Viví varios años en la calle Bordadores, justo enfrente de donde vivió y murió Unamuno. Allí mismo, en una placita entre su casa y la mía y el convento de las Úrsulas hay una estatua del filósofo, creo que del escultor Serrano, en la que se percibe su espíritu de tiraó palante, como se dice. Yo conocía de antiguo sus novelas y salvo la del cura bueno que no creía en Dios no recuerdo gran cosa de ellas. Pero durante esos años salmantinos leí, diría que con fruición, sus textos filosóficos. Estoy seguro que me dejaron poso. Como las obras de Ortega o la Zambrano. Tres gigantes para mí que no paso de aficionado en estas lides del pensar, como en todas las demás por otra parte.
Sea como sea, el caso es que en aquellos años salmantinos conocí a un Severiano, aragonés él, que ejercía de bibliotecario en la Universidad, USAL como dicen hoy, y por cuya boca tuve los primeros conocimientos de lo que se avecinaba con todo esto del internet. Te puedo sacar al instante el artículo que quieras de cualquier universidad americana, me decía. Y yo alucinaba en colores. Solía venir por casa y era difícil echarle porque con dos copas tenía conversación para tumbar incluso a una legión de salmantinos, lo que ya es decir. Bueno, no sé si habrá sido este mismo Severiano el que ha armado tanto revuelo con una biografía de Unamuno en la que se carga el mito de la pelea dialectica con Millán Astray en el Paraninfo de la USAL. Si no ha sido él, habría que decir que la USAL tiene querencia por los bibliotecarios de nombre Severiano.
La citada pelea se hizo famosa por medio de aquel libro, también mítico, La Guerra Civil Española del autor inglés Hugh Thomas. Era lo más de lo más y había que comprarlo, ya fuera de tapadillo, o mucho más divertido, aprovechando un viaje a Biarritz para ver El tango en París. Y allí, en un párrafo glorioso venía transcrito el famoso discurso que todos los progrés nos apresurábamos a aprender de memoria para soltarlo a la primera de cambio y quedar como los ángeles. Nos parecía que en esas palabras contundentes se sustanciaba la ansiada derrota definitiva de los detestados vencedores. Y, ahora, ¡vaya por dios!, Severiano mediante, nos enteramos de que el prestigioso hispanista inglés no era tan meticuloso en la comprobación de sus fuentes como habíamos dado por dogma. En el caso del discurso se había limitado a copiar un artículo de propaganda firmado por un periodista exiliado por derrotado. Un fraude en definitiva como tantos otros que nos venimos tragando a lo largo de la vida por nuestra necesidad innata de sentirnos siempre del lado de los buenos de cada momento. De la moda, para ser exactos.
Es muy duro todo esto, y más cuando un galardonado director de cine, y por lo visto progre él, está haciendo una película en la que se relatan los hechos de marras. A ver qué hace ahora. ¿Va a tirar con el fraude palante confiado en el apoyo incondicional de las huestes socialdemócratas? Porque con todo el dinero invertido ya va a resultar complicado el dar marcha atrás. Y no por nada sino porque retirado ese hecho puntual, y al parecer falso, de la vida del finado, lo demás que se puede decir de él será siempre de lo más antisocialdemócrata que se pueda concebir. Unamuno era un genuino representante de lo que la progresía califica como liberalismo salvaje. Confiaba en el individuo y detestaba a los hotentotes que era su forma de decir chusma... siempre tocando el tantán añadía, cosa que hoy día le hubiera valido más de un disgusto por racista.
En fin, otra derrota en ciernes de los perdedores y ya van... pero siguen insistiendo.
jueves, 31 de mayo de 2018
miércoles, 30 de mayo de 2018
Carandeleando
Se ha formado en España ahora una especie de legión de exaltadores de lo propio capitaneada por la valiente y muy formada María Elvira Roca Barea. Bien está que así sea porque la incesante lluvia de majaderías que nos está cayendo encima afecta de forma muy negativa a la autoestima colectiva si es que eso realmente existe que no sé. Todos esos jóvenes semifracasados que trasnochan en los bares de copas para consolarse dándose la razón unos a otros sobre su mala suerte. ¡Porque hemos nacido en un país de genocidas que si no...! Como aquella niña de la película Viridiana que intentaba jugar al diábolo y siempre se le caía: porque se me ha caído que si no... le decía resabida y falsaria a Fernando Rey.
Pero al margen de esa labor de ilustración necesaria, lo que sería absurdo es no reconocer que España necesita un repaso, pero de los de a fondo. No tienen más que ver esa fotografía que les muestro: unos bárbaros de pueblo saltando sobre unos bebés y los imbéciles venidos de la capital con cámara en ristre para inmortalizar la hazaña. ¡Por dios bendito, que lo dejen ya los unos y los otros! Todavía con el prestigio inmarcesible de lo pintoresco. ¿A dónde vamos así? Con nuestras cositas, que les comentaba el otro día.
España necesita, a mi juicio, no uno sino muchos carandeles que la pongan ante el espejo. Todo ese casticismo, tantas veces repulsivo, con el que se trata de activar la industria turística. ¡Ya está bien, poneros a estudiar cacho cretinos! Los castizos y los turistas, tales para cuales en su concepción equivocada de la agonía. Hasta el más tonto, decía el otro día un entrevistado, ha estado cinco veces en la Polinesia. Si al menos les hubiese pasado como a Marlon Brando en Rebelión a Bordo nos los hubiésemos quitado de encima y el mundo hubiera mejorado.
Para mí que todos nuestros males vienen de lo que nos costó subirnos al tren de las matemáticas. Estuvimos dos siglos o así negando la mayor: que sin matemáticas no se pueden construir pantanos y sin pantanos no hay progreso posible en un país de secano. Y así es que venimos arrastrando no ya esa carencia que afortunadamente está bastante resuelta sino las consecuencias de la mentalidad que se creó en los siglos de sequía: venga a sacar el santo en procesión y de la procesión al bar.
La verdad, me importa un rábano todo eso que dicen que pasa con la política profesional. ¿A quién le puede extrañar que sea un asco si no es más que un destilado de esa gente que salta sobre bebés y esos fotógrafos de lo pintoresco? En fin, paciencia y barajar porque la cosa va de mentalidades y ya se sabe que las mentalidades se mueven a menos velocidad que los continentes. Pero se mueven que es lo que importa.
martes, 29 de mayo de 2018
Provectos
En el somero vistazo que echo a la prensa digital, a la de papel ni la huelo, me quedo con un titular: "Juanjo Artero: los partidos son agencias de colocación para incompetentes". Por lo visto el tal Juanjo es un actor de cierto renombre, lo cual sirve para que trascienda lo que piensa que no es otra cosa que lo que pensamos cientos, miles, y acaso millones, de mindundis que estamos atrapados en la irrelevancia y, sobre todo, el desistimiento. ¡Qué les den!
Ahora bien, sería de gran utilidad dejar a un lado los eufemismos e ir por lo directo: decir agencia de colocación para incompetentes es usar demasiadas palabras para lo que se puede decir con sólo una mucho más expresiva y verídica: mafia. Desde que tengo uso de razón vengo viendo como los incompetentes se apuntan a las mafias para resolver sus vidas mucho más allá de lo meramente crematístico. Supongo que tiene que haber algo puramente biológico en esa propensión. Instinto de supervivencia, conservación de la especie, ese tipo de cosas.
Claro que ¿quiénes son los incompetentes? ¿Acaso no lo soy yo? ¿O es que no estuve en su momento apuntado a algunas mafillas que me facilitaron, y mucho, las cosas de comer? Así que, una vez más, todo es cuestión de grados y, como dijo aquel, que tire la primera piedra, etc.. Por lo tanto, como se suele decir, seamos serios: aquí, por la propia naturaleza de las cosas, o por la descarnada biología si mejor quieren, todos tenemos una innata tendencia a asociarnos para delinquir so capa de filantropía y milongas por el estilo. Y en eso consiste la gracia, en saber disimular para que lo que es aprovechamiento fraudulento parezca vocación de servicio, entrega a la causa o, ya, llevado a extremos delirantes, santidad.
En fin, qué aburrido es todo esto de los comportamientos humanos. ¡Es todo tan previsible! Menos que mal que nos queda el fatigoso e infinito camino del aprendizaje de las diversas ciencias porque, si no, a quoi bon seguir viviendo con todos los gastos de mantenimiento que conlleva la condición provecta.
Ahora bien, sería de gran utilidad dejar a un lado los eufemismos e ir por lo directo: decir agencia de colocación para incompetentes es usar demasiadas palabras para lo que se puede decir con sólo una mucho más expresiva y verídica: mafia. Desde que tengo uso de razón vengo viendo como los incompetentes se apuntan a las mafias para resolver sus vidas mucho más allá de lo meramente crematístico. Supongo que tiene que haber algo puramente biológico en esa propensión. Instinto de supervivencia, conservación de la especie, ese tipo de cosas.
Claro que ¿quiénes son los incompetentes? ¿Acaso no lo soy yo? ¿O es que no estuve en su momento apuntado a algunas mafillas que me facilitaron, y mucho, las cosas de comer? Así que, una vez más, todo es cuestión de grados y, como dijo aquel, que tire la primera piedra, etc.. Por lo tanto, como se suele decir, seamos serios: aquí, por la propia naturaleza de las cosas, o por la descarnada biología si mejor quieren, todos tenemos una innata tendencia a asociarnos para delinquir so capa de filantropía y milongas por el estilo. Y en eso consiste la gracia, en saber disimular para que lo que es aprovechamiento fraudulento parezca vocación de servicio, entrega a la causa o, ya, llevado a extremos delirantes, santidad.
En fin, qué aburrido es todo esto de los comportamientos humanos. ¡Es todo tan previsible! Menos que mal que nos queda el fatigoso e infinito camino del aprendizaje de las diversas ciencias porque, si no, a quoi bon seguir viviendo con todos los gastos de mantenimiento que conlleva la condición provecta.
lunes, 28 de mayo de 2018
Orgullo y cositas
Me han mandado un vídeo en el que un cantante andaluz de copla -perdón por el pleonasmo- muestra toda su gracia e ingenio con un canción que se titula "Soy español". Normalmente todos esos vídeos los borro sobre la marcha, pero éste, por lo que fuere, me paré a verlo. Y utomáticamente me vino a las mientes aquel chiste, no sé si de Chumy Chúmez, en el que un tipo decía: "zoy españó, cazi na". Y otro tipo que andaba por allí y le oyó, dijo para sí: "no sé como se atreve a decir una verdad tan grande".
En definitiva, que mi impresión es que vamos para atrás, hacia los valores más primarios de la especie, entre los cuales destacaría ese tan difundido entre la chusma de everywere que consiste en sentirse orgulloso por cosas que al ser producto de la mera casualidad no albergan el menor mérito. El citado cantante reitera en el estribillo que esta orgullosísimo de ser español y, por si fuera poco, que sus cositas, supongo que se refiere a sus costumbres, que no se las toquen. Y, entonces, ya tenemos ahí el cóctel perfecto para emborrachar de zoquetería al personal. Orgullo y cositas.
Me deprime todo esto. Y si no fuese porque leo los artículos de Berta González de la Vega creo que me suicidaría. Porque yo no quiero volver a aquella España cojoneril de "con una vara de mimbre va a Sevilla a ver los toros". Gracias a Berta sé que existe ESTALMAT, una asociación para el estímulo del talento matemático. Y tengo la convicción de que cosas, no cositas, así son la esencia de la España actual. Es el pacto que una parte de la sociedad ha firmado con Apolo para hacer frente al imperio dionisiaco de las "cositas". En fin, las costumbres, o tradiciones, o cositas, más honor en abandonarlas que en conservarlas, Hamlet dixit. Por lo demás, señores, métanse ese orgullo tan suyo por donde les quepa.
En definitiva, que mi impresión es que vamos para atrás, hacia los valores más primarios de la especie, entre los cuales destacaría ese tan difundido entre la chusma de everywere que consiste en sentirse orgulloso por cosas que al ser producto de la mera casualidad no albergan el menor mérito. El citado cantante reitera en el estribillo que esta orgullosísimo de ser español y, por si fuera poco, que sus cositas, supongo que se refiere a sus costumbres, que no se las toquen. Y, entonces, ya tenemos ahí el cóctel perfecto para emborrachar de zoquetería al personal. Orgullo y cositas.
Me deprime todo esto. Y si no fuese porque leo los artículos de Berta González de la Vega creo que me suicidaría. Porque yo no quiero volver a aquella España cojoneril de "con una vara de mimbre va a Sevilla a ver los toros". Gracias a Berta sé que existe ESTALMAT, una asociación para el estímulo del talento matemático. Y tengo la convicción de que cosas, no cositas, así son la esencia de la España actual. Es el pacto que una parte de la sociedad ha firmado con Apolo para hacer frente al imperio dionisiaco de las "cositas". En fin, las costumbres, o tradiciones, o cositas, más honor en abandonarlas que en conservarlas, Hamlet dixit. Por lo demás, señores, métanse ese orgullo tan suyo por donde les quepa.
domingo, 27 de mayo de 2018
Miscelánea campesina
Era difícil pasear por las aceras anoche. Había grupos de gente arremolinada a la puerta de los bares. O sea, cada diez metros un grupo. Porque diez metros es más a menos la media de distancia entre un bar y otro por toda la ciudad. Y todos estaban con el cigarrillo en ristre y mirando embelesados quelque chose que pasaba dentro del bar. Muchos se hacían acompañar de su perro pa que no fartase de na. Ya entraba por el portal cuando oí la voz lejana de un poseso gritando ¡goooooooool! El furbo, pensé. Nada grave.
Esta mañana, cuando iniciaba mi cabalgada hacia Becerril, serían las diez, vi una mujer paseando con la sola compañía de sus pensamientos. ¡Por Dios, qué osadía, sin perro! Se empieza por estas cosas y a saber cómo se acaba. Afortunadamente era una rara excepción. El cien por cien de la restante gente que vi paseando la calle cumplía fielmente con el precepto de latría perruna. Así que nada que temer: esa parte del PIB, nada despreciable por cierto, está perfectamente a salvo. Sensibilidad obliga.
Bueno, en Becerril, en la terraza de La Behetría, nos hemos tomado un café con leche y un pincho de tortilla de patatas. Quien conozca esa plaza, ese bar y la tortilla que en él hacen comprenderán que hallamos pasado un rato creyendo estar en el paraíso... hasta que han empezado a sonar las putas campanas de la iglesia de Santa Eugenia y nos hemos tenido que largar. Bueno, digo campanas y digo mal. Lo que suena ahora en la mayoría de las iglesias es un altavoz simulando campanadas. Y lo hacen con una rabia feroz, como cagándose en la puta madre de los feligreses que prefieren la tortilla de La Behetría a las hostias que reparte el cura en Santa Eugenia.
