapa. Y al final, consiguieron llegar a donde querían: a una vida mejor, pero entre rejas, que es lo que tiene no saber distinguirlas de las rajas. ¡Perdón, no me denuncien!
El caso es que yo ahora me regodeo sin el menor atisbo de piedad viendo como mean sangre, por emplear su propia expresión. Todo lo malo que les pase será poco en comparación con el daño causado. Pero, sin embargo, nunca la alegría puede ser plena en casa del pobre. Hay cosas que veo en la segunda parte de la parte contratante que no me gustan un pelo. Anoche, pasaba junto al parque infantil que hay en el Salón y pude ver como los niños que allí estaban columpiándose cantaban a coro ¡Soy español, español, español! Pensé que los imbéciles del otro lado están aprovechando la coyuntura para promover un patriotismo folklórico, madre, sin duda, de futuras desgracias. A la chusma, pensé, no hay quien la saque del nauseabundo juego de acción y reacción. ¡Pues yo más que tú! Y ahí se estanca su cerebro. En España estamos muy bien con este patriotismo aburrido que encarna la Constitución. Y tan enemigos, o nacionalistas, como ciertos catalanes y vascos, son los que quieren combatir ese aburrimiento desvirtuando su aquilatada mesura. Como escuche una vez decir a un hombre sabio, a tu país le debes amar en la medida que él te ama a ti. Cuando como un buen padre te garantiza derechos y te exige deberes. En fin, como cuando la Sra. Esperanza se plantaba desafiante delante de un Sr. Manolo inesperadamente verborreico y, tras un rato de tenso silencio, exclamaba: ¡Eso!
El caso es que había allí una costumbre de la que apenas se ha hablado y que sin embargo ya por entonces presagiaba lo peor. Ibas a un supermercado de la zona y podías observar que había dos tipos de estanterías perfectamente diferenciadas respecto al trato que recibían por parte de los clientes. En unas, las más accesibles, sólo había productos fabricados a casa nostra, en las otras, al fondo, lo de afuera, o sea, lo español. Ya se pueden imaginar en cuales se suministraba la chusma xenófoba. Los mismos tenderos ya se encargaban de facilitar el triaje. Una cosa, como ven, la mar de simpática.
Pues así, tacita a tacita, como decía Carmen Maura en aquel famoso anuncio, las cosas han llegado a donde han llegado y no habrá sido porque algunos no lo hubiésemos advertido, eso sí, encontrándonos casi siempre con una pared de escepticismo cuando no de franco rechazo. ¡Cataluña, por Dios, con la clase que tiene aquella gente! El desing y todo eso. Barcelona, cuna de la modernidad, etc.. Y así, con la inopia bobalicona de los unos, los otros, a la chita callando, hacían su labor de zapa. Y al final, consiguieron llegar a donde querían: a una vida mejor, pero entre rejas, que es lo que tiene no saber distinguirlas de las rajas. ¡Perdón, no me denuncien!
El caso es que yo ahora me regodeo sin el menor atisbo de piedad viendo como mean sangre, por emplear su propia expresión. Todo lo malo que les pase será poco en comparación con el daño causado. Pero, sin embargo, nunca la alegría puede ser plena en casa del pobre. Hay cosas que veo en la segunda parte de la parte contratante que no me gustan un pelo. Anoche, pasaba junto al parque infantil que hay en el Salón y pude ver como los niños que allí estaban columpiándose cantaban a coro ¡Soy español, español, español! Pensé que los imbéciles del otro lado están aprovechando la coyuntura para promover un patriotismo folklórico, madre, sin duda, de futuras desgracias. A la chusma, pensé, no hay quien la saque del nauseabundo juego de acción y reacción. ¡Pues yo más que tú! Y ahí se estanca su cerebro. En España estamos muy bien con este patriotismo aburrido que encarna la Constitución. Y tan enemigos, o nacionalistas, como ciertos catalanes y vascos, son los que quieren combatir ese aburrimiento desvirtuando su aquilatada mesura. Como escuche una vez decir a un hombre sabio, a tu país le debes amar en la medida que él te ama a ti. Cuando como un buen padre te garantiza derechos y te exige deberes. En fin, como cuando la Sra. Esperanza se plantaba desafiante delante de un Sr. Manolo inesperadamente verborreico y, tras un rato de tenso silencio, exclamaba: ¡Eso!
domingo, 12 de noviembre de 2017
Otoño glorioso
En Boadilla sólo quedaba abierto uno de esos establecimientos nacidos a la sombra del prestigio de otros. Y es que en ese pueblo, como ya les he contado alguna vez, hay un albergue que hace las delicias de los peregrinos, así que siempre está saturado y expulsa clientela sobrante en todas las direcciones. El caso es que uno se adapta a lo que hay y allí nos instalamos, al solecillo, en la terraza y nos fundimos una pizza que era la única comida que suministraban, excepción hecha de las aceitunas. En la mesa adyacente había una pareja de peregrinos con los que no tardamos en establecer contacto. Él era un cubano viejo establecido en USA al que el peso de los años se le notaba sobre todo en la movilidad de las caderas. Ella era una americana de Denver por la cincuentena que no paraba de sonreír a guisa de asentimiento ante la imparable verborrea del cubano. Cubano que, por cierto, no paraba de echar pestes de Trump. Por él estaría ahora viviendo como un rey en Cuba con su pensión gringa si no fuese porque las leyes que ha hecho Trump para cargarse las que hizo Obama se lo impiden. Total que, como cantábamos en el colegio, ¡qué desdicha!/ ¡qué desdicha!/ Que nadie está contento con su picha.
En resumidas cuentas, que cada vez que me acerco al Camino me entran unas ganas enfermizas de arrancar y no parar hasta Santiago. Sobre todo si es fuera de temporada. Cuando los peregrinos van a cuentagotas. Entonces el ambiente es perfecto para melancólicos irredentos con pulsiones fóbicas. Vas por paisajes vastos subiendo y bajando colinas con los campanarios de las iglesias como puntos de referencia. De vez en cuando te topas con alguien y practicas sin complejos tu mal inglés. Por la noche en la posada, si se cuadra, conversas, si no, meditas. Y luego duermes como un niño. Sí, no cabe duda de que es una buena opción para estos tiempos, ya sobrantes, en los que la desidia hace estragos en el espíritu. Ir y venir por el Camino sin parar desde febrero hasta noviembre, con un receso, quizá, cuando la calor más aprieta.
