sábado, 17 de marzo de 2018

Puta ciudad

Leo los titulares y voy servido. Por lo visto la juventud inadaptada ha montado un pollo de cuidado aprovechando que el Pisuerga se descuidó y pasó un rato por Lavapiés. "Vamos a quemar la puta ciudad", ha dicho uno de ellos. Y la estulticia con representación en  Cortes ha coreado: la muerte del senegalés ha sido debida a la xenofobia, el capitalismo y el ser pobre. 

Moneda corriente que no llevará sangre al río pero obliga a pensar. Porque el caso es que dentro de mis siempre muy escasas relaciones sociales, esta semana, como por ensalmo, me he visto envuelto en un par de tensas conversaciones a causa de no haber querido entrar al trapo de esa estulticia institucionalizada. Ha sido con dos personas que en apariencia tienen una vida normal e incluso envidiable en ciertos aspectos, pero que por lo que sea destilaban malestar en forma de superioridad moral, victimismo, rencor y demás ingredientes del fracaso personal no reconocido. Y es muy triste que así sea, pero también inevitable a causa, en parte al menos, de la presión mediática sobre una población de muy limitada comprensión lectora. 

Bueno, parece que los nuevos modelos de enseñanza tienden a pivotar sobre la comprensión lectora y eso tranquiliza mucho. Aunque por otra parte dudo de que por mucha que  sea la agudeza cultivada se pueda con ella obviar la ecuación nietzscheana: opinión sinónimo de situación. Aquí se decía antaño que cada uno cuenta la feria según cómo le va en ella. Así que, sabido desde la noche de los tiempos es que cuando el alma sufre o se regocija más allá de ciertos límites la razón se apaga. Total que, por una causa o la otra, lo mismo puedes caer en el marxismo que en el panglosismo, dos formas antagónicas de andar por la vida bastante "pasaillo". 

De todas formas algo hay que hacer porque si te dejas apabullar, por unos o por otros, acabas deprimido. Aunque no hay que hacerse ilusiones porque los "pasaillos" no son otra cosa que obsesivos paranoicos que, como es sabido, es la gente que mejor tienen elaboradas sus ilusiones. Recuerdo que lo advertía en uno de sus libros Castila del Pino: ¡Ojo con esta gente!, decía, porque saben desmontarte el razonamiento más aquilatado. Y por eso es que hay que entrarles con distanciamiento y escepticismo. Al respecto hay dos preguntas que se les puede hacer y con las que a veces consigues ponerles en aprietos: una, con quién te comparas; dos, de dónde vienes. Porque aquí, más del 90% de los abuelos de todos esos que quieren quemar la puta ciudad cagaban en el corral. Y no te digo ya si quisieran compararse con el 90% de la población mundial que está años luz por debajo de nosotros en desarrollo de todo tipo. 

En fin, la condición humana que no va a cambiar de la noche a la mañana por mucho que nos exprimamos el coco. 

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