sábado, 31 de marzo de 2018

Cruz y soledad

Aunque la evolución de los tiempos haya llevado a convertir para la inmensa mayoría esta semana de soledad y cruz, tan necesaria como preparación a la explosión de vida que se avecina, en una orgía de retenciones y atascos alentada por las expectativas, ya sea de ir a poner el rabo en las procesiones, ya sea de amontonar carnes en los arenales seaside, el caso es que pobre de aquel al que las experiencias de la vida no le sirven para concluir, cuanto antes mejor, lo que les trascribo en el párrafo siguiente, sacado de "El Cuaderno Gris" de Josep Pla:

"El estado permanente del hombre es el pecado (lector: por favor, no precipite su comentario). En la vida, me parece, se puede aceptar este hecho o tener alguna pretensión de pureza. Pero salirse del pecado es imposible. Tan imposible como salir de la injusticia. Y puede ser tan peligroso como salir de la injusticia. Si uno trata de salir del pecado, pueden suceder dos cosas: no acabar de salirse por el contrapeso del pecado o creer que se ha salido sin ser verdad, sin ser cierto y convertirse, entonces, en un ser falso e hipócrita, capaz de hacer cualquier barbaridad en nombre de la pureza fingida. Considerarse por siempre un pecador siniestro puede dar una esperanza de llegar a la humildad y la discreción. Espero que esta convicción no me abandonará en el curso de mi vida. Es la única esperanza que tengo."

 La soledad y la cruz, lo que nos hace libres e iguales. Toda una semana para pensar en eso y sólo en eso. Tan difícil de alcanzar esa distinción del espíritu que permite al aislamiento ser un reposo sin angustia. Hay que llevar antes mucha cruz a cuestas, la de la conciencia de la propia estupidez tras haber hecho lo que preferirías no haber hecho. 

En fin, lo de siempre, cambiarte tú para hacer mejor el mundo. La tarea de una vida. Cruz y soledad, la única ideología que funciona. 

viernes, 30 de marzo de 2018

¡Buen Camino!





Éste es a mi nada humilde parecer uno de los tramos más hermosos de El Camino, entre Boadilla y Fromista, bordeando el Canal de Castilla. Ayer, venía cargado de peregrinos que recibían de plein fouet sobre sus caras un viento del sudoeste potente y helador. Pero parecía no importarles a juzgar por la sonrisa que acompañaba a su inevitable saludo cuando te les cruzabas. ¡Buen camino! Lo aprenden nada más cruzar Roncesvalles y pronto se convierte en un mantra que no les abandonará hasta llegar a la Plaza del Obradoiro. 

 Bueno, ya sabemos que la gente en general hace lo que sea, incluso ir a las procesiones, con tal de no quedarse en casa. La propia casa, en la que no suele faltar de nada, paradójicamente se ha convertido para la mayoría en una suerte de infierno. Algo así como en aquel cuento de Poe en el que el protagonista, sentado en el salón, no podía dejar de oír el ruido que hacían las paredes al agrietarse. Porque claro, es evidente que no hay pared que no esté agrietándose en todo momento, porque todas acaban por hundirse, pero la cuestión es que lo hacen a un ritmo tan lento que sólo una sensibilidad exacerbada por el aburrimiento puede captarlo. 

Claro que para todo hay grados, pero ya lo advirtió Erasmo de Rotterdam, que hace mal el que no sale todos los días a dar una vuelta por ahí. De no hacerlo, hasta el más apalancado de todos acabará por escuchar la música infernal de las grietas que se van formando. Así que, una de dos, o te inventas objetivos a distancia o acabas por volverte loco. Y ahí es donde entra en juego la imaginación y el saber escoger. ¿A dónde salgo y para qué? Porque no son los lugares desde los que se divisa la inmensidad de los mares los que curan los alifafes del alma, sino las ampollas que se forman en los pies tras una penosa jornada repitiendo el mantra, ¡buen camino!, sin apear la sonrisa. Lo dice la experiencia y qué le vamos a hacer si es así. Nos vemos en el Obradoiro.  

jueves, 29 de marzo de 2018

"Cifu"

El no reconocer que el mundo vive en la actualidad el mejor momento del que se tiene noticia es querer negar la realidad para que cuadren las cuentas de tú particular malestar existencial. Que de eso hay mucho y de ahí el foco puesto insistentemente sobre las inevitables querellas de taberna que se producen cuando dos señoritos del pueblo se disputan los favores de la más guapa o rica. De eso por desgracia nunca va a faltar, pero es algo marginal por más que dé imágenes estremecedoras. Por contra, de tan natural como ya se considera, nunca verán en la primera página de un medio que varios millones de personas cruzan todos los días el charco y todos llegan sanos y salvos a su destino. Nunca se recuerda que, no hace tantos años, Magallanes salió con doscientos cincuenta hombres a dar la vuelta al mundo y por el camino se perdió él y otros doscientos treinta y tres. Y cuatro de las cinco naves. Regresaron diecisiete. Así que, como se suele decir, a los hechos me remito. 

Y es ese malestar existencial tan inherente al mero hecho de existir, valga la redundancia, el que marca la cadencia de nuestra canción. Escuchen a Camarón y entenderán lo que quiero decir. Tiritiritiritirí/ tirititando de frío. Imposible expresar de forma más nítida lo que es no entender nada de nada. Al pobre ni a leer le habían enseñado. Porque ese es, a mi juicio, el único secreto para dejar de tirititar, que te enseñen a leer el mundo en el que habitas. A entender que el noventa y nueve con nueve por ciento de lo que aparece en los medios de comunicación sólo son peleas de taberna. Y que por contra, ese ínfimo porcentaje de sabiduría oculta es la que perfila el mundo tal y como es. 

La sabiduría real, la de los tutoriales de música de youtube que te explican como modificar una sexta menor en funciones de tónica para convertirla en dominante de la segunda en funciones de subdominante. Porque eso es la música y no la cháchara descerebrada de Claudio Cifuentes, "Cifu" para los amigos, por mucho que resistiese el hombre treintaitantos años ocupando una hora de la noche en la radio más culta de España. Así, millones de personas titiritando de frío le seguían fervorosos antes de ir a los bares de copas a comentar las peleas de taberna que para ellos es el mundo real. "Cifu", la impostura de la ignorancia disfrazada de saber. Se le debieran de hacer monumentos en las rotondas de las ciudades.  

En fin, no sé a cuento de qué me he largado todo este rollo. 

miércoles, 28 de marzo de 2018

El rumor del viento

Se veía venir. Por ejemplo, Antonio Molina vio venir que el futuro es muy oscuro trabajando en el carbón. Y no sólo por la silicosis. Hoy día, el carbón ya da de comer a pocos y a los pocos que da les cuelga el sambenito de calentadores globales cosa que, excepción hecha de maltratador de animales, es lo peor de lo peor. También se veía venir, y así dejé constancia en este blog, que Paula Echeverría y David Bustamante iban a durar menos juntos que un caramelo a la puerta de un colegio, como se suele decir. La ecuación la podía resolver un niño: sólo se presume de lo que se carece. 

Así y todo, ver venir el futuro, digamos que la quintaesencia de la pretensión humana, no sólo es complicado sino también, por lo general, sumamente desagradable. Mis amigos, los helenos, ya dejaron esta cuestión niquelada: se inventaron a Casandra, la persona más desgraciada por más inteligente. Es lo que tiene adelantarse a su época, cuando lo de los big data sólo los dioses sabían de que iba. Porque eso es Casandra, una experta en big data. Lo que otras personas analizan con un par de datos llamativos, ella lo hace con unos cuantos más de los que pasan desapercibidos por su escasa relevancia. Y de ahí el sufrimiento, ¡por Dios, con lo claro que yo lo veo y todos estos necios...! De cabeza al precipicio. 

Y aquí tenemos un conundrum, que dicen los ingleses, de todos los demonios. ¿Como identificar a una auténtica Casandra de los simples aficionados que se disfrazan de ella? Porque, de un modo u otro, todos lo hacemos porque sospechamos que es una de las formas más baratas de aparentar inteligencia. Así, nos pasamos el día largando sobre el futuro y cuando suena la flauta por casualidad nos ponemos tan ufanos que no nos cabe una cerilla por el culo. Después, del millón de veces que nos equivocamos, hacemos caso omiso y tan contentos. 

Por Dios, me pregunto, por qué no podremos dejar todo esto de lado para lanzamos al cenobio a escuchar el rumor que hace el viento cuando acaricia las hojas. 

lunes, 26 de marzo de 2018

La de Paco

Si un mal no se combate en sus comienzos, fuerzas del abandono va cobrando que después hace inútil cualquier remedio. Bueno, cualquiera no, que hay que ver como pita hoy Alemania después de la terapia que le aplicaron al terrible mal que padecía. Porque siempre hay un remedio para todo y lo único que hace falta es no pararse en mientes al aplicarlo. Lo digo por experiencia propia, que de mancebo andaba yo, como San Agustín, muy soberbio a causa de un cierto eco favorable que habían tenido unas chulerías mías, hasta que llegó Paco con la rebaja, como decía mi padre, y me las hizo pasar tan canutas que ya nunca más volví a tirar el pedo más alto que el culo. Porque, esa es la cuestión, que para desgracia del genero humano, sin sufrimiento no se aprende, y sin aprender se va de cabeza al precipicio. 

