"Tomar carta de naturaleza" se dice de algo que viene a ser costumbre, que se considera lo normal, que es de sentido común, que es lo que más se aproxima a la verdad. Así, una vez que algo, una idea, una costumbre, una certeza, ha logrado alcanzar esa categoría ya se convierte en axioma sobre el que apoyarse para razonar con lógica. Hasta aquí todo sería maravilloso si no fuese porque de pronto llega el aguafiestas y pregunta por el porqué de que semejante costumbre o idea o certeza, haya tomado la casi sobrenatural categoría de carta de naturaleza. Porque es que hay que andarse con mucho cuidado en eso de sacarse axiomas de la manga ya que la historia demuestra que prácticamente todo el progreso de la humanidad se ha construido desmontando axiomas que sólo resultaron ser supersticiones.
Yo, lo veo constantemente a mi alrededor y, sobre todo en mí, esa tendencia morbosa a dar a las conjeturas la mentada carta de naturaleza. Y, a partir de ahí, tirarse toda la mañana largando sin darse cuenta de que no se está diciendo cosa de sustancia. Como las cotorras que de un tiempo acá invaden nuestras ciudades -decían en Barcelona que las habían traído los argentinos, ¡qué metáfora!-. En fin, sea como sea, esa progresiva conciencia de estar intentando ahuyentar las ansiedades a golpe de encadenar suposiciones me va produciendo un mal rollo que cada vez aguanto peor.
Por lo demás, me pregunto que ¿qué sentido tendría la vida que me queda si no existiesen los pinchos de tortilla? ¡eh, ahí, una realidad incontestable! Y ya no te digo si lo pillas después de veinte kilómetros de pedaleo. Puro onanismo.
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