martes, 13 de marzo de 2018

Venid y vamos todos

Los seres humanos somos como somos y pasarán más de mil años, muchos más, y ahí seguiremos haciendo barbaridades y diciendo tonterías a nada que nuestro precario equilibrio se descompense por cualquiera del millón de motivos que tienen ese poder desestabilizador. 

Entre las anécdotas graciosas que recuerdo de cuando era teenager, allí, en Valladolid, está la de un compañero bien parecido aunque con un pie un poco equino que se colaba en los bailes de la Parrilla del Hostal enseñándole al portero un carnet cualquiera a la vez que decía muy serio: argonauta. El portero seguro que pensaba que eso era algún tipo de policía política porque no chistaba. Bien, el caso es que de ahí me viene el temprano conocimiento de esa leyenda que tantas concomitancias tiene con el terrible suceso que tan conmovido tiene en estos días que corren al populus en general. 

El caso, tal y como lo cuentan, es que había llegado a oídos de los griegos que en la Cólquide, al fondo del Mar Negro, más o menos por donde hace poco se peleaban rusos con georgianos, había un rey que poseía la fuente de la inmortalidad, o simplemente un crecepelos de los de carromato del Oeste. Bueno, pues, lógicamente, lo suyo era ir a quitárselo. Porque así ha funcionado el mundo desde que es mundo. Dicho y hecho, armaron un barco, el Argos, y para allí que se fueron lo más granado de la patria. No tardaron en llegar y empezar a pasarlas canutas. Y ya estaban desesperando de su empresa cuando el jefe, un tal Jasón, echó mano de sus encantos masculinos para seducir a la hija del rey, una tal Medea. Y ya saben lo que pasa cuando un determinado tipo de mujer se encoña, que nada se le pone por delante, y menos que nada su padre, por supuesto, que, como es de sobra sabido es el primer objetivo a eliminar para cualquier adolescente. Así, Medea se las ingenio para robar a su padre las llaves de la cámara sagrada donde estaba el Vellocino de Oro y en el silencio de la noche entraron, arramblaron con él y salieron por patas. Y hay muchas versiones de las aventuras que corrieron para escapar a la furia del rey traicionado por su hija. Pero lo interesante de la historia llega cuando, una vez de regreso ya en Grecia, con los dos hijos que había tenido la pareja, Jasón decide abandonar a Medea por la hija, mucho más joven que Medea, de otro rey. Una vulgaridad si ustedes quieren, pero a Medea, que ya había demostrado cierto carácter traicionando a su padre, no le tembló el pulso a la hora de vengarse y le dio a Jasón donde más le podía doler que fue en la vida de los hijos que habían tenido juntos. Hay versiones de que los mató y otras de que les sacó los ojos para que no pudiesen ver la felicidad de su padre en su nueva situación amorosa. En fin, en cualquier caso, siempre ha habido y habrá personas a las que, por algún tipo de de carencia estructural, les abrasa la sed de venganza. ¡Se van a enterar de quién soy yo! Y vaya que si nos enteramos, porque la barbarie no tiene límites.

Así que lo de que una mujer mate a un niño, o le saque los ojos, por venganza es más viejo que los bailes a lo agarrao en la Parrilla del Hostal. Porque esa es la cuestión, que pese a quién pese, la mitología clásica, donde si no todo está casi todo, no tiene hecho de venganza masculina que se pueda parangonar en brutalidad al de Medea. En fin, qué estupidez éste intento actual de reescribir la historia convirtiendo a la Virgen María en la salsa de todos los guisos. Entre el aburrimiento y la vergüenza ajena no sé de qué vamos a morir antes. 

4 comentarios:

  1. joder ,Pedro,qué beno,lo has bordao.Me has dejado preplejo.Lo mejor que he leido de largo sobre el tema de la negra Tomasa...un abrazo

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    1. Por cierto,los "agarraos" los bailabamos al final de los 70 en un antro de la Avenida Alemania,las Casas de Zamora se llamaba vaya usted a saber por qué, a duro las canciones del Jukebox.Arroz pegao" lo llamábamos...

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    2. Gracias, Nacho, por tus amables elogios. Ya sabes que lo que sale de dentro...
      Por cierto, que que suerte haber vivido aquellos tiempos de lo agarrao.

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    3. claro,ahora a agarrao lo llaman acoso o vaa ustéd a saber

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