"Ese y otros cargos por el estilo no son sino meros "pretextos" en cuya apariencia de verdad sólo puede quedar cogido quien ignora el oscuro resorte del movimiento histórico". Tucídides dixit.
Entre las secciones de la Vanguardia hay a diario un video del economista Gay de Liébana. Suele estar hecho al modo de tertulia a la hora del vermut. Con sus graciosas simplificaciones para que se entienda y guste. El de hoy lo borda. Hace un canto a Cataluña en donde lo único que sobra son los políticos. Los unos y los otros, concluye.
Todos esos políticos, que no son todos por supuesto, que acuden al foro cargados de "pretextos" porque ni siquiera saben que existe ese oscuro resorte -big data diríamos hoy- de la historia. La historia, como la vida misma, que sigue su lógica al margen de los sesudos análisis de los expertos y, sobre todo, de las inconscientes conveniencias de los "servidores públicos".
Sí, todo esto de la democracia se nos va haciendo cada vez más cansino y oneroso. Esa es la realidad. Y miramos hacia China y decimos: ¡Caramba, pues no se les va la fuerza por la boca! Y también tienen su arte y su creatividad que arrasan por el mundo entero. Y eso que habíamos quedado en que, ambos, eran los hijos predilectos de la libertad. Quizá es que nos hemos columpiado al tomar por realidad nuestros deseos de superioridad moral.
No sé, pero convendría que todos esos chisgarabís que no consiguen matar al padre hubiesen leído una entrevista que le hacían el otro día a un tal Fernando Suárez que fue ministro en la Transición y alto cargo cuando lo de Franco. Y en cualquier caso catedrático de cuando serlo obligaba a pasar por unas extenuantes oposiciones. La verdadera historia, venía a decir, siempre sale a la superficie. Y por eso es que los muy execrables años del franquismo acabarán por ser reconocidos por todo el mundo como el periodo en el que España se recuperó de los siglos de atraso en los que la había sumido la pérdida del Imperio. Luego, lo de la democracia, por supuesto que ha sido muy fructífera, pero resulta miserable alabarla sin recordar el impulso que venía de atrás. La historia es la historia y sus resortes son oscuros. Y Franco fue uno de esos resortes para bien y para mal. Y al final sólo se recordará lo que fue para bien, que fue mucho. ¡Y qué le vamos a hacer!
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