Estaba el otro día sentado en una de las chaise longue de cemento de estilo barcelonés que hay en el Paseo Marítimo de Santoña cuando, de pronto, veo a un grupo de adolescentes con su monitor que acompasaban su trote cuartelero al canto de consignas de cariz patriótico: ¡Viva España!/ ¡Viva la Guardia Civil!/ ¡Viva el Rey!/ ¡Viva la Constitución!
Mira que majos, pensé, ellos también quieren alimentar al dragón. Y luego, claro, los que adoctrinan son los otros. Y entre necios anda el juego. Y nunca nos vamos a librar de esto por la sencilla razón de que a Dionisos no hay quien le retenga en la cárcel. Tiene una habilidad mágica para escaparse y llevar tras sí a las masas a danzar al monte. Y al pobre Apolo, con su "Educación para la Ciudadanía", sólo le llueven reproches y que le den dos duros.
La verdad es que a veces se tiene la impresión de que se vive bajo el imperio de la estulticia. Por ejemplo, viendo ayer cómo Macrón reía ante las cámaras de todas las televisiones del mundo la gracia de que su perro hubiese meado en una esquina del salón en el que estaba despachando asuntos de Estado. Pero, luego, va uno a Santander y ve el gran espacio que han construido en el centro de la ciudad y se consuela. Y pienso que siempre va a ser así, el sentimentalismo rastrero de los políticos para encandilar a la chusma frente al racionalismo esforzado de los empresarios para darla de comer. Macrón contra Botín. Bajas pasiones contra cálculo infinitesimal, a esto se reduce el mundo.
¿Y tú, de qué lado estás?
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