En fin, algo habrá que hacer, porque esto se está poniendo ya de un chungo que cuesta aguantar.
sábado, 11 de noviembre de 2017
Aclaparador
Después de una breve sonata me di una vuelta por el entorno. El backyard de la ermita es una explanada adaptada para algún tipo de celebración. Hasta un rústico templete de piedra tiene. Pero lo que me llamó más la atención fue una cruz de tamaño considerable hecha con viejas traviesas de vía férrea. Tosca, pero imponente por la inmensidad que abarca. Fijándome más vi que tenía esculpida una inscripción: Recuerdo Del 11-M. El horrible atentado yihadista de Madrid, sin duda. Me emocionó el homenaje. Sin medias tintas. Se borrará la memoria en todas las partes, pero aquí no.
En fin, a ver si los dioses quieren que por fin llueva y así permitir que Perséfone vuelva por primavera con su madre Ceres. Los campesinos, por nuestra parte, ya hemos cumplido con nuestra parte del trato. La tierra ha sido mimada y la semilla depositada.
viernes, 10 de noviembre de 2017
Betsabé
Decía lo siguiente Rosa Belmonte, ¡qué muhé!, en uno de sus humorísticos artículos: "Porque aquí no estamos hablando de medrar a costa de sexo (algo tan respetable como medrar a costa de Harvard o de relaciones familiares; estaría bueno que fuéramos a renunciar a una de las pocas ventajas que tenemos sobre los hombres). Estamos hablando de hacer algo que no queremos hacer."
Creo que no hay síntesis más perfecta de esta jodida matraca -prefiero la catalana- que nos están dando con lo del acoso sexual. Sin duda los cabellos largos y las ideas cortas que decía Noséquién ya están de regreso, caso de que se hubiesen ido alguna vez. Yo, claro, dice la señorita mona, trato de medrar insinuándome y echo el freno cuando me conviene. ¡Mira qué bonito! ¿Y las hormonas dónde las dejamos? Como si una vez desatada la producción de testosterona el hombre pudiese ser dueño de sí mismo. Aquí, con todo esto, lo único que hay es una falta de rigor científico. Un desconocimiento absoluto de la biología.
¿O es que acaso no sabía Betsabé cuando se bañaba desnuda que el Rey David la estaba mirando desde la azotea? ¡Anda ya! Menuda pájara la tal Betsabé. Y sí, todos sabían de la rijosidad de David, pero era eso exactamente lo que le daba esperanzas a ella de mejorar su estatus.
Desde luego, qué duda cabe, que habrá casos de salvajes que no necesitan señuelo para lanzarse sobre la presa. Pero apostaría que el porcentaje de esta modalidad de acoso es mínimo. La inmensa mayoría, juraría, es a causa de frenada impracticable cuando el asunto ha tomado velocidad de crucero. En cualquier caso, me gustaría conocer los porcentajes caso de que alguien se haya tomado la molestia de estudiarlo.
Y así, de matraca en matraca, nos están pudriendo el espíritu que, en el fondo, es de lo que se trata para que salgamos corriendo a aliviarnos consumiendo lo que sea y así se cierre el círculo virtuoso de la economía.
Creo que no hay síntesis más perfecta de esta jodida matraca -prefiero la catalana- que nos están dando con lo del acoso sexual. Sin duda los cabellos largos y las ideas cortas que decía Noséquién ya están de regreso, caso de que se hubiesen ido alguna vez. Yo, claro, dice la señorita mona, trato de medrar insinuándome y echo el freno cuando me conviene. ¡Mira qué bonito! ¿Y las hormonas dónde las dejamos? Como si una vez desatada la producción de testosterona el hombre pudiese ser dueño de sí mismo. Aquí, con todo esto, lo único que hay es una falta de rigor científico. Un desconocimiento absoluto de la biología.
¿O es que acaso no sabía Betsabé cuando se bañaba desnuda que el Rey David la estaba mirando desde la azotea? ¡Anda ya! Menuda pájara la tal Betsabé. Y sí, todos sabían de la rijosidad de David, pero era eso exactamente lo que le daba esperanzas a ella de mejorar su estatus.
Desde luego, qué duda cabe, que habrá casos de salvajes que no necesitan señuelo para lanzarse sobre la presa. Pero apostaría que el porcentaje de esta modalidad de acoso es mínimo. La inmensa mayoría, juraría, es a causa de frenada impracticable cuando el asunto ha tomado velocidad de crucero. En cualquier caso, me gustaría conocer los porcentajes caso de que alguien se haya tomado la molestia de estudiarlo.
Y así, de matraca en matraca, nos están pudriendo el espíritu que, en el fondo, es de lo que se trata para que salgamos corriendo a aliviarnos consumiendo lo que sea y así se cierre el círculo virtuoso de la economía.
jueves, 9 de noviembre de 2017
¡Pobre de mí!
Siendo estudiante en Madrid me invitaron a una corrida de toros en Aranjuez. Tenía una idea de lo que eran esos espectáculos porque de niño me habían llevado un par de veces a las novilladas que se hacían en Santander con la finalidad de recaudar fondos para las Hermanitas de los Pobres. Pero la de Aranjuez iba en serio y, además, toreaba el Cordobés, una especie de terremoto de la cosa. Bueno, aquello resulto ser una verdadera pesadilla. La localidad que me tocó, bajo un sol de justicia, era incomoda hasta decir basta. Un madero corrido tan pegado a las filas adyacentes que los de atrás te clavaban las rodillas en la espalda lo mismo que tu se las clavabas a los de delante. Por si eso fuera poco, los que me tocaron detrás resultaron ser unos forofos del Cordobés que a cada monada que hacía el tal se ponían como locos, así que imagínense como acabaron mis espaldas. No, la verdad es que todo aquello no me gustó un pelo. Por un lado la promiscuidad insufrible, por otro que ya por entonces me parecía que lo de arriesgar la vida por dinero era una verdadera horterada. Y sí, había leído unos cuantos cantos laudatorios al respecto del subsodicho "arte", pero yo por aquel entonces bebía los vientos por Baroja, o sea que ya había aprendido a tomar distancia de los entusiasmos populacheros. En fin, pocos años después tuve que acudir por compromiso a otra corrida, esta vez en barrera, y después de dejarme ver por las personas convenientes durante un par de toros me largué con gran alivio de mi espíritu atribulado. Y ahí se acabó toda mi experiencia al respecto.
