jueves, 24 de mayo de 2018

Alegría

"Los filósofos que han especulado sobre la significación de la vida y sobre el destino del hombre no han notado lo suficiente que la naturaleza se ha tomado la molestia de informarnos sobre sí misma. Ella nos advierte por un signo preciso que nuestro destino está alcanzado. Ese signo es la alegría. Digo la alegría, no digo el placer. El placer no es más que un artificio imaginado por la naturaleza para obtener del ser viviente la conservación de la vida; no indica la dirección en la que es lanzada la vida. Pero la alegría anuncia siempre que la vida ha triunfado, que ha ganado terreno, que ha conseguido una victoria: toda gran alegría tiene un acento triunfal." (La conciencia y la vida, Bergson)

No es que yo haya leído a Bergson, ni mucho menos, pero como siempre ando diletanteando daquí payá pues, con motivo de querer tocar con la armónica el himno de nuestra Comunidad de Intereses me fui a youtube a informarme y, después de escucharlo, me puse a leer los comentarios y, entre la burricie habitual, encontré esta perla, que siempre las hay. 

Bueno, el presidente Macrón empezó su mandato con una larga caminata que parecía que nunca se iba a acabar por la explanada del Louvre a los sones del Himno de la Alegría. Toda una declaración de principios, bastante revolucionarios por cierto. Frente al "¡Amor sagrado de la Patria, conduce y sostén nuestros brazos vengadores!" de La Marsellesa el "¡Alegría, hermoso destello de los dioses, hija del Elíseo! ¡Ebrios de entusiasmo entramos, diosa celestial, en tu santuario! Tu hechizo une de nuevo lo que la moda había separado; todos los hombres vuelven a ser hermanos allí donde tu suave ala se posa" del Himno de la Alegría. Un salto brutal, desde luego, el que va del placer efímero de la venganza a la ebriedad de la reconciliación cósmica. 

Y en esas se nos va la vida tras el placer efímero que proporcionan las modas que dividen a los hombres, perdón, y las mujeres. Luego, claro, de rebote el vacío, la tristeza y la amargura. Y la queja que no cesa. Y la víctima que busca recompensa, más placer efímero, en la venganza. En fin, no sé, porque esto de las emociones da mucho tajo a poetas y filósofos, pero a la hora de la verdad lo único que hay que saber es que hay que pasar como de la mierda de todo lo que no sea hambre y enfermedad. A partir de ahí la vida, un suspiro, es una fiesta. 

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