Por lo demás, la Nava rebosa de agua por todas partes y las cosechas están reventonas a más no poder. Sería una lástima que siguiese lloviendo y se lo llevase todo por delante. Pero así de inquietante es la agricultura: siempre en el filo de la navaja. No me extraña nada que los agricultores hayan llegado a tales cotas de excelencia en el arte de la queja. Entre el clima, los sindicatos y la normativa comunitaria, están que se salen. Eso sí, de los mercedes y BMWs que tienen aparcados a la puerta de sus casas no dicen nada. Como si eso fuese lo más natural.
Esta mañana, cuando iniciaba mi cabalgada hacia Becerril, serían las diez, vi una mujer paseando con la sola compañía de sus pensamientos. ¡Por Dios, qué osadía, sin perro! Se empieza por estas cosas y a saber cómo se acaba. Afortunadamente era una rara excepción. El cien por cien de la restante gente que vi paseando la calle cumplía fielmente con el precepto de latría perruna. Así que nada que temer: esa parte del PIB, nada despreciable por cierto, está perfectamente a salvo. Sensibilidad obliga.
Bueno, en Becerril, en la terraza de La Behetría, nos hemos tomado un café con leche y un pincho de tortilla de patatas. Quien conozca esa plaza, ese bar y la tortilla que en él hacen comprenderán que hallamos pasado un rato creyendo estar en el paraíso... hasta que han empezado a sonar las putas campanas de la iglesia de Santa Eugenia y nos hemos tenido que largar. Bueno, digo campanas y digo mal. Lo que suena ahora en la mayoría de las iglesias es un altavoz simulando campanadas. Y lo hacen con una rabia feroz, como cagándose en la puta madre de los feligreses que prefieren la tortilla de La Behetría a las hostias que reparte el cura en Santa Eugenia.
Por lo demás, la Nava rebosa de agua por todas partes y las cosechas están reventonas a más no poder. Sería una lástima que siguiese lloviendo y se lo llevase todo por delante. Pero así de inquietante es la agricultura: siempre en el filo de la navaja. No me extraña nada que los agricultores hayan llegado a tales cotas de excelencia en el arte de la queja. Entre el clima, los sindicatos y la normativa comunitaria, están que se salen. Eso sí, de los mercedes y BMWs que tienen aparcados a la puerta de sus casas no dicen nada. Como si eso fuese lo más natural.
sábado, 26 de mayo de 2018
Fascinación china
No sigo mucho, por no decir nada, por razones obvias, las televisiones españolas. Por fortuna, mi diletantismo de petit me ha llevado a tener un cierto conocimiento de las lenguas francesa e inglesa, insuficiente, desde luego, para les mettre en oeuvre en las cosas prácticas de la vida, pero sí apropiado para hacerme una idea de lo que dicen las televisiones que emiten en esos idiomas. Y bueno, una cosa les puedo decir con toda seguridad, al margen del ruido de cotorras, o porteras, que rellena el tiempo sobrante, lo verdaderamente sustancial de su programación está todo relacionado con la fascinación china. Me recuerda mucho a cuando, siendo muy jóvenes, nos lanzábamos mi hermano y yo sobre el Selecciones del Reader´s Digest que llegaba todas las semanas a casa enviado por los laboratorios Aristegui. Yo no recuerdo nada como esa revista que me haya servido tanto en esta vida para ponerme en contacto con el mundo real. De hecho, todo lo que hemos ido viviendo en España después nunca me ha pillado por sorpresa porque ya lo había leído en el Selecciones. Por cierto que la sección que más me enganchaba siempre era la dedicada al Self Made Man que venía traducido como "El hombre que se hizo a si mismo".
Pues sí, la fascinación por lo chino no es para menos. Uno ve un polígono industrial en una ciudad cualquiera de Etiopía y alucina. Cientos de miles de obreros fabricando de todo en naves meticulosamente urbanizadas à perte de vue por 30 € de salario al mes. Luego las autopistas, los trenes, los puertos, los aeropuertos, todo ultramoderno, para hacer circular las mercancías. O una explotación agrícola de 150 000 hectéreas en mitad de la nada kazakistaní, al borde de una de las líneas férreas que han construido por el centro de Asia, que saca millones de toneladas de grano y carne con el solo concurso de media docena de técnicos chinos. Por no hablar de lo de dentro de las fronteras. La obra pública deja a todo lo conocido hasta ahora en juego de niños. Y no hay tecla que no toquen. Santillanas del Mar, por ejemplo, los tienen para dar y tomar, pero mil veces mayores. Fútbol, esperen y verán lo que es bueno. Lo que sea, en fin, y de un día para otro porque los que dirigen el cotarro no tienen que dar explicaciones a nadie salvo a los libros de cuentas. Todos saben que al que se le va la mano lo paga luego con la vida, remedio que, como dijo el clásico, la experiencia tiene demostrado ser más efectivo que el perdón y la misericordia. De hecho todos los años liquidan a unos quinientos funcionarios por gurtelear, por decirlo a la española.
Pues sí, no les quepa duda, existe una fascinación abierta hacia los logros chinos y otra fascinación soterrada por los procedimientos para conseguirlo. El Emperador y su escuela de Mandarines: ese es el secreto a voces que, a mi juicio, está perturbando toda la vida en occidente. Eso de que un sindicalista analfabeto o poco menos sea quien vaya a decidir si los trenes se paran o circulan es algo que a la luz china parece cosa de extraterrestres. Por no hablar de los conflictos territoriales que, hablando en plata, lo único que hacen es retrotraer a las mentes a la Edad Media cuando lo del derecho de pernada. No, desde luego, el Emperador no está para mandangas sentimentales. Si hay un problema, nada de debates parlamentarios, se saca la regla de cálculo y se la hace funcionar. Que para eso está la Escuela de Mandarines, para adiestrar a los mejores en el manejo de la regla de cálculo.
En fin, se puede uno ir haciendo una idea de cómo va a acabar todo esto. Como va pasando en algunas ciudades con las cotorras, que un buen día alguien con mando en plaza decide que hay que exterminarlas porque hacen la vida difícil a la ciudadanía. Las cotorras, las palomas, los perros, los gatos, todos los animales que alimentan la sentimentalidad, pero no los estómagos, fuera. Lo ha dicho el Emperador. Y nadie lo discute.
Pues sí, la fascinación por lo chino no es para menos. Uno ve un polígono industrial en una ciudad cualquiera de Etiopía y alucina. Cientos de miles de obreros fabricando de todo en naves meticulosamente urbanizadas à perte de vue por 30 € de salario al mes. Luego las autopistas, los trenes, los puertos, los aeropuertos, todo ultramoderno, para hacer circular las mercancías. O una explotación agrícola de 150 000 hectéreas en mitad de la nada kazakistaní, al borde de una de las líneas férreas que han construido por el centro de Asia, que saca millones de toneladas de grano y carne con el solo concurso de media docena de técnicos chinos. Por no hablar de lo de dentro de las fronteras. La obra pública deja a todo lo conocido hasta ahora en juego de niños. Y no hay tecla que no toquen. Santillanas del Mar, por ejemplo, los tienen para dar y tomar, pero mil veces mayores. Fútbol, esperen y verán lo que es bueno. Lo que sea, en fin, y de un día para otro porque los que dirigen el cotarro no tienen que dar explicaciones a nadie salvo a los libros de cuentas. Todos saben que al que se le va la mano lo paga luego con la vida, remedio que, como dijo el clásico, la experiencia tiene demostrado ser más efectivo que el perdón y la misericordia. De hecho todos los años liquidan a unos quinientos funcionarios por gurtelear, por decirlo a la española.
Pues sí, no les quepa duda, existe una fascinación abierta hacia los logros chinos y otra fascinación soterrada por los procedimientos para conseguirlo. El Emperador y su escuela de Mandarines: ese es el secreto a voces que, a mi juicio, está perturbando toda la vida en occidente. Eso de que un sindicalista analfabeto o poco menos sea quien vaya a decidir si los trenes se paran o circulan es algo que a la luz china parece cosa de extraterrestres. Por no hablar de los conflictos territoriales que, hablando en plata, lo único que hacen es retrotraer a las mentes a la Edad Media cuando lo del derecho de pernada. No, desde luego, el Emperador no está para mandangas sentimentales. Si hay un problema, nada de debates parlamentarios, se saca la regla de cálculo y se la hace funcionar. Que para eso está la Escuela de Mandarines, para adiestrar a los mejores en el manejo de la regla de cálculo.
En fin, se puede uno ir haciendo una idea de cómo va a acabar todo esto. Como va pasando en algunas ciudades con las cotorras, que un buen día alguien con mando en plaza decide que hay que exterminarlas porque hacen la vida difícil a la ciudadanía. Las cotorras, las palomas, los perros, los gatos, todos los animales que alimentan la sentimentalidad, pero no los estómagos, fuera. Lo ha dicho el Emperador. Y nadie lo discute.
viernes, 25 de mayo de 2018
Puta vaguería
Unas cosas traen otras y las otras las de más allá y al final pasa lo que pasa y la tendencia general es decir "a mí que me registren".
De los periódicos:
"Eugenia Martínez de Irujo, rota de dolor tras una triste pérdida.
La Duquesa de Montoro ha expresado su dolor en la red social ante la muerte de su cerdo Bacon.
«Baconcito, mi niño nos ha dejado. Hoy es un día muy, muy triste para mí...», ha confesado la Duquesa de Montoro en su red social, demostrando que es una mujer de lo más sensible y que su pasión por los animales va más allá, heredada de su madre. El animal llevaba ya varios años enfermo de neumonía, como la propia Martínez de Irujo explicó en su momento."
Aparte de una sintaxis propia de iletrados, a mi juicio de especialista de la cosa es de todo punto imposible estar varios años enfermo de neumonía. Aunque visto desde otra perspectiva quizá sea la milonga que se inventó el veterinario para sacarle más cuartos a esa mujer "de lo más sensible" que como todos ustedes sabrán es la forma políticamente correcta de llamar a alguien oligofrénico. Su pasión por lo animales que "va más allá". O sea, exactamente igual que le pasaba a Hitler, el "de lo más sensible" por antonomasia que utilizó todo su poder en la persecución del ideal de transformar la lealtad humana en sumisión animal. Total, sólo hay un pasito, decía, y miles de millones le creyeron a pies juntillas por siempre jamás, como queda desmostrado meridianamente en esas declaraciones de la Duquesa de Montoro que no se si parten el corazón de tristeza o el culo de risa.
De todas formas, una cosa es la sensibilidad y otra el estómago. ¡A D. G.! Porque el caso es que leía ayer un informe sobre la industria cárnica en España en el que se afirmaba con datos en la mano que los españoles salimos a 18 animales terrestres por persona y año. Claro, si descontamos los veganos a lo mejor los bárbaros salimos a 19 ó 20 per cápita. Imagínense la hecatombe cotidiana, porque aunque algunos de esos animales sean pollos o gallinas, otros son vacas, cerdos y caballos. Pero en fin, pelillos a la mar, porque lo que cuenta es que el sindicato de la limpieza de Palencia ha dicho que no cuenten con ellos para quitar la mierda de perro de los parques. Y es que, ¿para qué quitarla si es precisamente la mierda de sus congéneres la que hace las delicias de los perros? Y por ende de sus dueños. Y por otra lado, ¿para qué quieren parques los humanos en habiendo tantos bares? No tiene punto de comparación el solaz que se obtiene en uno y otro lado.
Por lo demás, como decía la Zambrano, no hay sueño del que no se despierte ni ilusión de la que no se aterrice como puedas. ¡Y qué le vamos a hacer!, como decía para todo lo absurdo el gran Borges. El ser humano está hecho para tender hacia la sensibilidad que es algo que se adapta como un guante a ley del mínimo esfuerzo. Puta vaguería en definitiva.
De los periódicos:
"Eugenia Martínez de Irujo, rota de dolor tras una triste pérdida.
La Duquesa de Montoro ha expresado su dolor en la red social ante la muerte de su cerdo Bacon.
«Baconcito, mi niño nos ha dejado. Hoy es un día muy, muy triste para mí...», ha confesado la Duquesa de Montoro en su red social, demostrando que es una mujer de lo más sensible y que su pasión por los animales va más allá, heredada de su madre. El animal llevaba ya varios años enfermo de neumonía, como la propia Martínez de Irujo explicó en su momento."
Aparte de una sintaxis propia de iletrados, a mi juicio de especialista de la cosa es de todo punto imposible estar varios años enfermo de neumonía. Aunque visto desde otra perspectiva quizá sea la milonga que se inventó el veterinario para sacarle más cuartos a esa mujer "de lo más sensible" que como todos ustedes sabrán es la forma políticamente correcta de llamar a alguien oligofrénico. Su pasión por lo animales que "va más allá". O sea, exactamente igual que le pasaba a Hitler, el "de lo más sensible" por antonomasia que utilizó todo su poder en la persecución del ideal de transformar la lealtad humana en sumisión animal. Total, sólo hay un pasito, decía, y miles de millones le creyeron a pies juntillas por siempre jamás, como queda desmostrado meridianamente en esas declaraciones de la Duquesa de Montoro que no se si parten el corazón de tristeza o el culo de risa.
De todas formas, una cosa es la sensibilidad y otra el estómago. ¡A D. G.! Porque el caso es que leía ayer un informe sobre la industria cárnica en España en el que se afirmaba con datos en la mano que los españoles salimos a 18 animales terrestres por persona y año. Claro, si descontamos los veganos a lo mejor los bárbaros salimos a 19 ó 20 per cápita. Imagínense la hecatombe cotidiana, porque aunque algunos de esos animales sean pollos o gallinas, otros son vacas, cerdos y caballos. Pero en fin, pelillos a la mar, porque lo que cuenta es que el sindicato de la limpieza de Palencia ha dicho que no cuenten con ellos para quitar la mierda de perro de los parques. Y es que, ¿para qué quitarla si es precisamente la mierda de sus congéneres la que hace las delicias de los perros? Y por ende de sus dueños. Y por otra lado, ¿para qué quieren parques los humanos en habiendo tantos bares? No tiene punto de comparación el solaz que se obtiene en uno y otro lado.
