lunes, 12 de marzo de 2018

Una ilusión

Le pregunta Cayetana a Vargas LLosa si piensa en la muerte y esto es lo que contesta:"No. Digamos: no, cuando estoy trabajando. Si tengo un proyecto -y procuro estar permanentemente ilusionado con un proyecto- soy invulnerable a la idea de la muerte. Siempre he pensado: lo ideal es que la muerte te coja vivo. Que la muerte no te coja muerto, porque nada hay más terrible que morirse en vida. Nada me produce más lástima que ver a un ser humano que está esperando la muerte cuando en realidad ya murió."

Vargas, que tiene unos pocos años más que yo, siempre ha sido una referencia para mi. Y no sólo por todo lo que me han entretenido y divertido sus hermosas novelas sino, sobre todo, porque, en medio de su gran éxito, supo evolucionar al margen de los convencionalismos congelados de aquellos maravillosos años. Contrapongámosle, para mejor entender, con la otra gran figura de la novela hispana, García Márquez,  que a cambio de vender su alma al demonio castrista consiguió morirse veinte años antes de morir. Eso sí, putas nunca le faltaron por mucho que hediese ya. Su amigo del alma, Fidel, ya se encargaba de ello no fuera a ser que resucitase. 

No creo que a estas edades pueda uno identificarse con una idea mejor sobre lo que es estar vivo: tener un proyecto ambicioso y obrar en consecuencia. Da igual que sea arrastrándose, el caso es percibir que con el avance cambian nuestras estructuras mentales. Porque si no cambian, olvídate de proyectos ni de leches, porque ya estás irremisiblemente muerto. 

Y no hay más tu tía, o evolucionan tus pensamientos o es que estás muerto. Y para que evolucionen es imprescindible cabalgar con las botas puestas. Afrontar nuevos retos como si de los primeros se tratase. En fin, hacer el ridículo si es necesario, pero nunca ceder en el empeño. Aunque todo sea una ilusión. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario