viernes, 31 de julio de 2020

Arqueología

Hace ya bastantes años leí la versión de La Divina Comedia traducida al catalán por Josep Maria de Sagarra. Me pareció una maravilla. Hace unos días que vengo intentando leer una traducción al castellano realizada por un tal Abilio Echeverría. Se me cae de las manos y maldigo la hora en la que me deshice de la versión en catalán que les comentaba. Claro, el catalán es una lengua que se parece al italiano mucho más que el castellano, pero, también, supongo, tendrá que ver la calidad técnica del traductor. Así todo, lo de traducir poesía como que no suele resultar. Lo tiene que hacer otro poeta y lo que se obtiene, para ser bueno, acabará teniendo poco que ver con el original. Es lo que debe pasar con la traducción de Sagarra, un señor, que, según cuenta Pla en su Cuaderno Gris, tenía una facilidad sorprendente para versificar lo que fuese que se le pusiese por delante. Una gracia divina donde las haya, en definitiva.

Se ha dicho hasta la saciedad que la poesía es la arqueología del lenguaje. Y ya saben que la arqueología es cosa de cavar, a veces muy hondo, para sacar a la luz restos que de por sí son muy poca cosa si no se saben interpretar. Recuerdo haber visto en Salamanca como los aspirantes a arqueólogo cuadriculaban con palos y cuerdas una porción de las riberas del Tormes en las que meses atrás habían estado acampadas una tribus gitanas. Tenían que encontrar allí signos que les diesen base para formular una teoría sobre los hábitos y costumbres de aquellas tribus. Sí, no había que ir a Egipto o Mesopotamia para desarrollar el arte de la interpretación de los signos. Porque esa es la cuestión, que signos los hay por todos los lados y solo los muy avispados se dan cuenta de que existen. 

Bueno, en cualquier caso, hay que saber aprovechar lo que se tiene. Claro que sería maravilloso poder leer La Iliada en griego y La Eneida en Latín. Lo mismo que La Divina Comedia en italiano. ¡Y qué le vamos a hacer si nuestros esfuerzos fueron dirigidos en otras direcciones! Afortunadamente nuestra lengua generó un territorio, sino infinito, casi, en el que excavar. Así que lo mejor va a ser arrumbar La Divina Comedia y volver a Las lágrimas de Angélica de Luis Barahona de Soto, que con decir que Cervantes le salva de la hoguera en El Quijote, ya está todo dicho. Además es que la tengo en el móvil. O sea, que sin excusa. 

jueves, 30 de julio de 2020

La puntilla

Mientras Ana Patricia va por ahí haciendo proclamas feministas, el Banco de Santander ha perdido en lo que va de año casi un 50% de su valor en bolsa. Pienso que pudiera ser una buena metáfora de lo que está pasando en el mundo. Luego van unos empresarios de la industria del entretenimiento y retiran de su plataforma digital la película quizá más vista de todos los tiempos, Gone with de Wind. En español, Lo que el viento se llevó y lo que el culo se cansó. La razón: que en esa película se ven esclavos negros que parecen felices. Sí, hay como una especie de locura que parece encaminada hacia la autoaniquilación de la especie. 

Y entonces va y llega esto que le dicen pandemia y es como la puntilla final. Ahora resulta que cuando haces cola en la caja del supermercado tienes que andar recto como una vela porque las cajeras no te pasan una respecto a distancias, mascarillas y demás chuminadas. Les han dado esa autoridad y ellas se aprovechan, porque ¿a ver a qué mindundi no le gusta revestirse de autoritario por un rato? Bueno, me imagino que también influirá para que estén tan crecidas el saber que una colega suya ha llegado a ministra. 

Muchas veces pienso a qué podría ser debida está especie de degringolade de la inteligencia como un todo, o sea, lo que es Dios para algunos. He oído un montón de teorías al respecto, como el que al no tener que esforzarse los machos para seducir a las hembras se destruye uno de los mecanismos que más entrena a la mente. No sé, puede ser. También, dicen algunos, que al respecto fue demoledor el Concilio Vaticano II. Fue entonces cuando se suprimió del ritual católico todo indicio de misterio, o sea, lo que hace pensar. Sí, puede ser que haya influido. Por no hablar de eso que llaman pedagogía. Convendría detenerse en la etimología de esta palabra para saber de que va el asunto. Pedagogo en la Grecia clásica era el esclavo encargado de llevar a los niños a la escuela. En fin, como sea, el caso es que a los niños de ahora no se les deja descubrir nada por su propia cuenta. Para todo necesitan un monitor. O sea, un niñero o pedagogo. ¡Pero, bueno! ¿Es que ya no va a poder aprender un niño a coger olas por sí mismo? Pues parece ser que no. Y lo mismo para todo lo demás. Y de ahí que cuando les apunta el bozo van de cabeza a la Plaza Cañadío a hacer botellón. Y ya tenemos esclavos felices de por vida, en este caso blancos, lo que no obliga a esconderlos. 

En fin, como uno nació cuando todavía no había pedagogos, solo maestros, todavía conserva ciertas habilidades para imaginar la trampa que rodea a cualquier ley. Así, ayer, al pasar por delante de un estanco, me dije, ¡Pero cómo no habías caído en la cuenta! Entré y le dije al estanquero: deme la cajetilla más barata que tenga. Me quedé de piedra al enterarme de que la cajetilla más barata vale cuatro euros. Así y todo la compré. Salí del estanco, abrí la cajetilla, saqué un cigarrillo y lo coloque entre los dedos indice y medio de la mano izquierda... y a tomar pol saco el mal rollo que me producía el ir sin mascarilla. Porque es que la gente te mira muy mal si vas sin ella, pero si vas fumando, o en trance de fumar, se acaban como por ensalmo las miradas de odio. 

Y a vivir que son dos días.  


miércoles, 29 de julio de 2020

Uncle Tom

El tema del Tio Tom es recurrente en EEUU. Por lo visto el pasado mes de junio se estrenó una nueva recreación. Según cuenta el Diario de Rorschach la trama va de un joven contratista, casualmente afroamericano, cristiano y ferviente demócrata, al que un miembro de su comunidad le desafía a que se lea las plataformas de los dos partidos en liza: demócratas y republicanos. El joven contratista, que es una persona seria, lee las dos plataformas y queda profundamente conmovido: todo lo que él piensa está contenido en la plataforma del partido republicano. Menos Estado y más responsabilidad individual, dos constantes que se contrabalancean matemáticamente. Y de ahí, ¡sí, señores míos!, esa miseria moral que paulatinamente se va apoderando de las sociedades regidas por lo que se conoce como Estado Benefactor. ¡Y yo que doy fe de ello!

Por supuesto, el joven contratista cambia de bando y las consecuencias no se hacen esperar: es denostado sin piedad por su entorno. Es lo que tiene arriesgarse a estar informado de primera mano, que pocos te lo perdonan. El común de los mortales se da por satisfecho con lo que les cuenta cualquier gurú encaramado en una peña, eso sí, con tal de que el gurú luego les lleve a merendar panes y peces a la orilla de cualquier lago o similares. Dos formas irreconciliables de entender el mundo, en definitiva: tomarse la molestias de leer las plataformas o contentarse con lo que te cuenta el que te invita a merendar, Llámenlo, si mejor quieren, responsabilidad o irresponsabilidad. 

¿Responsabilidad? ¿Irresponsabilidad? No, mire usted, el de la peña cava mucho más hondo. Él va a lo primigenio, o sea, la empatía o el egoísmo. Eso es mucho más importante a la hora de entender lo que pasa en el mundo: unos cuantos egoístas aprovechándose de la buena fe de la inmensidad empática. Ergo, bien fácil nos lo ponen: solo hay que quitar de en medio a esos pocos egoístas y el mundo entonces se convierte en el jardín del edén. ¡Pena que los egoístas sean, precisamente, los que reponen las estanterías de los supermercados cuando los empáticos dan con ellas! Pero, en fin, nada es perfecto. 

Resumiendo: no albergo la menor esperanza de que el mundo pueda cambiar alguna vez respecto a las proporciones de los que leen las plataformas y los que ni ciegos de grifa las leerían. Pero resulta grato imaginar, como si de ciencia ficción se tratase, que de pronto se pone de moda apedrear al que larga desde la peña y en vez de ir  después de merienda a la orilla del lago tomar el camino de la biblioteca y ponerse a ojear, u hojear, que no sé, allí cualquiera de los libros que tratan de la complejidad de las cosas de este mundo.  

martes, 28 de julio de 2020

Disbarat

"Lo que no quieras que se sepa no lo hagas" forma parte de mi educación sentimental. Es una máxima sin duda muy limitante, a no ser, claro está, que te importe una higa lo que opinen los demás de tus transgresiones de la mayoría de lo convencional. Porque desde luego que hay convenciones que cualquiera con dos dedos de frente sabe que es estúpido transgredirlas y que, si lo haces, sentirás inevitablemente vergüenza de ti, pero, la mayoría de ellas, como dijo un poeta cínico, están hechas con la única finalidad de poder sentir el placer de transgredirlas. Por ejemplo, el placer que siento yo estos días en curso prescindiendo de la mascarilla cuando voy por la calle. Ayer, un policía motorizado paró delante de mí para decirle a un gitano que portaba una guitarra que se pusiese la mascarilla. Yo, le miré no sé con que tipo de cara, pero el policía no me dijo nada. A lo mejor pensó que yo era de ese tipo de personas que le podía poner en el mal trance de tener que abusar de su autoridad. Y la policía, me consta, no está muy satisfecha que digamos con las tareas que les ha asignado el poder político en lo que respecta a lo que se conoce como pandemia. Claro, no son tontos y se informan. Sólo hay que ir a las páginas web de la OMS para saber que todo esto de las mascarillas y no digamos ya esa mariconada de saludarse con el codo, es pura filfa a efectos sanitarios y quizá muy efectivo para tener aterrorizadas a las capas más incultas o hipocondríacas de la población... o sea a casi todo el mundo. 

¿Y por qué van a querer aterrorizar los gobernantes a la población? ¡Sancta Simplicitas! Pues porque el año pasado vieron las orejas al lobo. Acaso no estaba medio mundo sublevado. Y es que esa mezcla de incompetencia con acumulación de privilegios que exhibe la clase política de la mayoría de los países se ha hecho ya insoportable para grandes capas de población. Y este es el verdadero meollo de la situación que está atravesando el mund: la política al uso no tiene respuesta viable dado el calibre de los problemas que las nuevas tecnologías han creado. Así que el coranavirus, como caído del cielo. Pero claro, todo tiene un límite y, como les decía, lo que no quieras que se sepa, no lo hagas porque al final siempre aparece el niño que grita lo de que el rey va desnudo. En este caso ha sido la asociación de Médicos por la Verdad que lidera la Dra. Natalia Prego. 

Bueno, ahora, ya, si no la verdad, que en términos científicos es bastante escurridiza, sí algo que se le aproxima allí hasta donde se puede. Lo de las mascarillas y demás coreografía es una pura pamema. Lo de los brotes, otra. En fin, si quieren enterarse pueden recurrir a la rueda de prensa que dio la citada asociación el otro día en el Palacio de la Prensa. Aunque los miembros de esa asociación ya han empezado a ser entrevistados en algunas televisiones y su verdad ya ha empezado a rodar cuesta abajo y como si fuese una bola de nieve aumenta a toda mecha. Dentro de dos días ya solo los hipocondríacos y los que viven del invento permanecerán recalcitrantes. 

En resumidas cuentas, que tenemos por delante unos bonitos días, porque espero que los responsables del actual disbarat paguen algún precio, si no por su mala fe, que también pudiera ser, sí, al menos, por su manifiesta incompetencia. 


lunes, 27 de julio de 2020

Genocidas a gogó

Los teóricos de ese constructo ideológico que llaman izquierda lo tienen claro: para impulsar su empresa es de todo punto necesario tachar a Pizarro y Cortés de genocidas. Nadie como ellos sabe del poder evocador de los símbolos y lo que evocan Cortés y Pizarro les viene tan grande que les resulta definitivamente insoportable. Para ellos el único sujeto que puede ser representativo de epopeya es el pueblo, por supuesto, unido, o sea, un imposible metafísico. No por nada, sino porque el pueblo solo puede estar unido después de matar a la parte de él que no comulga con las ideas de la mayoría del momento. Justo, en lo que está especializada la izquierda, en matar al disidente a nada que las circunstancias se lo permiten. Si no lo pueden hacer físicamente, lo hacen civilmente, lo que no está mal para empezar. 

Sin embargo, por mucho que maten, siempre fracasan. Y es que si el ser humano se caracteriza por algo es por su anhelo épico. Es un sueño de la infancia que se va atemperando con los años a medida que la realidad de las propias limitaciones se va imponiendo, pero siempre hay esa minoría de dotados por la naturaleza que sigue adelante con su empeño y viene a dar en un Amancio Ortega o un Juan Roig o otros tantos empresarios que conquistan inmensos territorios en los que luego el común de la gente encuentra su parcela para desarrollar sus pequeños proyectos. 

Claro que sería de una ingenuidad suicida no admitir que el reconocimiento de las propias limitaciones se salda en sus inicios con frustración y, a la postre, en envidia, rencor, hasta llegar al odio a muerte al que quiso y pudo. Es una ley biológica que trabaja con la precisión de una ley física. Por eso es inútil todo intento de corrección. Lo único practicable, al respecto, es ensayar procedimientos para controlar con el menor coste posible esa marea de rencor. Se ha probado de todo: la monarquía, la aristocracia, la tiranía, la dictadura y, en última instancia y ya con casi todas las esperanzas perdidas, la democracia. Y en ello estamos y a la vista está lo que da de sí, o sea, nada de nada. El odio señorea más que nunca el panorama desde el puente. Y llega hasta cotas como la que les señalaba al principio, es decir, a señalar como genocidas a Pizarro y Cortés. Así que, ¿para qué quieren más pruebas? En fin, ustedes mismos saquen sus conclusiones. Personalmente me adhiero a las teorías quijotescas: donde esté la espada que se quiten las letras.   






domingo, 26 de julio de 2020

Mestizaje

Es posible que si a algo puede ser ligada la grandeza de las naciones, eso sea a su grado de mestizaje. No por casualidad fue que la mayor catástrofe de la historia tuviese su causa eficiente en el anhelo de pureza de la raza. ¡La raza, qué cosa más chunga! Y, sin embargo, ahí siguen los Revillucas de turno, los Mister Barrerparacasa, cada vez más prestigiados como en un siniestro juego de autoaniquilación. Porque mira que tiene que estar moralmente enferma una sociedad para que personajillos como el mentado tengan, no ya simpatías, sino, incluso, prestigio. ¿Prestigio, por qué? Pues por estar en posesión de la más abyecta de todas las pulsiones: la de la exaltación de lo propio. O sea, eso a lo que se dedican con pasión todos los que se afanan en ocultar sus miserias. No falla: prevención a destiempo... 

Sí, lo de tener un entorno familiar con la complejidad del cálculo multivariable es una gracia que te conceden los dioses. Diría que pensar en ello es lo único que me redime un poco de la vergüenza que experimento al repensar mi parcour. Tener yorubas y anglojamaicanos sentados a la mesa el día de Acción de Gracias es un logro del que aunque sea en un grado ínfimo me quiero apuntar el mérito porque quiero suponer que algo de mí tiene que haber en mis hijas que fueron las que tuvieron el coraje de hacer lo que les vino en gana.

El caso es que les hacía estas reflexiones motivado por unos vídeos que he visto en YouTube realizados por una joven de origen ruso que se llama Liusivaya. Dado el dominio del lenguaje que muestra es seguro que, si no nació aquí, llegó de muy pequeña y, también, que alguno de sus progenitores es español. Dominio del lenguaje, expresión corporal, tiempos, sentido del humor... todos los ingredientes de la potencia comunicativa. Al menos eso es lo que a mí me parece. 

Sí, esa es la cuestión, que el mestizaje, lo mismo que limpia la hélice constitutiva de impurezas también limpia la mente de las miserias morales inherentes al recocimiento en la propia salsa. Y no de otra causa procedió la grandeza de España en tiempos pretéritos y espero de corazón que volvamos por nuestros fueros gracias a todas las Liusivayas que van repoblando los campos yermos de la homogeneidad a la que habíamos degenerado en los últimos siglos. 

sábado, 25 de julio de 2020

El entredicho

Barajo la posibilidad de estar equivocándome de nuevo. Me adhiero sentimentalmente a los vídeos en los que se rechaza la forma en la que el gobierno de la nación, no digo ya de las comunidades autónomas, Cantabria es región y todo eso, porque es que me meo de la risa, me adhiero, digo, al rechazo de todas estas normas con pinta de arbitrarias y un enorme potencial de desestabilización psíquica de los que ya de por sí vivimos en precaria estabilidad. Pero puede que me esté equivocando, ya digo, una vez más, porque dada la fe con la que el 99,99 %, y me quedo corto, de la población cumple con esas normas algo tienen que tener en el sentido de ser las correctas para las circunstancias del momento que vivimos.  

Y es que cada dos por tres recuerdo, y me muero de vergüenza, la postura rebelde que adopté cuando lo de aquellos maravillosos años en los que el dictador no se acababa nunca de morir y la inmensa mayoría de la gente parecía estar encantada de que así fuera. Tuvieron que pasar muchos años y tuve que tragarme muchos El País antes de caer en la cuenta de lo equivocado que había estado yo y lo acertada que había estado toda aquella gente de la que tanto había denostado. Efectivamente, como no podía ser de otra manera, el dictador acabó muriéndose y una oligarquía más o menos culta fue sustituida por otra oligarquía más o menos ignorante. Y eso fue todo lo que sacamos en limpio. 

Sí, lo estamos viendo ahora, en todos esos vídeos de los rebeldes estadounidenses. No paran de hacer el ridículo. Tiran una estatua de quien sea y luego bailan como hotentotes alrededor de los escombros. Y mientras tanto los otros, los que se quedaron en casa estudiando, serán los que el día de mañana señorearán a estos rebeldes de hoy. No falla, phisic work: rebelde hoy, esclavo mañana. Porque no hay nada más antirevolucionario que la rebeldía. Es la pérdida de tiempo total. 

En fin, ya lo dijo Critilo, mira el mundo del revés y lo verás al derecho. Si quieres ser revolucionario, siéntate en una mesa a estudiar y no tardarás en ver como el mundo va a mejor. Sí, lo tengo decidido, me voy a colocar el bozal y no me lo voy a quitar hasta que el Dr. Sánchez me alce el entredicho. 

jueves, 23 de julio de 2020

El cante de los cultos

Me envían por whatsapp un artículo del ínclito Pérez Reverte titulado "Más latín y menos imbéciles". En él vuelve a lo que ya viene siendo mantra de unas cuantas décadas para acá, que las autoridades académicas, ya, por fin, asestan la última puñalada a las materias humanísticas. Por lo visto, en la ley en ciernes, equiparan el latín y el griego a las asignaturas conocidas como "marías", es decir, para rellenar los ratos libres. Y, entonces, menciona aquella famosa anécdota de un ministro de Franco, natural él de Cabra, provincia de Córdoba, que había dicho en sede parlamentaria con el clásico gracejo de su región de origen, que "menos latín y más deporte, porque ¿para qué sirve el latín?" Y que un reconocido humanista le había contestado, "pues mire Sr. Ministro, el latín sirve para que a usted le llamen egabrense y no cabrón". Bueno, quizá la anécdota no sea más que una leyenda urbana, pero queda de cine mencionarla en cualquier reflexión sobre el tema del abandono de las humanidades.

¡Ah! ¿Pero es que resulta que hemos abandonado las humanidades? No me había enterado, la verdad. Vamos que como si la burricie fuese una cosa de ahora. Y, ya, para redondear, volvamos a lo de aquella famosa Edad de Oro, para regresar a la cual Don Quijote no ahorraba batacazos. Ese sí que es un clásico mal interpretado, porque Manrique no dijo que cualquier tiempo pasado fue mejor, dijo que parece que fue mejor. ¡Menuda diferencia entre ser y parecer! Como entre la realidad y las sombras de la pared de la caverna platónica. 

Mi particular impresión es que lo mismo que el porcentaje de imbéciles viene a ser más o menos el mismo en todo tiempo y lugar, igualmente lo es el porcentaje de gente cultivada. En todos los sitios en los que he vivido me ha parecido encontrar legiones de borregos y así mismo una minoría amante del saber. En Barcelona tuve ocasión de frecuentar una librería enorme dedicada casi en exclusiva a los clásicos, y, también, asistí alguna vez a una tertulia de expertos del tema que, por cierto, a parte de alguna orientación que me dieron, me parecieron bastante pedantes. Y en Salamanca ni te digo: se respiraban humanidades por los cuatro costados. Así, que, repito, lo de la muerte de las humanidades no es más que otra milonga con la que los que se las quieren dar de cultos nos dan el cante. 

Lo de las humanidades, como lo de saber guardar distancias, tan de moda ahora, siempre fue y será cuestión de buena educación. Tú, por ejemplo, eres militar y, de paso, cultivas a los clásicos y tienes chupado llegar a general. ¿Vieron la película Patton? ¿Saben por qué Patton estaba al mando de las tropas en el frente sur de la contienda? Pues porque conocía al dedillo a Tito Livio. Así, no tuvo que hacer más para derrotar a los alemanes que imitar todas las tácticas y estrategias que usaron los romanos para derrotar a los cartagineses en las que se conocen como Guerras Púnicas. 

En resumidas cuentas, siempre hubo y habrá gente lamentándose por lo que se ha perdido y diciendo a los demás lo que tienen que hacer para ser mejores. Pues bien, si siguen las enseñanzas de Confucio, desconfiarán de esa gente. Las personas suelen hacer las cosas porque se las han visto hacer a otros y les ha parecido que les ha dado resultado. Seguro que muchos estudiantes de las academias militares han leído a Tito Livio precisamente porque vieron la película Patton. Sí, convénzanse, tanto lo bueno como lo malo, se propaga por imitación. Y los sermones, al contenedor de lo irreciclable 

miércoles, 22 de julio de 2020

Por las ramas

María Blanco es una de las cabezas más potentes del país. De las llamadas a permanecer, que no otra cosa es lo que hace la diferencia entre lo divino y lo humano. También permanecen Hitler o Stalin, me dirán. Y yo les digo que se equivocan. Y, si no, nómbrenme a cualquiera de los miles de tiranos sanguinarios de los que la historia está trufada. Hay que ser un experto para citar a dos o tres; permanecen un siglo o dos y luego se desvanecen, pero, por contra, hay que ser muy garrulo para no saber quién fue Homero, o Platón, o Aristóteles, o tantos otros que aportaron a la humanidad pensamiento bien estructurado... la tarea de los dioses. 

Claro que no hay que ser ingenuo: el pensamiento bien estructurado no es plato de gusto para las chachas. Si la naturaleza no te dotó o tus padres no se esforzaron en educarte olvídate de esos platos porque te pueden producir una indigestión, o dolor de cabeza, de los que se hacen crónicos y, a la postre, llevan a la tumba. No otra es la gran tragedia del mundo: la imposibilidad de comprender rectamente por parte de la inmensa mayoría lo que la minoría de mente privilegiada desveló. Así ha sido siempre, así es y así será por los siglos de los siglos. 

Hoy día tendemos a pensar que gracias a la tecnología tenemos como nunca se tuvo al alcance de la mano lo más selecto del pensamiento de todos los tiempos. Y sí, algo de verdad puede que haya en ello, pero no mucha. Tengan en cuenta que tecnología siempre la hubo. O, si no, ¿díganme ustedes qué fueron las tablillas, o los papiros, o los libros sin ir más lejos? El problema siempre fue el mismo, que los capaces de escalar las altas cumbres son pocos. Cicerón, sin ir más lejos, se consideraba afortunado porque tenía doscientos tomos en su biblioteca. Bueno, hoy día cualquier mindundi se hace fotografiar con un fondo de libros que pueden ser dos mil. Pero, claro, su distancia con Cicerón sigue siendo infinita. Y no por nada sino porque Cicerón entendía hasta el fondo lo que leía y los mindundis a duras penas balbucean. Sí, se lo digo por mi larga experiencia en el asunto: si me hubiese centrado en el centenar escaso de libros que conservo  otro gallo me hubiera cantado. De hecho, desde que decidí no volver a mirar ni un periódico, ni un informativo de ningún tipo, he tenido la oportunidad de dedicarme a esos libros que conservo y, vive dios que nunca pensé poder llegar tan al fondo. Claro que puede que solo sea una ilusión, pero, ¿qué otra cosa son los orgásmos? 

En fin, me he ido por las ramas. Lo que quería decir es que lo mismo María Blanco, que Camile Paglia, que Ayn Rand, por el hecho de ser mujeres nada les ha obligado a ser unas cabezas de chorlito. Ahora ya solo falta que las chachas caigan en la cuenta de la distancia insalvable que hay entre ellas y sus ídolos de un día. Que, si no las pueden entender, por lo menos que aprendan a respetarlas. 

martes, 21 de julio de 2020

¡Mujeres!

Hay una cosa que repite una y otra vez Camile Paglia: si no enseñamos en las escuelas como fueron las civilizaciones antiguas, como se inició todo esto, no podemos pretender que las jóvenes generaciones entiendan nada acerca del mundo en el que viven. Es precisamente en ese analfabetismo histórico, si es que se puede decir así, en donde reside la causa de la burricie que nos señorea... o de la decadencia de occidente como subraya la misma Camile. 

El caso es que andaba entreteniéndome estos días con la lectura de las comedias de Aristófanes. Escritas, por cierto, hace veinticuatro siglos. Y sí, pasaron muchas cosas desde entonces, pero los chistes que nos hacen reír siguen siendo los mismos que por aquel remoto entonces. Supongo que será porque veinticuatro siglos no suponen mucho a efectos de evolución del pensamiento humano -no sé si esto de pensamiento humano no será un pleonasmo-. Pues bien, les contaré algo acerca de La Asamblea de las Mujeres para que los que no la hayan leído se puedan hacer una idea. 

Las cosas de la política se habían puesto chungas en Atenas. Los cargos públicos que siempre se habían ejercido de forma filantrópica habían pasado a ser un modus vivendi muy codiciado. Se había empezado pagando un óbolo por la asistencia a la asamblea y ya iban por tres. Así es que había tortas por pillar un asiento en la asamblea. Y, en el entretanto, los asuntos de la polis iban de mal en peor. Así fue que un grupo de mujeres lideradas por una tal Praxágora, esposa de un alto cargo, deciden que el problema consiste en que los hombres no están capacitados para administrar la ciudad. Sin embargo ellas lo pueden hacer mucho mejor porque al ser las administradoras de sus hogares están entrenadas en esas lides. Y ponen manos a la obra para hacerse con el poder. Idean una estrategia consistente en disfrazarse de hombres y acudir a la asamblea antes de que cantasen los gallos para hacerse con todos los asientos. Y allí proponen que sean las mujeres las que gobiernen la ciudad. Lo votan y ganan. Y así es como comienza el gobierno de las mujeres. 

Y las mujeres, ya se sabe, buenismo en acción, comunidad de bienes y todo eso. Nadie puede ser más que nadie ni tener más que nadie. Todo hay que compartirlo. Hay que poner todo lo propio a disposición de la comunidad. Y entonces, los que hoy llamaríamos manginas, empiezan a llevar todas sus pertenencias a la plaza para que cada cual tome lo que necesite. Y se organizan comedores comunes para todo el mundo. Y la ciudad entera se convierte en una casa común. Y, entonces, un mangina que ya había llevado todas sus cosas a la plaza le dice a uno que andaba por allí, oye, ¿por qué no has traído todavía tus cosas? Ni de coña, contesta, primero voy a ver que hace la mayoría. Pero es la ley. Ya, pero antes de acatar la ley hay que ver si es justa. Entonces, ¿qué haces por aquí? Vengo porque me han dicho que aquí dan de comer gratis. Un diálogo de besugos que se prolonga un rato hasta que aparecen otros que entran en consideraciones más profundas que las puramente materiales, o sea, las cosas de fornicio.

En adelante, deciden las mujeres, nadie será de nadie, cada uno, o una, se lo hace con quien le viene en gana en cada momento. Así, entre otros beneficios, se conseguirá que los jóvenes dejen de maltratar a los viejos porque si lo hacen a lo mejor están maltratando a su padre. ¡Fenomenal,sí! Pero, entonces, aparece un aguafiestas y pone de manifiesto el pequeño inconveniente que tiene la práctica de tal teoría: los hombres solo van a querer acostarse con las jóvenes y guapas y las mujeres, por no ser menos, con los jóvenes y guapos. Pero las mujeres ya se sabe que rápidamente encuentran soluciones para todo. No problem, dicen: todo el que se quiera acostar con una joven antes tiene que satisfacer a una vieja; todo el quiera hacérselo con una guapa, antes tiene que satisfacer a una fea. Y las mujeres, viceversa. 

La escena final trata de un joven que va entusiasmado a acostarse con una jovencita. Pero, cuando ya la tiene al alcance de su mano, empiezan a aparecer viejas exigiendo que se cumpla la ley. El joven, por supuesto, se queja de lo injusta que es tal ley. Lo siento, joven, le responden las viejas, pero esto es una democracia y tienes que cumplir lo que ha decidido la mayoría... o atente a las consecuencias. 

En fin, solo es una comedia. 

domingo, 19 de julio de 2020

Las Ranas

De la comedia Las Ranas de Aristófanes:

Coro: Estrofa.- ¡Feliz el hombre que tiene atildada inteligencia! En muchas cosas se advierte. Éste que supo ser discreto regresa a su patria ahora, en bien de los ciudadanos, en bien de los parientes y amigos. ¡Todo por ser inteligente!

Antiestrofa.- ¡Que grato es, ya sin Sócrates al lado, dejar de parlotear! ¡El que rechaza el canto de las Musas y todo lo accesorio del arte trágico! Pasar la vida en discusiones infladas y en vanas frivolidades propio es del hombre que ha perdido el juicio.

Dioniso, acompañado de su criado Jantias, baja al Hades a buscar el poeta que puede ayudar a salvar al pueblo con sus consejos. El asunto va de escoger entre Esquilo y Euripides. Vence Esquilo. La atildada inteligencia que se centra en lo esencial y rechaza lo accesorio. Euripides, por contra, es el las discusiones infladas y las vanas frivolidades o, por decirlo a su manera, el de "lenguaje pensamiento/ tan raudo como el viento,/ civilizada disposición aprendió/ y a esquivar también los dardos de las lluvias inclementes" 

Hay que tener en cuenta que en el epitafio de Esquilo solo se cita que combatió en Maratón. Mucho más importante para él que todos sus logros como poeta. Eurípides, unos cuantos años posterior, vive en la Atenas derrotada por los espartanos. Son los tiempos de las marrullerías de Alcibiades, o sea, de los políticos que solo miran para sí y de la gente que se da cuenta de ello. En definitiva, el desprestigio de la democracia como sistema político. Se necesitaron dos mil años para retomar el invento y unos pocos más para que el invento esté hecho de nuevo unos zorros. En fin, ustedes mismos. 

Personalmente, cada vez lo veo más claro, es un decir. La democracia, pongamos que cuatro partidos: el de los rabiosos resentidos, el de los resentidos tipo mangina glutenfree, el de los pijocínicos, el de los quijotes que quieren restaurar un mundo ya revolu. Los cuatro tienen una característica común: la de ser absolutamente innecesarios. Incluso, diría más: inmoderadamente perniciosos. Así que, conmigo que no cuenten: solo creo en la aristrocracia. Y digo yo, oye, si para formar parte del poder judicial hace falta demostrar ante tribunales muy severos unas ciertas capacidades poco comunes, ¿porqué para los otros poderes no se necesita demostrar ningún saber? Me parece de todo punto absurdo. Si tanto para legislar como para ejecutar hubiese que demostrar no ante las urnas sino ante tribunales que se está a la altura, otro gallo nos cantara. Pero, en fin, las cosas son como son y el tiempo siempre las depura. Así que, ¡buena gana!  

jueves, 16 de julio de 2020

Armas de mujer

Grosso modo, la historia fue así: una vez perdido el enemigo común, los medos, las ciudades griegas se pusieron a combatir entre sí. La voz cantante la llevaban Atenas y Esparta que tenían regímenes políticos irreconciliables; el resto de las ciudades, digamos que según las condiciones del momento se aliaban con una o con otra. Tucídides dejó constancia de todos aquellos tejemanejes en Las Guerras del Peloponeso, un libro a mi juicio de lo más recomendable para todos los que tienen afición a opinar sobre esto, lo otro y lo de más allá. 

Regímenes políticos irreconciliables: ahí está la clave de todo el desbarajuste. Atenas era una democracia y Esparta una aristocracia. Sobre el papel muy bonito, pero, luego, la cruda realidad es un poco más compleja. Porque si nos vamos al núcleo cohesionador de toda sociedad, es decir, la manera de educar, nos damos cuenta de que se trate del sistema político que se trate siempre se sigue el modelo que marcó Platón en La República, o sea, educación espartana, o aristocrática si mejor quieren, para la futura clase dirigente. Luego, para el populus, doctrina y un oficio. ¿O por qué se piensan que en Inglaterra y EEUU perdura la democracia? Pues muy sencillo, porque nadie que no se haya educado en Eton o similares tiene la menor posibilidad de acceder a la cúpula del poder político. Escuelas de mandarines, en definitiva, como en China. O Francia, sin ir más lejos. 

En resumidas cuentas, que los dirigentes de los países ponen todo su empeño en destacar las pequeñas diferencias para que parezcan grandes y así tener fácil lo de convencer al populus de que lo suyo es ir a matarse con los vecinos por un quítame allá esas pajas. Y es que hay una cosa, la primera quizá, que enseñan en esas escuelas de mandarines, que sí no estás sangrando de continuo al populus no hay quien sea capaz de controlarlo. 

Y en esto llegó Lisístrata y mandó parar. Los hombres en la guerra es equivalente a las mujeres sin suministro. Insoportable de todo punto. Así fue que no le costó mucho a Lisistrata convencer a las mujeres de cual era la mejor estrategia para acabar con la guerra.  "Todas quedan obligadas al mismo juramento. Repitan conmigo: Ningún hombre, quien sea, ni amante ni marido, se acercará a mí con su arma enhiesta. He de vivir sin amor y sin hombre. Vestida con mi bata de color azafrán y bien acicalada. Para que cuando mi hombre se queme de deseo, yo nunca al marido le habré de dar gusto. Pero si él por la fuerza me violenta, me mostraré pasiva sin moverme siquiera. No alzaré yo hacia el techo mis sandalias de Persia. No me rendiré cual leona sobre el mango caliente.Si guardo mi juramento, podré beber de este vino. Si yo lo quebranto que esta copa quede llena de agua."  Y así en tanto no se firmase la paz. No fue fácil, ni mucho menos, sobrellevar aquella abstinencia, pero al final mereció la pena: los hombres pasaron por el aro y firmaron la paz. Bueno, como sabrán, Lisistrata es una de las once comedias que se conservan de Aristófanes. No tiene desperdicio. Deja niquelado el asunto de las "armas de mujer". Sí, eso es lo que ahí y no hay otra cosa. Vayan enterándose y no corran detrás de quimeras.  

miércoles, 15 de julio de 2020

Manginas glutenfree

Pasan los años, los siglos, incluso los milenios, y la humanidad va desarrollando las matemáticas y su subproducto consiguiente, la tecnología y, con ello, la sensación de que vamos alcanzando cotas próximas a la divinidad: el don de la ubicuidad, la omnisciencia, etc., pero nada más lejos de la realidad, solo tienes que pararte un rato a echar una ojeada a los clásicos para darte cuenta de que en lo esencial, es decir, lo que se lleva la parte del león de nuestras preocupaciones, no hemos avanzado un ápice. Nuestra condición animal sigue rigiendo nuestro destino. O, lo que es lo mismo, la tiranía de lo que tenemos entre las piernas. Olvídese esto y estaremos haciendo el imbécil... o sea, justo lo que, al parecer, es el ideario imperante en buena parte del mundo: utilizar la imbecilidad a modo de pantalla que oculta la propia condición de perdedor. Sí, métanselo en la cabeza, de perdedor, porque lo mismo el macho que la hembra que tiene que conformarse con cualquier cosa a la hora de aparearse, si es que se aparea, que esa es otra, alberga en el fondo de su alma el típico resentimiento del perdedor que solo se consuela haciendo el mal allí donde puede. Y, de ahí, que la humanidad no encuentre forma de salir del atolladero por más ingeniería social que se ensaye. 

Así todo, no hay que perder de vista que hay notables diferencias entre unos perdedores y otros. Diferencias que se sustancian en el mayor o menor grado de conciencia que se tenga de la propia condición de perdedor. Reconocerse en lo que se es es la primera treta del trato para acceder al sentido del humor, el único camino de liberación posible sin hacer daño al prójimo... o, incluso, beneficiándole, porque puede ayudarle a reconocerse en lo que realmente es. Sí, no otro es el poder liberador de la comedia: ayudar a reconocerse por medio del humor como en una especie de reacción en cadena. Por contra, la incapacidad para esa ascensión del espíritu que es el humor es la madre de todas las tragedias. Y no se esfuercen en ir más allá porque será en vano. 

Yo, la verdad, es que me descojono por no llorar cuando veo a todos esos manginas glutenfree yendo con mascarilla a las concentraciones de bolleras. Y de allí a un vegetariano. La verdad, si fuesen un poco consecuentes se harían extirpar esos colmillos que la naturaleza les puso en la boca para que pudiesen desgarrar la carne. Pero, claro, a falta de carne, los utilizan para perforar yugulares, la única actividad en la que son maestros. ¡Por dios bendito, qué gentuza! Si fuesen capaces de darse cuenta hasta que punto les desprecian las mujeres se pegarían un tiro. En fin, ya digo, tomémoslo con humor porque si no... 

martes, 14 de julio de 2020

Sincio de whopper

Estaba con lo de los baños de ola y si no corto por lo sano no lo cuento. ¡Por dios, qué agua más fría! ¿A quién le puede hacer bien eso? Sobre todo a estas edades. Solo ha sido necesario traspasar la cordillera y empezar a ver los campos en sazón de La Ojeda para empezar a sentir euforia. Palencia, tranquila y silenciosa. Y llana, por dios, cómo lo he echado en falta estos días. Desempaqué y me fui a Mercadona a repostar. Lo de para una semana por lo menos me ha importado 39,40 €. Bueno, quizá un día de estos me vaya al Burguer a zamparme una whopper porque es que ya tengo un sincio que no aguanto más. 

Por lo demás he comenzado a revisitar lo de Aristófanes. Lo compré, allá por los primeros ochenta del siglo pasado, cuando estaba en pleno sarampión griego. Es un libro de la editorial Porrúa, a doble columna. Está traducido y comentado por un tal Angel M. Garibay K., un mejicano que como el mismo dice traduce y comenta para mejicanos. Insiste mucho en que ha intentado por todos los medios suavizar la escabrosidad del texto original. Porque es que Aristófanes se las trae. Se le nota de lejos que está que no puede más del socratismo imperante. Algo así como la corrección política de hoy día. Todo lleno de manginas glutenfree. En fin, ya les iré contando. 

En otro orden de cosas, me han llegado noticias de que va a ser obligatorio usar mascarillas por la calle. Pues no saldré a la calle. También me he enterado de que Pablo Iglesias ha sufrido un descalabro electoral. Yo, desde luego, daba por descontado que iba a durar poco. Incluso, me ha maravillado que una cosa tan disparatada y sin sustancia haya podido durar tanto. Pero es que así son los tiempos que corren, disparatados y sin sustancia, como lo demuestra el hecho de que la chusma haya dejado de votar a Pablo Iglesias para votar a los nacionalistas. Aquí sí que viene como de molde aquello de ¿no querías caldo? ¡pues toma taza y media! La verdad, qué aburrido está esto. 

domingo, 12 de julio de 2020

Estampas biricianas

Estuvimos dando unas vueltas por el patio trasero de la ciudad, de la Biricia pallá, hasta Liencres, lugar antaño un tanto maldito por lo del sanatorio. ¡Jo, aquello sí que era pandemia! Y sin mascarillas ni leches. Nunca olvidaré las guardias que hice allí. Te trataban a cuerpo de rey. Pero bueno, ahora es el interland de cierta clase media y, sobre todo, por la cantidad de tatuajes lo digo, del upper level of de low class. Sería interesante hacer un estudio de campo sobre el nivel social y de estudios en relación con la propensión a tatuarse. Quizá hubiese sorpresas. Nunca se sabe. En cualquier caso no parece que aquello sea mal sitio para vivir. De hecho, una de las épocas más rutilantes de mi vida viví por allí, en Corbán. En cierto modo fui un pionero. 

Total que, cansados de pedalear por aquellos callejos, fuimos atraídos como las moscas a la miel por el inconfundible olor de las rabas. Nos sentamos en un lugar que llaman la Tucho. Tiene muy buena prensa, lo cual que es el camino inevitavle hacia el despeñadero. Las rabas eran una verdadera porquería y ni te digo la tarde que nos dieron. Claro, buena prensa es sinónimo de turistas que tragan con todo. Allí al lado teníamos a una colla de castellano-leoneses que se desgañitaban hablando de comida y viajes. ¡Dios, lo que llega a saber la gente de esas cosas! En cualquier caso con tal de que no hablen de política y enfermedades cualquier cosa sería aceptable dado el caso de que bajasen el volumen. En fin, no creo que volvamos por allí... ni ningún otro sitio porque, ¡madre mía, qué precios! Y que conste que no es porque no podamos, no, es porque me he tragado, como les dije, las conferencias de los profesores Rallo y Huerta de Soto y me han convencido de que ese tipo de consumo es la mayor imbecilidad que puedes hacer en la vida ya que es el camino directo a la esclavitud. Bueno. esto daría para un buen rato de lucubraciones. 

Por lo demás, tengo localidad de barrera para contemplar El Marcial. Escenas biricianas. El vaso en una mano, el cigarrillo en la otra y la mascarilla, el que la lleva, en bandolera. Es como si todos ellos hubiesen alcanzado la sabiduría de la justa dosificación que conduce a la exaltación de la amistad. Nunca les he visto llegar, desde luego, a la etapa de los cantos regionales. Se dirían vidas cumplidas todas ellas. No parecen necesitar más. Me pregunto si no será envidia lo que siento. 

Ha amanecido lluvioso, pero parece que va a despejar. En cualquier caso me vendría bien continuar con la terapia de los baños... por intentarlo no se pierde nada. 

sábado, 11 de julio de 2020

Los Persas

La tragedia Los Persas de Esquilo es un puro lamentarse de los perdedores por, según ellos, haber perdido el favor de los dioses. Apenas hay en todo el texto unas pocas frases sueltas aludiendo a la soberbia, falta de sensatez y experiencia de la juventud. No, eso es lo de menos. Lo de más es que los dioses te han vuelto la espalda. Y lo has perdido todo, tú y tu descendencia. Se acabó por siempre jamás el imperio persa. Hay que haber leído a Heródoto para saber lo que supuso aquello. Por cierto que no entiendo cómo puede ser que se lea tan poco a Heródoto porque si hay un autor ameno e instructivo ese es él. 

Los persas habían puesto toda la carne de que disponían en el asador de la Hélade. Someter a los griegos era la guinda que le faltaba a su pastel. Hay quien dice que la instigadora de la ambición había sido Atosa, hija de emperador, esposa de tres emperadores seguidos y madre del Jerjes, el emperador que todo lo perdió. Porque es que Atosa no quería esclavos que no fuesen griegos. De hecho un esclavo griego fue el que le extirpó, al parecer con éxito, el tumor que tenía en un pecho. Hay que señalar que Atosa, para conseguir ser la mujer de tres emperadores seguidos, tuvo que ser experta donde las hubiese en las artes de la cosmética. Creo recordar que Heródoto le dedica unos cuantos párrafos a este aspecto de "armas de mujer". Pero en fin, a lo que iba, que la ciega ambición de Jerjes se estrello contra la muralla de madera que había preconizado el oráculo de Delfos y que solo Temístocles había sabido interpretar. 

Siempre que he estado en aprietos me he acordado de aquella genial frase que soltó Temístocles cuando, encaramado en la muralla de madera, arengaba a los griegos en Salamina. "Mis queridos compatriotas, estaríamos perdidos si no hubiésemos estado perdidos". Y entonces comenzó una de las batallas que a decir de los entendidos fue una de las más decisivas de la historia. Porque, ¿cómo hubiera sido el mundo de haber ganado los persas? Una batalla en la que los griegos suplieron con creces su inferioridad numérica y de recursos con coraje y, sobre todo, inteligencia. Y Jerjes que contemplaba todo aquello desde un trono que se había hecho construir en un promontorio de la costa tuvo que salir por piernas en lo que fue la más vergonzosa retirada que se recuerda. El resto de sus tropas cayeron en Platea. Claro, por otra parte hay que tener en cuenta que todo el relato de aquellos acontecimientos que nos ha llegado viene de la parte ganadora... pero, sí, se debe adecuar bastante a la realidad porque a partir de entonces de los persas apenas se supo más. Por allí pasaron Alejandro y, siglos después, Juliano, como quien dice sin despeinarse. 

En fin, los perdedores, ya se sabre, sostenella y no enmendalla. Como le dice aquella niña que quería exhibir sus habilidades con el diábolo ante Fernando Rey en la película Viridiana: "porque se me ha caído, que si no..."  

viernes, 10 de julio de 2020

Sociedad civil

Ayer por la tarde fuimos a darnos un cole. María está convencida de que los baños de mar lo curan todo y yo, ya, lo que sea como terapia de último recurso para l´atrosis que me trae a mal traer. En fin, que llegamos allí y como era la pleamar aquello estaba que parecía el jardín de las delicias. Porque es que los políticos han puesto en las diversas entradas al recinto propiamente playero un panel informativo que mide los porcentajes admisibles para que las delicias no dejen de serlo por causa del perverso coronavirus. ¡Joer, la de motos que están vendiendo los avispados emprendedores a estos cotolénguicos políticos! Allí estaban unas niñas mirando el panel y comentando la jugada. Todavía va por la mitad, dijo una con total seguridad. ¡Leches!, me dije, otros tantos y habrá que ponerse unos encima de otros. O sea, mucho más divertido. 