Por lo demás, como decía la Zambrano, no hay sueño del que no se despierte ni ilusión de la que no se aterrice como puedas. ¡Y qué le vamos a hacer!, como decía para todo lo absurdo el gran Borges. El ser humano está hecho para tender hacia la sensibilidad que es algo que se adapta como un guante a ley del mínimo esfuerzo. Puta vaguería en definitiva.
jueves, 24 de mayo de 2018
Alegría
"Los filósofos que han especulado sobre la significación de la vida y sobre el destino del hombre no han notado lo suficiente que la naturaleza se ha tomado la molestia de informarnos sobre sí misma. Ella nos advierte por un signo preciso que nuestro destino está alcanzado. Ese signo es la alegría. Digo la alegría, no digo el placer. El placer no es más que un artificio imaginado por la naturaleza para obtener del ser viviente la conservación de la vida; no indica la dirección en la que es lanzada la vida. Pero la alegría anuncia siempre que la vida ha triunfado, que ha ganado terreno, que ha conseguido una victoria: toda gran alegría tiene un acento triunfal." (La conciencia y la vida, Bergson)
No es que yo haya leído a Bergson, ni mucho menos, pero como siempre ando diletanteando daquí payá pues, con motivo de querer tocar con la armónica el himno de nuestra Comunidad de Intereses me fui a youtube a informarme y, después de escucharlo, me puse a leer los comentarios y, entre la burricie habitual, encontré esta perla, que siempre las hay.
Bueno, el presidente Macrón empezó su mandato con una larga caminata que parecía que nunca se iba a acabar por la explanada del Louvre a los sones del Himno de la Alegría. Toda una declaración de principios, bastante revolucionarios por cierto. Frente al "¡Amor sagrado de la Patria, conduce y sostén nuestros brazos vengadores!" de La Marsellesa el "¡Alegría, hermoso destello de los dioses, hija del Elíseo! ¡Ebrios de entusiasmo entramos, diosa celestial, en tu santuario! Tu hechizo une de nuevo lo que la moda había separado; todos los hombres vuelven a ser hermanos allí donde tu suave ala se posa" del Himno de la Alegría. Un salto brutal, desde luego, el que va del placer efímero de la venganza a la ebriedad de la reconciliación cósmica.
No es que yo haya leído a Bergson, ni mucho menos, pero como siempre ando diletanteando daquí payá pues, con motivo de querer tocar con la armónica el himno de nuestra Comunidad de Intereses me fui a youtube a informarme y, después de escucharlo, me puse a leer los comentarios y, entre la burricie habitual, encontré esta perla, que siempre las hay.
Bueno, el presidente Macrón empezó su mandato con una larga caminata que parecía que nunca se iba a acabar por la explanada del Louvre a los sones del Himno de la Alegría. Toda una declaración de principios, bastante revolucionarios por cierto. Frente al "¡Amor sagrado de la Patria, conduce y sostén nuestros brazos vengadores!" de La Marsellesa el "¡Alegría, hermoso destello de los dioses, hija del Elíseo! ¡Ebrios de entusiasmo entramos, diosa celestial, en tu santuario! Tu hechizo une de nuevo lo que la moda había separado; todos los hombres vuelven a ser hermanos allí donde tu suave ala se posa" del Himno de la Alegría. Un salto brutal, desde luego, el que va del placer efímero de la venganza a la ebriedad de la reconciliación cósmica.
Y en esas se nos va la vida tras el placer efímero que proporcionan las modas que dividen a los hombres, perdón, y las mujeres. Luego, claro, de rebote el vacío, la tristeza y la amargura. Y la queja que no cesa. Y la víctima que busca recompensa, más placer efímero, en la venganza. En fin, no sé, porque esto de las emociones da mucho tajo a poetas y filósofos, pero a la hora de la verdad lo único que hay que saber es que hay que pasar como de la mierda de todo lo que no sea hambre y enfermedad. A partir de ahí la vida, un suspiro, es una fiesta.
martes, 22 de mayo de 2018
Cicuta
Hay días que sí y días que no. Me refiero a mi convencimiento sobre la actividad política del Presidente Rajoy. ¿Está acertando? ¿Se está equivocando? Bueno, si uno da alguna credibilidad a los artículos de prensa por fuerza tiene que llegar a la conclusión de que se está equivocando por goleada. Pero, después, uno va echa mano de sus autores preferidos y, sobre todo, se para a pensar por sí mismo y, ya, es otra cosa. En cierta medida, ya lo he dicho alguna vez, me recuerda a Foción, quizá el arconte de Atenas con mayores simpatías. Lo que no quita para que tuviese que acabar la vida por medio de la cicuta.
No sé si se equivoca el Sr. Rajoy o no, pero de lo que sí estoy seguro es de que se equivocaron todos los que le precedieron en el poder de hace cuarenta años para acá. Y así han sido las enormes dimensiones del carajal que le dejaron. El haber permitido el mangoneo de una especie de banco central en forma de caja de ahorros a cada uno de los reyezuelos locales no se le ocurre ni al que asó la manteca. Sin esa locura nunca hubiese existido la famosa burbuja inmobiliaria como demuestra que los bancos profesionales siguen ahí tan pichis y cajas apenas quedan. Luego está el asunto de la educación al vostre gust. Cada uno contando le feria según le fue en ella. Con todas las mentiras necesarias para adaptar la realidad a los delirios sentimentales de cada cual. Incluso se tachó de inmensa riqueza cultural la construcción de barreras idiomáticas que no existían, despreciando el sentido común y enorme esfuerzo de la ciudadanía para, precisamente, tirarlas abajo para mejor entenderse con la vecindad. En fin, lo de todos conocido.
El caso es que un día te levantas, miras alrededor y te dices, ¡caray, parece que se han cambiado las tornas! En Cataluña el partido más votado es español hasta las cachas. La credibilidad exterior de los separatistas se ha menoscabado considerablemente a la vista de los actuales acontecimientos. El peligro rojo de Podemos se ha ido por el retrete de un chalet en la Sierra. La economía, dentro de lo que cabe, parece estar mejor asegurada que nunca lo estuvo al vaivén de los ciclos. Y last, but no lest, el casi milagroso cambio de táctica política del líder socialista. Se cayó del caballo y vio con absoluta nitidez que los nacionalistas lo que en realidad son es nazis puros y duros. Y no para de recordárselo a la menor oportunidad. Sí, de pronto, el panorama desde el puente ha cambiado a bastante mejor. Y no sé si las tácticas políticas del Sr. Rajoy habrán tenido mucho o poco que ver en ello, pero los hechos son los hechos y eso es lo que cuenta. Que cada uno lo aprecie como quiera. Pero personalmente seguiré pensando que prudentia curas, es decir, que hay que dar tiempo al tiempo y no dejarse influir por los cantos de las sirenas. Y en eso Rajoy... aunque luego le obliguemos a tragarse la cicuta.
No sé si se equivoca el Sr. Rajoy o no, pero de lo que sí estoy seguro es de que se equivocaron todos los que le precedieron en el poder de hace cuarenta años para acá. Y así han sido las enormes dimensiones del carajal que le dejaron. El haber permitido el mangoneo de una especie de banco central en forma de caja de ahorros a cada uno de los reyezuelos locales no se le ocurre ni al que asó la manteca. Sin esa locura nunca hubiese existido la famosa burbuja inmobiliaria como demuestra que los bancos profesionales siguen ahí tan pichis y cajas apenas quedan. Luego está el asunto de la educación al vostre gust. Cada uno contando le feria según le fue en ella. Con todas las mentiras necesarias para adaptar la realidad a los delirios sentimentales de cada cual. Incluso se tachó de inmensa riqueza cultural la construcción de barreras idiomáticas que no existían, despreciando el sentido común y enorme esfuerzo de la ciudadanía para, precisamente, tirarlas abajo para mejor entenderse con la vecindad. En fin, lo de todos conocido.
El caso es que un día te levantas, miras alrededor y te dices, ¡caray, parece que se han cambiado las tornas! En Cataluña el partido más votado es español hasta las cachas. La credibilidad exterior de los separatistas se ha menoscabado considerablemente a la vista de los actuales acontecimientos. El peligro rojo de Podemos se ha ido por el retrete de un chalet en la Sierra. La economía, dentro de lo que cabe, parece estar mejor asegurada que nunca lo estuvo al vaivén de los ciclos. Y last, but no lest, el casi milagroso cambio de táctica política del líder socialista. Se cayó del caballo y vio con absoluta nitidez que los nacionalistas lo que en realidad son es nazis puros y duros. Y no para de recordárselo a la menor oportunidad. Sí, de pronto, el panorama desde el puente ha cambiado a bastante mejor. Y no sé si las tácticas políticas del Sr. Rajoy habrán tenido mucho o poco que ver en ello, pero los hechos son los hechos y eso es lo que cuenta. Que cada uno lo aprecie como quiera. Pero personalmente seguiré pensando que prudentia curas, es decir, que hay que dar tiempo al tiempo y no dejarse influir por los cantos de las sirenas. Y en eso Rajoy... aunque luego le obliguemos a tragarse la cicuta.
lunes, 21 de mayo de 2018
Me parto
De los periódicos:
"La portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Palencia, Miriam Andrés, ha solicitado formalmente en la Junta de Gobierno de esta mañana que desde la Concejalía de Mujer del consistorio capitalino se pongan en contacto con la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid para la elaboración de unos dípticos con información sobre la igualdad de género para que sean repartidos aprovechando la afluencia de jóvenes en los conciertos de las fiestas, especialmente durante el concierto del artista Maluma."
Hoy escribe Sosa Wagner en El Mundo un artículo sobre la Universidad en España en el que nos viene a decir que es una mierda por lo que todos sabemos, botellón incluido, pero que no hay que preocuparse mucho porque la solución vendrá impuesta por la propia naturaleza de las cosas. ¿Y cuál es la naturaleza de las cosas? Pues muy fácil entenderlo yéndose a otro artículo del mismo periódico, "Los jóvenes matemáticos españoles que cambiarán el mundo", en el que queda claro que el ámbito de la Universidad es el Universo. Como siempre debió ser por otro lado. Allí donde más saben de lo que quiero aprender, allí que me voy. Claro, eso los que realmente se pueden llamar universitarios en sentido estricto. Los que, a la postre, se van a encargar de configurar el mundo que viene.
Luego están los estudiantes propiamente dichos que no se pierden botellón. Son los que se preparan para hacer dípticos, o trípticos, sobre la igualdad de género y cosas por estilo, que luego serán repartidos entre la concurrencia borracha de las fiestas de pueblo. Y es que en esta vida cada cual ocupa el lugar que le corresponde según sus capacidades. Luego, lo de las necesidades que decían los marxistas, la experiencia ha dejado meridianamente claro que van en relación inversamente proporcional a las capacidades. Pero todos tranquilos, porque a D. G. hemos venido a dar en un sistema socio-político-económico-armamentístico en el que las concejalías de los consistorios capitalinos no tienen otra función que la de dar satisfación a las demandas de reparación, pongamos por caso, de las feminas que se quejan porque Maluma se las chinga a todas, pero a ellas no.
En fin, perdonen que me parta.
Hoy escribe Sosa Wagner en El Mundo un artículo sobre la Universidad en España en el que nos viene a decir que es una mierda por lo que todos sabemos, botellón incluido, pero que no hay que preocuparse mucho porque la solución vendrá impuesta por la propia naturaleza de las cosas. ¿Y cuál es la naturaleza de las cosas? Pues muy fácil entenderlo yéndose a otro artículo del mismo periódico, "Los jóvenes matemáticos españoles que cambiarán el mundo", en el que queda claro que el ámbito de la Universidad es el Universo. Como siempre debió ser por otro lado. Allí donde más saben de lo que quiero aprender, allí que me voy. Claro, eso los que realmente se pueden llamar universitarios en sentido estricto. Los que, a la postre, se van a encargar de configurar el mundo que viene.
Luego están los estudiantes propiamente dichos que no se pierden botellón. Son los que se preparan para hacer dípticos, o trípticos, sobre la igualdad de género y cosas por estilo, que luego serán repartidos entre la concurrencia borracha de las fiestas de pueblo. Y es que en esta vida cada cual ocupa el lugar que le corresponde según sus capacidades. Luego, lo de las necesidades que decían los marxistas, la experiencia ha dejado meridianamente claro que van en relación inversamente proporcional a las capacidades. Pero todos tranquilos, porque a D. G. hemos venido a dar en un sistema socio-político-económico-armamentístico en el que las concejalías de los consistorios capitalinos no tienen otra función que la de dar satisfación a las demandas de reparación, pongamos por caso, de las feminas que se quejan porque Maluma se las chinga a todas, pero a ellas no.
En fin, perdonen que me parta.
domingo, 20 de mayo de 2018
Looming
Looming es una palabra inglesa que me gusta. Es fácil interiorizarla porque recuerda a lomo, el de una colina por ejemplo, por encima del cual aparece algo. Los primeros signos de algo que se avecina. En realidad lo que nos diferencia de los perros, pongamos por caso, no es otra cosa que nuestra capacidad para interpretar esos signos y así irnos preparando para lo que viene. Y, también, hay que decirlo, la calidad de la capacidad para interpretar esos signos es lo que crea las jerarquías entre los humanos. Aunque, en cualquier caso, si en algo hay impostura es precisamente en esto porque hay mucho idiota, o sinvergüenza, que atina a decir lo que la gente gusta oír y ya tenemos líder en ciernes. Y sin embargo, ahí está la pobre Casandra que a la larga las acierta todas, pero a la corta todo el mundo la maldice. Son las cosas de la chusmática condición humana !y qué le vamos a hacer!
El caso es que he venido percibiendo en los últimos días unas ciertas cosillas looming en el horizonte. Inquietantes según como se mire. Porque, dicho sea de paso, para un tarao como yo, la vida es mucho más agradable cuando estamos en, por así decirlo, la parte baja del ciclo económico. Me parece que entonces es todo mucho más sosegado que es lo que a mí me va. Y es que de sobra es conocido que, por las propias leyes de la física, nada sube indefinidamente. Llega un momento en el que la atmósfera se enrarece y los motores no encuentran oxígeno para su combustión. Entonces, ya, lo que dé de sí la inercia. Y en esas me parece que estamos, en la fase de inercia y perdiendo fuelle. Es decir, recurriendo mucho a la historia para darnos ánimo con aquel proverbio que sostiene que donde hubo siempre queda.
