miércoles, 4 de octubre de 2017

Cirugía

Viendo anoche al Rey por la televisión pensé que todavía quedan tipos con clase. Seguramente buscó el consejo de los mejores porque es díficil que una persona sola pueda construir una pieza de semejante perfección. El gesto acomodado a la palabra, ni uno de más, ni una de menos. Una pieza de oratoria que sin duda pasará a la historia. Y, también, un pistoletazo de salida. A partir de hoy comenzará el baile y, si no, amárrense los machos porque temblarán los bolsillos. 

En fin, no es que me quiera dar pote, porque si quieren se lo puedo demostrar porque lo tengo escrito con minuciosidad. Me refiero a todo lo que argumentan estos días los más sesudos comentaristas. Cuando Felipe González indultó a Pujol, cuando Aznar echó a Vidal Cuadras, cuando se fueron catorce mil maestros en un año y nadie dijo nada, cuando se permitió que un catalán pudiese ser jefe de servicio en Almería, pero no un almeriense en Tarragona, cuando muchos de mis conocidos catalanes, gente pudiente, tenían trucados los contadores de la luz, cuando los médicos salían de la consulta y entregaban una lista de lo que habían recetado a los representantes de los laboratorios... la cuenta de síntomas de la enfermedad no tiene fin y como siempre les digo que dijo el clásico, cuando a un mal en sus comienzos no se le ataca, fuerzas del abandono va cobrando que luego hacen muy difícil el remedio... esperemos que no imposible.

Pero sí, uno tiene la sensación de haber llegado a un punto sin retorno. Esto, ya, solo lo puede remediar la cirugía. Cortar por lo sano que se dice. Y, la verdad, en los setenta y cinco años que tengo nunca tuve una sensación semejante de que pintan bastos. Quizá es que ya tocaba porque ¿qué es una vida que no conoce lo que es la guerra en propia carne? Así que estén preparados porque a lo mejor hay que empezar a contar muertos. Es el inevitable tributo que los humanos siempre acaban pagando al Dios de la Estulticia. En fin, los que no estamos ya para filas podemos al menos rezar para intentar aplacarle.  

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