Hoy es un día muy especial y no quiero líos, así que me voy a servir yo mismo: me haré una paja con el permiso de la Virgen María, de El País y el Partido Socialista Obrero Español, aunque, francamente, no sé qué demonios tienen que ver en todo esto los obreros, si es que queda alguien que por tal se considere.
Y una vez autoservido me voy a tomar una copa a la salud, o en recuerdo porque no sé si todavía viven, de Carl Djerassi, Luis Ernesto Miramontes y George Rosenkranz, el amigo, éste último, i suposse, de Guildenstern. Y es que si ha habido alguien que haya contribuido a alegrarnos la vida con sus inventos han sido estos tres preclaros bioquímicos. Gracias a ellos conseguimos liberarnos de la angustia que se iba cociendo a medida que nos aproximábamos al climax. ¿Niños sí, niños no? ¡No, por favor! Marcha atrás y degradación del encanto. ¡Tristes tiempos aquellos!
Por lo demás, todo esta moda del feminismo, disgregadora, por supuesto, como bien señala nuestro himno de la Alegría, hasta el más zote, aunque sea socialista, se puede dar cuenta de a quién beneficia en primera instancia: a las mafias que controlan la prostitución. De hecho ya he leído por ahí unos cuantos artículos en los que se hacía mención a la creciente tendencia entre los jóvenes de ahora de acabar sus farras en un prostíbulo. Como en los tiempos de sus abuelos. ¡Tristes tiempos estos!
Pues sí, señoras y señores, entre aquellos y estos tiempos tristes hubo unos felices, los de los sesentaiocheros, cuando de la mañana a la noche no parábamos de dar gracias a la ciencia por habernos liberado de la peligrosa maniobra del apeamiento en marcha. Pero, claro, no es lo mismo haber visto nacer el remedio que haber nacido con el remedio take for granted, o sea, como si fuese lo más natural por venir de la noche de los tiempos. El ser humano es así, y cuando viene regalado al mundo sólo encuentra consuelo inventándose milongas que le enfrenten consigo mismo. Cosas, en definitiva, que están en la hélice constitutiva, así que ¡buenas ganas!
ya sabes Pedror,para las pajillas,nada mejor que un cursillo...
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