No sé, porque uno vive ya tan desnortado que difícilmente atina cuando mea de pié. Pero bueno, sentado en la taza, uno se las apaña. Aunque tengo muchas dudas de que esta posición vaya a tener recorrido. Porque no siempre hay una taza a mano, y las que hay suelen estar asquerosas la mayoría de las veces. ¡C´est la vie!
Como fui educado en un ambiente muy refranero, a determinada edad temprana creía que me los sabía todos. Los del Quijote y unos cuantos más si es que ello era posible. Y entonces fue cuando llego a mis manos el Hamlet de Shakespeare y empecé a flipar. Porque es como una ametralladora que los dispara a una velocidad de vértigo. Podría empezar y no acabar, pero no quiero apabullarles. Sólo les recitaré ese sobre las tradiciones que sostiene que hay más honor en abandonarlas que en conservarlas. Sin duda rompedor donde les haya y por tal contestado a muerte. ¡Las tradiciones, por Dios, que no nos las toquen que nosotros no tenemos sol y playa!
Así que como la tradición se desvaloriza si no le añades una marca de la casa, en Palencia se han inventado el tararú, una especie vuvuzela en zulú, también conocida como lepatata en setsuana. En realidad no es más que una trompa manipulada para que suene lastimera. Seguramente, tengo que investigarlo, rebajando medio tono la tradicional de los romanos que era de tónica y quinta. De esta manera, sonará quinta disminuida, lo que viene a ser un tritono o diabolus in música para que mejor nos entendamos. En fin, son composiciones de lugar que me hago para calmar los nervios que se me van desatando a medida que se aproximan las fechas señaladas.
Por cierto que, en Zamora, mucho más elegantes y cultos sin duda, tocan a media noche, en la procesión de las cinco copas que le dicen, la marcha fúnebre de Thalberg, que lo escuché una vez con consternación cuando acudí allí instigado por una cofradía de borrachos a la que por aquel entonces pertenecía. En fin, de Thalberg a la vuvuzuela hay un gran trecho, pero, por lo demás, lo que cuenta es el estado de las cuentas una vez que the party is over.
Total, que así corre el mundo y lo único que importa es no vivir en la Calle Mayor Principal que es donde se cuecen todos los guisos. Por lo demás, más vale aceptar la triste evidencia de que tenemos para rato. Shakespeare tendrá que esperar lo suyo todavía antes de llegar a las estanterías de nuestros hogares.
Por cierto que, en Zamora, mucho más elegantes y cultos sin duda, tocan a media noche, en la procesión de las cinco copas que le dicen, la marcha fúnebre de Thalberg, que lo escuché una vez con consternación cuando acudí allí instigado por una cofradía de borrachos a la que por aquel entonces pertenecía. En fin, de Thalberg a la vuvuzuela hay un gran trecho, pero, por lo demás, lo que cuenta es el estado de las cuentas una vez que the party is over.
Total, que así corre el mundo y lo único que importa es no vivir en la Calle Mayor Principal que es donde se cuecen todos los guisos. Por lo demás, más vale aceptar la triste evidencia de que tenemos para rato. Shakespeare tendrá que esperar lo suyo todavía antes de llegar a las estanterías de nuestros hogares.
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