viernes, 11 de mayo de 2018

Ciudadanos

Cada día que pasa más me convenzo de que los desagradables problemas por los que está pasando este país tienen como principal trasfondo la gran mentira que se ha instalado como doctrina oficial del actual régimen democrático: todo lo que huele a Franco es nefasto. De aquellos años ya no queda ni una flor, por decirlo en plan corrido mexicano. ¡Y pobre del que se le ocurra mencionar una! Automáticamente se le cae media España encima y le deja como una oblea. En fin, vamos a ver si ahora que los de El País parecen haber encontrado su razón de ser en la lucha contra la fake news, empiezan por barrer su propia casa donde las vienen cociendo a calderadas desde su misma fundación. 

El caso es que cada vez más gente se entera de que cuando lo de Franco no pasaban ciertas cosas que ya nos tienen hasta las pelotas. Y a la gente le da igual el porqué de que no pasasen. Simplemente se sabe que no pasaban y eso genera nostalgia de aquella mítica edad dorada cuya restauración fue la meta que puso a Don Quijote en los caminos. 

Pues sí, la verdad es que en la época de Franco se hicieron muchas cosas detestables, pero también muchas admirables que son las únicas de las que va quedando testimonio. Porque es lo que tiene la memoria, que por lo que sea, tiene una querencia irreprimible a recordar lo bueno y olvidar lo malo. Tu coges, agarras, te das una vuelta por la región de la montaña palentina y ¿quién recuerda que allí se persiguió a disidentes políticos? Allí, de aquella época, queda lo que se ve: pantanos y centrales eléctricas. El fundamento de todo el progreso posterior que nos sacó del medievo para ponernos en la cresta de la ola de la modernidad.

Sí, aquella edad de la que la memoria va expurgando a los curas y demás miserias para ir convirtiéndola en dorada. En la que no había putos catalanes ni putos vascos. En la que en diez años se pasó del arado romano al tractor, del burro al coche, del abuelo analfabeto al nieto filólogo, de la misa y el rosario a la playa y la discoteca. ¡Cómo para no mitificarla! 

Y ahora vienen por ahí pegando fuerte unos que se llaman Ciudadanos. En realidad no son más que gente dispuesta a contar la verdad de lo que pasó. Y ya saben lo que dijo Noséquién, que la verdad es lo que nos hace libres. Sí, se adivinan en lontananza tiempos interesantes: toda una sociedad engañada durante décadas enfrentada de pronto a la verdad. Somos de donde venimos y es de mierdas no reconocerse en lo que se es, que, al fin y al cabo, tampoco es que esté tan mal... con Franco y todo.   

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