viernes, 10 de noviembre de 2017

Betsabé

Decía lo siguiente Rosa Belmonte, ¡qué muhé!, en uno de sus humorísticos artículos: "Porque aquí no estamos hablando de medrar a costa de sexo (algo tan respetable como medrar a costa de Harvard o de relaciones familiares; estaría bueno que fuéramos a renunciar a una de las pocas ventajas que tenemos sobre los hombres). Estamos hablando de hacer algo que no queremos hacer."

Creo que no hay síntesis más perfecta de esta jodida matraca -prefiero la catalana- que nos están dando con lo del acoso sexual. Sin duda los cabellos largos y las ideas cortas que decía Noséquién ya están de regreso, caso de que se hubiesen ido alguna vez. Yo, claro, dice la señorita mona, trato de medrar insinuándome y echo el freno cuando me conviene. ¡Mira qué bonito! ¿Y las hormonas dónde las dejamos? Como si una vez desatada la producción de testosterona el hombre pudiese ser dueño de sí mismo. Aquí, con todo esto, lo único que hay es una falta de rigor científico. Un desconocimiento absoluto de la biología. 

¿O es que acaso no sabía Betsabé cuando se bañaba desnuda que el Rey David la estaba mirando desde la azotea? ¡Anda ya! Menuda pájara la tal Betsabé. Y sí, todos sabían de la rijosidad de David, pero era eso exactamente lo que le daba esperanzas a ella de mejorar su estatus. 

Desde luego, qué duda cabe, que habrá casos de salvajes que no necesitan señuelo para lanzarse sobre la presa. Pero apostaría que el porcentaje de esta modalidad de acoso es mínimo. La inmensa mayoría, juraría, es a causa de frenada impracticable cuando el asunto ha tomado velocidad de crucero. En cualquier caso, me gustaría conocer los porcentajes caso de que alguien se haya tomado la molestia de estudiarlo. 

Y así, de matraca en matraca, nos están pudriendo el espíritu que, en el fondo, es de lo que se trata para que salgamos corriendo a aliviarnos consumiendo lo que sea y así se cierre el círculo virtuoso de la economía. 

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