Pienso que si en algo me voy repitiendo en las entradas de este blog es en el intento de explicar lo que para mí es la raíz de todos los males que aquejan a la actual política española. Y sé de sobra que mi problema para hacerme entender en tan espinoso asunto estriba en las limitaciones de mi prosa de aficionado. Se necesita mucho oficio para tan altas pretensiones. Por ejemplo, sin ir más lejos, el que tiene Arcadi Espada que hoy en su artículo del mundo "Estancias privadas de Franco" describe con la sencillez y economía que caracterizan a las tesis de los genios lo que la tosquedad de mis argumentos hacía ininteligible. "Franco fue una letal exigencia pragmática", ya sólo con esta frase deja todo el el asunto visto para sentencia. Como, por poner un ejemplo parejo, pudo serlo Pisistrato en la descerebrada Atenas de Solón. Pero, a lo que íbamos, a la estulticia de la susodicha derecha que se avergüenza de lo que sin duda ha sido su mayor logro: haber comprendido la ineludible necesidad de esa exigencia y haberle prestado su apoyo. Y, ahora, no saber pasar los resultados del experimento por delante de las narices de sus oponentes. ¿Porque quién podría negar que fueron espectaculares? Ahí están los números para corroborarlo, que diría Feyman para dejar la discusión cerrada. Porque para nada hace falta sacar a colación que los socialistas mataron a mi abuelo por ser empresario cuando por haber perdido las elecciones se levantaron en armas contra la legalidad vigente en el 34. Eso ya, pelillos a la mar. Lo que cuenta es la cantidad de españoles que cuando murió el dictador ya tenían coche, segunda vivienda, título universitario, y cosas por el estilo.
Escribe Arcadi:
"Franco no prescribe. Hay quien deduce de ello la necesidad de que los españoles se sometan a un tratamiento psicoanalítico. No me lo parece. No creo que Franco fuera padre hasta el extremo que necesita esa pseudociencia para explayarse. Franco fue una letal exigencia pragmática. No sólo en su alzamiento. No sólo hasta su muerte. Lo más extraordinario es que hoy sigue siéndolo por obra y gracia de sus enemigos, que lo utilizan para sus fines de una manera igualmente pragmática. Entre el viejo reformismo adscrito a lo que fue la Unión de Centro Democrático circula una tesis sofisticada e interesante. Si Franco sigue siendo un recurso eficaz de la izquierda es porque la derecha cometió el error de no asumir que, en efecto, ellos eran los herederos del franquismo. Buena parte de la falta de caducidad proviene de que nunca en democracia se levantó de su escaño un portavoz de la derecha y dijo: "Sí, nosotros somos los herederos de Franco". Al tiempo que señalando a las bancadas de la izquierda proseguiría: "Como ustedes lo son de Largo Caballero". Con su falta de reconocimiento de la obviedad, con sus balbuceos ante cada mención de Franco, la derecha convirtió la exigencia pragmática del franquismo en una suerte de pecado original. Es decir, selló su carácter imprescriptible. Y algo peor: permitió una continuidad. Porque lo que la izquierda le dice hoy a la derecha, constatado su vergonzante complejo, no es ya que sea una pura herencia del franquismo sino que es el franquismo."
En fin, para mí que algo se está moviendo en la buena dirección. Y como siempre pasa con estas cosas gracias a que hay gente encerrada en su habitación pensando.
domingo, 30 de septiembre de 2018
sábado, 29 de septiembre de 2018
Expectativas
Si hay algo que haya aumentado exponencialmente en esta ciudad en la que vivo, y supongo que en todas, es el número de ancianos, y ancianas sobre todo, por lo general amomados, que van en sillas de ruedas empujados ya sea por un familiar o, mucho más frecuente, una doméstica andina. Es una consecuencia directa, y sarcástica, del aumento de las expectativas de vida. ¡Y qué le vamos a hacer! Y más que van aumentar en el futuro si tenemos en cuenta que se ha puesto de moda el colocar en el regazo de esos viejos, y viejas, amomados un perrito con lacito de esos que llaman yorkshire. Una verdadera monada que a buen seguro se convertirá en el desenmomizador que desenmomizará lo que a todas luces parecía endesenmomizable. Y las domésticas, claro, tan acostumbradas como están a limpiar cacotas no se van a inmutar por tener que recoger unas caquitas de más, que para eso están.
