jueves, 22 de marzo de 2018

Tormentas de papel

Las tormentas se suceden a velocidad de crucero. Bien es verdad que la inmensa mayoría de ellas, por no decir todas, se producen en esos vasos de agua que son las portadas de los diarios. Te los bebes a las ocho de la mañana y a las diez ya les has meado. Y en eso va quedando la vida de los aburridos: en beber y mear tormentas. Ahora estamos con la de la vulneración de la intimidad que ni que fuese el acabose y apaga, cuando no es más que sempiterno cotilleo de portera elevado a la categoría de master en comunicación. 

La intimidad. ¿Qué coño cosa es esa cosa en una sociedad que se pasa media vida soltando la lengua en los bares? Aquí todo el mundo sabe todo de todo el mundo y lo que no se sabe se inventa y es como si se supiese. Y no pasa nada, oye, que en mi casa a calderadas, o sea, que de qué me voy a extrañar yo. 

Al final, más de lo mismo: el ruido de los puñetazos entre empresas que compiten por el mismo nicho de poder. El de poder repartir entre los suyos los maravillosos puestos de trabajo que proporcionan los votos. Cosa de listillos que no saben lo que se les viene encima. Cárcel para Sarkozy, quién lo iba a decir. ¡Con todo lo que sabemos todos de sus secretos de alcoba!

En realidad, si bien lo consideramos, nuestro único gran problema es que pretendemos matar el aburrimiento recurriendo a Dionisos. Es demasiado tentador y siempre está al alcance de la mano. Como todo lo frustrante. Lo sabemos de sobra, pero es que ya... para lo que queda...

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