Experiencia como soporte imprescindible de la reflexión. Sin la una o la otra andamos a trompicones. Don Quijote recomendaba que dos en la vida y una en los libros y no al revés. Por eso los jóvenes hacen tantas tonterías y los viejos con memoria son tan comprensivos con ellos. Que esa es otra, lo fácil que se pierde la memoria si necesidad de agarrarse un alzheimer. Pero, en fin, a lo que iba, que de la reflexión sobre la experiencia nace el espíritu crítico y, de ahí, aquello que apostillaba Hamlet sobre las tradiciones, que hay más honor en abandonarlas que en conservarlas.
Y estando en esas, con un repudio nacido de la reflexión sobre la experiencia, voy y me tengo que topar con la evidencia de que comparto ese sentimiento con un tipo gente a la que detesto, y no por nada sino porque me lo he pensado tras haber convivido con ellos. Animalistas y nacionalistas son la punta de lanza contra la fiesta de los toros. Por motivos diferentes unos y otros, supongo. Pero el caso es que ahí está y yo tengo que tragármelo. Y entonces, ¿qué hago? ¿Será que no he reflexionado como Dios manda respecto a lo uno o lo otro? ¿A lo mejor lo de los toros no está tan mal? ¿O es mi desprecio hacia ideas animalistas, o nacionalistas, lo que debiera revisar? Todo esto me pone en un brete.
Lo cual como que es una experiencia más sobre la que me convendrá reflexionar. Porque por muchas distancias que pretendamos marcar respecto de los que no nos gusta como respiran, la evidencia es que si escarbamos no tardaremos en encontrar serios puntos de contacto con ellos. Y es que los seres humanos somos tan infinitamente poliédricos que casi parecemos una esfera que se echa a rodar a la primera brisa que sopla. Por eso quizá debierámos dar menos importancia a lo que hacen los otros y estar más atentos a saber porque hago lo que estoy haciendo. Porque, a buen seguro, la mayoría de las facetas que me configuran no son más que obra de las brisas que me tocaron en suerte. Y si alguna sopló tan fuerte que te llevó a estrellarte quizá te hizo una abolladura de las que no se reparan ni con cinco doctorados en Harvard. ¡Pobre de mí!
Experiencia como soporte imprescindible de la reflexión. Sin la una o la otra andamos a trompicones. Don Quijote recomendaba que dos en la vida y una en los libros y no al revés. Por eso los jóvenes hacen tantas tonterías y los viejos con memoria son tan comprensivos con ellos. Que esa es otra, lo fácil que se pierde la memoria si necesidad de agarrarse un alzheimer. Pero, en fin, a lo que iba, que de la reflexión sobre la experiencia nace el espíritu crítico y, de ahí, aquello que apostillaba Hamlet sobre las tradiciones, que hay más honor en abandonarlas que en conservarlas.
Y estando en esas, con un repudio nacido de la reflexión sobre la experiencia, voy y me tengo que topar con la evidencia de que comparto ese sentimiento con un tipo gente a la que detesto, y no por nada sino porque me lo he pensado tras haber convivido con ellos. Animalistas y nacionalistas son la punta de lanza contra la fiesta de los toros. Por motivos diferentes unos y otros, supongo. Pero el caso es que ahí está y yo tengo que tragármelo. Y entonces, ¿qué hago? ¿Será que no he reflexionado como Dios manda respecto a lo uno o lo otro? ¿A lo mejor lo de los toros no está tan mal? ¿O es mi desprecio hacia ideas animalistas, o nacionalistas, lo que debiera revisar? Todo esto me pone en un brete.
Lo cual como que es una experiencia más sobre la que me convendrá reflexionar. Porque por muchas distancias que pretendamos marcar respecto de los que no nos gusta como respiran, la evidencia es que si escarbamos no tardaremos en encontrar serios puntos de contacto con ellos. Y es que los seres humanos somos tan infinitamente poliédricos que casi parecemos una esfera que se echa a rodar a la primera brisa que sopla. Por eso quizá debierámos dar menos importancia a lo que hacen los otros y estar más atentos a saber porque hago lo que estoy haciendo. Porque, a buen seguro, la mayoría de las facetas que me configuran no son más que obra de las brisas que me tocaron en suerte. Y si alguna sopló tan fuerte que te llevó a estrellarte quizá te hizo una abolladura de las que no se reparan ni con cinco doctorados en Harvard. ¡Pobre de mí!
miércoles, 8 de noviembre de 2017
Infinitus estultorum
Ayer les comentaba sobre la mentira como arma de destrucción masiva donde las haya. Pero hoy tengo que rectificar y decirles que las hay más letales: sin la menor duda la estulticia. Stultorum infinitus est numerus, podemos leer en el Eclesiastes, esa parte de la Biblia tan recomendable que de hoy no pasa que vuelva a echarle una ojeada. U hojeada que no sé.
El caso es que entre unas cosas y otras uno está nervioso, sin poder centrarse en nada de provecho, venga a mirarse el ombligo y encontrando escapatorias por campos minados. No, no creo yo que esté bien resuelto, ni mucho menos todo esto del desarrollo. El modelo escogido deja a su aire tal cantidad de flecos que es imposible avanzar sin enredarse en ellos y, a la postre, acabar asfixiado. Lo pensaba ayer viendo un reportaje sobre la actual situación de Nueva Delhi. Es como si estos señores, me decía, hubiesen inventado el cero para multiplicarse por él. Porque si no hacen algo de aquí a cuatro días morirán todos, que se lo digo yo que fui especialista en el tema del intercambio gaseoso a través de la membrana alvéolo-capilar. Porque mira que hay que tener tesón autodestructivo para haber conseguido llegar a esa calidad del aire que respiran. Ya digo, infinitus estultorum.
Los ejemplos ajenos que uno contempla a diario son, eso, infinitos, pero de nada nos sirve su constatación si no conseguimos vernos reflejados en ellos y tratamos de cambiar nuestras costumbres. Porque como dijo Noséquién, nadie está tan libre como para poder tirar la primera piedra.
Definitivamente, voy a volver al tren para los desplazamientos y a la lectura de libros para informarme. A ver si consigo limpiarme un poco el espíritu y me sosiego.
El caso es que entre unas cosas y otras uno está nervioso, sin poder centrarse en nada de provecho, venga a mirarse el ombligo y encontrando escapatorias por campos minados. No, no creo yo que esté bien resuelto, ni mucho menos todo esto del desarrollo. El modelo escogido deja a su aire tal cantidad de flecos que es imposible avanzar sin enredarse en ellos y, a la postre, acabar asfixiado. Lo pensaba ayer viendo un reportaje sobre la actual situación de Nueva Delhi. Es como si estos señores, me decía, hubiesen inventado el cero para multiplicarse por él. Porque si no hacen algo de aquí a cuatro días morirán todos, que se lo digo yo que fui especialista en el tema del intercambio gaseoso a través de la membrana alvéolo-capilar. Porque mira que hay que tener tesón autodestructivo para haber conseguido llegar a esa calidad del aire que respiran. Ya digo, infinitus estultorum.
Los ejemplos ajenos que uno contempla a diario son, eso, infinitos, pero de nada nos sirve su constatación si no conseguimos vernos reflejados en ellos y tratamos de cambiar nuestras costumbres. Porque como dijo Noséquién, nadie está tan libre como para poder tirar la primera piedra.
Definitivamente, voy a volver al tren para los desplazamientos y a la lectura de libros para informarme. A ver si consigo limpiarme un poco el espíritu y me sosiego.
martes, 7 de noviembre de 2017
¡Manos a la obra!
Bien, ya lo hemos oído por activa y por pasiva, que el arma de destrucción masiva más poderosa es la mentira. ¿Y ahora qué? ¿Es que no vamos a hacer nada para controlar su uso? Porque, sí, ya sabemos que hay mentiras escurridizas a las que es difícil embridar, pero hay otras tan manifiestas y burdas que bien podrían ser fulminadas a nada que hubiese eso tan bonito que le dicen voluntad política.
Porque hay una cosa que quizá sea cierta, no lo voy a discutir, que la verdad tarde o temprano siempre acaba por aflorar. Supongamos que sí, pero ¿y qué me dicen ustedes de los estragos que causó la mentira durante todo el tiempo que anduvo por el mundo campando por sus respetos? Ejemplos tenemos para dar y tomar y se nos va la vida sin que ni por asomo veamos en lontananza la menor esperanza de luz. Los franceses estuvieron casi todos en la resistencia contra Hitler, los españoles casi todos lucharon contra Franco, los vascos, sobre todo después de haber leído "Patria", ya empiezan a pensar que estuvieron casi todos contra ETA y, los catalanes, ya verán lo que tardan la mayoría en volver a considerar el día más feliz de su vida cuando vieron a las tropas de Franco entrar por la Diagonal. ¿Quién fabrica todas esas mentiras y las arroja sobre un caldo de cultivo propiciado por el sentimiento de culpa? Habría que trincar a esos perillanes y ponerlos a buen recaudo.
Yendo a lo concreto, para empezar a poner orden en las cosas de nuestra patria, estado, nación o como lo quieran llamar, habría que empezar a pedir explicaciones en serio a todos los que usan en vano la palabra Franco y todos sus derivados semánticos. Porque no creo que haya nada que nos esté haciendo tanto daño como la falsificación de aquella realidad en la que se siguen fundando, y recociendo, los odios, resentimientos y, lo peor de lo peor, la división entre buenos y malos, superioridad moral mediante. Si nos atenemos a los entrevistas que se publican a diario, rara es en la que el entrevistado, o entrevistada, perdón, no cuenta que Franco fusiló a uno de sus abuelos, pasaporte, sin duda, a la gloria para toda la descendencia. Pero ya, si el entrevistado es catalán, para más inri, Fanco firmó la sentencia de muerte mientras desayunaba. ¡Quina barra que tens!
Es tremendo seguir todavía con semejantes jeremiadas. Roza, si es que no se estampa con la indigencia, sobre todo, intelectual. Los que hemos sufrido de plein fouet los años del franquismo sabemos lo delirantes que eran aquellos profesores de formación del espíritu nacional, pero también recordamos la relativa impunidad con la que hacíamos mofa de ellos y la conciencia que teníamos de que aquellos señores estaban fuera de la realidad. En aquella etapa histórica fue muy temprana la percepción de que había una separación entre el mundo oficial, que era de opereta, y el real que era de despegue generalizado en todos los órdenes de la vida. Bien es verdad que para ello el poder utilizó algunas herramientas poco ortodoxas, típicas de todo autoritarismo, pero la inmensa mayoría, que mejoraba sin parar, ni las notaba. Y el que venga ahora diciendo lo contrario es un felón y merecería la sanción correspondiente a su despreciable condición.
Así que, en mi humilde opinión, lo primero que tendríamos que hacer en este país para restablecer la calma sería reivindicar el rigor histórico. Dejarse de épicas y empezar a contar el camino de espinas que es imprescindible recorrer antes de entrar en el de rosas. Los años del franquismo fueron duros en la misma medida en que fueron fructíferos. Y en eso ganaron por goleada a los tiempos precedentes que no fueron menos duros, pero a cambio de nada. La gente debiera saber eso para poder pedir cuentas a los que les han estado engañando todos estos años. Porque de eso es de lo que se trata, de pedir cuentas, sin lo cual no es concebible la convivencia humana. En fin, ¡manos a la obra!
Porque hay una cosa que quizá sea cierta, no lo voy a discutir, que la verdad tarde o temprano siempre acaba por aflorar. Supongamos que sí, pero ¿y qué me dicen ustedes de los estragos que causó la mentira durante todo el tiempo que anduvo por el mundo campando por sus respetos? Ejemplos tenemos para dar y tomar y se nos va la vida sin que ni por asomo veamos en lontananza la menor esperanza de luz. Los franceses estuvieron casi todos en la resistencia contra Hitler, los españoles casi todos lucharon contra Franco, los vascos, sobre todo después de haber leído "Patria", ya empiezan a pensar que estuvieron casi todos contra ETA y, los catalanes, ya verán lo que tardan la mayoría en volver a considerar el día más feliz de su vida cuando vieron a las tropas de Franco entrar por la Diagonal. ¿Quién fabrica todas esas mentiras y las arroja sobre un caldo de cultivo propiciado por el sentimiento de culpa? Habría que trincar a esos perillanes y ponerlos a buen recaudo.
Yendo a lo concreto, para empezar a poner orden en las cosas de nuestra patria, estado, nación o como lo quieran llamar, habría que empezar a pedir explicaciones en serio a todos los que usan en vano la palabra Franco y todos sus derivados semánticos. Porque no creo que haya nada que nos esté haciendo tanto daño como la falsificación de aquella realidad en la que se siguen fundando, y recociendo, los odios, resentimientos y, lo peor de lo peor, la división entre buenos y malos, superioridad moral mediante. Si nos atenemos a los entrevistas que se publican a diario, rara es en la que el entrevistado, o entrevistada, perdón, no cuenta que Franco fusiló a uno de sus abuelos, pasaporte, sin duda, a la gloria para toda la descendencia. Pero ya, si el entrevistado es catalán, para más inri, Fanco firmó la sentencia de muerte mientras desayunaba. ¡Quina barra que tens!
