Ayer era un día de esos para pasarlo en el mirador. Soleado y con un viento del nordeste de los que traspasan varias capas textiles. Así y todo, y debido más que nada a la insistencia de María, nos echamos a la carretera. Y, la verdad, metido uno ya en harina, caes en la cuenta de que la cosa no era para tanto. Convenientemente pertrechados pusimos cara al viento y tiramos hacia Fuentes de Valdepero. De allí a Monzón, que como todo es bajada, está chupado. Y en Monzón nos metimos en lo de Josefina. Curiosamente, no había bullicio. Y no es que hubiese poca gente. No sé a qué sería debido tan extraño acontecimiento. Pedí un verdejo y un pincho de morro. El morro estaba de muerte. Se lo dije al marido de Josefina y el hombre lo agradeció tanto que hasta me dio una palmada en la espalda. Sí, nos queda muy bien, dijo.
Son curiosos los derroteros de la vida. Uno se ha esforzado lo indecible por ascender por los más variados vericuetos del saber y al final en lo único que me he convertido en experto es en la corona de bares y restaurantes que adornan a la ciudad de Palencia. En un radio de veinte kilómetros o así me los conozco a todos los que tienen algo que ofrecer. Y luego, como cuando sales de ellos aparece rapídamente en el movil una demanda de opinión, pues voy y escribo la mía que siempre va acompañada del anagrama que me caracteriza que es una foto de mi ortler meran. Con lo cual, los dueños me identifican y, aunque hacen como que no saben, todo son atenciones cada vez que vuelvo. Y los de google no dejan de recordarme que tengo batido un nuevo record. El otro día ya iban por tres mil las visitas a una foto que colgué del interior del restaurante La Concordia, también en Monzón -las mejores manitas de cordero que recuerdo, por cierto-.
Y así paso la vida, a mis cosas, mientras los assholes del mundo mundial gastan sus esfuerzos en pretender que la cambie. Por Dios bendito, que ya va siendo hora de que dejen de dar la lata. Y a eso se reduce todo, a lo que siempre nos decía el obispo Eguino y Trecu en sus visitas pastorales: zapatero a tus zapatos. Tu te dedicas a lo tuyo, que en mi caso es catalogar la calidad de los pinchos de la corona palentina, y dejas a los assholes con dos palmos de narices. ¿Que quieren instaurar el reino de Dios en la tierra? Pues nada, que sigan adelante con su empeño, que ya se cansarán.
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