viernes, 27 de octubre de 2017

Un Hombre

Desde que el progrerio internacional se dedicó en cuerpo y alma a desprestigiar a El Fari hemos entrado en una espiral de decadencia que no sé a dónde nos va a llevar. Así es que vemos nuestras calles llenas de hombres blandengues paseando al perrito y recogiendo sus caquitas. Ver eso y darle a uno ganas de morirse todo es una. Porque ya nadie alza la voz para poner las cosas en el sitio de donde nunca debieran haber salido. De esa relación de toma y daca con naturalidad que siempre fue la base de la estabilidad emocional de las personas. 

El mundo en lo esencial siempre ha sido igual y hasta que los dioses no dispongan que se produzca una mutación profunda en la forma de interconexionarse las neuronas de los humanos las cosas van a seguir siendo igual por mucho que cuatro viragos intenten atormentarnos. Una tía buena siempre será una tía buena que se aprovechará todo lo que pueda de sus encantos. Y un tío con poder siempre será un tío que intentará por cualesquiera métodos beneficiárselas por aquello de que es la mejor manera que conoce de verse guapo en el estanque. Porque toda mujer busca seguridad para su prole y todo hombre impulsos a su ego. Es la forma de perpetuar la especie que ha elegido la naturaleza. Lo demás son mandangas. 

Y ahora, claro, como han convertido a El Fari en un pelele, tenemos que desayunarnos todos los días con la noticia de que una tía, que estuvo muy buena y ya no lo está tanto, acusa a un poderoso de haber abusado de ella. En el plano sexual se entiende. Y mira tú por donde que nunca añaden a su acusación el recuento de beneficios materiales, y puede que también espirituales, que sacaron de aquellos presuntos abusos. Porque anda que, a estas edades, no ha tenido uno oportunidad de ver a tías buenas encaramadas en puestos de poder en donde sólo hacían destrozos. Pero eran la "prodigiosa criatura" del jefe y no había más que hablar. 

Esto, desde luego, se nos ha ido de las manos. Y no poco tiene que ver en ello la consecución de uno de los sueños más perseguidos desde la noche de los tiempos: fornicar sin procrear. Precisamente tuvo que ser un hombre el que lo inventase. ¡Qué mala pata! Y, ahora, las tías buenas, que son prácticamente todas, se han subido a la parra porque ya no pende sobre ellas la espada de Damocles. Digamos que con sus juegos de seducción todo son ganancias. Ahora Medea ya no necesita matar a sus hijos porque puede meter a Jasón en la cárcel. Sólo necesita alzar la voz y ya tiene a todos los poderes del Estado de su parte. El reacionarismo progresista ha conseguido instaurar en el mundo el maniqueismo destructor: la violencia, por definición, sólo puede ser machista. Y las víctimas, mujeres. Y ahí se acaba todo el juego dialéctico. 

En fin, no se me ocurre otra cosa para poner un poco de cordura en el mundo que reivindicar a El Fari. Porque él sí que sabía lo que debe ser un Hombre. 

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