Pero los facts no engañan: el precio del petróleo se ha doblado en un par de años, los precios de la hostelería se han disparado y tanto Turquía como Egipto exhiben su envidiable músculo turístico a precio de saldo. Y eso por no hablar de las cosas del espíritu, porque, ahí, hemos recibido tanta leña últimamente que ya solo falta la cerilla que la prenda. Dios no lo quiera, pero nuestro esfuerzo por balcanizarnos nos está poniendo en un verdadero brete. El uso de la fuerza también va looming cada vez más por artículos de opinión y conversaciones de sobremesa.
En resumidas cuentas, que looming viene a ser barruntar. Y lo que un servidor barrunta es que el ciclo que le dicen virtuoso se está convirtiendo en vicioso. ¡Demasiada coca en el mercado! Y lo digo por mí que ya se me está perforando el tabique de tanto esnifar.
El caso es que he venido percibiendo en los últimos días unas ciertas cosillas looming en el horizonte. Inquietantes según como se mire. Porque, dicho sea de paso, para un tarao como yo, la vida es mucho más agradable cuando estamos en, por así decirlo, la parte baja del ciclo económico. Me parece que entonces es todo mucho más sosegado que es lo que a mí me va. Y es que de sobra es conocido que, por las propias leyes de la física, nada sube indefinidamente. Llega un momento en el que la atmósfera se enrarece y los motores no encuentran oxígeno para su combustión. Entonces, ya, lo que dé de sí la inercia. Y en esas me parece que estamos, en la fase de inercia y perdiendo fuelle. Es decir, recurriendo mucho a la historia para darnos ánimo con aquel proverbio que sostiene que donde hubo siempre queda.
Pero los facts no engañan: el precio del petróleo se ha doblado en un par de años, los precios de la hostelería se han disparado y tanto Turquía como Egipto exhiben su envidiable músculo turístico a precio de saldo. Y eso por no hablar de las cosas del espíritu, porque, ahí, hemos recibido tanta leña últimamente que ya solo falta la cerilla que la prenda. Dios no lo quiera, pero nuestro esfuerzo por balcanizarnos nos está poniendo en un verdadero brete. El uso de la fuerza también va looming cada vez más por artículos de opinión y conversaciones de sobremesa.
En resumidas cuentas, que looming viene a ser barruntar. Y lo que un servidor barrunta es que el ciclo que le dicen virtuoso se está convirtiendo en vicioso. ¡Demasiada coca en el mercado! Y lo digo por mí que ya se me está perforando el tabique de tanto esnifar.
sábado, 19 de mayo de 2018
Trending
Si a cualquier vulgaridad la nombras en inglés automáticamente la proporcionas carisma. Así, si al tema del momento le dices trending topic ya la tenemos montada para rato. Para rato corto, bien es verdad, exactamente lo mismo que cuando dices tema del momento. Y así se nos van los años, de trending a trending, y tiro porque me toca. El caso es que el trending proporcione materia para la indignación de los puros porque, si no, a qué tanto barullo.
Ahora tenemos en la cima lo del chalet que se han comprado dos líderes comunistas. Pues sí, como para extrañarse después de venir toda la vida viendo las salas del Vaticano. "Mi Reino no es de este mundo", decía esa gente que podría haber añadido perfectamente "pero por si las moscas lo voy a adelantar un poquito". Personalmente nunca he conocido a un rojo de verdad que no tuviese pasión por el dinero, pero no para jugar con él al Palé, no, siempre lo quieren para darse todos los gustos que se supone puede dar el dinero: amantes, coches de lujo, segundas viviendas, viajes exóticos... ¡que no farte de na! Así que lo del chalet, much ado about nothing, que diría Shakespeare. O sea, todo previsible. Una obviedad aburrida.
Lo de hace unas semanas fue más serio, porque mandó a unos inocentes a la cárcel para dar gusto al populacho y, sobre todo, a la populacha. En definitiva de lo que se ha tratado ha sido en convertir en delito lo que no es más que el mal gusto propio de la juventud que no se ha desprendido de la adolescencia. Es el signo de los tiempos, dicen. De todos los tiempos, digo yo. Organizar un bukake, o gang bang, que no sé, para cerciorarse de que todos la tienen larga. Es, en definitiva, la degeneración absoluta de la berrea. Nada de competencia, todo cooperación. Eso sí que es el triunfo del cristianismo. O del comunismo, que tanto da. Porque no se me alcanza como se puede llegar más lejos en la cosa de la compartición después de haber llegado a la vagina.
No sé, pero pasando de la teoría a los hechos se me ocurre que las personas adultas y con alguna erudición de la sensibilidad debiéramos hacer algo para sacar a esos chicos de la cárcel. Porque hay una obligación moral de intentar corregir las injusticias una vez son conocidas. Porque mujeres que se prestan al juego del bukake, o gang bang, que no sé, las hay a miles o millones. Es más de lo mismo, la falta de autoestima de la juventud que adolece todavía. Se sienten las pobres faraonas por un rato y eso las alivia. Yo he conocido a algunas de esas y con los años he llegado a la conclusión de que lo que hacían no era más que su particular camino de maduración. De hecho, todas fueron después excelentes madres.
En fin, como dicen los estudiantes a las pupilas del Opus Dei, más masturbación y menos oración. A lo mejor así sacábamos a esos chicos de la cárcel.
Ahora tenemos en la cima lo del chalet que se han comprado dos líderes comunistas. Pues sí, como para extrañarse después de venir toda la vida viendo las salas del Vaticano. "Mi Reino no es de este mundo", decía esa gente que podría haber añadido perfectamente "pero por si las moscas lo voy a adelantar un poquito". Personalmente nunca he conocido a un rojo de verdad que no tuviese pasión por el dinero, pero no para jugar con él al Palé, no, siempre lo quieren para darse todos los gustos que se supone puede dar el dinero: amantes, coches de lujo, segundas viviendas, viajes exóticos... ¡que no farte de na! Así que lo del chalet, much ado about nothing, que diría Shakespeare. O sea, todo previsible. Una obviedad aburrida.
Lo de hace unas semanas fue más serio, porque mandó a unos inocentes a la cárcel para dar gusto al populacho y, sobre todo, a la populacha. En definitiva de lo que se ha tratado ha sido en convertir en delito lo que no es más que el mal gusto propio de la juventud que no se ha desprendido de la adolescencia. Es el signo de los tiempos, dicen. De todos los tiempos, digo yo. Organizar un bukake, o gang bang, que no sé, para cerciorarse de que todos la tienen larga. Es, en definitiva, la degeneración absoluta de la berrea. Nada de competencia, todo cooperación. Eso sí que es el triunfo del cristianismo. O del comunismo, que tanto da. Porque no se me alcanza como se puede llegar más lejos en la cosa de la compartición después de haber llegado a la vagina.
No sé, pero pasando de la teoría a los hechos se me ocurre que las personas adultas y con alguna erudición de la sensibilidad debiéramos hacer algo para sacar a esos chicos de la cárcel. Porque hay una obligación moral de intentar corregir las injusticias una vez son conocidas. Porque mujeres que se prestan al juego del bukake, o gang bang, que no sé, las hay a miles o millones. Es más de lo mismo, la falta de autoestima de la juventud que adolece todavía. Se sienten las pobres faraonas por un rato y eso las alivia. Yo he conocido a algunas de esas y con los años he llegado a la conclusión de que lo que hacían no era más que su particular camino de maduración. De hecho, todas fueron después excelentes madres.
En fin, como dicen los estudiantes a las pupilas del Opus Dei, más masturbación y menos oración. A lo mejor así sacábamos a esos chicos de la cárcel.
viernes, 18 de mayo de 2018
Cotidianidad
En La Parrilla de Villalobón la animación a media mañana es notable. Los coches a la puerta no dejan lugar a dudas sobre la renta per cápita de la clientela ya provecta y muy oronda. Se engullen pinchos de tortilla rellena de las más diversas viandas. Y se habla en camaradería sobre la situación presente. Buena vida, en definitiva, a raudales. No, desde luego, los catalanes en la pantalla no nos van a amargar la existencia sino todo lo contrario. Nos dan para hacer chistes hasta que nos cansamos de reír y eso es lo único que cuenta.
Por la carretera hacia Astudillo uno flota entre mares de verdor. Trigo y cebada ya granados y el aroma -descríbame ese aroma, que diría Wittgenstein- del primer corte de forraje que hace su primer secado in situ antes de ir a las desecadoras industriales. Y los gritos de las calandrias que nunca cesan su jolgorio. Es el ciclo de la vida con sus mínimas variaciones.
Tuerzo a la izquierda en dirección a Fuentes de Valdepero. No tardan en surgir sobre la colina las moles del castillo y la iglesia. Y al poco el caserío con la residencia de la tercera edad en vanguardia. Paro a descansar un rato en un parquecillo a la entrada del pueblo justo al lado de la preceptiva ermita románica perfectamente restaurada. El mundo, pienso, es un jodido parque temático le mires por donde le mires. Y entonces, cojo, agarro y saco mi seductora para entonar unos aires de juventud. El cuadro es perfecto. Un ciclista que pasa me dice que no pare la música.
Bajo a tumba abierta hasta Monzón, paso de largo frente a "El Caballero", ¡sugar, sugar!, que diría el inglés, y tuerzo hacia Husillos. Ahora, que ya estoy cansado, llevo el viento a mi favor. Cruzo el Carrión por el puente medieval y allí mismo a la izquierda están las viejas escuelas convertidas en bar. Toda una metáfora. Paro a tomarme un verdejo con un taco de morro. La lozana tabernera tiene un ostentoso tatuaje en el hombro con los los nombres de sus hijos: Jimena y Hugo. Comentamos un rato al respecto. Ella quería sobre todo que sus hijos se diferenciaran por el nombre. Le di la razón porque no tengo criterio al respecto.
Sigo camino, siempre empujado por el viento. En el Puente Guarín echo otro descanso en el parque que han adobado allí rodeando la ermita que en tiempos fue casa caminera. ¡Por ermitas será! Vuelvo a sacar la seductora y ensayo otros aires. Duro poco porque ya tengo ganas de verme en casa. Los últimos kilómetros parecen haberse llevado todo el esfuerzo, como dijo el poeta. Y, en fin, lo siguiente, como es costumbre, a cuenta del reclinable de Ikea. Y así pasan los días.
Por la carretera hacia Astudillo uno flota entre mares de verdor. Trigo y cebada ya granados y el aroma -descríbame ese aroma, que diría Wittgenstein- del primer corte de forraje que hace su primer secado in situ antes de ir a las desecadoras industriales. Y los gritos de las calandrias que nunca cesan su jolgorio. Es el ciclo de la vida con sus mínimas variaciones.
Tuerzo a la izquierda en dirección a Fuentes de Valdepero. No tardan en surgir sobre la colina las moles del castillo y la iglesia. Y al poco el caserío con la residencia de la tercera edad en vanguardia. Paro a descansar un rato en un parquecillo a la entrada del pueblo justo al lado de la preceptiva ermita románica perfectamente restaurada. El mundo, pienso, es un jodido parque temático le mires por donde le mires. Y entonces, cojo, agarro y saco mi seductora para entonar unos aires de juventud. El cuadro es perfecto. Un ciclista que pasa me dice que no pare la música.
Bajo a tumba abierta hasta Monzón, paso de largo frente a "El Caballero", ¡sugar, sugar!, que diría el inglés, y tuerzo hacia Husillos. Ahora, que ya estoy cansado, llevo el viento a mi favor. Cruzo el Carrión por el puente medieval y allí mismo a la izquierda están las viejas escuelas convertidas en bar. Toda una metáfora. Paro a tomarme un verdejo con un taco de morro. La lozana tabernera tiene un ostentoso tatuaje en el hombro con los los nombres de sus hijos: Jimena y Hugo. Comentamos un rato al respecto. Ella quería sobre todo que sus hijos se diferenciaran por el nombre. Le di la razón porque no tengo criterio al respecto.
Sigo camino, siempre empujado por el viento. En el Puente Guarín echo otro descanso en el parque que han adobado allí rodeando la ermita que en tiempos fue casa caminera. ¡Por ermitas será! Vuelvo a sacar la seductora y ensayo otros aires. Duro poco porque ya tengo ganas de verme en casa. Los últimos kilómetros parecen haberse llevado todo el esfuerzo, como dijo el poeta. Y, en fin, lo siguiente, como es costumbre, a cuenta del reclinable de Ikea. Y así pasan los días.
jueves, 17 de mayo de 2018
Arrimadas
Viendo a Inés Arrimadas dando la réplica al friki Torras en el Parlamento de Cataluña no podía quitarme de la cabeza aquella famosa sentencia que asegura que al que más favorecen los dioses para mayores trabajos le guardan. Porque esa chica se nota que ha estudiado y todo eso, pero sobre todo se le aprecian unas dotes naturales de todo tipo que asustan. Uno se mira en ese espejo y se ve pequeñito, pequeñito, cuando no una pura mierda.
Yo que ella estaría prevenida e iniciaría los días enviando plegarias a los dioses para implorar su clemencia. Sobre todo a la diosa Fortuna que tiene una irreprimible tendencia a compensarlo todo. Y menos mal que así sea porque, si no, ¿qué nos podría ligar a la vida a los petits?
Nos queda esa esperanza, la de que los dioses nunca nos escogerán para protagonizar tragedias. Uno, que lo ha intentado casi todo y en todo se quedó en la superficie o a las puertas, ¿qué miedo habría de tener? Sí, lo confieso, nunca encontré frase en la literatura que mejor me retrate que aquella de La Bruyere: "les petits sont quelquefois chargés de mille vertus unutiles; ils nónt pas de quoi les mettre en oeuvre." Nunca, a D.G., se me va de la cabeza esta sentencia que pende sobre mi conciencia como una espada de Damocles. Siempre tengo presente que si osase, siquiera por asomo, tirar el pedo más alto que mi culo, de inmediato el hilo que sostiene la espada se rompería y recibiría un coscorrón morrocotudo.
En resumidas cuentas, si algo le tuviese que decir a la Sra. Arrimadas sería, coge, agarra, tómate un respiro, enciérrate en donde sea y ponte a leer las tragedias griegas. Porque nunca llegó la inteligencia humana tan lejos en lo que hace al reconocimiento de lo que somos en lo más profundo de nuestro ser. Así, a lo mejor podrías ser consciente de hasta qué punto tienes papeletas para ser protagonista de una de ellas. Porque ese es el recurso de los dioses para evitar que el Olimpo se les ponga como una discoteca con fiebre de sábado noche, frenar en seco a los que se les arriman.