Valga lo dicho como declaración de principios sin los cuales abandonad toda esperanza de salir del atolladero. Así que, Paco, Paco y más Paco, aunque sea de cabo como les gustaba decir a los proscritos.  Porque lo que hay que combatir, llamémosle por su nombre, es a un Estado dentro del Estado. Lo que vulgarmente se conoce como Mafia. Una Estructura de características piramidales que lo controla todo dentro de una parte del territorio. Bueno, sólo hay que ser un poco cinefilo para saber lo que es eso. Hasta que no se crea otra estructura dispuesta a disputar el territorio reina la paz de los cementerios. Y una vez creada, es la guerra. Y un Estado que se precie no puede tolerar la guerra dentro de sus fronteras so pena de sucumbir. Y en esas estamos, a los catalinos les ha salido el grano Ciudadanos y se han puesto en pie de guerra. Lo dijo uno de los más señalados próceres de la catalanidad desde la tribuna del Parlament, un tal Maragall creo, "esto siempre será nuestro". Más claro el agua, o se le pega a esa gente un correctivo, digamos que a la alemana, o nos destruirán la leyes que nos hemos dado para ser libres en la mayor medida que los seres humanos pueden serlo que nunca es mucho. 

Bueno, la única esperanza que tengo es que cada vez vienen más artículos en los periódicos dedicados a desmontar la arraigada patraña de la homeopatía. ¡Ojalá los lean los comandantes en jefe de la patria! Y que sea la de Paco.

Sonsonete

Primero fue lo del País Vasco, ahora parece que ya cede lo de Cataluña y, luego, yo pondría en el ranking de Catetonias a Asturias que, ¡madre mía!, lo que ama esa gente a su querida patria chica. Aunque lo realmente preocupante a decir de los que llevan la batuta es la cosa de los datos, que por lo visto  son un secreto a voces como vulgarmente se suele decir. Ahora, estás tan tranquilo y ajeno un 7 de julio y, sin comerlo ni beberlo, te cae una lluvia de felicitaciones desde los más diversos ángulos por haber nacido tal día como hoy hace ya infinidad de años. ¡Y yo que vivía tan feliz sin espejos ni cumpleaños pensando que el tiempo no pasaba para mí! Es que ya, como les decía, hasta a qué horas me la casco, sabe esa gente. Pero bueno, tranquilos, que ahora le van a poner una multa de dos billones al villano, valga la aliteración.  

No sé, bueno, supongo que esto es como la música, que hasta que no se consiguió que todos los acordes fuesen diabolicos a base de añadirles color, no se paró. Y ahora, ya ven, sólo nos queda la autenticidad del flamenco para poder pisar tierra. Que ya lo dice Camarón acompañado a la guitarra por Tomatito: "y ya no me cantes cigarra, ya para tu sonsonete... la vida, la vida es...". 

Esa es la cuestión, el puto sonsonete que no cesa. Los acordes coloreados que al final siempre suenan a lo mismo. Sin alma. Que no por otra cosa enganchan tanto. Y nos alejan de la vida que es. 

Ya digo, definitivamente me vuelvo al flamenco y que le den pol saco al Zuckerberg.

domingo, 25 de marzo de 2018

Croquetas

Cada cual es muy libre de mitificar lo que le venga en gana. Yo diría que el único problema de tal prebenda es cuando el mitificador se replica indefinidamente, coge confianza y empieza dar la matraca con su tema. Puede ser el fútbol, puede ser la patria, pueden ser los animales, la comida, los viajes y, ya puestos, incluso la cultura en su acepción más univoca, o universal, es decir, la que arrampla con lo mejor de cada rincón del mundo expurgado previamente de todo matiz sentimental. En fin, hay gente pa to, pero, no sé si para nuestra desgracia o fortuna, muchísima más para unas cosas que para otras, aunque, como somos tantos, pareciera que incluso para las que menos hay son también legión de adeptos que no tienen empacho en guardar las colas que sean necesarias para satisfacer su pasión. 

Cuenta hoy Fernando Aramburu en su esperada homilía dominical de El Mundo que en Alemania, donde vive, la gente no solo hace largas colas para asistir a la presentación de un libro sino que también está dispuesta a pagar la nada despreciable cantidad de veintitrés euros por tal de someterse a la tortura de escuchar al autor. Claro, comparado con el fútbol, en la misma Alemania, es una nimiedad, pero si llevamos la comparación al mismo acto en, digamos, España, la cosa ya cambia, porque aquí, no sólo suena extraterrestre lo de pagar por tal cosa sino que si no hay croquetas por medio no va ni dios. A mí, la verdad, como soy tan de aquí, me parece inmensamente más civilizado lo nuestro, porque a quoi bon ir a dejarse pastorear. Quizá charlar con el autor de tú a tú en ambiente amigable podría interesarme, pero, la verdad, prefiero mil veces comentar con mis amigos del alma lo que hemos leído. Un autor, para mí, es lo que escribe, y me importa un bledo si recoge las caquitas de su perro o tiene una señora encantadora. Saber eso está bien para que las porteras se luzcan cuando salen de copas. Pero para sacar algo en limpio, primero la soledad del lector y luego, si se tercia, comentar la jugada con los amigos, que para eso están. 

Así que, por mi parte, nada de ese complejillo de inferioridad que destila la aludida homilía de hoy. Más bien diría que los acomplejados son los que pagan por asistir a esos actos promocionales sin comer por ello una mala croqueta. Al fin y al cabo, los que fuimos educados como Dios manda, aprendimos a temprana edad que donde no hay publicidad resplandece la verdad. Y por eso somos tan reacios a mitificar  lo que sea y a las paellas de Vicente, las que dan de comer a más gente. Aquí, en este país, estamos tan curados de adorar santos que incluso ponemos peana de genocidas a tipos como Cortés o Pizarro y, ya, en plan despiporre, convertimos a Cervantes en proxeneta de su mujer e hijas.  

En fin, ya digo, cada cual es muy libre, pero a mí dame donde la gente va por las croquetas. Me parece mucho más culto. 

sábado, 24 de marzo de 2018

Pequeñas minorías

Si hay algo ridículo en este mundo eso es la pretensión de agudeza. Uno trata de desentrañar una realidad desdibujada por la niebla con unos sentidos cojitrancos. Así uno, cree que ha visto algo, se lanza en pos de ello y sin prácticamente excepción se pega un batacazo. Y procura disimular. Total, entre la maraña de opiniones equivocadas es muy fácil camuflarse. De hecho, ya ni siquiera se escucha echar en cara lo que antaño se dijo. Porque también hay coartada para ese posible desplante: "yo, a medida que voy acumulando experiencia voy cambiando de opinión. ¿Y usted qué hace?

Así que, uno, no por consciente de esa realidad insoslayable, deja de buscar subterfugios para seguir sur la brèche, porque mucho peor que los incesantes batacazos es sin duda el estar de brazos cruzados viendo como la gente a tu alrededor se divierte con sus melonadas. No, uno, por puro instinto de conservación, quiere participar de la fiesta por más que haya leído a los clásicos y sepa por ellos que es prudencia y razón lo que quita las penas del alma y no los lugares desde los que de divisa la inmensidad de los mares. Callarse, en definitiva, es el don de unos pocos a los que los dioses conceden su cercanía y, con ello, el privilegio de modular el mundo que viene. 

Sea como sea, el caso es que de vez en cuando uno se topa con lo que ha largado un tipo cualquiera y algo vibra por dentro. ¡Leches, eso lo pudiera haber dicho yo!, piensas. Y es que coincidir en pensamiento es lo que más da la sensación de estar acertado. Lo cual, sin embargo, no tiene porqué ser el caso, ni mucho menos, que muchas veces una legión que piensa lo mismo sobre lo que sea, se despeña toda junta por el acantilado de la estulticia. Pero en fin, el placer de coincidir es innegable y no es cosa de prescindir de ello que ya bastante escasos andamos de satisfacciones como para hacerse el estrecho. 

Y en esas estaba cuando voy y leo lo siguiente que ha dicho un ilustrador de libros infantiles:

"A pesar de que en la actualidad parece que retrocedemos hacia el egoísmo y el proteccionismo, yo sigo siendo optimista. Cuando tomas distancia, te das cuenta de que la vida es mucho mejor para la mayoría del planeta de lo que era hace 50 años, y radicalmente mejor que hace un siglo. Hay una marcha lenta y constante hacia la unidad y la igualdad, a pesar de los baches en el camino. Es fácil perder el silencio ante tanto ruido pero creo que los que hacen todo ese ruido son sólo una pequeña minoría de personas ignorantes, egoístas e infelices."

