miércoles, 15 de noviembre de 2017

il mondo cane

Cuando ella dice que no, es que no, ha dicho con toda la razón del mundo un juez. Lo que no sé si se habrá apresurado a añadir es que toda la razón del mundo no basta en este mundo para andar seguro por el mundo. Es como esa pareja de ciclistas que van charlando por la carretera, uno en el arcén y otro, pegado a él, pero por la calzada. Les asiste todo el derecho, pero de vez en cuando viene un coche y se lleva por delante al que va por la calzada. ¿De qué le sirvió entonces tener toda la razón o derecho? Así que, señoras y señores, tan importante como tener razón, o derecho, es saber que la bestia que anda suelta no reconoce tales sutilezas. Por eso un servidor cuando va en bicicleta por la carretera no sólo se limita al arcén sino a la parte del arcén más pegada a la cuneta. Porque sé que hay por esas carreteras de Dios mucho jubilado suelto con el automático puesto. En fin. 

El caso es que el personal se desgañita cuando le pisan los derechos. Seguro que en ello tiene que ver que nadie les enseñó nada. Mi padre, que en gloria esté, siempre nos advirtió contra esa forma de estupidez. Si vas en coche y te chocas con alguien, la culpa siempre es tuya, nos decía. Porque para ser buen conductor, añadía, tan importante como no tener fallos es saber evitar los del que te viene de frente. Una buena metáfora en cualquier caso para todas las cosas de la vida. 

Y bueno, por la vida vamos cometiendo todo tipo de fallos y también sufriendo los de los vecinos que no hemos sabido evitar. Los unos y los otros por la propia pura tontería, que no otra cosa es la que tenemos que aprender a reconocer para que no se nos lleven los diablos. Por así decirlo, madurar que no es otra cosa que saber reírse de uno mismo. Y eso es todo que no es poco por cierto, porque parece que estamos volviendo a tiempos en los que se creía que a Dionisos se le podía meter en la cárcel y a la lujuria se la podía combatir rezando padrenuestros y avemarías. 

El mundo es el mundo y la carne la carne, y tener razón está muy bien -sostenella y no enmendalla que se decía por aquel entonces-, pero si pierdes el pellejo, o acaso la honra, de poco consuelo sirve que los tribunales después te indemnicen. Así que, sí, un respeto por lo que dice el juez, pero, sobre todo, saber resguardarse de la bestia que anda suelta. 

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