Hablaba anoche por teléfono con Ángela y la cosa se ponía cada vez más dificultosa porque a su lado estaba Oli lanzando gruñidos intimidatorios. A esas horas del día, los niños suelen estar cansados y con sueño y eso les pone irritables o, dicho más claro, insoportables. Demandan una atención excluyente, al modo de los adultos catalanes para que nos entendamos, perdón por el mal chiste. El caso es que, dadas las circunstancias, se me ocurrió sacar a colación el vídeo de Louis CK en el que ironiza, por decirlo de algún modo, sobre la forma de relacionarse con sus dos hijas de cuatro y seis años. Él, dice, daría la vida por ellas, pero no puede dejar de reconocer que se la están desgraciando. Y se extiende en una retahíla de situaciones que de tan desesperantes se vuelven realmente cómicas.
Pues bien, el tema debe de estar de moda, porque rápidamente me pasó Ángela el dato de un tal Michael Mcintyre, cómico predilecto de la millennial generation en el Reino Unido, que tiene colgado en youtube el vídeo de uno de sus shows de más éxito: People with no kids don't know (La gente sin hijos no se entera).Es una exageración, como no puede ser de otra manera, desternillante. Y lo tiene claro: el mundo se divide en gente con hijos y gente sin ellos. No puede haber diferencia entre personas que condicione tanto como ésta. Cualquier acto de la vida, por anodino que sea, como salir de casa por ejemplo, cambia radicalmente en función de tener o no tener kids alrededor. Lo que es irrelevante en un caso se convierte en obra de titanes para el otro. Bueno, como les decía, en youtube lo tienen por si quieren perfeccionar su conocimiento del tema.
Personalmente, puedo asegurarles que si ha habido algo en mi vida que haya estado sujeto al dominio de lo inconsciente, eso ha sido lo de tener descendencia. No se me alcanzan los vericuetos mentales del personal que dice decidir por su cuenta si se reproduce o no. Esos que van a clínicas de reproducción asistida y se someten a verdaderos calvarios por tal de conseguir marcar. No puedo entenderlo, la verdad. Tener hijos, no tenerlos, no puedo considerar que sea una suerte o una desgracia, simplemente es algo que los dioses distribuyen con su criterio indescifrable. Y ya saben que los dioses, por naturaleza, suelen ser equitativos: donde dan de una cosa, quitan de otra y viceversa. En el computo final, vete tú a saber quién sale ganando.
Y precisamente porque así pienso es por lo me partía de risa anoche leyendo los comentarios del foro subsecuente al vídeo que les comentaba. Me resulta enternecedor comprobar la propensión que tiene la gente a creer que son dueños de su destino hasta en lo más sagrado de sus vidas. Seguramente es una tara mental ligada a la falta de estudios o cosa por el estilo. Pero, en fin, así somos la mayoría de los humanos, unos niños mimados que nos soñamos dioses. Cómico en cualquier caso.
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