¡Pequeñas minorías! ¡Qué cruz!

viernes, 23 de marzo de 2018

Todo





Por lo que he podido saber tras mis pesquisas sobre el asunto los agricultores están contentos con el desarrollo de los acontecimientos. Nos hemos acercado a los cien litros me ha dicho uno con su cara iluminada por la satisfacción. Así que sólo cabe esperar un poco de sol para que la tierra entre en ebullición y podamos contemplar el más bello espectáculo del año, la eclosión del cereal. No hay nada, a mi juicio, que se le pueda comparar y si, como pintó Courbert, un coño es el origen del mundo, un campo de trigo es el origen de la civilización. Lo que va de Afrodita a Ceres, para que nos entendamos. O del instinto a la razón si ya nos queremos poner filosóficos. 

En fin lo que cuenta es que ahora vienen esos días del año en los que coges la bicicleta y te lanzas a pedalear por entre los mares verdes y sientes una especie de plenitud, o comunión con el cosmos, que te vuelve a colocar en el centro de la vida. En definitiva, que si tenías algunas ganas de morirte, se te quitan del todo y te proyectas al futuro como si acabases de nacer.  

Y eso es todo. 

jueves, 22 de marzo de 2018

Tormentas de papel

Las tormentas se suceden a velocidad de crucero. Bien es verdad que la inmensa mayoría de ellas, por no decir todas, se producen en esos vasos de agua que son las portadas de los diarios. Te los bebes a las ocho de la mañana y a las diez ya les has meado. Y en eso va quedando la vida de los aburridos: en beber y mear tormentas. Ahora estamos con la de la vulneración de la intimidad que ni que fuese el acabose y apaga, cuando no es más que sempiterno cotilleo de portera elevado a la categoría de master en comunicación. 

La intimidad. ¿Qué coño cosa es esa cosa en una sociedad que se pasa media vida soltando la lengua en los bares? Aquí todo el mundo sabe todo de todo el mundo y lo que no se sabe se inventa y es como si se supiese. Y no pasa nada, oye, que en mi casa a calderadas, o sea, que de qué me voy a extrañar yo. 

Al final, más de lo mismo: el ruido de los puñetazos entre empresas que compiten por el mismo nicho de poder. El de poder repartir entre los suyos los maravillosos puestos de trabajo que proporcionan los votos. Cosa de listillos que no saben lo que se les viene encima. Cárcel para Sarkozy, quién lo iba a decir. ¡Con todo lo que sabemos todos de sus secretos de alcoba!

En realidad, si bien lo consideramos, nuestro único gran problema es que pretendemos matar el aburrimiento recurriendo a Dionisos. Es demasiado tentador y siempre está al alcance de la mano. Como todo lo frustrante. Lo sabemos de sobra, pero es que ya... para lo que queda...

miércoles, 21 de marzo de 2018

Satisfaction guaranteed

Una tal Mabel Lozano que al parecer tiene tres doctorados, el de modelo, el de actriz y el de presentadora, se ha sometido a un rejuvenecimiento vaginal para prevenir. En definitiva, que se ha acogido al paradigma de prudencia que se sustancia en el ya desusado refrán que advierte de que más vale un porsiacaso que dos pensequé.  Bueno, a ver de lo que es capaz ahora esa vagina. 

Yo, que como con frecuencia les recuerdo, tengo por libro de cabecera La Riqueza de las Naciones, me las sé todas. Porque una mujer, por muchos doctorados que tenga, no saca su vagina a pasear sólo para que tome el aire. No, ni mucho menos; detrás de ese inocente exhibicionismo tiene que haber un algo productivo, un nicho de valor añadido que estaba siendo ignorado. Al fin y al cabo si hay algo en el mundo que encandile a los heteropatriarcas, eso es una vagina. Una que acaricie, claro, y no una que muerda como las que se les supone a las portavozas de los partidos socialistas. 

En fin, que decir vagina y decir vida fantasmática es todo una y la misma cosa. Para los heteropatriarcas, ya digo. Así que miren ustedes que moto averiada más bonita tenemos ahí para vender. Y entonces el gerente de la clínica de cirugía plástica le dijo a Mabel, mira guapa, tú le cuentas al mundo que te la hemos dejado niquelada y nosotros te damos una pasta. El típico docupubli que no puede faltar siempre que aparece un caladero de ilusiones pecaminosas. ¡La vagina, Dios mío, pero por qué no podemos sacárnosla de la cabeza ni con un pie ya en la tumba! 

Total, que una novia que tuve fue un día a comprar condones y no se le ocurrió mejor cosa que preguntarle al mancebo de la farmacia si eran de calidad: "hombre, señora -dijo él- ya sabe que en estas cosas lo que cuenta es la ilusión".  Sin solución, ya digo.

martes, 20 de marzo de 2018

Avispados

 Las personas normales entre comillas nos consolamos abriéndonos a los amigos. Nuestra faceta draculiana, por así decirlo. Así ha sido siempre y supongo que seguirá siendo por los siglos de los siglos, amén. Y entonces va el listillo y piensa que se puede forrar si sabe canalizar eso. E inventa, un suponer, Facebook. Y la gente se tira en trompa porque descubre que abrirse ahí no tiene las engorrosas contrapartidas que engendra el abrirse artesanalmente. Así, digamos, se engendra consuelo en dosis industriales y nadie tiene por qué sentirse ofendido por ello. Como María Sarmiento, la gente se alivia y luego se lo lleva el viento. 

¿Bueno? ¿Malo? Ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Las cosas son, a mi juicio, porque les llega su turno. Entonces, ahí, se abren nichos de oportunidad sobre los que se lanzan los más avispados. Esto no hace falta que lo diga yo que ya quedó claro en La Riqueza de las Naciones. Y así, ahora, están pasando cosas que escandalizan a unos e iluminan a otros. Y el mundo sigue su imparable marcha hacia ninguna parte. 

Si te ha gustado, dame un inocente like,  terminan todos los tutoriales que veo que son unos cuantos. Y mira tú por donde que no son inocentes. Porque like a like, yo voy dejando mi perfil psicológico al alcance de los avispados. Saben lo me gusta, lo que nó y a qué horas me la suelo cascar. Al final saben más de mí que yo mismo. Mis puntos débiles por donde está tirado entrarme para sacarme unas perrillas. 

Eso, cierto tipo de avispados. Pero hay otro tipo, el de los que emplean esos datos para ampliar la primera de todas las ilusiones humanas, aquella de conocernos a nosotros mismos por considerar que tal es la mejor manera de elevar los stándares de bienestar sobre la tierra. 

Y en esas estamos porque es lo que toca. ¿Que los perversos utilizan esos conocimientos para manipular la democracia? Bueno, a lo mejor es que la democracia necesita reconsiderarse a sí misma. ¿Porque qué hay en el mundo que se mantenga operativo si no está en un constante proceso de reconsideración? Y, luego, están los otros, los que buscan fuentes de luz en esa maraña. Ya veremos, el tiempo dirá si la encontraron. Pero, en cualquier caso, obras son amores, y yo los tengo a diario en esos tutoriales que me ponen como una moto. La Chica de Ipanema y cosas así. 

lunes, 19 de marzo de 2018

Toque de tararú

"La Semana Santa palentina, siguiendo la tradición castellana, se caracteriza por su elegancia, silencio, sobriedad, sencillez, austeridad, solemnidad, respeto, recogimiento y cómo no, por la calidad de su imaginería."Así reza el comienzo de un párrafo de un docupubliartículo que ABC dedica a la semana santa palentina. Y es que, al final, no lo oculta, lo que se persigue con semejante fanfarria de adjetivos enaltecedores es atraer turistas y todo lo demás nos la suda. 

No sé, porque uno vive ya tan desnortado que difícilmente atina cuando mea de pié. Pero bueno, sentado en la taza, uno se las apaña. Aunque tengo muchas dudas de que esta posición vaya a tener recorrido. Porque no siempre hay una taza a mano, y las que hay suelen estar asquerosas la mayoría de las veces. ¡C´est la vie!

Como fui educado en un ambiente muy refranero, a determinada edad temprana creía que me los sabía todos. Los del Quijote y unos cuantos más si es que ello era posible. Y entonces fue cuando llego a mis manos el Hamlet de Shakespeare y empecé a flipar. Porque es como una ametralladora que los dispara a una velocidad de vértigo. Podría empezar y no acabar, pero no quiero apabullarles. Sólo les recitaré ese sobre las tradiciones que sostiene que hay más honor en abandonarlas que en conservarlas. Sin duda rompedor donde les haya y por tal contestado a muerte. ¡Las tradiciones, por Dios, que no nos las toquen que nosotros no tenemos sol y playa!

