sábado, 24 de marzo de 2018

Pequeñas minorías

Si hay algo ridículo en este mundo eso es la pretensión de agudeza. Uno trata de desentrañar una realidad desdibujada por la niebla con unos sentidos cojitrancos. Así uno, cree que ha visto algo, se lanza en pos de ello y sin prácticamente excepción se pega un batacazo. Y procura disimular. Total, entre la maraña de opiniones equivocadas es muy fácil camuflarse. De hecho, ya ni siquiera se escucha echar en cara lo que antaño se dijo. Porque también hay coartada para ese posible desplante: "yo, a medida que voy acumulando experiencia voy cambiando de opinión. ¿Y usted qué hace?

Así que, uno, no por consciente de esa realidad insoslayable, deja de buscar subterfugios para seguir sur la brèche, porque mucho peor que los incesantes batacazos es sin duda el estar de brazos cruzados viendo como la gente a tu alrededor se divierte con sus melonadas. No, uno, por puro instinto de conservación, quiere participar de la fiesta por más que haya leído a los clásicos y sepa por ellos que es prudencia y razón lo que quita las penas del alma y no los lugares desde los que de divisa la inmensidad de los mares. Callarse, en definitiva, es el don de unos pocos a los que los dioses conceden su cercanía y, con ello, el privilegio de modular el mundo que viene. 

Sea como sea, el caso es que de vez en cuando uno se topa con lo que ha largado un tipo cualquiera y algo vibra por dentro. ¡Leches, eso lo pudiera haber dicho yo!, piensas. Y es que coincidir en pensamiento es lo que más da la sensación de estar acertado. Lo cual, sin embargo, no tiene porqué ser el caso, ni mucho menos, que muchas veces una legión que piensa lo mismo sobre lo que sea, se despeña toda junta por el acantilado de la estulticia. Pero en fin, el placer de coincidir es innegable y no es cosa de prescindir de ello que ya bastante escasos andamos de satisfacciones como para hacerse el estrecho. 

Y en esas estaba cuando voy y leo lo siguiente que ha dicho un ilustrador de libros infantiles:

"A pesar de que en la actualidad parece que retrocedemos hacia el egoísmo y el proteccionismo, yo sigo siendo optimista. Cuando tomas distancia, te das cuenta de que la vida es mucho mejor para la mayoría del planeta de lo que era hace 50 años, y radicalmente mejor que hace un siglo. Hay una marcha lenta y constante hacia la unidad y la igualdad, a pesar de los baches en el camino. Es fácil perder el silencio ante tanto ruido pero creo que los que hacen todo ese ruido son sólo una pequeña minoría de personas ignorantes, egoístas e infelices."

¡Pequeñas minorías! ¡Qué cruz!

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