Es tremendo seguir todavía con semejantes jeremiadas. Roza, si es que no se estampa con la indigencia, sobre todo, intelectual. Los que hemos sufrido de plein fouet los años del franquismo sabemos lo delirantes que eran aquellos profesores de formación del espíritu nacional, pero también recordamos la relativa impunidad con la que hacíamos mofa de ellos y la conciencia que teníamos de que aquellos señores estaban fuera de la realidad. En aquella etapa histórica fue muy temprana la percepción de que había una separación entre el mundo oficial, que era de opereta, y el real que era de despegue generalizado en todos los órdenes de la vida. Bien es verdad que para ello el poder utilizó algunas herramientas poco ortodoxas, típicas de todo autoritarismo, pero la inmensa mayoría, que mejoraba sin parar, ni las notaba. Y el que venga ahora diciendo lo contrario es un felón y merecería la sanción correspondiente a su despreciable condición.
Así que, en mi humilde opinión, lo primero que tendríamos que hacer en este país para restablecer la calma sería reivindicar el rigor histórico. Dejarse de épicas y empezar a contar el camino de espinas que es imprescindible recorrer antes de entrar en el de rosas. Los años del franquismo fueron duros en la misma medida en que fueron fructíferos. Y en eso ganaron por goleada a los tiempos precedentes que no fueron menos duros, pero a cambio de nada. La gente debiera saber eso para poder pedir cuentas a los que les han estado engañando todos estos años. Porque de eso es de lo que se trata, de pedir cuentas, sin lo cual no es concebible la convivencia humana. En fin, ¡manos a la obra!
lunes, 6 de noviembre de 2017
Comparaciones
En la cadena francesa TV5 dan por las noches un telediario de la Suisse Romande. De vez en cuando, por lo que sea, lo veo y siempre me digo lo mismo: deberías verlo más porque trata de cosas de este mundo. Lo comparo, no digo ya con los nuestros que parecen una novela de Harry Potter, sino con los americanos que llevan no se cuantos meses con su particular matraca de la trama rusa o los ingleses con la del fuck brexit que ni dios consigue tirar para adelante. Bueno, a los americanos siempre les da un respiro el preceptivo tiroteo en una iglesia cada sí y cada no y a los ingleses la salida del armario de un famoso y psicópata sexual por demás. En fin, lo que quiero decir es que ya nos van quedando pocos países respecto de los que tener complejo de inferioridad y uno de ellos es sin duda Suiza.
En el telediario de ayer, por ir a lo concreto, hicieron una proyección de futuro que me pareció de lo más interesante. El sujeto utilizado para ello fueron los centros comerciales. Han llegado a la conclusión de que los que hay en la actualidad, de apariencia por cierto realmente fastuosa, son una ruina porque no han sabido captar el aire de los tiempos. Por eso ya han empezado su reconversión. Los tiran de arriba a abajo y los reconstruyen de acuerdo a lo que va a ser el futuro que ya casi es presente. Para empezar, casi no tienen aparcamientos y los que hay son a precios prohibitivos. Y es que, a quoi bon llevar el coche si allí no vas a comprar. Porque a esos centros uno va a divertirse, o distraerse, ya sean dos horas, un día, o una semana, porque allí hay de todo, incluso playa. Cines, hoteles, gimnasios, piscinas y mucha gastronomía que va a pasar del 3% del espacio de los actuales al 30% o más de los que se están haciendo. Luego están las tiendas, claro, que no son mayormente para vender sino para exponer los productos. Tu vas allí y te pruebas los zapatos o jugueteas con el ordenador o catas unos vinos y te limitas a tomar nota. Después te vas a dar unos masajes tailandeses, o un chapuzón en la playa tropical, o a tirarte por una pista de nieve o a comer en un restaurante bosquimano y, si se tercia, después, a descansar, o lo que sea que nunca se sabe, a una habitación superconectada del hotel. Luego, cuando ya rendido llegas a casa, meditas sobre las notas que has tomado acerca de los productos que te han interesado y, si alguno te convence de verdad pues, coges, agarras y lo pides por internet después de comparar los precios de los diferentes suministradores. En unas horas lo tienes en casa sin haber tenido que acarrear nada. Y eso es todo.
Después, raramente faltan en esos telediarios noticias referentes a la clave de bóveda del desarrollo humano: la formación. Ayer le toco a la Universidad de Neuchâtel. Cómo funciona, sus diferentes niveles, su conexión con el tejido empresarial, en fin, que se apreciaba el interés de las autoridades porque la gente sepa de las cosas que realmente le conciernen. Porque las cosas no son como son porque sí sino porque hay un trabajo previo. En el telediario de ayer el político que vendía la universidad de Neuchâtel era hijo de emigrates griego y turca y hace unos días la Universidad de Lausanne, a uno de cuyos investigadores le acababan de conceder el Nobel, la vendía su Rectora, hija de emigrantes españoles. Y así corre Suiza.
En fin, que me parece de lo más adecuado para una correcta formulación de la autoestima saber con quién te estás comparando. Porque no cualquier país nos sirve ya para autoflagelarnos, ni mucho menos. Yo diría que nos quedan poquitos y, de esos, convendría saber de dónde les viene el garbanzo al pico, como decía el clásico. De Suiza, sin ir más lejos, nos contaron que al configurador de su estricta moral, un tal Calviño, no le tembló el pulso por mandar a la hoguera a más gente de toda la que mando la inquisición española en los siglos que duró. A saber, claro, que todo esto es mucho decir, pero... hay lo que hay y lo suyo es que le encontremos la justificación, porque, sino, ya me dirán ustedes que hacemos aquí.