Yo que ella estaría prevenida e iniciaría los días enviando plegarias a los dioses para implorar su clemencia. Sobre todo a la diosa Fortuna que tiene una irreprimible tendencia a compensarlo todo. Y menos mal que así sea porque, si no, ¿qué nos podría ligar a la vida a los petits?
Nos queda esa esperanza, la de que los dioses nunca nos escogerán para protagonizar tragedias. Uno, que lo ha intentado casi todo y en todo se quedó en la superficie o a las puertas, ¿qué miedo habría de tener? Sí, lo confieso, nunca encontré frase en la literatura que mejor me retrate que aquella de La Bruyere: "les petits sont quelquefois chargés de mille vertus unutiles; ils nónt pas de quoi les mettre en oeuvre." Nunca, a D.G., se me va de la cabeza esta sentencia que pende sobre mi conciencia como una espada de Damocles. Siempre tengo presente que si osase, siquiera por asomo, tirar el pedo más alto que mi culo, de inmediato el hilo que sostiene la espada se rompería y recibiría un coscorrón morrocotudo.
En resumidas cuentas, si algo le tuviese que decir a la Sra. Arrimadas sería, coge, agarra, tómate un respiro, enciérrate en donde sea y ponte a leer las tragedias griegas. Porque nunca llegó la inteligencia humana tan lejos en lo que hace al reconocimiento de lo que somos en lo más profundo de nuestro ser. Así, a lo mejor podrías ser consciente de hasta qué punto tienes papeletas para ser protagonista de una de ellas. Porque ese es el recurso de los dioses para evitar que el Olimpo se les ponga como una discoteca con fiebre de sábado noche, frenar en seco a los que se les arriman.
miércoles, 16 de mayo de 2018
Cosechas y ligas
Ahora resulta que Rajoy y Sánchez se entienden. ¡Con lo que hemos visto, Dios mío! También parece que los dos se están entendiendo de maravilla con los nacionalistas vascos. Y esperen un poco y cosas veredes Sancho que farán fablar las piedras: entendimiento total con los nacionalistas catalanes. ¡Son las lentejas, estúpido!
Y todo viene de aquel día en el que Arcadi Espada, Félix de Azúa, Boadella y media docena más de gente sabia se reunieron a cenar en un restaurante de la Plaza Real de Barcelona. Porque esa es la única realidad del mundo, que es la inteligencia la que a la postre manda. Fundaron Ciudadanos y han sido suficientes diez años para que todos los demás partidos, salvo los muy frikis, se estén cagando por la pata abajo. Y es que lo que se está percibiendo es que Ciudadanos es una idea de España que para los viejos se acerca a aquella idílica de cuando Franco y para los jóvenes a la que nos identifica con Silicon Valley. Por así decirlo es el partido total. Lo escuchaba ayer mientras me zampaba el pincho de tortilla en un bar de las afueras. El tabernero y su parroquia campesina lo tenían claro, Rajoy es un inútil y Rivera la única esperanza. Claro, el hecho de que esos descerebrados catalanes nos estén mentando la madre hace que las cosas se precipiten. Porque bien es sabido que todo te lo consiento menos mentar a mi madre...
Desde luego que nada se va a resolver del todo nunca, pero las conmociones son siempre salutíferas. Y Ciudadanos es ya una conmoción. No hay nada más que ver como disparan contra ellos desde todos los ángulos. El discreto Rajoy llamó el otro día "aprovechategui" a Rivera en un alarde de viejunotería. Toda su flema no le sirve para disimular lo que le preocupa que no es más que los miles de puestos de trabajo que va a perder su empresa. Y los otros por el estilo. Porque para ellos Ciudadanos es sobre todo eso: nos quedamos con vuestros puestos de trabajo. Una tragedia en definitiva.
En fin, más o menos lo que estamos viendo en Francia con Macrón: una puesta al día de lo que ya venía demasiado tiempo renqueando. Esperemos que así sea y en los bares de la periferia se vuelva a oír hablar de las cosechas y las ligas.
Y todo viene de aquel día en el que Arcadi Espada, Félix de Azúa, Boadella y media docena más de gente sabia se reunieron a cenar en un restaurante de la Plaza Real de Barcelona. Porque esa es la única realidad del mundo, que es la inteligencia la que a la postre manda. Fundaron Ciudadanos y han sido suficientes diez años para que todos los demás partidos, salvo los muy frikis, se estén cagando por la pata abajo. Y es que lo que se está percibiendo es que Ciudadanos es una idea de España que para los viejos se acerca a aquella idílica de cuando Franco y para los jóvenes a la que nos identifica con Silicon Valley. Por así decirlo es el partido total. Lo escuchaba ayer mientras me zampaba el pincho de tortilla en un bar de las afueras. El tabernero y su parroquia campesina lo tenían claro, Rajoy es un inútil y Rivera la única esperanza. Claro, el hecho de que esos descerebrados catalanes nos estén mentando la madre hace que las cosas se precipiten. Porque bien es sabido que todo te lo consiento menos mentar a mi madre...
Desde luego que nada se va a resolver del todo nunca, pero las conmociones son siempre salutíferas. Y Ciudadanos es ya una conmoción. No hay nada más que ver como disparan contra ellos desde todos los ángulos. El discreto Rajoy llamó el otro día "aprovechategui" a Rivera en un alarde de viejunotería. Toda su flema no le sirve para disimular lo que le preocupa que no es más que los miles de puestos de trabajo que va a perder su empresa. Y los otros por el estilo. Porque para ellos Ciudadanos es sobre todo eso: nos quedamos con vuestros puestos de trabajo. Una tragedia en definitiva.
En fin, más o menos lo que estamos viendo en Francia con Macrón: una puesta al día de lo que ya venía demasiado tiempo renqueando. Esperemos que así sea y en los bares de la periferia se vuelva a oír hablar de las cosechas y las ligas.
martes, 15 de mayo de 2018
Nuestra cruz
Ya va para los sesenta años que un día caluroso de junio nos subimos a un tren prehistórico todos los alumnos del curso preuniversitario para ir a examinarnos a Valladolid. Recorrer la distancia que nos separaba, unos 250 kilómetros, nos llevó unas diez horas. Los vagones eran corridos, con asientos de madera y con una plataforma en la parte posterior a la que no parábamos de salir a fumar cigarrrillos mientras nos duraron que no fue mucho. Cuando coronamos la cordillera ya llevábamos mucho sudor pegajoso sobre el cuerpo con, supongo, la consiguiente irritación que ello produce a los adolescentes. Por la meseta todo estaba ya amarillento y eso, que la mayoría de nosotros nunca habíamos visto, suscitaba no pocos comentarios despectivos. Tan acostumbrados al verde y a las vacas pastando sobre él, aquello nos parecía miserable y así lo fuimos manifestando todo el rato como para darnos ánimo. Luego, ya, a la vista de los primeros pueblos de adobe, ni te digo el humor ácido que se desató. Nuestro sentimiento de superioridad no hacía más que encontrar justificaciones en aquel paisaje en sazón. Lo que no sabíamos ninguno era que la primera consecuencia de la ignorancia es el supremacismo, como le dicen ahora. Imagínense lo cómico del asunto, los santanderinos sintiéndose superiores a los de la meseta. Lo veníamos mamando de lejos, sin duda.
Como de aquel viaje regresé con un suspenso en la maleta mi padre agarró y sin mediar protesta que valga me mandó de vuelta a Valladolid a pasar el verano en un colegio mayor en donde preparaban para los exámenes de septiembre. Fue duro aquello, pero todavía recuerdo la fascinación de aquellas clases de física en las que lo entendía todo. Nunca en la vida, salvo en las clases de francés que me había dado doña María Bior, había sentido semejante comunión con los profesores. Así que llegó septiembre y aprobé con buena nota. Y volví a Santander muy ufano y probablemente bastante curado de supremacismo respecto de los mesetarios. Por lo menos, allí, pensaba, saben enseñar.
Recordaba estas cosas estos días aciagos para la patria en los que unos hijos de perra no cejan en su afán denigrador. Es como si ello fuese su alimento espiritual. O eso o reventar, parece ser el diagnostico inapelable. Y no hay que hacerse ilusiones porque a ciertas enfermedades del alma, cual es el caso que nos ocupa, solo las cura la visión de sangre corriendo por las cunetas. Al menos hasta ahora siempre ha sido así. Y no creo que ahora vaya a ser diferente. Porque, desde luego, esos desventurados no se van a salir con la suya, pero tampoco los demás vamos a salir indemnes del envite. Es nuestra cruz.
Como de aquel viaje regresé con un suspenso en la maleta mi padre agarró y sin mediar protesta que valga me mandó de vuelta a Valladolid a pasar el verano en un colegio mayor en donde preparaban para los exámenes de septiembre. Fue duro aquello, pero todavía recuerdo la fascinación de aquellas clases de física en las que lo entendía todo. Nunca en la vida, salvo en las clases de francés que me había dado doña María Bior, había sentido semejante comunión con los profesores. Así que llegó septiembre y aprobé con buena nota. Y volví a Santander muy ufano y probablemente bastante curado de supremacismo respecto de los mesetarios. Por lo menos, allí, pensaba, saben enseñar.
Recordaba estas cosas estos días aciagos para la patria en los que unos hijos de perra no cejan en su afán denigrador. Es como si ello fuese su alimento espiritual. O eso o reventar, parece ser el diagnostico inapelable. Y no hay que hacerse ilusiones porque a ciertas enfermedades del alma, cual es el caso que nos ocupa, solo las cura la visión de sangre corriendo por las cunetas. Al menos hasta ahora siempre ha sido así. Y no creo que ahora vaya a ser diferente. Porque, desde luego, esos desventurados no se van a salir con la suya, pero tampoco los demás vamos a salir indemnes del envite. Es nuestra cruz.
lunes, 14 de mayo de 2018
República independiente
Los vecinos del piso de encima han colocado ante la puerta de entrada ese felpudo de Ikea que dice "bienvenidos a la república independiente de mi casa". Por lo que he podido comprobar en el año y pico que llevo viviendo aquí son una gente estupenda. Apenas sé de ellos más que, que el padre toca la guitarra, va en bicicleta y hace fotografía y que una hija que parece una niña todavía ya ha terminado medicina, ha hecho el Mir y está a punto de irse a Valdecilla a hacer la especialidad de psiquiatría. Por lo demás, se me han ofrecido en varias ocasiones para lo que necesite. Gente, en definitiva, que hace patria dedicándose a lo suyo. Porque esa es la gran cuestión, que no hay otra forma de hacerla... ¡y tanta gente que todavía no se ha enterado!
Y eso es lo que me pregunto: ¿por qué es tan difícil para tantos dedicarse a lo suyo? Y no sólo en el trabajo remunerado, que eso cualquiera, sino en el tiempo reconocido como de ocio que, por cierto, al paso que vamos, es casi todo. Tener una aficioncilla cualquiera que exija un mínimo de concentración mental capaz de sacarte de ti mismo. Pues no, se ve que no es tan fácil. El noventa y nueve con nueve por ciento, se diría que gasta su ocio en los pudrideros del alma. Cultivando sus obsesiones junto a la barra de un bar. Sus obsesiones que no son otras que los asuntos de los otros.
Los bares. No tengo nada contra ellos. Pero sí contra la desmesura. Como con el sexo. Una vez al año hace daño. Una al mes, poco es. Una a la semana, de buena gana. Una al día, hastía. O sea, que el ideal sería ir al bar una vez a la semana y que, por tanto, cerrasen seis de cada siete. Esa es la única regeneración de los espíritus posible a mi largo entender. Porque así, en vez de cultivar las obsesiones, acabaríamos por caer en la cuenta de que no hay nada más redentor en este mundo que aprender a convivir con el aburrimiento. Imagínense lo que iba a ser la diversión de ese día cada siete charlando con los amigos en el bar o donde fuese. La energía acumulada que tendríamos para despilfarrar. Pero no, la realidad es que vamos día sí y día también con el espíritu exhausto con la malsana ilusión de poder repostar allí mientras se habla de Cataluña. O de por dónde va la liga.
En fin, me parece que lo mejor va a ser que me acerque a Ikea a por uno de esos felpudos. Por cierto, hablando de felpudos, no puedo entender esa obsesión que les ha entrado a las mujeres por los koyaks.
Y eso es lo que me pregunto: ¿por qué es tan difícil para tantos dedicarse a lo suyo? Y no sólo en el trabajo remunerado, que eso cualquiera, sino en el tiempo reconocido como de ocio que, por cierto, al paso que vamos, es casi todo. Tener una aficioncilla cualquiera que exija un mínimo de concentración mental capaz de sacarte de ti mismo. Pues no, se ve que no es tan fácil. El noventa y nueve con nueve por ciento, se diría que gasta su ocio en los pudrideros del alma. Cultivando sus obsesiones junto a la barra de un bar. Sus obsesiones que no son otras que los asuntos de los otros.
Los bares. No tengo nada contra ellos. Pero sí contra la desmesura. Como con el sexo. Una vez al año hace daño. Una al mes, poco es. Una a la semana, de buena gana. Una al día, hastía. O sea, que el ideal sería ir al bar una vez a la semana y que, por tanto, cerrasen seis de cada siete. Esa es la única regeneración de los espíritus posible a mi largo entender. Porque así, en vez de cultivar las obsesiones, acabaríamos por caer en la cuenta de que no hay nada más redentor en este mundo que aprender a convivir con el aburrimiento. Imagínense lo que iba a ser la diversión de ese día cada siete charlando con los amigos en el bar o donde fuese. La energía acumulada que tendríamos para despilfarrar. Pero no, la realidad es que vamos día sí y día también con el espíritu exhausto con la malsana ilusión de poder repostar allí mientras se habla de Cataluña. O de por dónde va la liga.
En fin, me parece que lo mejor va a ser que me acerque a Ikea a por uno de esos felpudos. Por cierto, hablando de felpudos, no puedo entender esa obsesión que les ha entrado a las mujeres por los koyaks.
domingo, 13 de mayo de 2018
El cebo
Quizá lo mejor y más importante que esté pasando estos días que corren en España sea el desmontaje del mito montado a propósito del supuesto altercado entre Unamuno y Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca por los años de la guerra civil. Ahora se va a descubrir que sólo se trató de otro montaje más de los perdedores para hacer más dulce su derrota: perdimos, pero somos los buenos. Bien montado, eso sí, y, después, que tubo la chamba de que un historiador británico lo tomase por cierto y lo incluyese en una obra de éxito. Claro, todos nos tragamos el cebo sin tener la menor prudencia de pensar que algo tan bonito y perfecto siempre lleva en sus entrañas un anzuelo. Y así fue que nos quedamos enganchados por una eternidad en la fake news.
