viernes, 4 de mayo de 2018

Benditas patologías

El ser humano es lo que es y cabe hacerse pocas ilusiones de que vaya a mejorar como especie. El que manda es el animal gregario que lleva dentro y por más que a veces parezca que se domestica mediante la individualización, a la primera adversidad vuelve a la manada, ahora y siempre tan de moda, para cometer los actos más atroces de los que es capaz el mundo viviente. 

Individualizarse, o sea, ser joven y pasar de botellones. La tarea del héroe. Sólo contigo mismo ante un mundo sin fronteras. El ideal que imaginaron los padres fundadores. 

Porque esa es la dialéctica del mundo: individuo o manada. Civilización o barbarie. Valentía o cobardía. Clarividencia o estupidez. Escojan la que quieran porque todas son lo mismo. 

 Así las cosas, la única esperanza de salvación que le queda al ser humano es que los dioses omnipotentes prodiguen entre la especie el don de la fobia social. Seres cuya patología les hace invulnerables a las pulsiones gregarias emanadas de los sentimientos de adversidad. 

Así que, repitan conmigo: ¡viva la fobia social y mueran los sanfermines!

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