En el telediario de ayer, por ir a lo concreto, hicieron una proyección de futuro que me pareció de lo más interesante. El sujeto utilizado para ello fueron los centros comerciales. Han llegado a la conclusión de que los que hay en la actualidad, de apariencia por cierto realmente fastuosa, son una ruina porque no han sabido captar el aire de los tiempos. Por eso ya han empezado su reconversión. Los tiran de arriba a abajo y los reconstruyen de acuerdo a lo que va a ser el futuro que ya casi es presente. Para empezar, casi no tienen aparcamientos y los que hay son a precios prohibitivos. Y es que, a quoi bon llevar el coche si allí no vas a comprar. Porque a esos centros uno va a divertirse, o distraerse, ya sean dos horas, un día, o una semana, porque allí hay de todo, incluso playa. Cines, hoteles, gimnasios, piscinas y mucha gastronomía que va a pasar del 3% del espacio de los actuales al 30% o más de los que se están haciendo. Luego están las tiendas, claro, que no son mayormente para vender sino para exponer los productos. Tu vas allí y te pruebas los zapatos o jugueteas con el ordenador o catas unos vinos y te limitas a tomar nota. Después te vas a dar unos masajes tailandeses, o un chapuzón en la playa tropical, o a tirarte por una pista de nieve o a comer en un restaurante bosquimano y, si se tercia, después, a descansar, o lo que sea que nunca se sabe, a una habitación superconectada del hotel. Luego, cuando ya rendido llegas a casa, meditas sobre las notas que has tomado acerca de los productos que te han interesado y, si alguno te convence de verdad pues, coges, agarras y lo pides por internet después de comparar los precios de los diferentes suministradores. En unas horas lo tienes en casa sin haber tenido que acarrear nada. Y eso es todo.
Después, raramente faltan en esos telediarios noticias referentes a la clave de bóveda del desarrollo humano: la formación. Ayer le toco a la Universidad de Neuchâtel. Cómo funciona, sus diferentes niveles, su conexión con el tejido empresarial, en fin, que se apreciaba el interés de las autoridades porque la gente sepa de las cosas que realmente le conciernen. Porque las cosas no son como son porque sí sino porque hay un trabajo previo. En el telediario de ayer el político que vendía la universidad de Neuchâtel era hijo de emigrates griego y turca y hace unos días la Universidad de Lausanne, a uno de cuyos investigadores le acababan de conceder el Nobel, la vendía su Rectora, hija de emigrantes españoles. Y así corre Suiza.
En fin, que me parece de lo más adecuado para una correcta formulación de la autoestima saber con quién te estás comparando. Porque no cualquier país nos sirve ya para autoflagelarnos, ni mucho menos. Yo diría que nos quedan poquitos y, de esos, convendría saber de dónde les viene el garbanzo al pico, como decía el clásico. De Suiza, sin ir más lejos, nos contaron que al configurador de su estricta moral, un tal Calviño, no le tembló el pulso por mandar a la hoguera a más gente de toda la que mando la inquisición española en los siglos que duró. A saber, claro, que todo esto es mucho decir, pero... hay lo que hay y lo suyo es que le encontremos la justificación, porque, sino, ya me dirán ustedes que hacemos aquí.
domingo, 5 de noviembre de 2017
Exorcismo
No soy ni mucho menos un experto en estas cosas pero para mí que cuando se da con la palabra exacta que engloba todo un malestar difuso es como si se produjese un exorcismo que empieza a disolver el malestar. En el caso que nos ocupa creo que ha sido un preso de una cárcel de Madrid el que ha dado con el feliz hallazgo. Le habían colocado como compañero de celda de un indepe catalán y ha pedido a las autoridades que, por el amor de Dios, le cambien de compañía porque no puede soportar ya ni un minuto más la matraca que el indepe le está dando las veinticuatro... porque solo tiene veinticuatro horas el día que si no más te daría como en la canción aquella de García Lorca.
La matraca, todo ha sido enunciarla y empezar a desmoronarse el invento. Porque ya está convertido en cosa del tonto del pueblo que en aquella antigüedad tan cercana era al que el cura encargaba de ir por las calles y callejos dando a la matraca, o carraca, tan pronto empezaba el Oficio de Tinieblas. Por eso, la matraca es una cosa siniestra, de tontos, de pueblerinos y de curas. No puede tener peor prensa.
De todas formas, sirva la lección, porque nadie, empezando por mí mismo, que es el que más me importa, está libre de caer o, incluso, vivir instalado en esa detestable condición de tonto del pueblo encargado de la carraca o matraca, que no sé la diferencia. Uno, sobre todo si está ocioso, se obsesiona con las cosas más peregrinas y ¡ale!, ya se compró el odioso instrumento. No lo olviden nunca, las obsesiones es el artificio predilecto del que dispone el cerebro para librarte de la conciencia de ti mismo, que, no nos engañemos, en la mayoría de los casos, de tenerla, sería insoportable. Así, dando la matraca, te olvidas de quien eres y logras sobrevivir. Es la triste condición humana, no nos hagamos ilusiones.
Por cierto, nos anunciaron lluvias sin cuento para esta semana que ha expirado. Con los dedos de una mano se han podido contar las gotas que han caído.
Y en otro orden de cosas, ayer en la BBC podíamos ver un coche sin conductor circulando sin problemas por una autopista israelí. Dentro iban una periodista y el CEO de la empresa que había construido el coche. De fondo, el muro y, más allá, las miserables casbahs palestinas. ¿Por qué este éxito económico israelí y esa miseria palestina?, preguntaba la periodista al CEO. Pues muy sencillo, le contestaba, porque cuando te sientes acorralado sólo tienes dos opciones, entregarte o luchar. Y hemos escogido luchar. Y luchando se consigue todo. Yo hubiese añadido que a condición de tener buenos generales.
En fin, voy a ver si me doy un voltio por ahí porque estoy que no me aguanto.
La matraca, todo ha sido enunciarla y empezar a desmoronarse el invento. Porque ya está convertido en cosa del tonto del pueblo que en aquella antigüedad tan cercana era al que el cura encargaba de ir por las calles y callejos dando a la matraca, o carraca, tan pronto empezaba el Oficio de Tinieblas. Por eso, la matraca es una cosa siniestra, de tontos, de pueblerinos y de curas. No puede tener peor prensa.
De todas formas, sirva la lección, porque nadie, empezando por mí mismo, que es el que más me importa, está libre de caer o, incluso, vivir instalado en esa detestable condición de tonto del pueblo encargado de la carraca o matraca, que no sé la diferencia. Uno, sobre todo si está ocioso, se obsesiona con las cosas más peregrinas y ¡ale!, ya se compró el odioso instrumento. No lo olviden nunca, las obsesiones es el artificio predilecto del que dispone el cerebro para librarte de la conciencia de ti mismo, que, no nos engañemos, en la mayoría de los casos, de tenerla, sería insoportable. Así, dando la matraca, te olvidas de quien eres y logras sobrevivir. Es la triste condición humana, no nos hagamos ilusiones.
Por cierto, nos anunciaron lluvias sin cuento para esta semana que ha expirado. Con los dedos de una mano se han podido contar las gotas que han caído.
Y en otro orden de cosas, ayer en la BBC podíamos ver un coche sin conductor circulando sin problemas por una autopista israelí. Dentro iban una periodista y el CEO de la empresa que había construido el coche. De fondo, el muro y, más allá, las miserables casbahs palestinas. ¿Por qué este éxito económico israelí y esa miseria palestina?, preguntaba la periodista al CEO. Pues muy sencillo, le contestaba, porque cuando te sientes acorralado sólo tienes dos opciones, entregarte o luchar. Y hemos escogido luchar. Y luchando se consigue todo. Yo hubiese añadido que a condición de tener buenos generales.
En fin, voy a ver si me doy un voltio por ahí porque estoy que no me aguanto.
sábado, 4 de noviembre de 2017
People don´t know
Hablaba anoche por teléfono con Ángela y la cosa se ponía cada vez más dificultosa porque a su lado estaba Oli lanzando gruñidos intimidatorios. A esas horas del día, los niños suelen estar cansados y con sueño y eso les pone irritables o, dicho más claro, insoportables. Demandan una atención excluyente, al modo de los adultos catalanes para que nos entendamos, perdón por el mal chiste. El caso es que, dadas las circunstancias, se me ocurrió sacar a colación el vídeo de Louis CK en el que ironiza, por decirlo de algún modo, sobre la forma de relacionarse con sus dos hijas de cuatro y seis años. Él, dice, daría la vida por ellas, pero no puede dejar de reconocer que se la están desgraciando. Y se extiende en una retahíla de situaciones que de tan desesperantes se vuelven realmente cómicas.
Pues bien, el tema debe de estar de moda, porque rápidamente me pasó Ángela el dato de un tal Michael Mcintyre, cómico predilecto de la millennial generation en el Reino Unido, que tiene colgado en youtube el vídeo de uno de sus shows de más éxito: People with no kids don't know (La gente sin hijos no se entera).Es una exageración, como no puede ser de otra manera, desternillante. Y lo tiene claro: el mundo se divide en gente con hijos y gente sin ellos. No puede haber diferencia entre personas que condicione tanto como ésta. Cualquier acto de la vida, por anodino que sea, como salir de casa por ejemplo, cambia radicalmente en función de tener o no tener kids alrededor. Lo que es irrelevante en un caso se convierte en obra de titanes para el otro. Bueno, como les decía, en youtube lo tienen por si quieren perfeccionar su conocimiento del tema.
Personalmente, puedo asegurarles que si ha habido algo en mi vida que haya estado sujeto al dominio de lo inconsciente, eso ha sido lo de tener descendencia. No se me alcanzan los vericuetos mentales del personal que dice decidir por su cuenta si se reproduce o no. Esos que van a clínicas de reproducción asistida y se someten a verdaderos calvarios por tal de conseguir marcar. No puedo entenderlo, la verdad. Tener hijos, no tenerlos, no puedo considerar que sea una suerte o una desgracia, simplemente es algo que los dioses distribuyen con su criterio indescifrable. Y ya saben que los dioses, por naturaleza, suelen ser equitativos: donde dan de una cosa, quitan de otra y viceversa. En el computo final, vete tú a saber quién sale ganando.
Y precisamente porque así pienso es por lo me partía de risa anoche leyendo los comentarios del foro subsecuente al vídeo que les comentaba. Me resulta enternecedor comprobar la propensión que tiene la gente a creer que son dueños de su destino hasta en lo más sagrado de sus vidas. Seguramente es una tara mental ligada a la falta de estudios o cosa por el estilo. Pero, en fin, así somos la mayoría de los humanos, unos niños mimados que nos soñamos dioses. Cómico en cualquier caso.
Pues bien, el tema debe de estar de moda, porque rápidamente me pasó Ángela el dato de un tal Michael Mcintyre, cómico predilecto de la millennial generation en el Reino Unido, que tiene colgado en youtube el vídeo de uno de sus shows de más éxito: People with no kids don't know (La gente sin hijos no se entera).Es una exageración, como no puede ser de otra manera, desternillante. Y lo tiene claro: el mundo se divide en gente con hijos y gente sin ellos. No puede haber diferencia entre personas que condicione tanto como ésta. Cualquier acto de la vida, por anodino que sea, como salir de casa por ejemplo, cambia radicalmente en función de tener o no tener kids alrededor. Lo que es irrelevante en un caso se convierte en obra de titanes para el otro. Bueno, como les decía, en youtube lo tienen por si quieren perfeccionar su conocimiento del tema.
Personalmente, puedo asegurarles que si ha habido algo en mi vida que haya estado sujeto al dominio de lo inconsciente, eso ha sido lo de tener descendencia. No se me alcanzan los vericuetos mentales del personal que dice decidir por su cuenta si se reproduce o no. Esos que van a clínicas de reproducción asistida y se someten a verdaderos calvarios por tal de conseguir marcar. No puedo entenderlo, la verdad. Tener hijos, no tenerlos, no puedo considerar que sea una suerte o una desgracia, simplemente es algo que los dioses distribuyen con su criterio indescifrable. Y ya saben que los dioses, por naturaleza, suelen ser equitativos: donde dan de una cosa, quitan de otra y viceversa. En el computo final, vete tú a saber quién sale ganando.
Y precisamente porque así pienso es por lo me partía de risa anoche leyendo los comentarios del foro subsecuente al vídeo que les comentaba. Me resulta enternecedor comprobar la propensión que tiene la gente a creer que son dueños de su destino hasta en lo más sagrado de sus vidas. Seguramente es una tara mental ligada a la falta de estudios o cosa por el estilo. Pero, en fin, así somos la mayoría de los humanos, unos niños mimados que nos soñamos dioses. Cómico en cualquier caso.
viernes, 3 de noviembre de 2017
Callos a la madrileña
Me pregunto yo que a dónde va a llegar esto. Y no me refiero a lo de los catalinos, que eso ya lo doy por amortizado hasta el próximo brote sarampionoso que, por lógica biológica, yo ya no veré. A lo que me refiero es a un mundo al que se lo están poniendo mal para la cosa de la procreación. Porque es que a nada que insinúas poner el rabo ya te están obligando a dimitir. ¡Imagínense unas procesiones de Semana Santa en Sevilla sin rabo por medio! Durarían, como mucho, dos representaciones más.
Recuerdo cuando en los años setenta trabajaba a veces veinticuatro horas seguidas en un ambiente esquizofrenizado por la lucha sin cuartel que eros libraba contra tánatos: a las cuatro de la madrugada, en la sala de intensivos veinte o treinta personas agonizaban a los sones de una partitura de Stockhausen y en un cuartito adyacente el personal sanitario distraía la tensión coqueteando unos con otras y acaso comiendo una ración de callos a la madrileña. Desde luego que los unos, uno tras otro, tendrían, a la luz moral de hoy día, estar dimitidos no una sino mil veces o más.