Sí, esa es la madre de todas las desgracias que nos acechan, la gran cantidad de fake news en las que estamos enganchados. Todo a nuestro alrededor son cebos maravillosos con su correspondiente anzuelo en las entrañas. Picas y la jodiste. Y si no que se lo pregunten a las truchas. El hilo que sujeta el anzuelo las arrastra hasta el cesto. Y del cesto a la sartén. Y así es que nos pasamos la vida en un puro freírse a fuego lento a causa de nuestra incurable estupidez.
Pero bueno, por algo se empieza, te desenganchas de una fake news y ¿quién sabe? a lo mejor coges carrerilla y acabas por desmenuzar los alimentos que encuentras por ahí antes de tragártelos. En fin, vamos a ver que pasa con esto de Unamuno, porque cualquiera que se haya clavado una vez un anzuelo sabe lo doloroso que es sacárselo de encima.
Sí, esa es la madre de todas las desgracias que nos acechan, la gran cantidad de fake news en las que estamos enganchados. Todo a nuestro alrededor son cebos maravillosos con su correspondiente anzuelo en las entrañas. Picas y la jodiste. Y si no que se lo pregunten a las truchas. El hilo que sujeta el anzuelo las arrastra hasta el cesto. Y del cesto a la sartén. Y así es que nos pasamos la vida en un puro freírse a fuego lento a causa de nuestra incurable estupidez.
Pero bueno, por algo se empieza, te desenganchas de una fake news y ¿quién sabe? a lo mejor coges carrerilla y acabas por desmenuzar los alimentos que encuentras por ahí antes de tragártelos. En fin, vamos a ver que pasa con esto de Unamuno, porque cualquiera que se haya clavado una vez un anzuelo sabe lo doloroso que es sacárselo de encima.
viernes, 11 de mayo de 2018
Ciudadanos
Cada día que pasa más me convenzo de que los desagradables problemas por los que está pasando este país tienen como principal trasfondo la gran mentira que se ha instalado como doctrina oficial del actual régimen democrático: todo lo que huele a Franco es nefasto. De aquellos años ya no queda ni una flor, por decirlo en plan corrido mexicano. ¡Y pobre del que se le ocurra mencionar una! Automáticamente se le cae media España encima y le deja como una oblea. En fin, vamos a ver si ahora que los de El País parecen haber encontrado su razón de ser en la lucha contra la fake news, empiezan por barrer su propia casa donde las vienen cociendo a calderadas desde su misma fundación.
El caso es que cada vez más gente se entera de que cuando lo de Franco no pasaban ciertas cosas que ya nos tienen hasta las pelotas. Y a la gente le da igual el porqué de que no pasasen. Simplemente se sabe que no pasaban y eso genera nostalgia de aquella mítica edad dorada cuya restauración fue la meta que puso a Don Quijote en los caminos.
Pues sí, la verdad es que en la época de Franco se hicieron muchas cosas detestables, pero también muchas admirables que son las únicas de las que va quedando testimonio. Porque es lo que tiene la memoria, que por lo que sea, tiene una querencia irreprimible a recordar lo bueno y olvidar lo malo. Tu coges, agarras, te das una vuelta por la región de la montaña palentina y ¿quién recuerda que allí se persiguió a disidentes políticos? Allí, de aquella época, queda lo que se ve: pantanos y centrales eléctricas. El fundamento de todo el progreso posterior que nos sacó del medievo para ponernos en la cresta de la ola de la modernidad.
Sí, aquella edad de la que la memoria va expurgando a los curas y demás miserias para ir convirtiéndola en dorada. En la que no había putos catalanes ni putos vascos. En la que en diez años se pasó del arado romano al tractor, del burro al coche, del abuelo analfabeto al nieto filólogo, de la misa y el rosario a la playa y la discoteca. ¡Cómo para no mitificarla!
Y ahora vienen por ahí pegando fuerte unos que se llaman Ciudadanos. En realidad no son más que gente dispuesta a contar la verdad de lo que pasó. Y ya saben lo que dijo Noséquién, que la verdad es lo que nos hace libres. Sí, se adivinan en lontananza tiempos interesantes: toda una sociedad engañada durante décadas enfrentada de pronto a la verdad. Somos de donde venimos y es de mierdas no reconocerse en lo que se es, que, al fin y al cabo, tampoco es que esté tan mal... con Franco y todo.
El caso es que cada vez más gente se entera de que cuando lo de Franco no pasaban ciertas cosas que ya nos tienen hasta las pelotas. Y a la gente le da igual el porqué de que no pasasen. Simplemente se sabe que no pasaban y eso genera nostalgia de aquella mítica edad dorada cuya restauración fue la meta que puso a Don Quijote en los caminos.
Pues sí, la verdad es que en la época de Franco se hicieron muchas cosas detestables, pero también muchas admirables que son las únicas de las que va quedando testimonio. Porque es lo que tiene la memoria, que por lo que sea, tiene una querencia irreprimible a recordar lo bueno y olvidar lo malo. Tu coges, agarras, te das una vuelta por la región de la montaña palentina y ¿quién recuerda que allí se persiguió a disidentes políticos? Allí, de aquella época, queda lo que se ve: pantanos y centrales eléctricas. El fundamento de todo el progreso posterior que nos sacó del medievo para ponernos en la cresta de la ola de la modernidad.
Sí, aquella edad de la que la memoria va expurgando a los curas y demás miserias para ir convirtiéndola en dorada. En la que no había putos catalanes ni putos vascos. En la que en diez años se pasó del arado romano al tractor, del burro al coche, del abuelo analfabeto al nieto filólogo, de la misa y el rosario a la playa y la discoteca. ¡Cómo para no mitificarla!
Y ahora vienen por ahí pegando fuerte unos que se llaman Ciudadanos. En realidad no son más que gente dispuesta a contar la verdad de lo que pasó. Y ya saben lo que dijo Noséquién, que la verdad es lo que nos hace libres. Sí, se adivinan en lontananza tiempos interesantes: toda una sociedad engañada durante décadas enfrentada de pronto a la verdad. Somos de donde venimos y es de mierdas no reconocerse en lo que se es, que, al fin y al cabo, tampoco es que esté tan mal... con Franco y todo.
jueves, 10 de mayo de 2018
Siglo XX
La cafetería Siglo XX en la Plaza Mayor de Aguilar estuvo siempre ahí. Desde antes de que yo naciera, desde luego, lo que no es poco. Siempre la conocí con aquellos afiches en lugar señalado que dejaban constancia de que Unamuno había pasado por allí. Y a lo mejor hasta Hemingway, que si cabe, todavía estuvo en más sitios. Pero, en fin, todo eso es lo de menos, porque el caso es que hace un par de años o así se hicieron obras, se amplió el local añadiendo el de al lado, se mejoraron las instalaciones sanitarias, se eliminó de las paredes toda referencia a Unamuno y se colocaron algunos cuadros abstractos y un par de grandes fotos con composiciones hollywoodienses. Realmente, en su conjunto, no desmerecería nada en una gran calle de la capital del Reino. Pero, sobre todo, ahora sí, su aspecto hace honor a su nombre. ¿Porque qué puede haber más representativo del siglo XX que toda la parafernalia hollywoodiense? El gran santoral, James Deen, Marilyn Monroe, Humphey Bogart, Elvis Presley... con el que se puso al día la marchita escala de valores que venía de cuando San Plablo se cayó del caballo camino de Damasco. Si se fijan en la foto, se darán cuenta de cómo su Majestad el Rey les contempla con el debido respeto desde la pantalla en el ángulo oscuro. Y es que no es para menos.
Los cuatro santos de esa foto, cuatro vidas descabelladas que acabaron pronto y mal. Pero fueron geniales en el arte de la representación, probablemente porque se representaban a sí mismos y de paso a todos nosotros. Así que sólo hizo falta ya que supiésemos vernos en el espejo que eran para perder la inocencia que nos tenía idiotizados.
En fin, qué buen día ayer en Aguilar. Lástima el viento helador que se levantó por la tarde. Aunque en la pecera del Siglo XX se estaba en la gloria. Por la compañía, claro.
miércoles, 9 de mayo de 2018
Indecencia
En sentido estricto el fútbol no puede ser considerado sino como algo puramente banal. Sin embargo, comentaristas de la cosa mediante, se le ha conseguido dar un valor simbólico que lo ha convertido en el mecanismo favorito de las masas para poner a prueba sus pedestres dotes intelectuales. Ayuda a tener la sensación de saber pensar, tener una cultura y sobre todo, una identidad de pertenencia, lo cual, por más falso que sea, tiene evidentes efectos favorables sobre la autoestima, que no por otra cosa es que el poder político le dé tan desmesurada importancia. Y por eso no se le ocurre ni por asomo ponerse a regularle y mucho menos a socializarle. El fútbol es el terreno del liberalismo que dicen salvaje por antonomasia: tanto vales, tanto cobras y sanseacabó. Y a la primeras que fallas a tomar por el saco sin la menor conmiseración. Y a todo el mundo le parece lo correcto.
Ya ven, el furbo, tan pedagógico en principio y tan romo en la práctica para traspasar a otros sectores las enseñanzas a extraer de su inequívoca efectividad. La dichosa excelencia, que en cuanto te alejas del deporte el populus empieza a mirarla no sólo con recelo sino con verdadero odio. La enseñanza, la sanidad, como ponía una reciente pancarta en una manifestación, tienen que ser públicas por decencia. O sea, que un médico gane más que otro en un hospital, pura indecencia, y un maestro más que otro en una escuela ya ni te digo. La motivación, por lo visto, la proporciona el orgullo por la decencia. Y ver a tus compañeros tocándose las bolas mientra tu trabajas no tiene por qué causarte la menor sombra de desistimiento porque tu eres una persona decente y estás haciendo lo que te corresponde. Y en la otra vida te lo pagarán.
Pero el caso es que ayer viendo el telediario de una televisión francesa me enteré de que en la Pérfida Albión el gobierno promueve que en las escuelas públicas manejen el presupuesto asignado con criterios de club de fútbol. Porque, si a la postre se van a exigir resultados lo menos que se puede hacer es dar libertad de gestión. Así, los directores de esos establecimientos acuden a las empresas de cazatalentos y no es raro que se fiche a algunos profesores por el triple o cuádrupe sueldo de lo que cobran los del montón. Y nadie, al parecer, ha protestado hasta ahora por esa indecencia manifiesta.
Claro, eso de la decencia es como los pedos, que a cada uno sólo le gusta como huelen los suyos. Y ya va estando bien de seguir dando la matraca con que el comunismo era una buena idea que fracasó porque se aplicó mal. El comunismo, la socialdemocracia, y todas esas mandangas aborregantes no funcionan porque son la pura indecencia. Como toda esa mierda de los santos de las diversas religiones, que nos quieren hacer creer que eran gente que no necesitaba reconocimiento para motivarse... todo lo hacen por el amor de Dios y luego vamos y vemos los salones del palacio Vaticano y pensamos que sí, que debe de ser verdad. ¡Ándale ya!
Ya ven, el furbo, tan pedagógico en principio y tan romo en la práctica para traspasar a otros sectores las enseñanzas a extraer de su inequívoca efectividad. La dichosa excelencia, que en cuanto te alejas del deporte el populus empieza a mirarla no sólo con recelo sino con verdadero odio. La enseñanza, la sanidad, como ponía una reciente pancarta en una manifestación, tienen que ser públicas por decencia. O sea, que un médico gane más que otro en un hospital, pura indecencia, y un maestro más que otro en una escuela ya ni te digo. La motivación, por lo visto, la proporciona el orgullo por la decencia. Y ver a tus compañeros tocándose las bolas mientra tu trabajas no tiene por qué causarte la menor sombra de desistimiento porque tu eres una persona decente y estás haciendo lo que te corresponde. Y en la otra vida te lo pagarán.
Pero el caso es que ayer viendo el telediario de una televisión francesa me enteré de que en la Pérfida Albión el gobierno promueve que en las escuelas públicas manejen el presupuesto asignado con criterios de club de fútbol. Porque, si a la postre se van a exigir resultados lo menos que se puede hacer es dar libertad de gestión. Así, los directores de esos establecimientos acuden a las empresas de cazatalentos y no es raro que se fiche a algunos profesores por el triple o cuádrupe sueldo de lo que cobran los del montón. Y nadie, al parecer, ha protestado hasta ahora por esa indecencia manifiesta.
Claro, eso de la decencia es como los pedos, que a cada uno sólo le gusta como huelen los suyos. Y ya va estando bien de seguir dando la matraca con que el comunismo era una buena idea que fracasó porque se aplicó mal. El comunismo, la socialdemocracia, y todas esas mandangas aborregantes no funcionan porque son la pura indecencia. Como toda esa mierda de los santos de las diversas religiones, que nos quieren hacer creer que eran gente que no necesitaba reconocimiento para motivarse... todo lo hacen por el amor de Dios y luego vamos y vemos los salones del palacio Vaticano y pensamos que sí, que debe de ser verdad. ¡Ándale ya!
martes, 8 de mayo de 2018
Berta
Evidentemente, el ruido es lo que más atrae la atención, y si, ya, viene acompañado de aromas desagradables, ni te digo. Y de eso, por desgracia, siempre ha habido y habrá a calderadas, porque hay demasiada gente viviendo de ello. Cuando uno mete la mano donde no debe, ya hay mil periodistas y políticos que tienen la vida asegurada entonando a coro el gorigori de la indignación. Que cuatro días después les pillen a ellos en lo mismo, pelillos a la mar, porque el caso es que el pueblo llano tenga algo tras lo que parapetarse para seguir haciendo de las suyas que, en definitiva, es más de lo mismo. Al fin y al cabo, este es el país del Quijote, sí, pero no se engañen, porque lo es mucho más del Guzmán de Alfarache... por mucho que hagamos como que le tenemos olvidado.
Sin embargo, no es eso todo ni mucho menos. Incluso yo diría que todo eso es lo de menos. Cojan, agarren, y googleen Berta Gonzalez de la Vega. Es una periodista, pero no de las al uso. Ella se ocupa de lo que realmente nos concierne que no es otra cosa que ese despliegue subterráneo de excelencia que es el que al fin y a la postre nos va a configurar como sociedad. Porque claro, eso no lo puedes pregonar a los cuatro vientos porque correríamos el peligro de monter d´un cran el nihilismo de las masas iletradas. Y ya tenemos bastante con los niveles que soportamos próximos, por cierto, al punto crítico. Al pueblo llano, con sus Iglesias a la cabeza, conviene dejarle vivir con la ilusión de que es él con sus movimientos de masas el que configura el futuro de la nación. Porque si pierde esa ilusión se pone automáticamente a elevar a los altares a los que se instalan en chozos en la Puerta del Sol, cuando no a pegar tiros en la barriga a los empresarios.
