viernes, 17 de noviembre de 2017

Llegando a ti

Recuerdo que había por entonces un cantante mejicano de nombre Javier Solís que me fascinaba. Sus cadencias me parecían perfectas. Y luego que tenía asociadas las rancheras a la felicidad de la infancia, cuando triscando con los amigos por los campos nos llegaban los sones desde los altavoces del Hotel Cantábrico. Rancheras, cumbeas, boleros y cosas así, porque el dueño había andado por aquellas tierras y se había traído para casa el regusto pegadizo de los requintos. 

Poco a poco, me voy acercando a ti.
Poco a poco, la distancia se va haciendo menos. 

Siempre me pareció un estribillo genial. Porque es que, además, casi todo en la vida es así, poco a poco se van fraguando las nuevas realidades y cuando tomas conciencia de ellas difícilmente hay marcha atrás, sobre todo cuando te has metido en un mal sueño. 

Poco a poco. Petit a petit. Y no será porque no suele haber voces que advierten de lo que se avecina. Voces sensatas que quedan desdibujadas en la inmensa maraña de voces agoreras. Y luego, claro, cuando llega lo irremediable, se alza el guirigay del ¡ya lo decía yo!

En fin, no sé, pero esto de que no llueva me está produciendo una melancolía como de película de Lars von Trier. Como de fin del mundo para que nos entendamos. Ahora sí que, si eres creyente, lo mejor que puedes hacer es comprarte una parcelita en el Valle de Josafat. 

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