Me han mandado un vídeo en el que un cantante andaluz de copla -perdón por el pleonasmo- muestra toda su gracia e ingenio con un canción que se titula "Soy español". Normalmente todos esos vídeos los borro sobre la marcha, pero éste, por lo que fuere, me paré a verlo. Y utomáticamente me vino a las mientes aquel chiste, no sé si de Chumy Chúmez, en el que un tipo decía: "zoy españó, cazi na". Y otro tipo que andaba por allí y le oyó, dijo para sí: "no sé como se atreve a decir una verdad tan grande".
En definitiva, que mi impresión es que vamos para atrás, hacia los valores más primarios de la especie, entre los cuales destacaría ese tan difundido entre la chusma de everywere que consiste en sentirse orgulloso por cosas que al ser producto de la mera casualidad no albergan el menor mérito. El citado cantante reitera en el estribillo que esta orgullosísimo de ser español y, por si fuera poco, que sus cositas, supongo que se refiere a sus costumbres, que no se las toquen. Y, entonces, ya tenemos ahí el cóctel perfecto para emborrachar de zoquetería al personal. Orgullo y cositas.
Me deprime todo esto. Y si no fuese porque leo los artículos de Berta González de la Vega creo que me suicidaría. Porque yo no quiero volver a aquella España cojoneril de "con una vara de mimbre va a Sevilla a ver los toros". Gracias a Berta sé que existe ESTALMAT, una asociación para el estímulo del talento matemático. Y tengo la convicción de que cosas, no cositas, así son la esencia de la España actual. Es el pacto que una parte de la sociedad ha firmado con Apolo para hacer frente al imperio dionisiaco de las "cositas". En fin, las costumbres, o tradiciones, o cositas, más honor en abandonarlas que en conservarlas, Hamlet dixit. Por lo demás, señores, métanse ese orgullo tan suyo por donde les quepa.
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