Así que como la tradición se desvaloriza si no le añades una marca de la casa, en Palencia se han inventado el tararú, una especie vuvuzela​ en zulú, también conocida como lepatata en setsuana. En realidad no es más que una trompa manipulada para que suene lastimera. Seguramente, tengo que investigarlo, rebajando medio tono la tradicional de los romanos que era de tónica y quinta. De esta manera, sonará quinta disminuida, lo que viene a ser un tritono o diabolus in música para que mejor nos entendamos. En fin, son composiciones de lugar que me hago para calmar los nervios que se me van desatando a medida que se aproximan las fechas señaladas. 

Por cierto que, en Zamora, mucho más elegantes y cultos sin duda, tocan a media noche, en la procesión de las cinco copas que le dicen, la marcha fúnebre de Thalberg, que lo escuché una vez con consternación cuando acudí allí instigado por una cofradía de borrachos a la que por aquel entonces pertenecía. En fin, de Thalberg a la vuvuzuela hay un gran trecho, pero, por lo demás, lo que cuenta es el estado de las cuentas una vez que the party is over

Total, que así corre el mundo y lo único que importa es no vivir en la Calle Mayor Principal que es donde se cuecen todos los guisos. Por lo demás, más vale aceptar la triste evidencia de que tenemos para rato. Shakespeare tendrá que esperar lo suyo todavía antes de llegar a las estanterías de nuestros hogares.

domingo, 18 de marzo de 2018

Joya

Hoy he leído una joya. Se trata del habitual artículo de los domingos de Fernando Aramburu en el diario El Mundo. Se titula "Una hora delante del cuadro". Por favor, no se lo pierdan. Busquenlo con denuedo si es preciso y saboréenlo con delectación. Porque ya iba siendo hora, aunque sólo sea un pequeño atisbo de la restauración moral e intelectual que la presente situación demanda a gritos. 

El "Guernica de los cojones", diría yo. También, no me oculto, lo tuve colgado en la pared cuando era adolescente y lo odiaba todo, empezando por mi mismo. Porque ese y no otro es el rodillo que todo lo aplasta. Una orfandad exasperante que lleva a comprar todas las motos averiadas que se exhiben en el escaparate de la superioridad moral. Picasso, ya te digo, que tan ricamente se pasó la Segunda Guerra Mundial en el París ocupado por los nazis disfrutando del status de mito intocable. Se podía haber largado, pero ¿para qué? Total, para firmar garabatos... 

Guernica. ¿Sabemos exactamente lo que pasó allí? En medio de una guerra en la que voz cantante de la propaganda la llevaron los que la perdieron. ¡Por Dios bendito, maduremos de una vez! La perdieron y punto. Como han perdido todas en las que se metieron menos en la de engañar a los desesperados. La vida es dura y hay que dejarse de mandangas y ponerse a estudiar como un loco si quieres ver las averías de las motos que te venden los redentores. Todo son fetiches para apuntalar el odio. Pero, a D. G., no hay puntal que no se pudra con el tiempo. 

Por cierto que en la entretenidísima novela "Peter Kemp" de mi amigo salmantino Luis Arias, se da una perspectiva de la Guerra Civil española que convendría empezar a tomar en consideración. Porque, al fin y al cabo, ya vamos siendo mayores y por muy tontos que seamos algo nos ha enseñado la vida. Fundamentalmente que cuando mucho se insiste en algo es porque ese algo no es trigo limpio. En fin, busquen esa joya que les digo y léanla porque es, sobre todo, muy divertida. 

sábado, 17 de marzo de 2018

Puta ciudad

Leo los titulares y voy servido. Por lo visto la juventud inadaptada ha montado un pollo de cuidado aprovechando que el Pisuerga se descuidó y pasó un rato por Lavapiés. "Vamos a quemar la puta ciudad", ha dicho uno de ellos. Y la estulticia con representación en  Cortes ha coreado: la muerte del senegalés ha sido debida a la xenofobia, el capitalismo y el ser pobre. 

Moneda corriente que no llevará sangre al río pero obliga a pensar. Porque el caso es que dentro de mis siempre muy escasas relaciones sociales, esta semana, como por ensalmo, me he visto envuelto en un par de tensas conversaciones a causa de no haber querido entrar al trapo de esa estulticia institucionalizada. Ha sido con dos personas que en apariencia tienen una vida normal e incluso envidiable en ciertos aspectos, pero que por lo que sea destilaban malestar en forma de superioridad moral, victimismo, rencor y demás ingredientes del fracaso personal no reconocido. Y es muy triste que así sea, pero también inevitable a causa, en parte al menos, de la presión mediática sobre una población de muy limitada comprensión lectora. 

Bueno, parece que los nuevos modelos de enseñanza tienden a pivotar sobre la comprensión lectora y eso tranquiliza mucho. Aunque por otra parte dudo de que por mucha que  sea la agudeza cultivada se pueda con ella obviar la ecuación nietzscheana: opinión sinónimo de situación. Aquí se decía antaño que cada uno cuenta la feria según cómo le va en ella. Así que, sabido desde la noche de los tiempos es que cuando el alma sufre o se regocija más allá de ciertos límites la razón se apaga. Total que, por una causa o la otra, lo mismo puedes caer en el marxismo que en el panglosismo, dos formas antagónicas de andar por la vida bastante "pasaillo". 

De todas formas algo hay que hacer porque si te dejas apabullar, por unos o por otros, acabas deprimido. Aunque no hay que hacerse ilusiones porque los "pasaillos" no son otra cosa que obsesivos paranoicos que, como es sabido, es la gente que mejor tienen elaboradas sus ilusiones. Recuerdo que lo advertía en uno de sus libros Castila del Pino: ¡Ojo con esta gente!, decía, porque saben desmontarte el razonamiento más aquilatado. Y por eso es que hay que entrarles con distanciamiento y escepticismo. Al respecto hay dos preguntas que se les puede hacer y con las que a veces consigues ponerles en aprietos: una, con quién te comparas; dos, de dónde vienes. Porque aquí, más del 90% de los abuelos de todos esos que quieren quemar la puta ciudad cagaban en el corral. Y no te digo ya si quisieran compararse con el 90% de la población mundial que está años luz por debajo de nosotros en desarrollo de todo tipo. 

En fin, la condición humana que no va a cambiar de la noche a la mañana por mucho que nos exprimamos el coco. 

viernes, 16 de marzo de 2018

Vicios solitarios

La mayor parte de mi vida he tenido tendencia a limitarme a círculos en los que el cemento cohesionador estaba hecho a base sobrentendidos sacados del cine, la literatura, la historia y demás vicios solitarios. Por así decirlo siempre he procurado pertenecer a clubs de onanistas, de esos que no tienen estatutos ni local ni nada que exija constancia y sometimiento. Y, no sé, pero aseguraría que así la vida se me ha hecho bastante llevadera, aunque no se me escapa que de tal guisa voy bastante a ciegas respecto de lo que el mundo real es. 

Ese mundo real que tienes la oportunidad de contemplar de cerca cuando sales de tu torre y te mezclas con los proscritos. Entonces va y resulta que, una vez terminada de interpretar la partitura de El Tercer Hombre, le dices al compañero de al lado: maravillosa película. Y el tío no entiende nada. Claro, como compartir actividad le ha hecho coger confianza me fríe a watsapps de una inanidad exasperante. Hoy me he tenido que desayunar con uno en el que un loco, médico por cierto, llama hija de puta a la Presidenta de su comunidad autónoma más de mil veces en menos de tres minutos. 

El mundo real es ese,  gente que hace bien su trabajo, que ayuda a mantener el sistema engrasado, pero de la que es difícil fiarse una vez se conoce su baja estofa, como se decía antiguamente. Y es que sin la tensión espiritual que proporcionan los vicios solitarios el personal tiende a constituirse en pura baja pasión y los dioses te libren de que te ponga en su punto de mira. 

En fin, uno sabe más o menos lo que es por los amigos que tiene. Gente sofisticada sin duda, con muchas horas de indagación solitaria a sus espaldas y que, por tal, sólo creen en la inaccesible complejidad del presente y la incontestable incertidumbre del futuro. Lo que pasa es que luego va uno, sale de la torre y si observa con cuidado tiene que reconocer que esa gente que no sabe quién es El Tercer Hombre hace lo que es específicamente suyo mucho mejor que tú lo que es específicamente tuyo. Y entonces vas y si no eres tonto, bajas los humos y te limitas a una sonrisa cuando te hiere su vulgaridad. Porque esto, al fin y al cabo, debiera ser lo primero que se tendría que aprender con los vicios solitarios.

jueves, 15 de marzo de 2018

Motos averiadas

Mi padre, otra cosa no, pero un payo no creo que fuese, porque no era fácil que le vendiesen cualquier moto. Por eso me llamó la atención que en sus postrimerías, un día que le fui a visitar, me dijese que había comprado un libro de STEPHEN HAWKING en el que se explicaba el origen del universo. "No he conseguido entender nada, así que lo he dejado a la mitad", añadió. A mí me hizo gracia porque para entonces ya conocía esa sentencia inapelable de Savater en la que asegura que el más ignorante pastor de la Siberia Extremeña sabe exactamente lo mismo sobre el origen del universo que el astrofísico más esclarecido. No recuerdo lo que le contesté, pero sí que pensé con pena en su decadencia mental que le había llevado a dejarse influir por cualquier chisgarabís de tres al cuarto. El origen del universo, ¡por Dios!, le hubiesen hablado de eso veinte años antes y se hubiese reído de buena gana. 

Yo, claro, de estas cosas hablo por hablar porque a lo más lejos que he podido llegar con la cabeza es al cálculo infinitesimal de bajos vuelos. Pero soy bastante fan de Feynman y no por la física en sí, de la que no entiendo ni papa, sino por el lenguaje poético con el que describe cómo los electrones saltan de una órbita a otra liberando energía que es perfectamente medible. Y, desde luego que con esas inverosímiles mediciones luego van y llegan a hacer explotar una bomba atómica. Lo más lejos, seguramente, a lo que ha llegado la mente humana. Pero de ahí al origen del universo, me temo, sólo se pueden hacer conjeturas. Y ahí es donde entra en el juego la poesía.

 En realidad desde el origen de los tiempos ha habido físicos-poetas haciendo conjeturas sobre el origen del universo. Llámense génesis o teogonias, cada una de ellas se parecen entre sí como las gotas de agua. Alimento para los espíritus débiles que no pueden vivir en la incertidumbre. Y, claro, ahora va este HAWKING con sus extremas limitaciones físicas y lanza la suya de una potencia poética considerable. Y ya tenemos montado de nuevo el mito de los opuestos, el que más le gusta al populus en general. En fin, ya verán las próximas generaciones lo que queda de todo eso. Seguramente algún avance teórico que nos sigue dejando a años luz de la cuestión esencial. 

Estamos en donde estábamos y no creo que nos vayamos a mover un ápice hasta que la especie se extinga. Por las mismas razones que el ser humano ha permanecido estable a lo largo de los milenios en su incapacidad de conocerse a si mismo. Da igual lo que se estudie en Salamanca o lo que se aprenda de los gurús indios, la angustia inherente a la conciencia de muerte sigue machacando todas las expectativas de felicidad. Así que...

miércoles, 14 de marzo de 2018

La vara

Estoy leyendo una novela escrita por un amigo salmantino que me tiene sorbido el seso. Digamos que tiene la estructura de "Los Viajes de Anacarsis a la Antigua Grecia" del Conde de Barthelemy o "Creación" de Gore Vidal, por citar dos que conozco bien. Un inglés nacido en las colonias a principios del XX va de aquí para allá, buscando siempre meterse en todos los grandes líos que configuran la historia de su siglo. 

Estoy todavía en la primera parte, la Guerra Civil española, de la que por cierto nunca se acaba de saber todo lo que hay que saber para aproximarse un poco a la verdad. Lo bueno de esta novela, a mi nada modesto parecer, es que sin darle importancia y como el que no quiere la cosa te hace comprender que hay pocas fake news tan perniciosas como la historia oficial sobre esa guerra que impera en el mundo. Una fake news recocida a base de los millones que la propaganda soviética invirtió a tal fin. Bueno, al fin y al cabo ya no es noticia para nadie que el imperio soviético se hundió fundamentalmente a causa de sus ingentes gastos en propaganda. Y así es que el imperio ya no existe, pero su estela fake news continua viva.  

Digamos con Maria Elvira Roca Barea que esa forma de ver nuestra Guerra Civil no es más que una prolongación de la leyenda negra que no cesa por razones que sería conveniente analizar para tratar de ponerle remedio si es que ello pudiese merecer la pena. Porque sabido es que si uno tiene conciencia de que cabalga, pelillos a la mar los ladridos que se escuchan en lontananza. Y España, desde los años cincuenta del siglo pasado para acá cabalga al galope sin que de momento dé signos de agotamiento. Esos son los hechos y, lo demás, allá cuidados, como Terete con sus corderos asados. 

En resumidas cuentas, que no porque den igual los ladridos en lontananza tienen que dejarnos indiferentes los que se escuchan en casa. Creo, y nunca dejaré de insistir en ello, que este país necesita quitarse de encima la costra de mugre que le puso encima aquella propaganda que les decía. Franco fue un dictador militar que en su vida se gastó un céntimo en armamento. Por eso es una imbecilidad asociarle a los dictadores fascistas o comunistas de su época. Para mí, a estas alturas, que fue una especie de prefecto de colegio, el encargado de la disciplina, la herramienta principal para asegurar el éxito de la enseñanza. Y sí, era un prefecto bastante cabrón e incluso arbitrario, pero el colegio, al fin, entró en el club de los sobresalientes mientras que todos aquellos que nos ponían la costra encima son ahora los últimos de la fila. Esos son los hechos y ya está bien de negarlos. Porque la historia de las naciones, como la de las personas, nunca es un dechado de pureza, pero al final lo que cuenta es cómo se vive y, aquí, según todos los parámetros internacionales, lo hacemos de coña. 

En fin, que ya está bien de consolar a los perdedores dejándoles que cuenten las cosas a su manera. Así que ya va siendo hora de decirles que están equivocados y que dejen de dar la vara con sus mentiras.   

martes, 13 de marzo de 2018

Venid y vamos todos

Los seres humanos somos como somos y pasarán más de mil años, muchos más, y ahí seguiremos haciendo barbaridades y diciendo tonterías a nada que nuestro precario equilibrio se descompense por cualquiera del millón de motivos que tienen ese poder desestabilizador. 

Entre las anécdotas graciosas que recuerdo de cuando era teenager, allí, en Valladolid, está la de un compañero bien parecido aunque con un pie un poco equino que se colaba en los bailes de la Parrilla del Hostal enseñándole al portero un carnet cualquiera a la vez que decía muy serio: argonauta. El portero seguro que pensaba que eso era algún tipo de policía política porque no chistaba. Bien, el caso es que de ahí me viene el temprano conocimiento de esa leyenda que tantas concomitancias tiene con el terrible suceso que tan conmovido tiene en estos días que corren al populus en general. 

El caso, tal y como lo cuentan, es que había llegado a oídos de los griegos que en la Cólquide, al fondo del Mar Negro, más o menos por donde hace poco se peleaban rusos con georgianos, había un rey que poseía la fuente de la inmortalidad, o simplemente un crecepelos de los de carromato del Oeste. Bueno, pues, lógicamente, lo suyo era ir a quitárselo. Porque así ha funcionado el mundo desde que es mundo. Dicho y hecho, armaron un barco, el Argos, y para allí que se fueron lo más granado de la patria. No tardaron en llegar y empezar a pasarlas canutas. Y ya estaban desesperando de su empresa cuando el jefe, un tal Jasón, echó mano de sus encantos masculinos para seducir a la hija del rey, una tal Medea. Y ya saben lo que pasa cuando un determinado tipo de mujer se encoña, que nada se le pone por delante, y menos que nada su padre, por supuesto, que, como es de sobra sabido es el primer objetivo a eliminar para cualquier adolescente. Así, Medea se las ingenio para robar a su padre las llaves de la cámara sagrada donde estaba el Vellocino de Oro y en el silencio de la noche entraron, arramblaron con él y salieron por patas. Y hay muchas versiones de las aventuras que corrieron para escapar a la furia del rey traicionado por su hija. Pero lo interesante de la historia llega cuando, una vez de regreso ya en Grecia, con los dos hijos que había tenido la pareja, Jasón decide abandonar a Medea por la hija, mucho más joven que Medea, de otro rey. Una vulgaridad si ustedes quieren, pero a Medea, que ya había demostrado cierto carácter traicionando a su padre, no le tembló el pulso a la hora de vengarse y le dio a Jasón donde más le podía doler que fue en la vida de los hijos que habían tenido juntos. Hay versiones de que los mató y otras de que les sacó los ojos para que no pudiesen ver la felicidad de su padre en su nueva situación amorosa. En fin, en cualquier caso, siempre ha habido y habrá personas a las que, por algún tipo de de carencia estructural, les abrasa la sed de venganza. ¡Se van a enterar de quién soy yo! Y vaya que si nos enteramos, porque la barbarie no tiene límites.

Así que lo de que una mujer mate a un niño, o le saque los ojos, por venganza es más viejo que los bailes a lo agarrao en la Parrilla del Hostal. Porque esa es la cuestión, que pese a quién pese, la mitología clásica, donde si no todo está casi todo, no tiene hecho de venganza masculina que se pueda parangonar en brutalidad al de Medea. En fin, qué estupidez éste intento actual de reescribir la historia convirtiendo a la Virgen María en la salsa de todos los guisos. Entre el aburrimiento y la vergüenza ajena no sé de qué vamos a morir antes. 

lunes, 12 de marzo de 2018

Una ilusión

Le pregunta Cayetana a Vargas LLosa si piensa en la muerte y esto es lo que contesta:"No. Digamos: no, cuando estoy trabajando. Si tengo un proyecto -y procuro estar permanentemente ilusionado con un proyecto- soy invulnerable a la idea de la muerte. Siempre he pensado: lo ideal es que la muerte te coja vivo. Que la muerte no te coja muerto, porque nada hay más terrible que morirse en vida. Nada me produce más lástima que ver a un ser humano que está esperando la muerte cuando en realidad ya murió."

Vargas, que tiene unos pocos años más que yo, siempre ha sido una referencia para mi. Y no sólo por todo lo que me han entretenido y divertido sus hermosas novelas sino, sobre todo, porque, en medio de su gran éxito, supo evolucionar al margen de los convencionalismos congelados de aquellos maravillosos años. Contrapongámosle, para mejor entender, con la otra gran figura de la novela hispana, García Márquez,  que a cambio de vender su alma al demonio castrista consiguió morirse veinte años antes de morir. Eso sí, putas nunca le faltaron por mucho que hediese ya. Su amigo del alma, Fidel, ya se encargaba de ello no fuera a ser que resucitase. 

No creo que a estas edades pueda uno identificarse con una idea mejor sobre lo que es estar vivo: tener un proyecto ambicioso y obrar en consecuencia. Da igual que sea arrastrándose, el caso es percibir que con el avance cambian nuestras estructuras mentales. Porque si no cambian, olvídate de proyectos ni de leches, porque ya estás irremisiblemente muerto. 

Y no hay más tu tía, o evolucionan tus pensamientos o es que estás muerto. Y para que evolucionen es imprescindible cabalgar con las botas puestas. Afrontar nuevos retos como si de los primeros se tratase. En fin, hacer el ridículo si es necesario, pero nunca ceder en el empeño. Aunque todo sea una ilusión. 

domingo, 11 de marzo de 2018

99,999...%

Del sobrevolar diario por los periódicos digitales, hoy me queda una frase: el ser humano, cuanto mejor está, más protesta. Se trata de una percepción de la realidad que algunos datos fehacientes confirman. Las estadísticas no engañan cuando las cocina el MIT y ahí, precisamente, reside la madre de toda esa agresividad que exhibe la carne amontonada, que el 99,999... por ciento de los que la constituyen no tienen ni zorra idea de qué demonios será eso del MIT. La ignorancia partera de todos los sufrimientos. 

Pero no hay que hacer mucho caso de todo ese gimoteo grotesco de las masas encandiladas porque los dioses omnipotentes están sobre todo atentos a los diez hombres, o quizá mujeres, justos que trabajan en el MIT. En ellos tienen puestas todas sus esperanzas respecto de la salvación del mundo y no van a consentir que la queja que no cesa porque a trueque de quejarse habían las desdichas de buscarse se les lleve por delante. 

Por cierto que necesitábamos lluvia, pero no tanta como para quemar al santo, valga el sinsentido. Llevo diez días sin poder coger la bicicleta y ya empiezo a estar de los nervios. ¡Lo que son las drogas! Unos cuantos días más de abstención y me pongo a disparar dardos al cielo. En fin, menos mal que uno es polidrogadicto y el mono de una me lo quito con doble chute de otra. Aunque no es lo mismo, claro, porque, como se suele decir, no es inteligente poner todos los huevos en la misma cesta. De hecho, ya se me han roto unos cuantos.  

sábado, 10 de marzo de 2018

El portillo

Una vez más en la historia de la humanidad todo parece indicar que se van a llevar el gato al agua los que comen mierda. Son infinitamente más numerosos que los que no la comen y eso es, en definitiva, lo que hace que las fuerzas del mercado se pongan incondicionalmente de su lado. Envasarán la mierda, la pondrán a precio de oro y las masas correrán frenéticas a comprarla. Por supuesto que se intoxicarán, que pasarán su larga temporada de vómitos y diarreas, eso sí, negando siempre la mayor, y al final, ya recuperados, harán un reconocimiento camuflado de victimismo antes de lanzarse al próximo banquete. Y vuelta a empezar. 

Ayer lo comentaba con mi amigo del alma P.: las pajas tienen muchísimo menos mantenimiento que los polvos, lo cual, una vez caído en la cuenta ya no tiene vuelta atrás. Porque no nos engañemos, el incordio de la vida se llama mantenimiento. Es decir, todas las torturas a las que hay que someterse antes de poder, no ya darse un gustito, sino simplemente pasear por el parque sin que te duela todo. Así que lo que procede es seguir las enseñanzas que al respecto dictó el de Belmonte de Calatayud:

"... y así él, después de haber velado sobre el caso, traçó de huirse; y no tuvo tanta dificultad como imaginaba, que en este orden de cosas el que quiere puede. Rompió con todo, que es el único medio, y saltó por el portillo de dar en la cuenta, aquel que todos cuantos abren los ojos le encuentran."

Así que ya saben, a abrir los ojos y saltar por el portillo del caer en la cuenta de que la relación precio calidad entre paja y polvo no tiene comparación posible a favor de la paja. A partir de ahí, ya no te vuelves a sentar al banquete de los comemierda de turno y estarás libre de las indigestiones al uso. 

viernes, 9 de marzo de 2018

Carne amontonada

Quizá la mentira más piadosa de todas es esa que achaca a las movilizaciones sociales los grandes cambios de la historia. Las dichosas revoluciones que ya son el no va más cuando cortan cabezas. Yo, lo siento, pero para mí todo eso no es más que la espuma de los días. O carne amontonada, como le gusta llamarlo al periodista Sostres. Nada, en definitiva que aporte un ápice a las mejoras, más allá de consuelo a los desfavorecidos de los dioses, sobre todo de la diosa Atenea que es la de las neuronas. 

Y esa es la cuestión que nos tiene aconhortados, que de tanto consuelo institucional el populus no se purga y vive en permanente estado de indigestión. Ningún medio, público o privado, sale al paso de tanta impostura, y cuando algún individuo grita que el rey va desnudo le cuelgan de inmediato el sambenito de la locura. Pero así y todo el mundo avanza imparable porque la naturaleza así lo tiene dispuesto. Por alguna extraña circunstancia de orden genético hay individuos que se sientan en una mesa delante de un libro, con un cuaderno y un lápiz y montan la de San Quintín. Ha habido unas cuantas docenas de ellos, sin los cuales, no se hagan ilusiones, todavía no hubiéramos bajado de las ramas. 

Y en eso, a mi nada modesto juicio, estriva todo: una silla, una mesa, un libro, un cuaderno y un lápiz, y un irreprimible deseo de saber. La única revolución posible, la que hacen todos los días los millones de personas que utilizan esos elementos para dar sentido a sus vidas. Todo lo demás, llámenlo como quieran, conjura de los necios, carne amontonada, sindicato de hostelería... en fin, todo lo que sirve para redistribuir la renta, que tampoco está mal. 

En fin, el consuelo de los desfavorecidos, ese es el gran negocio de los vivillos. Y a eso llaman revolución. 

jueves, 8 de marzo de 2018

¡Buenas ganas!

Hoy es un día muy especial y no quiero líos, así que me voy a servir yo mismo: me haré una paja con el permiso de la Virgen María, de El País y el Partido Socialista Obrero Español, aunque, francamente, no sé qué demonios tienen que ver en todo esto los obreros, si es que queda alguien que por tal se considere. 

Y una vez autoservido me voy a tomar una copa a la salud, o en recuerdo porque no sé si todavía viven, de Carl Djerassi, Luis Ernesto Miramontes y George Rosenkranz, el amigo, éste último, i suposse, de Guildenstern. Y es que si ha habido alguien que haya contribuido a alegrarnos la vida con sus inventos han sido estos tres preclaros bioquímicos. Gracias a ellos conseguimos liberarnos de la angustia que se iba cociendo a medida que nos aproximábamos al climax. ¿Niños sí, niños no? ¡No, por favor! Marcha atrás y degradación del encanto. ¡Tristes tiempos aquellos!

Por lo demás, todo esta moda del feminismo, disgregadora, por supuesto, como bien señala nuestro himno de la Alegría, hasta el más zote, aunque sea socialista, se puede dar cuenta de a quién beneficia en primera instancia: a las mafias que controlan la prostitución. De hecho ya he leído por ahí unos cuantos artículos en los que se hacía mención a la creciente tendencia entre los jóvenes de ahora de acabar sus farras en un prostíbulo. Como en los tiempos de sus abuelos. ¡Tristes tiempos estos!

Pues sí, señoras y señores, entre aquellos y estos tiempos tristes hubo unos felices, los de los sesentaiocheros, cuando de la mañana a la noche no parábamos de dar gracias a la ciencia por habernos liberado de la peligrosa maniobra del apeamiento en marcha. Pero, claro, no es lo mismo haber visto nacer el remedio que haber nacido con el remedio take for granted, o sea, como si fuese lo más natural por venir de la noche de los tiempos. El ser humano es así, y cuando viene regalado al mundo sólo encuentra consuelo inventándose milongas que le enfrenten consigo mismo. Cosas, en definitiva, que están en la hélice constitutiva, así que ¡buenas ganas!

miércoles, 7 de marzo de 2018

Edad Dorada

Ayer, con motivo de recordar a las víctimas de la barbarie que habita entre nosotros se celebró un acto laico en el Auditorio Nacional con asistencia de altos representantes de las instituciones del Estado. Por supuesto, fue retransmitido y lo pudimos ver todos los que así lo quisimos. Un acto realmente emotivo con la Novena Sinfonía de Beethoven como eje vertebrador. En cualquier caso, ¡cómo hemos evolucionado en el mejor de los sentidos! ¿Se imaginan hace cuatro días como quien dice, a los curas, guardianes por antonomasia de esa barbarie que repudiamos, oficiando de exorcistas ante un público borreguil? No, desde luego, ya les hemos desenmascarado y arrumbado en sus siniestras sacristías donde siguen, bien es verdad, desplumando a las viejecitas ricachonas. Son sus estertores. 

No es que vaya a dármelas de entendido, pero para mí que a la música le faltó esa vivacidad que me parece captar cuando la interpreta una orquesta centroeuropea. Pero eso es lo de menos, porque lo importante del acto fue su significado liberador encarnado, a la postre, en la letra que cantó el coro en los postreros compases. Nunca me había fijado en esa letra, del poeta Schiller por cierto, que se ha convertido en el himno de la Comunidad Europea. Evidentemente tiene miga para dar y tomar.

 ¡Alegría, hermoso destello de los dioses,
 hija del Elíseo!
 ¡Ebrios de entusiasmo entramos,
 diosa celestial, en tu santuario!
 Tu hechizo une de nuevo
 lo que la acerba costumbre había separado;
 todos los hombres vuelven a ser hermanos
 allí donde tu suave ala se posa.

Me llamó mucho la atención que los subtítulos que aparecieron en pantalla tradujesen lo de acerba costumbre por moda. Lo que la moda había separado, insistía una otra vez el estribillo. ¿Para pensar, no? Las dichosas modas que dan identidad a los borregos. Lo mismo para dejarse barba que para pegar tiros en la nuca. Si lo hacen "todos", porque para las identidades colectivas "todos" es la palabra fetiche, no me puedo estar equivocando. Y los que quedan fuera no existen, luego se les puede matar. En eso consisten todas las modas, en fanatizar al individuo para luego exprimirle antes de tirarle a la basura.  

Y en esas estamos, en fin, en la lucha de cada día por no dejarnos aborregar para ser luego exprimidos. Y, al respecto, nadie puede hacer nada por nosotros. Estamos sólos ante el mundo con nuestro quijotismo por toda arma... y, ¡oye!, que no fue poco lo que consiguió Don Quijote: se extinguirán todos los mitos y ahí quedará él como la encarnación de los valores del modernidad absoluta que son, por otra parte, los de aquella Edad Dorada en la que cada individuo era un Dios.

martes, 6 de marzo de 2018

Donde las haya

Pertenezco a una generación que bien se podría llamar la del "porái". Te levantabas, en verano claro, desayunabas y te ibas a la calle hasta la hora de comer. Dónde has andado, te preguntaban, y tú indefectiblemente contestabas: porái. Comías y más de lo mismo hasta la cena que volvías a contestar porái. Y así un día tras otro. Y por el medio, habías asaltado huertas, habías pescado truchas a mano, habías fumado picadura, habías subido Alisas en bicicleta. Y un montón de cosas más que quedaban englobadas a efectos justificatorios en un simple porái. La libertad de acción parecía que fuera absoluta y eso que gobernaba Franco. 

Claro que, de vez en cuando, llegaban a casa noticias de las andanzas -un propietario de perales que se quejaba, una multa del guardarríos... - y no había forma de salvarse: pagabas los estropicios a precio de oro. Porque ese era el pacto tácito: el que la hace, la paga. Y su corolario: lo que no quieras que se sepa, no lo hagas. En definitiva, el aprendizaje de las limitaciones indispensables de la libertad.

Ahí está el quid, en las limitaciones, que, una de dos, o te las impones tú o siempre acaba por llegar Paco con la rebaja -otra de las máximas paternas que solía menudear-. Muy delicado todo, por supuesto, porque el cerebro humano tiende al patinaje artístico sin tener en cuenta las innumerables horas de entrenamiento que eso exige si no quieres matarte a porrazos. Así es que, se mete en faena, a la de dos coge confianza y tira a degüello convencido de que a causa su superioridad congénita no puede fallar. ¡Sancta simplicitas!

Pensaba en estas cosas a propósito de los pobres chicos de El País que están pagando estos días por las peras que robaron, las truchas que pescaron a mano y todas las demás travesuras que hicieron por saberse consentidos por una sociedad a la que tenían sentimentalmente secuestrada. Ese libro que ha escrito Arcadi Espada les deconstruye, como se dice ahora para señalar que en realidad iban desnudos por la calle. Detrás de su pretendida superioridad moral no había más que una miserable vulneración de las reglas del juego para conseguir el poder político para los suyos. Algo que quizá todos hacen, desde luego, pero es que hay grados y grados y, los de El País, se pasaron tanto que ahora se tendrán que curar las quemaduras. Es divertido en cualquier caso ver a los curas en la hoguera. Los Savonarolas, quiero decir. Aunque no hay que hacerse ilusiones, claro, porque se sabe de antiguo que a la hidra le cortas una cabeza y le salen siete. Y lo de sentirse moralmente superior es hidra donde las haya. 

lunes, 5 de marzo de 2018

Domingueando

Cien mil kilómetros cuadrados para dos millones y medio de personas dan mucho de sí. Si a eso le añades dos de las más antiguas universidades del mundo con lo que te encuentras es con la realidad de Castilla la Vieja. Ayer, domingo de una primavera incipiente nos abandonamos al territorio y fuimos a recalar en Valoria la Buena. Entre sol y nubes, el viento del sur traía humedades premonitorias de bonanzas patrimoniales. Este año toca resarcirse. Veremos en qué queda. 

Por el camino, entre los campos en franca eclosión ya, aquí y allá, siempre muy alejadas del caserío, inmensas granjas supermodernas que alimentan de materia prima a la poderosa industria alimenticia de la región. Luego, las afueras del pueblo con su inevitable ringlera de adosados que se ofrecen a precio de saldo sin que nadie parezca picar el anzuelo. La iglesia imponente en medio de un no menos imponente trampantojo. Porque, la impresión dominante es que no hay prácticamente nada detrás de la inmensa mayoría de esos muros. Es como aquello de "estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa". Allí hubo vida, pero ahora, apenas cuatro jubilados resistentes y algo de parque temático para domingueros aburridos. Por lo demás, la gestión del fastuoso campo circundante corre a cargo de empresarios agrícolas que aunque conservan cierta ligazón con el pueblo residen en la cercana Valladolid. 

No fue difícil sino todo lo contrario, extraer información. Tres señoras de muy distinguido aspecto paseaban las calles desiertas. Seguro, pensamos, han venido de la ciudad o ir la santa misa y echar un vistazo a sus propiedades. Al final, cuando se disolvieron, trabamos conversación con una de ellas. Vivía sola allí, aunque uno de sus hijos, el que se quedó a cargo de las tierras, viene todos los días desde la ciudad a dirigir el funcionamiento de las instalaciones agropecuarias que ha levantado a las afueras. Los otros hijos, empresarios y funcionarios por esos mundos de Dios. Tenía necesidad de hablar aquella señora y, no la hubiéramos cortado y todavía estuviésemos allí. Pero nos informó de un bar para comer, frente a la ermita, que, cosas de la vida, es propiedad de Amancio Ortega, el de Inditex. Por lo visto es oriundo del pueblo y ha cedido la casa de sus antepasados para actividades culturales y lúdicas. Aparte de que paga el adoquinado de calles y demás mejoras que los cuatro resistentes del lugar le agradecen como es natural en los bien nacidos. El bar, de nombre Gaona, el apellido del abuelo de Amancio, no estaba mal y nos dieron un menú aceptable con una atención de primera. 

Restaurados, y más, ya, nos fuimos a caminar por el campo. Entre ir y venir por un camino agrícola echamos un par de horas. El paisaje, cerrateño, se lo pueden imaginar. Indescriptiblemente hermoso como diría Pla. Y sólo acompañados por el alegre guirigay de las calandrias que ya acusan la primavera. En fin, de vuelta, un pequeño sesteo en un banco del parque y media hora de coche después para cerrar el ciclo. A ver si el próximo fin de semana el tiempo nos permite agarrar la bicicleta, porque esto del coche... dije mientras conducía.  

domingo, 4 de marzo de 2018

Final curtain

Siempre que vengo para casa soslayando las grandes avenidas llenas de gente que acompaña a su perro a que haga sus necesidades en los urinarios públicos, mis ojos se topan con una pintada que nunca me deja indiferente. "Pienso, luego estorbo", reza. ¡Si Descartes levantase la cabeza! Se maravillaría, bien sure, porque sin duda esta evidencia es infinitamente más poderosa que la que a él le costó tantos desvelos y noches de invierno junto a la estufa. Porque existir, lo que se dice existir no sabemos si no será más que una ilusión, pero lo que es estorbar bien que lo sufrimos en propia carne a nada que se nos ocurre unir dos ideas de una manera medianamente innovadora. 

Y estando en medio de esos oscuros pensamientos viene a redimirme Frank Sinatra con su "My Way":

And now, the end is near
And so I face the final curtain
My friend, I'll say it clear
I'll state my case, of which I'm certain



I've lived a life that's full
I've traveled each and every highway
But more, much more than this
I did it my way

Bueno, algunos inocentes puede que se crean todavía que traveled each and every highway es pasarse la vida de aeropuerto en aeropuerto a la expectativa de captar diferencias paisajísticas allende los mares. Ya lo dijo el poeta: mal asunto ese de la incompetencia lectora. Con la de highways que tenemos por delante en la soledad de nuestra habitación y sus alrededores. Claro que transitar por ellos, como decía antes, tiene el riesgo de que acabas estorbando con sus onerosas consecuencias. 

For what is a man, what has he got?
If not himself, then he has naught
To say the things he truly feels
And not the words of one who kneels
The record shows I took the blows
And did it my way

En fin, ahora, cuando ya uno anda en plan to face de final coutain es inevitable preguntarse si en alguna medida fuiste capaz de hacer las cosas a tu manera o te limitaste a ser un muerto viviente. No sé si serviría de algún consuelo descubrir que, al fin y al cabo, molestaste bastante más de lo que pudiera parecer a primera vista.  

sábado, 3 de marzo de 2018

¡Qué vida ésta!

Lo que más me cuesta entender de este mundo que viene es cómo demonios van a poder resistir los albañiles ocho horas en el andamio sin poder piropear a las tías buenas que pasan por allí debajo. Porque es que, además, las tías buenas vistas en perspectiva caballera parecen doblemente buenas. Supongo que los empresarios del sector tendrán prevista ya alguna solución de tipo virtual o así. 

Anyway, lo que me parece que ya no admite demora es lo de poner a trabajar a eso tan prometedor de los big data en la cosa del surrealismo. O sea del subconsciente, esa cosa que todos llevamos dentro sin poder controlar en absoluto cuando le da por salir a la superficie y cuando no. Porque es que, además, habiendo socialistas en el mundo la cosa es mucho más grave. Y no por nada, sino por el gran "sagrado corazón de jesús en vos confío" que les alienta en lo más intímo a todos ellos. Y es que, imagínense, hoy voy, abro los periódicos y con qué se creen que me encuentro: pues con que el PSOE propone multar con 500.000 euros el acoso discriminatorio a un miembro del colectivo LGTBI (Lérida, Gerona, Tarragona, Barcelona y la I que se me escapa). O sea, que en lo sucesivo lo del acoso discriminatorio a esa cosa, tan catalana por lo visto, sólo va a poder estar al alcance de los millonarios, porque a ver quien es el guapo que dispone de esa suma para tan simple capricho. 

Pero, ya, si entonces van y la siguiente noticia con la que se topan es que el Cardenal Osoro, obispo, o arzobispo, que no sé, de Madrid, va y dice que apoya una huelga feminista que hay por ahí en ciernes y que no sé si consistirá en aquello de las Troyanas de negarse a follar hasta que los hombres no concluyan todas las tareas domésticas. Un apoyo a la huelga feminista que Osoro justifica en base a que está absolutamente seguro de que la Virgen María la apoya. Claro, va de soi, a ver quién va a querer hacérselo con humanos peludos después de habérselo hecho con el mismísimo Espíritu Santo. En forma de paloma, además. 

No he seguido leyendo porque me temía que la próxima noticia iba a hacer referencia a cualquier monería de cualquier animal. Más subconsciente en definitiva. Y menos luz por tanto hasta que los big data se pongan a trabajar en el asunto. Porque toda esta ponzoña que nos está señoreando a la chita callando tiene que provenir de algunas carencias estructurales, ya sean de índole genética, ya epigenética, que con los small data de que disponemos los de a pie no hay forma de desentrañar ni siquiera mínimamente. 

En fin, qué vida ésta.    

viernes, 2 de marzo de 2018

Perdidos

"Estaríamos perdidos, hijos míos, si no hubiéramos estado perdidos". Un juego de palabras que pudiera parecer una bobada, pero nada más lejos. Porque eso fue exactamente lo que dijo Temístocles a los atenienses en su arenga antes de entrar en combate en la batalla de Salamina, una de las más decisivas, sin duda, de la historia de la humanidad. Porque, ¿cómo hubiese sido el occidente selecto de hoy de haber ganado los persas aquella batalla? Es fácil suponerlo después de haber visto aquella película, "Persépolis", la historia de una sociedad perdida porque nunca se sintió perdida. Siempre en manos de tiranos.

En realidad, si uno mira alrededor no tarda en caer en la cuenta de que todas las grandes obras de la literatura, y de la vida por tanto, no son más que historias de personas que sintiéndose perdidas sacaron fuerzas de flaqueza para superarse. Es en ese nexo invisible entre la desesperación y la superación en donde reside la clave del ganar en dignidad y gobierno de sí mismo. Del dejar de ser persa, en definitiva. 

Pero no es fácil todo eso. Porque es la tarea del héroe: querer ser. Sin miedo a morir en el intento. O a perderlo todo, empezando por la consideración de aquellos en los que más confiabas. En fin, lo de siempre, y mientras tanto, por un lado, los walking deads suplicando que les suban las pensiones y por otro los frikis con flequillo pidiendo permiso para ser independientes. No sé, quizá tuviese razón aquel que dijo que el que pierde la guerra con las armas la gana con las ideas y así es que hoy día haya por ahí más persas que otra cosa. O nazis, que viene a ser lo mismo. Nunca perdidos.

jueves, 1 de marzo de 2018

Oscuro resorte

"Ese y otros cargos por el estilo no son sino meros "pretextos" en cuya apariencia de verdad sólo puede quedar cogido quien ignora el oscuro resorte del movimiento histórico". Tucídides dixit. 

Entre las secciones de la Vanguardia hay a diario un video del economista Gay de Liébana. Suele estar hecho al modo de tertulia a la hora del vermut. Con sus graciosas simplificaciones para que se entienda y guste. El de hoy lo borda. Hace un canto a Cataluña en donde lo único que sobra son los políticos. Los unos y los otros, concluye. 

Todos esos políticos, que no son todos por supuesto, que acuden al foro cargados de "pretextos" porque ni siquiera saben que existe ese oscuro resorte -big data diríamos hoy- de la historia. La historia, como la vida misma, que sigue su lógica al margen de los sesudos análisis de los expertos y, sobre todo, de las inconscientes conveniencias de los "servidores públicos". 

Sí, todo esto de la democracia se nos va haciendo cada vez más cansino y oneroso. Esa es la realidad. Y miramos hacia China y decimos: ¡Caramba, pues no se les va la fuerza por la boca! Y también tienen su arte y su creatividad que arrasan por el mundo entero. Y eso que habíamos quedado en que, ambos, eran los hijos predilectos de la libertad. Quizá es que nos hemos columpiado al tomar por realidad nuestros deseos de superioridad moral. 

No sé, pero convendría que todos esos chisgarabís que no consiguen matar al padre hubiesen leído una entrevista que le hacían el otro día a un tal Fernando Suárez que fue ministro en la Transición y alto cargo cuando lo de Franco. Y en cualquier caso catedrático de cuando serlo obligaba a pasar por unas extenuantes oposiciones. La verdadera historia, venía a decir, siempre sale a la superficie. Y por eso es que los muy execrables años del franquismo acabarán por ser reconocidos por todo el mundo como el periodo en el que España se recuperó de los siglos de atraso en los que la había sumido la pérdida del Imperio. Luego, lo de la democracia, por supuesto que ha sido muy fructífera, pero resulta miserable alabarla sin recordar el impulso que venía de atrás. La historia es la historia y sus resortes son oscuros. Y Franco fue uno de esos resortes para bien y para mal. Y al final sólo se recordará lo que fue para bien, que fue mucho. ¡Y qué le vamos a hacer!