En realidad, si bien se mira, esto de las expectativas es como el trocito de queso que se pone en las ratoneras para atraer al ratón hacia su perdición. Y si mejor se mira todavía, toda la producción literaria desde la noche de los tiempos no ha sido otra cosa que una continua advertencia para que no nos fiemos del trocito de queso que está ahí a disposición del primero que llegue. Bien es verdad que a la vista está que no ha servido para casi nada. Porque la esencia de la humanidad es no hacer caso de las advertencias de los sabios porque lo que en realidad le gusta es vivir atrapada en la ratonera. A la que sales de tu habitación, ¡ala!, ya estás dentro de ella. Y no porque lo dijese Pascal, que era listo donde los haya habido, no, se lo digo yo por propia experiencia: en la calle solo hay embuste so capa de expectativa. O vampiros y zombis, aunque no entiendo muy bien la diferencia.
En fin, antes iba al parque porque lo consideraba una extensión de mi habitación, pero resulta que ahora está lleno de perrazos sueltos. ¡Otra expectativa que se me fue al carajo! ¡Albricias! Ya no hay casi nada que me incite a abandonar mi reducto sin trampas.
En realidad, si bien se mira, esto de las expectativas es como el trocito de queso que se pone en las ratoneras para atraer al ratón hacia su perdición. Y si mejor se mira todavía, toda la producción literaria desde la noche de los tiempos no ha sido otra cosa que una continua advertencia para que no nos fiemos del trocito de queso que está ahí a disposición del primero que llegue. Bien es verdad que a la vista está que no ha servido para casi nada. Porque la esencia de la humanidad es no hacer caso de las advertencias de los sabios porque lo que en realidad le gusta es vivir atrapada en la ratonera. A la que sales de tu habitación, ¡ala!, ya estás dentro de ella. Y no porque lo dijese Pascal, que era listo donde los haya habido, no, se lo digo yo por propia experiencia: en la calle solo hay embuste so capa de expectativa. O vampiros y zombis, aunque no entiendo muy bien la diferencia.
En fin, antes iba al parque porque lo consideraba una extensión de mi habitación, pero resulta que ahora está lleno de perrazos sueltos. ¡Otra expectativa que se me fue al carajo! ¡Albricias! Ya no hay casi nada que me incite a abandonar mi reducto sin trampas.
viernes, 28 de septiembre de 2018
Persianas abajo
La prensa está que lo tira: reserva una habitación de hotel para encontrarse con su amante y a quien se encuentra es a su suegra. Gritos e insultos. Como los hechos sucedieron en Argentina, supongo que boludo y cosas así. Lo verdaderamente sorprendente de semejante nimiedad es que haya saltado el charco para aparecer de forma más o menos ostentórea en prácticamente todos los medios de comunicación de la Madre Patria. Porque así están las cosas: el mundo convertido en gigantesca cancha en la que sólo se juega a expiar los pecados. La hicistes, pues a la picota digital. Sin perdón, al estilo Clint Estwood.
Ayer, por ejemplo, estuvieron durante horas todas las televisiones del mundo mundial retransmitiendo la sesión de control, o interrogatorio si evitamos los eufemismos, al que el Senado de EEUU estaba sometiendo a una paya que por lo visto acusa a otro payo que va para muy importante de haberla tratado de violar en un guateque allá por los años 80, cuando los dos eran adolescentes. Bueno, seguro que estuvo feo, pero...
Por dios bendito, pero qué locura es ésta. Como si uno no tuviese ya bastante con lo que la propia conciencia te tortura en los días depresivos, cuando la memoria se recrea en revivirte los momentos más abyectos de tu existencia. Porque, ¿quién no los tuvo? Ni los socialistas se libran, ¡y mira que lo parecía!, como bien se está comprobando en estos días aciagos para ellos.
Es muy difícil prever a dónde nos va a llevar esta dinámica imperante de la pureza como sinónimo de la excelencia. Yo, siempre hubiese apostado porque pureza y excelencia es un oximorón, pero parece que no, que es justamente un pleonasmo. Los excelentes son los puros y viceversa. Como en las historias de mamá cuando comentaba de su familia directa. Quizá todas las mamás del mundo hagan lo mismo y de esos polvos... el chasco que te llevas cuando empiezas a hurgar. Y más todavía cuando son otros los hurgan buscando cortarte el paso.
Y pensar que hace cuatro días todo era al revés. A Gide le dieron el Premio Nobel entre otras cosas porque contó con maestría en sus memorias su aficción desatada por los niños. A Mao le tenían que servir en bandeja todos los días una adolescente virgen so pena de que se le apagase el genio demiurgo. En realidad, qué otra ventaja tuvo hasta ayer el ser famoso o poderoso que no fuese el tener bula para dar rienda suelta a las bajas pasiones sin por ello suscitar la reprobación del respetable. Si uno era el mejor en lo suyo, pues a engrasarle la autoestima como fuera menester con tal de que siguiese dando frutos. Esa ha sido siempre la tónica del mundo y cambiarla se me antoja letal. Porque es que además, me parece imposible más allá de bajar las persianas de la galería para que no se vea lo que pasa detrás.
Sí, señoras y señores, a tal abuso de inquisición sólo le veo una salida digna: la entronización como dueña y señora del mundo a la hipocresía que, como supongo sabrán ya, no es otra cosa que el homenaje que el vicio hace a la virtud. Eso, persianas abajo.
Ayer, por ejemplo, estuvieron durante horas todas las televisiones del mundo mundial retransmitiendo la sesión de control, o interrogatorio si evitamos los eufemismos, al que el Senado de EEUU estaba sometiendo a una paya que por lo visto acusa a otro payo que va para muy importante de haberla tratado de violar en un guateque allá por los años 80, cuando los dos eran adolescentes. Bueno, seguro que estuvo feo, pero...
Por dios bendito, pero qué locura es ésta. Como si uno no tuviese ya bastante con lo que la propia conciencia te tortura en los días depresivos, cuando la memoria se recrea en revivirte los momentos más abyectos de tu existencia. Porque, ¿quién no los tuvo? Ni los socialistas se libran, ¡y mira que lo parecía!, como bien se está comprobando en estos días aciagos para ellos.
Es muy difícil prever a dónde nos va a llevar esta dinámica imperante de la pureza como sinónimo de la excelencia. Yo, siempre hubiese apostado porque pureza y excelencia es un oximorón, pero parece que no, que es justamente un pleonasmo. Los excelentes son los puros y viceversa. Como en las historias de mamá cuando comentaba de su familia directa. Quizá todas las mamás del mundo hagan lo mismo y de esos polvos... el chasco que te llevas cuando empiezas a hurgar. Y más todavía cuando son otros los hurgan buscando cortarte el paso.
Y pensar que hace cuatro días todo era al revés. A Gide le dieron el Premio Nobel entre otras cosas porque contó con maestría en sus memorias su aficción desatada por los niños. A Mao le tenían que servir en bandeja todos los días una adolescente virgen so pena de que se le apagase el genio demiurgo. En realidad, qué otra ventaja tuvo hasta ayer el ser famoso o poderoso que no fuese el tener bula para dar rienda suelta a las bajas pasiones sin por ello suscitar la reprobación del respetable. Si uno era el mejor en lo suyo, pues a engrasarle la autoestima como fuera menester con tal de que siguiese dando frutos. Esa ha sido siempre la tónica del mundo y cambiarla se me antoja letal. Porque es que además, me parece imposible más allá de bajar las persianas de la galería para que no se vea lo que pasa detrás.
Sí, señoras y señores, a tal abuso de inquisición sólo le veo una salida digna: la entronización como dueña y señora del mundo a la hipocresía que, como supongo sabrán ya, no es otra cosa que el homenaje que el vicio hace a la virtud. Eso, persianas abajo.
jueves, 27 de septiembre de 2018
Décontracté
Uno ve el vestido que se ha puesto la mujer del Dr. Sánchez I Suppose, para ir a ver al siempre denostado por odiado matrimonio Trump y siente pena por ella. Primero un padre dedicado a negocios de prostitución, luego un marido más corto que las mangas de un chaleco y, para terminar, ya digo, ese vestido. Y digo yo, ¿pero es que no hay nadie en esas alturas que habita que la quiera un poco? Pues parece ser que no porque, de lo contrario, alguien le hubiera dicho, tía, que ya dais bastante el cante, no quieras subir un tono más que seguro que te sale un gallo. Pero nada, ni se enteran, que para eso está El País, para tergiversar los ridículos de los nuestros en gracias. ¡Flaco favor!
