miércoles, 21 de marzo de 2018

Satisfaction guaranteed

Una tal Mabel Lozano que al parecer tiene tres doctorados, el de modelo, el de actriz y el de presentadora, se ha sometido a un rejuvenecimiento vaginal para prevenir. En definitiva, que se ha acogido al paradigma de prudencia que se sustancia en el ya desusado refrán que advierte de que más vale un porsiacaso que dos pensequé.  Bueno, a ver de lo que es capaz ahora esa vagina. 

Yo, que como con frecuencia les recuerdo, tengo por libro de cabecera La Riqueza de las Naciones, me las sé todas. Porque una mujer, por muchos doctorados que tenga, no saca su vagina a pasear sólo para que tome el aire. No, ni mucho menos; detrás de ese inocente exhibicionismo tiene que haber un algo productivo, un nicho de valor añadido que estaba siendo ignorado. Al fin y al cabo si hay algo en el mundo que encandile a los heteropatriarcas, eso es una vagina. Una que acaricie, claro, y no una que muerda como las que se les supone a las portavozas de los partidos socialistas. 

En fin, que decir vagina y decir vida fantasmática es todo una y la misma cosa. Para los heteropatriarcas, ya digo. Así que miren ustedes que moto averiada más bonita tenemos ahí para vender. Y entonces el gerente de la clínica de cirugía plástica le dijo a Mabel, mira guapa, tú le cuentas al mundo que te la hemos dejado niquelada y nosotros te damos una pasta. El típico docupubli que no puede faltar siempre que aparece un caladero de ilusiones pecaminosas. ¡La vagina, Dios mío, pero por qué no podemos sacárnosla de la cabeza ni con un pie ya en la tumba! 

Total, que una novia que tuve fue un día a comprar condones y no se le ocurrió mejor cosa que preguntarle al mancebo de la farmacia si eran de calidad: "hombre, señora -dijo él- ya sabe que en estas cosas lo que cuenta es la ilusión".  Sin solución, ya digo.

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