Pero a lo que voy, a ese mundo de excelencia que describe Berta González de la Vega. No son cuatro gatos sino toda una infraestructura que se despliega silenciosa por los nodos de energía intelectual del mundo. Niños que son los auténticos privilegiados, por el querer de los dioses, sí, pero nunca lo olvidemos, también por la convicción de sus padres y el saber hacer de unos profesores. Todo un mundillo, o mejor mundazo, que se recrea en si mismo con el justificado convencimiento de tener todas las posibles llaves del futuro, desde escapar de este planeta en descomposición, hasta convertir el agua en vino de una vez por todas. En fin, lean a Berta que les subirá mucho el ánimo si no son ustedes unos chusmas.
Sin embargo, no es eso todo ni mucho menos. Incluso yo diría que todo eso es lo de menos. Cojan, agarren, y googleen Berta Gonzalez de la Vega. Es una periodista, pero no de las al uso. Ella se ocupa de lo que realmente nos concierne que no es otra cosa que ese despliegue subterráneo de excelencia que es el que al fin y a la postre nos va a configurar como sociedad. Porque claro, eso no lo puedes pregonar a los cuatro vientos porque correríamos el peligro de monter d´un cran el nihilismo de las masas iletradas. Y ya tenemos bastante con los niveles que soportamos próximos, por cierto, al punto crítico. Al pueblo llano, con sus Iglesias a la cabeza, conviene dejarle vivir con la ilusión de que es él con sus movimientos de masas el que configura el futuro de la nación. Porque si pierde esa ilusión se pone automáticamente a elevar a los altares a los que se instalan en chozos en la Puerta del Sol, cuando no a pegar tiros en la barriga a los empresarios.
Pero a lo que voy, a ese mundo de excelencia que describe Berta González de la Vega. No son cuatro gatos sino toda una infraestructura que se despliega silenciosa por los nodos de energía intelectual del mundo. Niños que son los auténticos privilegiados, por el querer de los dioses, sí, pero nunca lo olvidemos, también por la convicción de sus padres y el saber hacer de unos profesores. Todo un mundillo, o mejor mundazo, que se recrea en si mismo con el justificado convencimiento de tener todas las posibles llaves del futuro, desde escapar de este planeta en descomposición, hasta convertir el agua en vino de una vez por todas. En fin, lean a Berta que les subirá mucho el ánimo si no son ustedes unos chusmas.
lunes, 7 de mayo de 2018
Valor añadido
A mí, como comprenderán, que la que se conoce como Princesa del Pueblo parezca un chorizo a punto de reventar es algo que me trae absolutamente sin cuidado. Por lo visto su prosapia le viene de haber tenido una hija con un torero al que en su día las mujeres le tiraban sus bragas al ruedo cada vez que hacía una faena bonita. Reconozco que la cosa en todo su conjunto no deja de tener mérito, incluso excelencia, porque ganarse la vida divinamente después de haber pasado por Oxford es algo que está al alcance de cualquiera, pero conseguirlo sin, por así decirlo, tener noción de lo que es una ecuación cuadrática no puede estar al alcance sino de los que poseen cualidades quasi sobrenaturales.
Debemos aceptarlo: el populus sabe defender su autoestima. Y por eso es precisamente que elevará mucho antes a los altares al ganador de un concurso de pedos que a un astrofísico del CERN. Al fin y al cabo, uno ama aquello en lo que se reconoce y tirar pedos con más o menos arte lo hace cualquiera. Nadie se siente humillado, desde luego, porque otro los tire mejor.
En definitiva, vivir del cuento. Eso sí que tiene tirón y no por ser fácil ni mucho menos. No se necesitan estudios, obviamente, pero temple, un montón. Y al ser posible, unos labios idóneos para el bukake. En fin, esperemos que el chorizo no reviente todavía y tengamos Princesa del Pueblo para rato, porque eso es muy bueno para la autoestima de la gente con escaso valor añadido, que somos casi todos.
domingo, 6 de mayo de 2018
Ana Patricia
El "hasta los niños lo saben" hay que cambiarlo en esta ocasión por "los que mejor lo saben son los niños". Y no por nada sino porque son ellos los que más horas meten viendo porno. "Deja eso y vete a estudiar a tu cuarto", le dice mamá, y, sí, obedece encantado en lo de irse a su cuarto, pero en lo de estudiar... bueno, gramática parda sí que estudian. ¿Qué hubiese hecho yo, madre mía, si a los doce o trece años hubiese tenido al alcance de un click todos esos vídeos esclarecedores? No, desde luego, en las actuales condiciones nadie hubiese sido capaz de escribir la obra maestra de la adolescencia, "My secret life", porque sin curiosidad insatisfecha nadie es capaz de fabular de esa manera.
Así las cosas, más le hubiese valido a Ana Patricia Botín tomar el consejo de un niño antes de abrir la boca para decir semejante patochada a propósito de lo de la maná. Un niño cualquiera le hubiese dicho: "pero por Dios, Ana Patricia, si todo eso no es más que un inocente bukake. ¿Qué pasa, es que tú no ves porno? ¿Pues dónde crees que reside el atractivo de todas esas despedidas de soltero que traen a tanto guiri a Barcelona? ¡Pues en los bukakes, mujer! Mira, coje, agarra, enciende el ordenador y googlea porno. Abre cualquiera de las páginas y en el menú clica en categorias. Rápidamente verás que una de ellas es bukake. Ahí es donde podrás darte cuenta de hasta qué punto has metido la pata por querer pasarte de lista. Sí, mira, es complicado hacer populismo. Porque a la primera de cambio se vuelve contra ti. Una CEO tan importante debiera saber estas cosas. Porque después de oírte ya empiezo a dudar si mis ingentes caudales estarán a salvo en el banco que diriges."
En cualquier caso es curioso esto del porno. Nadie parece verlo, pero, después, la evidencia muestra que de cada diez páginas que se abren en internet una es un portal porno. Ya lo dice Houelebecq en sus novelas, que es el pasatiempo preferido de las clases pasivas. En definitiva, yo diría del porno, lo mismo que Cervantes dijo en la segunda parte de El Quijote a propósito de la primera que ya había sido publicada con gran éxito de público: los niños lo manosean, los jóvenes lo miran, los adultos lo entienden y los viejos se deleitan con él. Lo único que los unifica a todos es que todos se cuelgan del invento. ¡Las estadísticas no engañan!
Así que much ado about nothing: tanto alboroto por un inocente bukake. Aplíquenle la lógica freudiana de andar por casa y comprenderán que no puede tratarse de otra cosa que del lógico resentimiento de las féminas y feminos castrati por no ser lo suficientemente valientes para liberar de vez en cuando el animal que llevan dentro... aunque sólo sea en su vida fantasmática. ¡Ay, Ana Patricia, qué desilusión contigo!
Así las cosas, más le hubiese valido a Ana Patricia Botín tomar el consejo de un niño antes de abrir la boca para decir semejante patochada a propósito de lo de la maná. Un niño cualquiera le hubiese dicho: "pero por Dios, Ana Patricia, si todo eso no es más que un inocente bukake. ¿Qué pasa, es que tú no ves porno? ¿Pues dónde crees que reside el atractivo de todas esas despedidas de soltero que traen a tanto guiri a Barcelona? ¡Pues en los bukakes, mujer! Mira, coje, agarra, enciende el ordenador y googlea porno. Abre cualquiera de las páginas y en el menú clica en categorias. Rápidamente verás que una de ellas es bukake. Ahí es donde podrás darte cuenta de hasta qué punto has metido la pata por querer pasarte de lista. Sí, mira, es complicado hacer populismo. Porque a la primera de cambio se vuelve contra ti. Una CEO tan importante debiera saber estas cosas. Porque después de oírte ya empiezo a dudar si mis ingentes caudales estarán a salvo en el banco que diriges."
En cualquier caso es curioso esto del porno. Nadie parece verlo, pero, después, la evidencia muestra que de cada diez páginas que se abren en internet una es un portal porno. Ya lo dice Houelebecq en sus novelas, que es el pasatiempo preferido de las clases pasivas. En definitiva, yo diría del porno, lo mismo que Cervantes dijo en la segunda parte de El Quijote a propósito de la primera que ya había sido publicada con gran éxito de público: los niños lo manosean, los jóvenes lo miran, los adultos lo entienden y los viejos se deleitan con él. Lo único que los unifica a todos es que todos se cuelgan del invento. ¡Las estadísticas no engañan!
Así que much ado about nothing: tanto alboroto por un inocente bukake. Aplíquenle la lógica freudiana de andar por casa y comprenderán que no puede tratarse de otra cosa que del lógico resentimiento de las féminas y feminos castrati por no ser lo suficientemente valientes para liberar de vez en cuando el animal que llevan dentro... aunque sólo sea en su vida fantasmática. ¡Ay, Ana Patricia, qué desilusión contigo!
sábado, 5 de mayo de 2018
Franco, tenemos un problema
La historia no enseña nada, como dice Pessoa, y la experiencia tampoco, como decía el padre de un amigo de juventud, porque, añadía aquel señor alcohólico e ilustrado, cuando ya la tienes es tiempo de morirse. Así que estamos apañados con nuestra inevitable ceguera. Siempre tropezando en las mismas piedras.
Ahora resulta que la patronal vasca decide dar el finiquito a unos asesinos que tenía a sueldo y a un expresidente del gobierno español se le saltan las lágrimas. Como para mear y no echar gota. Claro que hay que comprenderle porque al pobre chico Franco le fusiló un abuelo, lo cual como que redime a cualquiera de todo, incluso de la estulticia más discapacitante.
"Franco, tenemos un problema". Es lo que tiene el empeñarse en verlo todo en blanco y negro, que cuando te cansas del blanco lo ves todo negro y viceversa. Así que vayan estando preparados para lo que sea porque ya son demasiado evidentes los signos de cansancio de ver toda blanca la democracia y todo negro el franquismo. Todo pura adolescencia, esa edad carne de manipulación.
Digamos las cosas claras: aquí en España sólo hay un problema grave que necesita publicidad desacomplejada si se quiere empezar a pensar en una solución. El otro día en una fiesta de gente guapa en Barcelona el periodista Espada se acercó a preguntarle a la alcaldesa Colau el porqué de que siga manteniendo en lugar privilegiado de la ciudad la estatua homenaje a Cambó, aquel empresario sobresaliente que fue el primero en poner buena parte de su dinero a favor de la causa franquista. Porque, ya, puestos a perseguir fachas...
Porque esa es la única verdad que nadie se atreve a publicar, que los mismos que financiaron el franquismo, la patronal vasca y catalana, son los que vienen desde hace cuarenta años financiando el sabotaje de las instituciones democráticas. Sencillamente, a esa gente no le interesa para nada un régimen político que ponga en cuestión su supremacía y sólo lo consentirán en la medida en la que les dejen ejercerla en sus territorios, que ellos dicen históricos. ¡Menuda mandanga!
Esa es la verdadera cuestión. Se ha visto con lo de ETA que se ha disuelto cuando ya nadie le tose al PNV en el País Vasco. Y Se ve ahora en Cataluña que se han echado al monte en cuanto han visto, ascenso de Ciudadanos mediante, que se les puede escapar el control. Toda esa gente horrorosa, criada a los pechos de San Ignacio y la Moreneta. A por esa gente es a por la que hay que ir si no queremos estar dentro de cuatro días viendo de un blanco resplandeciente lo que venimos viendo de un negro siniestro hace cuarenta años. A Franco me refiero.
Ahora resulta que la patronal vasca decide dar el finiquito a unos asesinos que tenía a sueldo y a un expresidente del gobierno español se le saltan las lágrimas. Como para mear y no echar gota. Claro que hay que comprenderle porque al pobre chico Franco le fusiló un abuelo, lo cual como que redime a cualquiera de todo, incluso de la estulticia más discapacitante.
"Franco, tenemos un problema". Es lo que tiene el empeñarse en verlo todo en blanco y negro, que cuando te cansas del blanco lo ves todo negro y viceversa. Así que vayan estando preparados para lo que sea porque ya son demasiado evidentes los signos de cansancio de ver toda blanca la democracia y todo negro el franquismo. Todo pura adolescencia, esa edad carne de manipulación.
Digamos las cosas claras: aquí en España sólo hay un problema grave que necesita publicidad desacomplejada si se quiere empezar a pensar en una solución. El otro día en una fiesta de gente guapa en Barcelona el periodista Espada se acercó a preguntarle a la alcaldesa Colau el porqué de que siga manteniendo en lugar privilegiado de la ciudad la estatua homenaje a Cambó, aquel empresario sobresaliente que fue el primero en poner buena parte de su dinero a favor de la causa franquista. Porque, ya, puestos a perseguir fachas...
Porque esa es la única verdad que nadie se atreve a publicar, que los mismos que financiaron el franquismo, la patronal vasca y catalana, son los que vienen desde hace cuarenta años financiando el sabotaje de las instituciones democráticas. Sencillamente, a esa gente no le interesa para nada un régimen político que ponga en cuestión su supremacía y sólo lo consentirán en la medida en la que les dejen ejercerla en sus territorios, que ellos dicen históricos. ¡Menuda mandanga!
Esa es la verdadera cuestión. Se ha visto con lo de ETA que se ha disuelto cuando ya nadie le tose al PNV en el País Vasco. Y Se ve ahora en Cataluña que se han echado al monte en cuanto han visto, ascenso de Ciudadanos mediante, que se les puede escapar el control. Toda esa gente horrorosa, criada a los pechos de San Ignacio y la Moreneta. A por esa gente es a por la que hay que ir si no queremos estar dentro de cuatro días viendo de un blanco resplandeciente lo que venimos viendo de un negro siniestro hace cuarenta años. A Franco me refiero.
viernes, 4 de mayo de 2018
Benditas patologías
El ser humano es lo que es y cabe hacerse pocas ilusiones de que vaya a mejorar como especie. El que manda es el animal gregario que lleva dentro y por más que a veces parezca que se domestica mediante la individualización, a la primera adversidad vuelve a la manada, ahora y siempre tan de moda, para cometer los actos más atroces de los que es capaz el mundo viviente.
Individualizarse, o sea, ser joven y pasar de botellones. La tarea del héroe. Sólo contigo mismo ante un mundo sin fronteras. El ideal que imaginaron los padres fundadores.
Porque esa es la dialéctica del mundo: individuo o manada. Civilización o barbarie. Valentía o cobardía. Clarividencia o estupidez. Escojan la que quieran porque todas son lo mismo.
Así las cosas, la única esperanza de salvación que le queda al ser humano es que los dioses omnipotentes prodiguen entre la especie el don de la fobia social. Seres cuya patología les hace invulnerables a las pulsiones gregarias emanadas de los sentimientos de adversidad.
Así que, repitan conmigo: ¡viva la fobia social y mueran los sanfermines!
Individualizarse, o sea, ser joven y pasar de botellones. La tarea del héroe. Sólo contigo mismo ante un mundo sin fronteras. El ideal que imaginaron los padres fundadores.
Porque esa es la dialéctica del mundo: individuo o manada. Civilización o barbarie. Valentía o cobardía. Clarividencia o estupidez. Escojan la que quieran porque todas son lo mismo.
Así las cosas, la única esperanza de salvación que le queda al ser humano es que los dioses omnipotentes prodiguen entre la especie el don de la fobia social. Seres cuya patología les hace invulnerables a las pulsiones gregarias emanadas de los sentimientos de adversidad.
Así que, repitan conmigo: ¡viva la fobia social y mueran los sanfermines!
jueves, 3 de mayo de 2018
La sainetera
Cuando lo de aquellos maravillosos años corría por los medios rebeldes un chiste que consistía en asegurar que España era Una, porque si hubiese otra todos nos iríamos a ella, Grande, porque para cruzarla en tren necesitabas por lo menos cinco días y, Libre, porque podías escoger entre comprar el As o el Marca. Se contaba más que nada para hacer rabiar a los que ostentaban patente de patriotismo que, como es sabido, en todas las épocas los hay y, en algunos casos aislados, sin necesidad de estar chupando del bote. Pues bien, hace unos días ha surgido la polémica, con la consiguiente alharaca de indignados, porque una parejita muy de moda ha andado por ahí exhibiendo el libro "España de mierda". Y de nada ha servido que se explique que se trata de una sátira escrita por uno de profesión provocador, porque cuando un tonto ha conseguido revestirse de respetabilidad indignándose por lo que sea, ya no hay quien le pare. Entonces es como dicen que pasa cuando un perro muerde hueso, que hay que molerle a palos para que lo suelte.
La sátira, desde luego, no es humor fino, es decir, para ilustrados. Más bien es todo lo contrario, para la gente del común que, como es sabido, sólo disfruta de la comida si se sacia. Pero da igual, porque el caso es que el humor, como la comida, siempre alimenta, por más que a veces indigeste y obligue a vomitar. Ya se sabe que no todo el mundo está preparado para los excesos. Cuestión de entrenamiento, en definitiva, que también el espíritu necesita musculatura para resistir los desvelamientos súbitos de la negra realidad.
Recuerdo que en casa de mis padres hubo durante un tiempo una criada a la que llamábamos la sainetera. Y no era porque fuese en absoluto teatrera sino porque para ella cualquier cosa que pasaba, por grave que fuese, era un sainete. Claro que las circunstancias de su vida habían sido de las que generan más músculo que cien años de gimnasio: había andado líada con un tipo echao palante que, cuando lo de la República, había encandilado a la chusma del pueblo para ir a por el cura para darle matarile. Cuando entraron los nacionales, sin esperar un día, hicieron lo propio con él. Y la sainetera quedó sola y compuesta con un niño en la barriga. Como para andarse después con remilgos por un quítame allí esas pajas.
Efectivamente, si me pongo a enumerar todo lo que me parece que tiene que cambiar en costumbres este país para ponerse al día, es decir, para parecerse un poco más a los del norte, la conclusión que saco no puede ser otra que la de que España es una mierda. Ahora mismo, miro por la ventana y qué veo: gente en los balcones sacudiendo las alfombras. Lo hacen con absoluta inocencia, si reparar en lo más mínimo que en la terraza que hay debajo la gente está desayunando. En fin, no voy a seguir con la retahíla porque no quiero partirme de risa.
La sátira, desde luego, no es humor fino, es decir, para ilustrados. Más bien es todo lo contrario, para la gente del común que, como es sabido, sólo disfruta de la comida si se sacia. Pero da igual, porque el caso es que el humor, como la comida, siempre alimenta, por más que a veces indigeste y obligue a vomitar. Ya se sabe que no todo el mundo está preparado para los excesos. Cuestión de entrenamiento, en definitiva, que también el espíritu necesita musculatura para resistir los desvelamientos súbitos de la negra realidad.
Recuerdo que en casa de mis padres hubo durante un tiempo una criada a la que llamábamos la sainetera. Y no era porque fuese en absoluto teatrera sino porque para ella cualquier cosa que pasaba, por grave que fuese, era un sainete. Claro que las circunstancias de su vida habían sido de las que generan más músculo que cien años de gimnasio: había andado líada con un tipo echao palante que, cuando lo de la República, había encandilado a la chusma del pueblo para ir a por el cura para darle matarile. Cuando entraron los nacionales, sin esperar un día, hicieron lo propio con él. Y la sainetera quedó sola y compuesta con un niño en la barriga. Como para andarse después con remilgos por un quítame allí esas pajas.
Efectivamente, si me pongo a enumerar todo lo que me parece que tiene que cambiar en costumbres este país para ponerse al día, es decir, para parecerse un poco más a los del norte, la conclusión que saco no puede ser otra que la de que España es una mierda. Ahora mismo, miro por la ventana y qué veo: gente en los balcones sacudiendo las alfombras. Lo hacen con absoluta inocencia, si reparar en lo más mínimo que en la terraza que hay debajo la gente está desayunando. En fin, no voy a seguir con la retahíla porque no quiero partirme de risa.
miércoles, 2 de mayo de 2018
Condecoraciones
Decir que estamos viviendo un fin de época suena más que nada a vulgaridad, porque díganme ustedes en qué época no se ha podido decir lo mismo. Y ya, si el que lo dice, encima es viejo, entonces, miel sobre hojuelas como se suele decir. Pero bueno, eso no quita para se estén produciendo hechos que cuanto menos son chocantes. La desaparición de las tiendas, por poner un ejemplo. O el ligoteo online. O la espada de Damócles que para los negocios cara al público es la existencia de las redes sociales. Todo este batiburillo de nuevas costumbres que se van estableciendo internet mediante.
Pero hay una cosa, sobre todas las demás, que me indica que el asunto no va de broma. Se trata del más que posible paso a mejor vida de los Premios Nobel. Y no es que no lo hubiésemos sospechado e incluso tenido ciertas certezas, pero es que con los actuales grados de transparencia se ha puesto meridianamente de manifiesto que esa venerable institución tiene entre sus miembros el mismo porcentaje de chusma que cualquier otra. Y que al fin y la postre no es más que uno más entre los numerosos grupos de presión que barren para su casa. Otro rey que va desnudo, para que nos entendamos.
Personalmente nunca hubo nada que me pareciese tan ridículo como los diplomas de honor. Es como la risa que me dan esos generales rusos que supongo acabarán todos con escoliosis a causa del peso de sus muchísimas medallas que se ven obligados a llevar ostentosamente en el lado izquierdo de su pecho. Bueno, a veces, por sobreproducción, ponen alguna en el derecho, pero seguro que es de mala gana. Y la risa que también me da, porque es que en esto conozco bien el percal, esas salas de espera de médicos con las paredes atiborradas de diplomas. ¡Dios mío, qué pleistocénico! Por contra, mi dermatóloga de Madrid sólo tiene en la pared grandes fotos de ella en posturas amorosas y casi porno con el que supongo es su marido. ¡Eso sí que es modernidad!
El caso es que, a la postre, como no podía ser de otra manera triunfa en el mundo el espíritu libertario. La nueva ciudadanía es cada vez más capaz de distinguir entre el mérito y la promoción comercial. Y también, por tal, cada vez se acoge más a aquel viejo adagio de La Codorniz que sostenía que solo resplandece la verdad donde no hay publicidad.
En fin, como ya les he contado mil veces, soy adicto a los tutoriales musicales de youtube. Y lo bueno del caso es que cada sí y cada no, entre tutorial y tutorial se me cuela un vídeo en el que siempre aparece Antonio Escohotado siendo entrevistado por la gente más diversa. Y siempre es tronchante. El vejete que desmonta todos los mitos que sostienen este tinglado chusmático que ya más que nada sólo da risa. Desfiles de moda, festivales de cine, ferias del libro, procesiones de Semana Santa, así va la Liga, las diez ciudades que no te puedes perder, operaciones salida, caquitas de perro, etc.... no, mira, la vida ya no es eso, es algo que cada uno tiene que descubrir por si mismo sin que nadie te imponga los maestros. La vida es pensar, como dice Eschotado. Y no hay más.
Pero hay una cosa, sobre todas las demás, que me indica que el asunto no va de broma. Se trata del más que posible paso a mejor vida de los Premios Nobel. Y no es que no lo hubiésemos sospechado e incluso tenido ciertas certezas, pero es que con los actuales grados de transparencia se ha puesto meridianamente de manifiesto que esa venerable institución tiene entre sus miembros el mismo porcentaje de chusma que cualquier otra. Y que al fin y la postre no es más que uno más entre los numerosos grupos de presión que barren para su casa. Otro rey que va desnudo, para que nos entendamos.
Personalmente nunca hubo nada que me pareciese tan ridículo como los diplomas de honor. Es como la risa que me dan esos generales rusos que supongo acabarán todos con escoliosis a causa del peso de sus muchísimas medallas que se ven obligados a llevar ostentosamente en el lado izquierdo de su pecho. Bueno, a veces, por sobreproducción, ponen alguna en el derecho, pero seguro que es de mala gana. Y la risa que también me da, porque es que en esto conozco bien el percal, esas salas de espera de médicos con las paredes atiborradas de diplomas. ¡Dios mío, qué pleistocénico! Por contra, mi dermatóloga de Madrid sólo tiene en la pared grandes fotos de ella en posturas amorosas y casi porno con el que supongo es su marido. ¡Eso sí que es modernidad!
El caso es que, a la postre, como no podía ser de otra manera triunfa en el mundo el espíritu libertario. La nueva ciudadanía es cada vez más capaz de distinguir entre el mérito y la promoción comercial. Y también, por tal, cada vez se acoge más a aquel viejo adagio de La Codorniz que sostenía que solo resplandece la verdad donde no hay publicidad.
En fin, como ya les he contado mil veces, soy adicto a los tutoriales musicales de youtube. Y lo bueno del caso es que cada sí y cada no, entre tutorial y tutorial se me cuela un vídeo en el que siempre aparece Antonio Escohotado siendo entrevistado por la gente más diversa. Y siempre es tronchante. El vejete que desmonta todos los mitos que sostienen este tinglado chusmático que ya más que nada sólo da risa. Desfiles de moda, festivales de cine, ferias del libro, procesiones de Semana Santa, así va la Liga, las diez ciudades que no te puedes perder, operaciones salida, caquitas de perro, etc.... no, mira, la vida ya no es eso, es algo que cada uno tiene que descubrir por si mismo sin que nadie te imponga los maestros. La vida es pensar, como dice Eschotado. Y no hay más.
martes, 1 de mayo de 2018
La noria.
Tengo la impresión de que poco a poco se va apoderando del mundo que se dice libre una especie de nostalgia del autoritarismo. Del padre castrador por recurrir a términos freudianos. Son las cosas del eterno retorno o de la búsqueda incesante de la excelencia económica en términos biológicos. Y es que cuando la razón da muestras de que empieza a patinar salen de forma automática al quite las hormonas, es decir, el instinto de conservación que, traducido a román paladino, no es otra cosa que miedo a la libertad.
El miedo a la libertad, aquel librito de Erich Fromm que todos compraron cuando lo de aquellos maravillosos años y casi nadie leyó. Y de los que lo leyeron ¿cuántos lo entendieron minímamente? Mejor que no, porque ¡Dios mío, qué cosa más trabajosa esa de la libertad! Siempre cargando con el peso de las propias decisiones, por lo general equivocadas. ¡Por los clavos de Cristo, qué me quiten esto de encima!
Todas esas histéricas que salen a la calle a gritar que no las violen, ¿qué es lo que en realidad están pidiendo? Pues muy sencillo, se lo digo, que vuelva Franco aunque sea de cabo. Porque cuando él mandaba estas cosas no pasaban por la simple razón de que no se hablaba de ello. Y cuando, por descuido de la autoridad competente trascendía algún caso, se cogía al autor y se le daba garrote con lo que se podía escuchar en todo el país un sonoro suspiro de alivio. Sí, esa es la realidad de los cada vez más frecuentes sentimientos de las masas aniñadas por el transcurrir de los años pidiendo lo imposible. Que esa es la magia de la democracia que pides lo imposible y siempre acaba por llegar el político que te lo da. Y luego tienes que gestionarlo y no sabes cómo. Y te asustas. Y gritas ¡viva las caenas!
Así que, nada nuevo bajo las estrellas. Dando vueltas a la noria de la historia, que no para otra cosa es que estemos aquí.
El miedo a la libertad, aquel librito de Erich Fromm que todos compraron cuando lo de aquellos maravillosos años y casi nadie leyó. Y de los que lo leyeron ¿cuántos lo entendieron minímamente? Mejor que no, porque ¡Dios mío, qué cosa más trabajosa esa de la libertad! Siempre cargando con el peso de las propias decisiones, por lo general equivocadas. ¡Por los clavos de Cristo, qué me quiten esto de encima!
Todas esas histéricas que salen a la calle a gritar que no las violen, ¿qué es lo que en realidad están pidiendo? Pues muy sencillo, se lo digo, que vuelva Franco aunque sea de cabo. Porque cuando él mandaba estas cosas no pasaban por la simple razón de que no se hablaba de ello. Y cuando, por descuido de la autoridad competente trascendía algún caso, se cogía al autor y se le daba garrote con lo que se podía escuchar en todo el país un sonoro suspiro de alivio. Sí, esa es la realidad de los cada vez más frecuentes sentimientos de las masas aniñadas por el transcurrir de los años pidiendo lo imposible. Que esa es la magia de la democracia que pides lo imposible y siempre acaba por llegar el político que te lo da. Y luego tienes que gestionarlo y no sabes cómo. Y te asustas. Y gritas ¡viva las caenas!
Así que, nada nuevo bajo las estrellas. Dando vueltas a la noria de la historia, que no para otra cosa es que estemos aquí.
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