No es que me vaya a convertir en fan como cuando lo de "Dr. en Alaska", pero les puedo asegurar que toparme con "El huerto de Renato" ha sido como abrir una ventana para que entre aire fresco en esta habitación llena de miasmas que es el panorama informativo. Renato enseña a los extremeños a cultivar con método un huerto. Desde luego que no es un pringao, ni sus dotes pedagógicas le han caído del cielo. Se ve de lejos que detrás de su aspecto ruraloide hay un hombre refinado y con estudios en la materia. Que eso es lo que tiene la modernidad, el no fiarse de la tradición porque sí, sino expurgarla de fantasías y apoyarse en la ciencia para dotarla de la consistencia. Al respecto, Renato lo borda. Y entre col y col te mete un relato que viene muy a cuento: ayer nos leía un pedazo de las memorias de Nelson Mandela donde cuenta como se las apañaba para cultivar tomates en el patio de la prisión. Un detalle, desde luego, cargado de un intenso simbolismo: con voluntad hasta en el infierno se puede uno construir un pedacito de cielo.
Renato no está sólo en su aventura. Va con su madre y con Jordi. Su madre, si no para otra cosa sirve al menos para que no se olvide que de casta le viene al galgo. Ella instala una mesa con un hule a cuadros rojos y blancos en mitad del campo, con su infernillo de gas o su turmix, y se pone a enseñar recetas de comida sensata. Todo ecológico, eso sí, y al ser posible integral. Yo, desde luego, desde aquí me apunto a ese tipo de comidas que parecen inspiradas en el "Ornamento y Delito" de Loos, que les comentaba el otro día. Eso es para mí la verdadera modernidad, la ausencia total de mariconadas. Y por si no quieren llamarse a engaño, ni caer en el mosqueo, respecto a lo que mariconadas son, les recomiendo escuchar a Louis CK en "Live at de Beacon Theater". En fin.
Jordi, por su parte, es lo que podríamos considerar un ayudante de campo. Recorre el territorio visitando todo lo que tiene interés agropecuario en su acepción minifundista. El pequeño criador, el pequeño hortelano que innova es entrevistado y, por así decirlo, desmenuzado, para que el espectador pueda sacar conclusiones útiles si por fin se decide a ser feliz, como dicen los chinos, cultivando su huerto. Ayer visitamos una granja de gallinas azules extremeñas. Bueno, para que se hagan una idea era como cuando se crían caballos de carrera. Con su pequeño laboratorio de genética de andar por casa y todo eso. Las cosas, en cualquier caso, están pasadas por el conocimiento que se adquiere en las aulas. Y eso, indudablemente, es un paso de gigante.
En resumidas cuentas, que Renatos hay más que aquel Carosone de los guateques adolescentes. Ahora tenemos al del huerto que, se lo aseguro, viene de perlas para desintoxicar.
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