sábado, 7 de octubre de 2017

Such astonishing picture

Uno a veces piensa que lo ha visto todo y, por ello, tiene una cierta tendencia a tirar ya la toballa. Ir aquí o allá, para qué si va a ser más de lo mismo. Al final, unas veces por condescender a una propuesta que me hacen, otras por la simple excusa de que hacer ejercicio ayuda a tener apetito y dormir mejor y, en último extremo, por seguir a Erasmo cuando asegura que hace mal el que no sale todos los días a dar una vuelta, el caso es que raro es el día que no me aventuro por los procelosos mares de lo conocido. 

Y, así andaba el otro día, dando una vuelta con María por la parte de Villamuriel y Calabazanos cuando se nos echó encima la hora en que se acostumbra ir a comer tengas o no tengas ganas. Yo me quería volver a casa por ver si en el ínterin hacía un poco de ganas, pero María había preguntado a un viejo matrimonio que andaba por allí paseando por un lugar para comer y le habían dicho que en "El Bodegón" lo podíamos hacer divinamente. Cedí y allí que nos fuimos. Bueno, la comida, la atención y demás, una verdadera porquería. Como de los años cincuenta del siglo pasado cuando lo acogedor recordaba a las cuadras y a los mandos de la cocina estaba la suegra del propietario recién venida del pueblo. Hasta los operarios que allí comían lo hacían con un aire como de indiferencia por la vida. Muy triste todo la verdad, y raro a más no poder que en un pueblo tan importante no haya otro sitio para comer, pero así es como diría Ángel el Proscrito. Y en esas estaba yo filosofando para mis adentros cuando de pronto mi vista cayó sobre una fotografía que había en un rincón del lúgubre recinto. ¡Cóño, pero cómo no me he dado cuenta antes de esta joya! La fotografía en cuestión, de unos setenta por sesenta o así, representaba a un bebé sonrosado con un gorrito de rey sentado sobre una paella a punto para ser comida. ¿A quién se le ha podido ocurrir esta chocante composición? Y de inmediato recordé aquella expresión tan común, que no sé si lo seguirá siendo, de "está como para comérselo" que se decía ante la vista de un bebé haciendo monerías. 

Pensé hacer una foto del invento y también interesarme por su historia, pero la camarera tenía una expresión tan entre lo antipático y lo hostil que desistí de indagar y me conformé con imaginar los posibles escenarios -como se dice ahora- que hubiesen podido dar lugar a such astonishing picture. Porque, desde luego, no creo que, ni por lo más remoto, la foto de marras pueda ser un velado homenaje a aquella "humilde propuesta" que, allá por el XVIII, hizo un tal Jonathan Swift para acabar con la hambruna que asolaba su país.

No hay comentarios:

Publicar un comentario