miércoles, 1 de noviembre de 2017

El mundo perruno

Parece que la tormenta amaina. Ojalá sea así, pero yo no me fío un pelo de las apariencias. Porque el cáncer sigue ahí y por más que las terapias actuales han conseguido al parecer transformarlo en una enfermedad crónica la verdad es que vivir con esa espada de Damocles encima no puede ser en absoluto tranquilizador. Ahora, el gurú supremo de ese ente escurridizo que es la burguesía catalana, un tal Juliana, dice que los rusos han metido el cucharon en Cataluña para justificar la anexión de Crimea. Los rusos no sé lo que habrán metido, pero La Vanguardia el cucharón y toda la vajilla. Porque ese periódico es una metástasis en el cerebro de la mentada burguesía, y  Juliana es una de sus células más virulentas. Esa utilización repulsiva que viene haciendo desde siempre de las adversativas, que son justificativas, es pura gasolina sobre el fuego. 

Pero da igual, porque tengo la impresión de que lo de Cataluña no es más que un adelantamiento de acontecimientos mucho más generales. Al estilo de lo que fue la Guerra Civil española respecto de lo que ya estaba a punto de venirse encima. Veo las televisiones de por ahí, leo los periódicos y mi impresión es que hay metástasis del cáncer identitario, o perruno, por todas las partes. Uno escucha a la lideresa que se han echado los escoceses y tiembla. Con todos los excipientes azucarados que quieran, pero la píldora que hace tragar no es otra que la del nazismo. Y lo mismo el Boris Johnson, y el Trump y el otro y el otro y el otro. 

Parafraseando a no sé quién que dijo que era la economía, estúpido, yo diría que ahora lo que es de estúpidos es no darse cuenta de que el agente cancerígeno por antonomasia es el tiempo libre. Porque el ocio, no se engañen, degenera las potencias del alma que decía San Agustín: memoria, entendimiento y voluntad, para que nos entendamos. Me estoy refiriendo, bien sure, al ocio por obligación. El que no repone nada, porque nada hay detrás de él que haya sido desgastado. Es, en definitiva, un problema de canalización de energías vitales. Si no encuentran un desagüe natural buscan el que sea atropellándolo todo. Ponerlo todo patas arriba es, entonces, la única opción niveladora. Yo no podré, pero tu que puedes, pronto tampoco podrás, porque lo vamos a joder todo. 

Lo vamos, la nefasta primera persona del plural. Ya sólo necesitamos quien nos guíe. Como a los perros abandonados que cualquiera les sirve de dueño con tal de que les pase la mano por encima del lomo. Encontrar un hogar con el territorio bien marcado. Es la vuelta a la condición animal del que ha sustituido sus potencias por las emociones. 

Ya lo soñó Hitler que pensaba que el día que las personas fuesen como sus perros el mundo sería un paraíso. Una cuestión de lealtal: de la crítica que es amistad a la perruna que es sumisión. Y en eso estamos, en la exaltación de la lealtad acrítica que es el cemento de la tribu. 

En fin, no sé, porque todo esto es endemoniadamente complicado, pero, así todo, nadie me quitará de la cabeza que  quien no tiene una misión que cumplir en la vida, es decir, que alguien cuenta contigo para, un suponer, que le arregles el ascensor o le vendas un pepino, es un perro abandonado que corre desesperado hacia cualquier silbido que suena en la distancia.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario