Por eso es, pienso ahora, que nuestras vidas de mediocres no tengan mejor uso que el de tratar de adentrarse por los espacios que iluminaron esas mentes clarividentes. Ir descubriendo las maravillas que hay en ellos nos ayuda, fundamentalmente, a descubrirnos a nosotros mismos que, no nos engañemos, es el gran reto de la vida.
Les cuento estas milongas, porque ando, otra vez más, adentrándome por las Feynman Lectures. Reconozco que son endiabladamente complicadas para mis facultades cognitivas, pero el tesón es payant, que dicen los franceses. Bueno, no quiero ponerme pesado, ni menos pedante, aunque eso no lo vea tan mal, sólo decirles que no creo que nunca antes haya dedicado mis ocios a algo tan intenso. Todo lo que he leído en mi vida al lado de esto es bastante filfa, la verdad. Por eso no me extraña nada que Feynman haya pasado a ocupar un puesto preeminente en la mitología de la parte más ilustrada de la sociedad. De la ilustrada de verdad, quiero decir, no de la erudita tipo "Cifu para los amigos" que vienen a ser uno de los peores cánceres del mundo.
tienes más razón que un santo,querido amigo.Me gustaría leer tantascosas,aprender..se intenta por lo menos :muchas gracias por tus maravillosos artículos-divagaciones.
ResponderEliminarGracias, Nacho.
Eliminarpara algunas Cosas no hay nada Como hacerse viejo..aunque no para todas..
EliminarAllá por la juventud tenía un amigo, cuyo padre, un alcohólico de pro, decía que había dos cosas en la vida que no sirven para nada. Una, el crédito, porque sólo te lo dan cuando lo tienes y, dos, la experiencia, porque cuando la alcanzas ya eres tan viejo que no tienes en qué emplearla.
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