Luego, en casa, di en caer sobre un vídeo bastante interesante. Por lo visto un grupo de científicos y profesionales de diversas disciplinas, alemanes y austriacos, han decidido montar una comisión extraparlamentaria para analizar lo del coronavirus. Todos ellos con unos curriculums de los de aquí te espero, que es que es lo que tiene no dedicarse a la política, que se sigue estudiando y aprendiendo. Y, sobre todo, conservando el sentido de la realidad propio de quien sabe distanciarse. Porque es que, decían, no nos tragamos este montaje. Aquí tiene que haber gato encerrado porque, si nos atenemos a las cifras, vemos que no son muy diferentes a las de cualquier año en el que la gripe arrecia. En fin, que pareciera que la sociedad civil, que le dicen, empieza a despertar. 

Por lo demás, El Marcial, como si no hubiese pasado, ni pasara, nada. Lo mismo que siempre. La media docena de habituales arremolinados a la puerta. Entran a repostar, salen, encienden un cigarrillo y retoman la conversación donde la dejaron. Parece gente feliz. El típico sabor de barrio, tesoro antiguo, que cantara el Gato Pérez. En definitiva, el populus llanus inmune a las políticas del terror coronavírico implementadas por los cotolénguicos. En fin, cosas curiosas que se ven por ahí. Por ejemplo, en el Barrio Pesquero, alguien consideró oportuno poner en una pared  unas de esas imágenes hechas a plantilla del Che Guevara y, ¡oh, sacrilegio!, alguien vino por detrás, las emborronó y puso debajo: No queremos nazis en el barrio. Ya digo, la sociedad civil empieza a despertar. 

miércoles, 8 de julio de 2020

Sostiene Elon

Escuchando una entrevista que le hacen a Elon Musk me doy cuenta de que la clave de todo lo que está pasando en este occidente pachucho la dio el Fari con su rigurosa descripción del hombre blandengue. Sostiene Elon que de todas las características que necesita un ser humano para conseguir que su vida tenga algún sentido la más importante de todas es la resistencia al dolor. Sí, ese es el asunto primordial, educar a la gente para que resista el dolor, cosa que la pedagogía imperante considera la mayor de todas las aberraciones. Lo políticamente correcto ahora es que todo se consiga disfrutando, con mucha empatía por medio, ya saben como los perritos cuando mueven la cola. 

Porque es que la cosa tiene perendengues. Según me contaba el otro día Fede, que de estas cosas sabe por oficio, en la Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith quedan claras las diferencias entre la dichosa empatía y la olvidada simpatía. Está la razón por medio y por eso la una es propia de los animales y la otra de las personas. Le empatía es eso, mover la colita. La simpatía es identificarte con alguien porque puedes hablar de Adam Smith con él. ¿Se han enterado ya?

Pues sí, en esas estamos, y menos mal que el Fari no se levanta de su tumba, porque si lo hiciese no iba a poder resistir todo este movimiento de colitas que se ve por la calle. Todo el mundo empatizando porque sí y venga a recoger caquitas del suelo. Y al primer contratiempo, nene pupa y a llorar. ¡Por dios bendito, el abuelito empujando el cochecito del nieto! ¿A dónde vamos a llegar? ¿Es que alguno piensa que así se puede llegar a Marte? 

En fin, no sé, pero para mí que o empezamos a pegar tortas a los niños a la primera de cambio o esto se va a poner muy feo.   

Meneceo e Ifigenia

Ya lo habíamos visto cuando Los Siete contra Tebas. Entonces Tiresias había vaticinado que la única manera de que Polinices fracasara en su intento de derribar a su hermano Eteocles consistía en que Creonte, tío de ambos dos, sacrificase a los dioses a su hijo Meneceo. A Creonte, por supuesto, se le partió el corazón, pero nada tuvo que decidir porque antes de que se diese cuenta Meneceo ya  había subido a lo alto de la muralla y se había atravesado la garganta con su espada. El vaticinio de Tiresias era la verdad oficial y Meneceo era el primero en creer en ella; estaba convencido de que inmolarse a los dioses era su oportunidad de oro para alcanzar una gloria duradera. 

Les contaba ayer sobre los sucesos acaecidos en Áulide con motivo de otro vaticinio que condicionaba los vientos favorables para que la flota pudiese desplazarse hasta Ilión a que Agamenón sacrificase a su hija Ifigenia a la diosa Artemis. Ya les dije que Agamenón estaba desgarrado por dentro entre su amor paterno y la razón de estado. Porque, por supuesto, creía en en el vaticinio, pero prefería darse la vuelta a matar a su hija. Aquiles, que también estaba en el ajo, no parecía tan crédulo, al fin y al cabo había sido educado por Quirón, y estaba dispuesto a defender a Ifigenia a costa de su propia vida por puro quijotismo: tenía su ejercito de mirmidones totalmente a favor del sacrificio. Pero, llegada la hora de la verdad, ni uno ni otro, tuvieron que comprometer su liderazgo, porque Ifigenia resolvió por ellos: estaba convencida, como en su día lo estuviera Meneceo, de que inmolarse era su gran oportunidad de gloria eterna. No hubo, desde luego, que arrastrala hasta el altar en el que expuso su cuello a la espada de su padre.   

Meneceo e Ifigenia, dos ejemplos impagables de lo que supone la educación por parte del Estado. Es decir, el adoctrinamiento que hace inviable cualquier cuestionamiento de la verdad oficial. ¡Sí no sabremos en estos tiempos que corren lo que significa eso! Ahora, por supuesto, no se sube a la muralla ni se va por propio pie al altar a que te rebanen el cuello; ahora es mucho peor, porque el rebanamiento es a cámara lenta y con total fruición por parte del rebanado, el pobre, encadenado como está de cara a la pared de la caverna sin parar de ver las sombras que proyecta el estado benefactor. Verdades oficiales, que así es como se considera ahora a la superstición. Bueno, supongo que ahora y siempre.  

martes, 7 de julio de 2020

Monstruo terrible

Ifigenia en Áulide es una representación del poder omnímodo de la superstición. En esa tragedia se relatan hechos acaecidos hace tres mil años, pero, no se engañen, porque las cosas no han cambiado un ápice, porque como le dice Clitemestra a Aquiles: "La masa es, desde luego, un monstruo terrible." 

El asunto es más o menos el siguiente. Como ya les conté, los griegos se habían puesto de acuerdo para ir a Troya a hacerles pagar a los troyanos por el rapto de Helena. Todas las ciudades habían aportado barcos y tropas para la empresa. Se encontraban todos reunidos en Áulide, un puerto en la orilla oeste del mar Egeo, a la espera de que los vientos fuesen favorables para ponerse en marcha hacia la orilla noreste del citado mar que era donde estaba Troya. Pero el viento no acababa de llegar y el ambiente se iba poniendo tenso. Corría por el campamento el rumor de que la calma chicha imperante era a causa de la irritación que Artemis tenía con Agamenón por haber cazado éste unos cervatillos. Ya les dije que Artemis era bastante animalista. Total que, entonces como ahora, cuando se conjuga el rumor con el malestar lo mejor para calmar al monstruo terrible que es la masa es recurrir a los buenos oficios de los augures. Cualquier mente pensante sabe que es de todo punto imposible predecir el futuro, pero vete sacando el candil para buscar una de esas mentes, porque lo vas a necesitar. Y así fue que el augur de moda del momento, Tiresias, o Calcante, no sé cual de los dos porque no lo deja claro el autor, se sacó de la manga que hasta que no se hiciesen sacrificios para calmar a la diosa había que olvidarse de los vientos. Y el sacrificio, claro, tenía que correr a cargo de Agamenón que era el causante de la ira de la diosa. Pongamos que sacrificar a su hija Ifigenia. Sí, sí, sacrificios humanos, como los que nunca se han dejado de hacer para poder malconvivir con los dioses imperantes del momento. 

Agamenón, de entrada, acepta, porque también él, por muy rey que sea, no deja de ser un garrulo y por tal cree. Pero que acepte no quita para que se esté desgarrando por dentro. Hasta que no puede más y decide echarse atrás. Una hija es una hija. ¡Que se vayan al carajo Grecia y el honor de su hermano Menelao, el cornudo exmarido de Helena! Pero choca de lleno con el muro de la superstición: las tropas a su mando se creen a pies juntillas que sacrificando a Ifigenia se van a desencadenar los vientos propicios. Así es que si él no sacrifica a Ifigenia, las tropas le sacrificarán a él. ¡Tremenda contradicción, compañero!, que diría el castrista. 

Por cierto que he leído en algún sitio teorías más prosaicas acerca del remoloneo de las tropas para ponerse en marcha. Por ejemplo, que las mujeres griegas eran, como Helena, muy de irse con el que las viniese en gana, así que mejor no perderlas de vista. Y bueno, quizá, sacrificar a Ifigenia, era una buena manera de decir a esas mujeres un poco casquivanas que pusiesen sus barbas a remojar. En fin, vete tú a saber, porque, como digo, las verdaderas causas siempre se han solido encubrir bajo un manto mágico. Lo estamos viendo estos días en curso en los que millones de personas van por la calle con bozal convencidos de que así están protegidos contra el virus. ¡Sancta Simplicitas! ¡Pero si eso no es más que parte del atrezzo necesario para que la representación del miedo surja efecto! El miedo como suprema arma de dominación. 

En fin, masa, superstición y miedo, las tres patas del banco sobre el que se asienta el poder. Y nunca cambiará, así que ya me puedo morir tranquilo. 

lunes, 6 de julio de 2020

Los Pelaos

Siempre me quedará la duda de si es que todo esto está de un decadente que da asco o es que mi ancianidad me hace sentirlo así en un a modo de consuelo. Porque si hay un clásico entre los clásicos ese es escuchar a los viejos explayarse acerca de lo mal que está todo, sobre todo la juventud que es que si por los viejos fuese mañana mismo la ponían a toda ella, sin distinción de género, a hacer la mili. Porque sí, muchos han, o hemos, necesitado llegar a la vejez para darnos cuentas de que quizá el mayor error político de la contemporaneidad haya sido suprimir la mili obligatoria. Y no digo yo que al joven que cumple con sus obligaciones académicas la mili le fuera a aportar gran cosa, pero a los que, por lo que sea, no cumplen con ellas la disciplina inherente a la mili podría ser un gran paliativo a efectos de desenchusmatización del fracasado escolar.

El caso es que andaba ayer por lo de YouTube y ahí que veo sobre la carátula de un vídeo la palabra chusma. Este no me lo pierdo, me dije. Lo abrí y se trataba de un señor que en mangas de camisa y sobre un estrado levantado al efecto trataba de dirigirse a una concurrencia de gente aseada. Y digo que trataba porque unos metros más allá había un grupo con pinta mohicana que con sus gritos impedían todo entendimiento. Entonces el del estrado, elevando el volumen de su voz, consiguió que se entendiese que aquella chusma no le daba miedo y que, si nosotros hiciésemos lo mismo que ellos, se iban a enterar de lo que vale un peine. Me encantó escuchar aquello y si yo fuese de los que van a votar desde luego que no dudaría un instante en dar mi voto al señor del estrado. Porque soy de los firmemente convencidos de que los problemas del mundo siempre comienzan por la tergiversación del lenguaje. Y por lo mismo pienso que su solución no puede empezar de otra manera que llamando a las cosas por su nombre. A la chusma hay que llamarla chusma. Es lo que es y es fundamental que se entere de ello.  

Así es que, si por mí fuese, lo primero que haría sería mandar a alguien desideologizado, si es que eso existe, a estudiar la composición sociológica, que le dicen, de esa chusma que impide hablar a los que se dirigen a un auditorio de aseados. Sobre todo me interesaría saber cual es su nivel académico promedio. Porque tal dato nadie nos lo da nunca. Y yo, por la experiencia vivida, mucho me temo que sea precisamente en la demoledora realidad de ese dato donde resida toda la madre del cordero. Porque, no se engañen, la envidia y su subsiguiente rencor pueden tener muchos motores, pero me apostaría lo que fuese a que ninguno es tan potente como el fracaso escolar. Porque ese fracaso es la prueba del nueve de que eres un pelao, cosa que, una vez tengas conciencia de ello, ya no te queda otro camino en la vida que el de la venganza: si yo no he podido que ellos tampoco puedan. Y eso es todo.

Pero van dados, porque los aseados aguantan hasta cierto límite. A partir de ahí, mandan a los pelaos a hacer la mili. Y se renueva el ciclo virtuoso.    


domingo, 5 de julio de 2020

Troya

Tengo un vago recuerdo de haber escuchado en casa, cuando niño, aquí se va a armar Troya. Es probable que lo dijese mi padre ya que el suyo era licenciado en letras. En lenguas semíticas, me dijo una vez, aunque mi padre raramente hablaba del suyo y, si lo hacía, era más que nada para remarcar lo buen jugador de chamelo que era. Por lo visto había sido varias veces campeón de tal modalidad de juego en Haro, en donde, también, había fundado con unos amigos, licenciados a su vez, un instituto de enseñanza media que precisamente ubicaron en los bajos de la casa familiar. Por lo visto, habían alquilado todas sus viñas a los de Lopez Heredia y, por tanto, ya no necesitaban aquellos bajos para guardar aperos de labranza. En fin, recuerdos vagos, en cualquier caso.

De todas formas, es curioso, porque continuamente se emplean expresiones con un claro significado, pero sin relacionarlas en absoluto con su origen. ¿Qué hubiera dicho mi padre si le hubiesen preguntado por Troya? No sé, porque nunca le vi con otros libros entre las manos que no fuesen de medicina. El Novoa Santos y así. El resto de su tiempo prefería gastarlo con tareas manuales. Reparar el coche que, como era muy viejo, daba mucho de sí. Por lo tanto, Troya, para él seguramente nada que no fuese alguna muy gorda que se había armado alguna vez en algún sitio. Y a eso quedó reducido el mito, como casi todos, por otra parte, porque vaya usted a preguntar por los cerros de Úbeda y a ver quién es el que sabe que demonios paso en ellos para que se les recuerde siempre que alguien se pone a divagar y se le va la olla.  

Sin embargo, pienso que no estaría mal que se enseñase en las escuelas, punto por punto, de qué va lo de Troya. Porque, seguramente, no hay pilar de nuestra cultura que se le pueda comparar. Allí pasó, o no pasó, lo que se cuenta, pero eso es lo de menos. Lo que importa es la enjundia que tiene lo que se cuenta que, puestos a analizarlo se puede convertir en el cuento de nunca acabar. La indispensable mezcla de lo racional con lo irracional. El tira más pelo de coño que carreta de bueyes o soga de marinero... el más viejo, duradero y potente, de todos los argumentos. Sí, porque Helena no era humana del todo. Los tíos, todo era verla y no poder sacársela de la cabeza. Y Paris, su raptor, tampoco debía ser cosa manca porque el mismo Zeus le había sentado a su mesa para que dirimiese quién era la que estaba más buena, si Hera, si Atenea, que era un poco nerd, o Afrodita. Naturalmente eligió a Afrodita, lo mismo que hubiese hecho cualquiera con dos dedos de frente. Por pura cuestión biológica de querer trasmitir a la propia descendencia los mejores genes posibles. 

En resumidas cuentas, Paris rapto a Helena y se la llevó a Troya donde su padre era rey. En mala hora, porque el marido burlado y toda su familia se lo tomaron fatal. Porque es que, además, ya para entonces Helena había dado mucho que hablar. Ya les dije que estaba tan buena que todo el que la veía perdía la cabeza, incluidos todos los reyes de la Hélade que al final tuvieron que hacer un pacto para no matarse entre ellos y, de paso, conjurarse para defender al marido que escogiese Helena entre todos ellos de cualquier ofensa de tipo cuernopático que pudiese recibir de quien quiera que fuese, porque es que Helena, al parecer, era de natural muy de irse con quien le apeteciese. En fin, que nada como los cuernos para pedir venganza. Y allí, a Ilión, que se fue toda la Hélade a ajustar cuentas. Y, ¡madre mía la que se armó! Algo así como las que suelen montar los clanes gitanos en semejantes tesituras, pero a lo grande. Y no solo es que se armase, o no, que vete tu a saber, que la madre de todo aquello es que fue la primera vez en la historia de la humanidad que un poeta se dedicó a cantar el asunto en un tono épico. Y, para colmo, le quedó niquelado. Así es que, cuando la humanidad aspira a tener conciencia de sí misma el mejor punto de apoyo que encuentra son los versos épicos que narran la conquista de Ilion, es decir, Troya. Y da mucha pena, la verdad, el precio que tuvieron que pagar todos los troyanos por el capricho satisfecho del hijo de su rey, pero, por otra parte, está el placer de la venganza que, por cierto, tampoco se va de rositas, porque a los dioses nunca les gustó que las ofensas se reparen con remedios desproporcionados. Y así fue, que a los reyes de la Hélade les fue bastante mal cuando regresaron a casa... ya saben, abandonas el lecho conyugal por mucho tiempo y cuando vuelves te lo encuentras ocupado... por un sobrino, como le pasó a Agamenón. En fin. 

De todas formas, en lo que a la Historia hace, una cosa es lo que se cuenta y otra los verdaderos motivos que actuaron como motor de los acontecimientos. No hay que olvidar que Troya estaba justo dominando el estrecho que hay entre el Mar Jónico y el Mar Negro. El Mar Negro que ya había sido explorado por los argonautas. Precisamente, dos hermanos de Helena, guapísimos también, habían participado en aquella expedición. Es lógico pensar que los griegos quisiesen dominar aquel paso para ampliar su imperio comercial fundando colonias a orillas del Mar Negro. Pero, bueno, todo esto no pasa de ser lucubraciones de tipo geoestratégico que no llevan a puerto. En fin.   


viernes, 3 de julio de 2020

Neoinquisición

Enciendo el ordenador, voy a YouTube y el primer vídeo que me encuentro es uno de Axel Kaiser explicando qué es la neoinquisición. Apenas dos minutos para dejar niquelado el concepto. Por lo visto ha escrito un libro sobre el asunto y anda por ahí promocionándolo. Me parece de perlas, porque todo lo que se haga al respecto siempre será poco. Desenmascarar a los enemigos de la libertad individual, la única libertad que, por cierto, existe, siempre será la tarea reina de entre todas las que pudiera llevar a cabo cualquiera que tenga el pensar como oficio. De hecho, dudo mucho que cualquier cosa que se aleje de ese objetivo sea pensar. Más bien, diría yo, se limitaría a creer. A tener fe. Y ya saben lo que dijo el clásico: a los hombres con fe, con la ayuda de Dios, no me los encuentro y, si Dios me falla, ya pongo yo todo lo que haya que poner de mi parte para salir corriendo. 

