El otro día estaba escuchando un debate en una televisión francesa en el que unos "buenos" -¡qué útiles las comillas!- se indignaban por no recuerdo qué masacre en cualquier sitio del planeta. Entonces, Kouchner, el fundador de Médicos sin Fronteras y exministro de Asuntos Exteriores, que estaba allí con la tensa templanza que le caracteriza, se limitó a recordar a los indignados que el ser humano viene a este mundo pour se battre. En realidad, pensé, poca más filosofía hay que saber para encontrar un acomodo razonable en esta vida.
Todo lo que vive está en las mismas. No hay más que ver esos documentales rodados en el Serengueti o similares en los que todo el rato los animales están ingeniándoselas, ya sea para escapar de otros, ya sea para comérselos. Siempre es igual y, sin embargo, parecen no cansar a la gente. La misma gente que luego parece no comprender, e incluso se indigna, cuando el ser humano saca la fuerza a pasear por tal de prevalecer sobre sus congéneres. Porque de eso es precisamente de lo que se trata, de prevalecer por los medios que sean: si naces dotado, en solitario, pero, si no, recurriendo a la manada. En la práctica totalidad, un mix de las dos posibilidades.
Se battre por prevalecer. Cada uno a su manera en función de lo que natura le proveyó al nacer. Músculos o cabeza, belleza o fealdad, no es lo mismo, desde luego, cómo te ponen las cosas de fáciles o difíciles unas cosas u otras. Aunque, como todos sabemos, al final, la suerte de la fea la guapa la desea.
Porque si prevaleces eres alguien. Justo lo que da sentido a la vida. Lo demás mandangas. Así que nada de lo que extrañarse por lo que vemos en el mundo y, tampoco, por las propias tonterías que son los atajos que creemos haber encontrado para llegar al ansiado fin del reconocimiento.
En fin, hay lo que hay y, si en vez de tanto confiar en las letras, hubiese confiado un poco más en la espada, quizá otro gallo me cantara. Pero es que nací con poco músculo, es decir, predispuesto a sucumbir al complejo de justificación. Toda la vida tratando de camuflar las carencias para, no ya prevalecer, si no para por lo menos pasar desapercibido a los depredadores. En eso consiste el se battre de los cobardes. Casi toda la humanidad por cierto.
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