miércoles, 29 de noviembre de 2017

Por su nombre

Los de youtube, de los que soy fiel admirador, me envían todos los días dos o tres vídeos de lo que ellos consideran candente actualidad. Bueno, en realidad no sé quién me los envía, pero el caso es que me llegan. Ayer, por ejemplo, llegó uno en el que una periodista de prosodia catalana por los cuatro costados echaba pestes de la situación que se vive en aquella región de España. Lo peor, claro está, la convivencia, que se ha convertido en un infierno. Tres cuartos de lo mismo de lo que pasaba hace cuatro días en todo el territorio de las Provincias Vascongadas y sigue pasando hoy en todo lo que no sean las capitales. Exactamente, para que nos entendamos, lo que hemos visto hasta la saciedad en las películas con tema de alemán malo. Unas cuantas, por cierto. 

Vengo diciendo hace tiempo que los dos sitios más atrasados de España son Cataluña y el País Vasco y, por supuesto, la gente que me oye me mira como diciendo este tío está majara. Pero hablo con conocimiento de causa porque he vivido en los dos sitios. Y sí, les puedo asegurar que son sociedades cien o doscientos años por detrás de la que puede haber, por poner otro ejemplo de lo que conozco, en Castilla la Vieja. La misma Barcelona, cuando uno comprueba la relación de la abrumadora mayoría de sus habitantes con el principal club de fútbol de la ciudad no puede sino pensar que las aldeas no son cuestión de tamaño. La unanimidad es el signo por antonomasia del sometimiento. No en vano fue un partido político catalán, el primero que se formó allí, el que ostenta el título de "últimos de Filipinas" en la defensa a ultranza del esclavismo. 

Ahora, por aquello tan lustroso de resumir los problemas con el uso de una palabra culta llaman a lo que pasa en las provincias desleales supremacismo. Se quiere decir con ello que se consideran superiores al resto. Puede ser, no lo voy a discutir. Pero eso, como médico que soy, sé que sólo es un síntoma más de los que denuncian el profundo trastorno orgánico que está en el origen de la enfermedad. Y ahí es a donde debemos llegar si no queremos hacer como los malos médicos que pretender curar enmascarando los síntomas.

El trastorno orgánico, ese es el asunto. ¿Cómo desenmascararlo? Habrá que extraer una muestra y analizarla, digo yo. El informe PISA, un suponer, es un buen indicador. En cualquier caso, infinitamente más fiable que la renta per capita. Porque esa es la primera contradicción, el no tener nada que ver la cuantía de la una con los resultados del otro. Habrá que preguntarse por el porqué de las cosas. 

No sé, digo yo que el que se tenga esa unanimidad enfermiza por sostener que el Barça es más que un club unido a unos resultados bastante mediocres en las pruebas PISA a lo mejor es indicación de que algo no funciona muy bien allí arriba por donde se razona. Quizá falta de inteligencia por el simple hecho de haber nacido catalán... no creo en esas cosas, la verdad. Quizá la mala educación propiciada por la falta de cuestionamiento de unas tradiciones arcaicas... me inclino por este lado. 

Ya en el siglo XIX los empresarios del lugar, los mismos que tenían esclavos en sus ingenios de Cuba o negociaban con ellos desde sus bases en el Maresme, decidieron, cuando los obreros empezaron a reclamar su parte del pastel, regresar al feudalismo por medio de la construcción de colonias fabriles alejadas de las ciudades. Auténticas distopias, como se dice ahora, en las que el sometimiento al patrón era absoluto. Y de aquellos polvos...

Resumiendo, la experiencia me dice que las patologías se enmascaran tras síntomas que dan el pego y de ahí que cueste tanto diagnosticarlas. Por eso son tan importantes los buenos médicos. Maria Elvira Roca Barea, en el caso que nos ocupa. Pues bien, sostiene Maria Elvira que lo de Cataluña no es otra cosa que un rebrote del feudalismo del que nunca se curaron del todo en aquella comunidad. Las oligarquías locales no consiguen concebir una sociedad sin pastoreos. Y de ahí, de esa tara mental, todo lo demás por añadidura. Así que ya sabemos de qué  va aquello: tú eres superior -te sientes seguro- a condición de que te acoples al rebaño. Y eso es todo, atraso de siglos.    

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