Pienso que no les mentiría si les dijese que el monotema de estos blogs que vengo fabricando desde hace tiempo no es otro que, precisamente, ese, denunciar a los hombre con fe. Me los he venido topando, como cualquiera supongo, a todo lo largo de mi vida. Y quizá, mi diferencia con cualquiera haya sido una incoercible propensión a salir corriendo. Porque no soy de los ingenuos que piensan que hablando se entiende la gente. Con una persona que cree solo se puede entender otra persona que cree lo mismo que ella. Así que, ¡pies para qué os quiero!

Por edad, me toco vivir en un régimen de esos que le dicen dictatorial. Y apenas había alcanzado la edad en la que todo duele cuando empecé a sentir simpatía por todo lo que cuestionaba aquel régimen. Como es lógico en tales casos, me impregné de un cierto fanatismo que se retroalimentaba con las fuerzas que se le oponían. Todo de libro. Pero nada dura y aquel dolor se fue amortiguando con los sucesivos logros. Así del fanatismo pasé sin dificultad a una etapa de cinismo en la que me entusiasmaban todo tipo de chistes que ridiculizasen al poder en curso. Luego vino todo aquello de la transición y lo pasábamos tan bien que todo servía para el convento. Nunca viví una etapa de semejante libertad; la impresión, entonces, era que no mandaba nadie. Hasta que, de pronto, me di cuenta de que había caído en una trampa: en el servicio hospitalario en el que trabajaba se había instalado una célula comunista. Gente con la que había tenido muy buena relación de pronto se me hicieron nauseabundos. Estaban todo el día reuniéndose para no explico qué que no fuese cotillear, porque entre todos ellos no hubiesen podido hacer la o con un canuto. Y ya saben lo que pasa con los tontos cuando se aperciben que la gente les empieza a tener miedo, que les entra un engreimiento que les vuelve, si no peligrosos, sí realmente insoportables. Bueno, aquellas circunstancias fueron para mí el empujón que necesitaba para salir por piernas. ¡No se hacen idea del alivio que sentí! 

Después, toda mi vida ha sido igual: huyendo siempre de las diversas inquisiciones. Las veo por todas las partes. Puede que sea un perfecto paranoico, pero, ¡ojo!, que detrás de la paranoia también puede haber un ver más allá, como de haber escapado de la caverna platónica. Sí, que ya saben que, a parte de los niños, solo los locos dicen la verdad. Y no hay otra verdad que se pueda comparar a la de que los pobres de espíritu, los del sermón de la montaña, tienden a organizarse para aniquilar a los que no gustan de sermones. Como dicen los catalanes: tots pleglats. Así, oliéndose el ojete unos a otros es como mejor se maquina para matar al disidente. 

En fin, siempre nos quedará Don Quijote para orientarnos entre tanto oscurantismo. 

jueves, 2 de julio de 2020

La Codorniz

"Sencillo es el relato de la verdad y no requiere además rebuscados comentarios. Porque los hechos mismos le dan oportunidad. En cambio el discurso injusto, al ser enfermizo de por sí, necesita de sabios medicamentos." 

En las tragedias de Eurípides se suelen pillar sentencias sobre el lenguaje que no tienen desperdicio. En la que les acabo de transcribir utiliza una metáfora, la de los sabios medicamentos, que por oficio, pillé a la primera. Porque, supongo, todos los oficios están contaminados por los sabios medicamentos con los que los incompetentes tratan de mantener el tipo. Desde luego, doy fe de que entre los médicos se usan y abusan hasta la saciedad. Pero es a la retórica a la que se refiere Eurípides. La retórica utilizada para revestir de dignidad a la mentira. Lo que llaman sofística. Aunque, para que todo el mundo lo entendiese se debiera llamar simple y llanamente política. Política democrática en concreto. Porque es que, saben, Eurípides no parecía creer mucho en la democracia. Como tantos otros intelectuales griegos que llegaron a la conclusión de que era un sistema que inevitablemente abocaba al gobierno de los peores. 

La verdad, todo el mundo lo sabe, es parca en palabras. Es más, prácticamente no las necesita. Se intuye, se ve a la primera. Lo que pasa es que las verdades a las que tenemos acceso no son muchas y su aceptación exige fortaleza de ánimo. Por poner un ejemplo, la responsabilidad individual. ¿Piensan ustedes que hubiese sido posible el proceso civilizatorio sin el recurso de la responsabilidad individual? Y, sin embargo, nunca hubo líderes más queridos a lo largo de la historia que los que trataron de enmascarar esa responsabilidad trasladándola al ámbito de lo colectivo. Y para ello necesitaron inventar millones de palabras que no querían decir nada, pero que sonaban armoniosas... el pueblo y todo eso. ¿Alguien me quiere decir que significa pueblo? Porque si lo que quieren decir  es chusma, entonces sí que lo entiendo. ¡Total, ya puestos!

Es curioso, porque escuchando las Analectas de Confucio me quedé con la copla de que pocas cosas molestaban más al maestro que la retórica. Estaba convencido de que solo servía para engañar. Fuera de la música, a la que adoraba, la mejor expresión de la verdad era para él el silencio. 

En resumidas cuentas, como siempre se dijo entre los adeptos a La Codorniz, donde no hay publicidad, resplandece la verdad. ¡Y luego dicen los necios que cuando lo de Franco no había cultura en España! 

miércoles, 1 de julio de 2020

Polinices y Eteocles

Polinices ha levantado un ejercito para recuperar lo que por derecho le pertenece. Ya saben que su hermano Eteocles ha roto el pacto firmado para repartir el poder con él. Así es que Polinices, aunque dirige el ejercito contra su propia ciudad, tiene su parte de razón. Eteocles, ninguna. Es su madre, Yocasta, la que está intentando hacer entrar en razón a los dos, pero ya le ha dicho Polinices: "¡Cuán terrible es el odio, madre, entre las personas de una misma familia! ¡Y qué difíciles de superar son tales rencillas!". Y siempre por lo mismo, por las maldita herencia. Es como si fuese mil veces más doloroso que te quiten lo que te ha caído del cielo que lo que has conseguido por méritos propios. Y siempre, según parece, lo recibido por herencia es menos de lo que crees merecer. Y de ahí el que haya tantas guerras entre hermanos. Así es que le dice Polinices a su madre Yocasta: "Aunque es sentencia desde antiguo muy celebrada, la repetiré: <<Las riquezas son lo más preciado para los hombres y lo que tiene mayor efectividad entre las cosas humanas.>> Por eso es por lo que yo vengo aquí conduciendo incontables lanzas. Un noble en la pobreza no es nada."

Ya digo, Eteocles, razón ninguna. Pero tiene algo mejor para un político, o un malvado, si mejor quieren: la retórica. Argumenta: "Si a todos les pareciera la misma cosa buena y sabia a la vez, no existiría entre los hombres la discordia de ambiguo lenguaje. Pero en realidad no hay nada idéntico ni ecuánime para los mortales, al margen de los nombres; de hecho no existe tal realidad." O sea que, ya ven, ¿quién va ser el tonto que se ponga a entrar en razones con un tipo de semejante labia? Sí, y que me perdonen los puros de corazón, los que gustan merendar panes y peces a orillas del Tiberiades, pero los Eteocles de este mundo no dejan otra salida que el empezar a tortas. Y cuanto antes se empiece antes se acaba. Lo único que tienes que asegurarte entonces es de que tienes a Chuck Norris de tu parte. 

En fin, sea como sea, lo realmente sorprendente es comprobar hasta que que punto la condición humana es animal. Da igual que en las tragedias griegas ya queden meridianamente explicadas las limitaciones que la razón tiene para sobreponerse a los sentimientos. Y que, después, miles, o millones, de sabios se hayan dedicado a meditar sobre esas limitaciones. Se podría decir que todo ello no ha servido para nada. Cada pocos años un nuevo Polinices se ve impelido a conducir sus huestes contra un nuevo Eteocles. Los dos olvidaron ya que su destino irremisible es perecer ambos en la contienda. Sí, la memoria, eso que se decía antaño que es la inteligencia de los burros... y hogaño simplemente se la ignora. ¡Por Dios, qué pérdida de tiempo dedicarse a cultivar esa potencia del alma! Y entonces van y, como para afianzarse en su cerrazón, te sueltan lo de lista de los Reyes Godos. ¡Pobrecillos! Qué poco saben de cómo se engrasan los engranajes neuronales.

Sí, el ser humano, dicen, es entre todos los animales el que más veces tropieza en la misma piedra. Ahí están los progenitores de toda época y lugar teniendo entre los principales motores de su esfuerzo la ilusión de dejar un sustancioso patrimonio a sus herederos. Es una irracionalidad total que entre otra cosas presupone la inutilidad de los descendientes para valerse por sí mismos. Claro, para qué van a esforzarse los hijos si su padre ya les aseguro el futuro. Y, efectivamente, ahí el padre acertó: sus hijos son unos inútiles que nunca tendrán bastante para satisfacer los vicios que cultivaron durante el tiempo que robaron al estudio. Y de ahí que los hijos se estorben entre sí y la cosa acabe en odios irreconciliables. Polinices y Eteocles. El mundo está lleno de ellos por despreciar la memoria.