sábado, 10 de marzo de 2018

El portillo

Una vez más en la historia de la humanidad todo parece indicar que se van a llevar el gato al agua los que comen mierda. Son infinitamente más numerosos que los que no la comen y eso es, en definitiva, lo que hace que las fuerzas del mercado se pongan incondicionalmente de su lado. Envasarán la mierda, la pondrán a precio de oro y las masas correrán frenéticas a comprarla. Por supuesto que se intoxicarán, que pasarán su larga temporada de vómitos y diarreas, eso sí, negando siempre la mayor, y al final, ya recuperados, harán un reconocimiento camuflado de victimismo antes de lanzarse al próximo banquete. Y vuelta a empezar. 

Ayer lo comentaba con mi amigo del alma P.: las pajas tienen muchísimo menos mantenimiento que los polvos, lo cual, una vez caído en la cuenta ya no tiene vuelta atrás. Porque no nos engañemos, el incordio de la vida se llama mantenimiento. Es decir, todas las torturas a las que hay que someterse antes de poder, no ya darse un gustito, sino simplemente pasear por el parque sin que te duela todo. Así que lo que procede es seguir las enseñanzas que al respecto dictó el de Belmonte de Calatayud:

"... y así él, después de haber velado sobre el caso, traçó de huirse; y no tuvo tanta dificultad como imaginaba, que en este orden de cosas el que quiere puede. Rompió con todo, que es el único medio, y saltó por el portillo de dar en la cuenta, aquel que todos cuantos abren los ojos le encuentran."

Así que ya saben, a abrir los ojos y saltar por el portillo del caer en la cuenta de que la relación precio calidad entre paja y polvo no tiene comparación posible a favor de la paja. A partir de ahí, ya no te vuelves a sentar al banquete de los comemierda de turno y estarás libre de las indigestiones al uso. 

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