miércoles, 7 de marzo de 2018

Edad Dorada

Ayer, con motivo de recordar a las víctimas de la barbarie que habita entre nosotros se celebró un acto laico en el Auditorio Nacional con asistencia de altos representantes de las instituciones del Estado. Por supuesto, fue retransmitido y lo pudimos ver todos los que así lo quisimos. Un acto realmente emotivo con la Novena Sinfonía de Beethoven como eje vertebrador. En cualquier caso, ¡cómo hemos evolucionado en el mejor de los sentidos! ¿Se imaginan hace cuatro días como quien dice, a los curas, guardianes por antonomasia de esa barbarie que repudiamos, oficiando de exorcistas ante un público borreguil? No, desde luego, ya les hemos desenmascarado y arrumbado en sus siniestras sacristías donde siguen, bien es verdad, desplumando a las viejecitas ricachonas. Son sus estertores. 

No es que vaya a dármelas de entendido, pero para mí que a la música le faltó esa vivacidad que me parece captar cuando la interpreta una orquesta centroeuropea. Pero eso es lo de menos, porque lo importante del acto fue su significado liberador encarnado, a la postre, en la letra que cantó el coro en los postreros compases. Nunca me había fijado en esa letra, del poeta Schiller por cierto, que se ha convertido en el himno de la Comunidad Europea. Evidentemente tiene miga para dar y tomar.

 ¡Alegría, hermoso destello de los dioses,
 hija del Elíseo!
 ¡Ebrios de entusiasmo entramos,
 diosa celestial, en tu santuario!
 Tu hechizo une de nuevo
 lo que la acerba costumbre había separado;
 todos los hombres vuelven a ser hermanos
 allí donde tu suave ala se posa.

Me llamó mucho la atención que los subtítulos que aparecieron en pantalla tradujesen lo de acerba costumbre por moda. Lo que la moda había separado, insistía una otra vez el estribillo. ¿Para pensar, no? Las dichosas modas que dan identidad a los borregos. Lo mismo para dejarse barba que para pegar tiros en la nuca. Si lo hacen "todos", porque para las identidades colectivas "todos" es la palabra fetiche, no me puedo estar equivocando. Y los que quedan fuera no existen, luego se les puede matar. En eso consisten todas las modas, en fanatizar al individuo para luego exprimirle antes de tirarle a la basura.  

Y en esas estamos, en fin, en la lucha de cada día por no dejarnos aborregar para ser luego exprimidos. Y, al respecto, nadie puede hacer nada por nosotros. Estamos sólos ante el mundo con nuestro quijotismo por toda arma... y, ¡oye!, que no fue poco lo que consiguió Don Quijote: se extinguirán todos los mitos y ahí quedará él como la encarnación de los valores del modernidad absoluta que son, por otra parte, los de aquella Edad Dorada en la que cada individuo era un Dios.

4 comentarios:

  1. ya lo decía Umberto Eco,lo peor deInternet ,es,entre otras Muchas Cosas,el que cada idiota puede escribir lo que le dá la gana .Lo que Antes se comentaba entre cerveza y y cerveza,entre Calisay cientos treses ,ahors lo tienes delante de los morros todos los días.Y si no sigues la corriente eres un machista asqueroso,fascista,o anti me too,y es que hoy día,ser masculino ,individual,es peor que leproso en la Edad Media

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  2. Por cierto Nacho, como ves tú esa traducción:"Was die Mode streng geteilt;" por "lo que la acerba costumbre había separado". Qué queda más correcto, acerba costumbre o moda.

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    1. complicado..cuando Schiller escribe esto aún estaba en lo del Sturm und Drang"(lo he vistso en Google) y parece ser que se refiere a la moda " desde el siglo 18 ,en la que según ellos los seres humanos estaban más o menos alienados..pero ya te digo,la frase en alemán y espanol tiene su miga.Imagino que es una frase contextual para la época ,dificil de entender para nosotros

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  3. el ser humano, en cualquier caso, cambia poco con el tiempo. La modas siempre han apuntalado a los débiles. Sobre todo a los adolescentes que son la debilidad por antonomasia. Y lo que pasa, como moda es muchos haciendo lo mismo, y muchos, en lo que sea, siempre es un jodido incordio, pues ya la tenemos montada.

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