A mi todo esto que pasa me recuerda a cuando Penteo tuvo la peregrina idea de meter a Dionisos en la cárcel. ¡Como si eso fuese posible! Y ahora estos idiotas quieren meter a Eros. Porque son tan lelos que no se enteran que o Eros lo impregna todo o la vida pierde su interés. ¿Cómo hubiésemos podido aguantar nosotros aquel trabajo espantoso si el aire no hubiese estado cuajado de orgones?
Estos, señores, y señoras por si acaso, sí que son signos de que no la patria sino la humanidad está en peligro. Esto que parece el triunfo de los monstruos de la razón es en realidad el llanto desesperado de los castrati. Ahora más que nunca toma relevancia aquel librito con el que los libertinos escandalizábamos a los pacatos por aquel entonces: "La función del orgasmo" de Wilhelm Reich. El sueño de todos cobardes es embridar a Eros. Piensan los muy tontos que así pasará desapercibida su impotencia.
En fin, para concluir, que de todas las mamarrachadas que, brotadas de la opulencia, señorean hoy el mundo, la más cómica, y quizá también la más trágica, es ésta de no poder ni siquiera intentar poner el rabo en las procesiones de la Semana Santa sevillana.
Recuerdo cuando en los años setenta trabajaba a veces veinticuatro horas seguidas en un ambiente esquizofrenizado por la lucha sin cuartel que eros libraba contra tánatos: a las cuatro de la madrugada, en la sala de intensivos veinte o treinta personas agonizaban a los sones de una partitura de Stockhausen y en un cuartito adyacente el personal sanitario distraía la tensión coqueteando unos con otras y acaso comiendo una ración de callos a la madrileña. Desde luego que los unos, uno tras otro, tendrían, a la luz moral de hoy día, estar dimitidos no una sino mil veces o más.
A mi todo esto que pasa me recuerda a cuando Penteo tuvo la peregrina idea de meter a Dionisos en la cárcel. ¡Como si eso fuese posible! Y ahora estos idiotas quieren meter a Eros. Porque son tan lelos que no se enteran que o Eros lo impregna todo o la vida pierde su interés. ¿Cómo hubiésemos podido aguantar nosotros aquel trabajo espantoso si el aire no hubiese estado cuajado de orgones?
Estos, señores, y señoras por si acaso, sí que son signos de que no la patria sino la humanidad está en peligro. Esto que parece el triunfo de los monstruos de la razón es en realidad el llanto desesperado de los castrati. Ahora más que nunca toma relevancia aquel librito con el que los libertinos escandalizábamos a los pacatos por aquel entonces: "La función del orgasmo" de Wilhelm Reich. El sueño de todos cobardes es embridar a Eros. Piensan los muy tontos que así pasará desapercibida su impotencia.
En fin, para concluir, que de todas las mamarrachadas que, brotadas de la opulencia, señorean hoy el mundo, la más cómica, y quizá también la más trágica, es ésta de no poder ni siquiera intentar poner el rabo en las procesiones de la Semana Santa sevillana.
jueves, 2 de noviembre de 2017
Gracia que me hace
Tiene Nietzsche un escrito sobre la Gracia que me dejó deslumbrado la primera vez que lo leí. La Gracia como "el más allá" de la justicia. Cuando una persona, o un Estado, toman conciencia de su poder empieza a dejar de importarle sus parásitos. Que se alimenten y prosperen porque a mí no me afecta en absoluto. Por eso, a medida que el poder se incrementa la justicia se va haciendo más blanda con el fin de proteger al delincuente de sus damnificados. Del ojo por ojo de los Infantes de Lara en apenas cien años se pasa al Fuero Juzgo del Juramento de Santa Gadea. Nada representa mejor la consolidación del Poder Real en Castilla. Dice el autor: "la justicia que comenzó declarando que "todo es pagable, todo tiene que ser pagado", acaba, como toda cosa excelente en esta tierra, destruyéndose a sí misma. Esta autodestrucción de la justicia, sabido es con qué hermoso nombre se la denomina: gracia; esta continúa siendo, como ya se entiende de por sí, el privilegio de los más poderosos..."
¡Pues menuda gracia tiene la cosa! Porque sospecho yo que so capa de justicia lo que se destruye en realidad es el poder. Aunque, claro, que otro fin persiguen todos los sueños anarquistas: llegar a ese grado de perfección humana en la que al hacer todo el mundo sólo y únicamente lo que es correcto no se necesita para nada policía. Si alguna vez la ingenuidad tocó techo, o pisó fondo, que no sé, esa es cuando inventó semejante ideología. Tan simpática por lo demás. Y en esas sospecho que estamos, creyendo que el poco de monte que no es orégano es porque es de oro.
En fin, son reflexiones que vienen al hilo de aquello con lo que los medios tratan de atosigarnos. Pero la realidad, se lo aseguro, es muy otra. Es que ayer, un muy templado día para la estación, la gente se solazaba en las terrazas después de haber cumplido con los ritos mortuorios. Porque de eso va la cosa, de la ritualización de la existencia. Cada uno tiene los suyos, aunque la mayoría los mismos. Y por eso los chinos se forran vendiendo flores por estas fechas. Lo demás, mandangas.
¡Pues menuda gracia tiene la cosa! Porque sospecho yo que so capa de justicia lo que se destruye en realidad es el poder. Aunque, claro, que otro fin persiguen todos los sueños anarquistas: llegar a ese grado de perfección humana en la que al hacer todo el mundo sólo y únicamente lo que es correcto no se necesita para nada policía. Si alguna vez la ingenuidad tocó techo, o pisó fondo, que no sé, esa es cuando inventó semejante ideología. Tan simpática por lo demás. Y en esas sospecho que estamos, creyendo que el poco de monte que no es orégano es porque es de oro.
En fin, son reflexiones que vienen al hilo de aquello con lo que los medios tratan de atosigarnos. Pero la realidad, se lo aseguro, es muy otra. Es que ayer, un muy templado día para la estación, la gente se solazaba en las terrazas después de haber cumplido con los ritos mortuorios. Porque de eso va la cosa, de la ritualización de la existencia. Cada uno tiene los suyos, aunque la mayoría los mismos. Y por eso los chinos se forran vendiendo flores por estas fechas. Lo demás, mandangas.
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