En realidad todo esto del Dr Sánchez I Suppose está resultando una sitcom de lo más divertida. Cada día tiene su "pillados con las manos en la masa" rematado por el inevitable "esto no es lo que parece". A eso se reduce todo y mientras tanto la nave va merced a una inercia que viene de muy atrás más las fuerzas añadidas de los que compramos en Zara y Mercadona... los del Instituto de Física Teórica, que les decía ayer, y su estela de seguidores, por señalar a alguien.
Así son las cosas, el Dr. Sánchez I Suppose está ahí porque, por decirlo con pedantería, ha cambiado el paradigma. Antaño, la figura del torero se bastaba para que los desheredados de la autoestima vislumbrasen la esperanza. Hoy día se necesita que un Don Nadie, tramposo por demás, llegue a jefe del ejecutivo, porque esa es la prueba del nueve de que cualquiera puede ser alguien con un poco de gimnasio y unas gafas de puto amo.
Es muy difícil, sí, tener la fiesta en paz. Y los que mandan lo saben y hacen sus malabares para lograrlo. Porque al fin y al cabo, qué es un jefe del ejecutivo. Se lo diré: más o menos como un jefe de departamento en Zara o Mercadona, sólo que con más presencia en los medios. Pero igual que ellos, una decisión fuera de programa y sería fulminado. Así son las reglas del juego y no conviene confundir las florituras de lucimiento con la vulneración de las reglas. Por eso, a mi juicio, los gritos de las histéricas están de más, porque de momento no hay más que un seguimiento de guión con estilo de comedia. O sea, el ideal para que se luzcan comentándolo las grandes plumas del país. ¿O es que recuerdan momento alguno con semejante explosión de talento en los medios? Ríanse ustedes de cuando aquella famosa generación del 98. Lo de ahora comparado con aquello es encarnizamiento hermenéutico adobado de sarcasmo décontracté. O sea, una invitación al optimismo porque no hay moros en la costa. Y los pocos que hay solo quieren venir para abrir las zanjas.
En realidad todo esto del Dr Sánchez I Suppose está resultando una sitcom de lo más divertida. Cada día tiene su "pillados con las manos en la masa" rematado por el inevitable "esto no es lo que parece". A eso se reduce todo y mientras tanto la nave va merced a una inercia que viene de muy atrás más las fuerzas añadidas de los que compramos en Zara y Mercadona... los del Instituto de Física Teórica, que les decía ayer, y su estela de seguidores, por señalar a alguien.
Así son las cosas, el Dr. Sánchez I Suppose está ahí porque, por decirlo con pedantería, ha cambiado el paradigma. Antaño, la figura del torero se bastaba para que los desheredados de la autoestima vislumbrasen la esperanza. Hoy día se necesita que un Don Nadie, tramposo por demás, llegue a jefe del ejecutivo, porque esa es la prueba del nueve de que cualquiera puede ser alguien con un poco de gimnasio y unas gafas de puto amo.
Es muy difícil, sí, tener la fiesta en paz. Y los que mandan lo saben y hacen sus malabares para lograrlo. Porque al fin y al cabo, qué es un jefe del ejecutivo. Se lo diré: más o menos como un jefe de departamento en Zara o Mercadona, sólo que con más presencia en los medios. Pero igual que ellos, una decisión fuera de programa y sería fulminado. Así son las reglas del juego y no conviene confundir las florituras de lucimiento con la vulneración de las reglas. Por eso, a mi juicio, los gritos de las histéricas están de más, porque de momento no hay más que un seguimiento de guión con estilo de comedia. O sea, el ideal para que se luzcan comentándolo las grandes plumas del país. ¿O es que recuerdan momento alguno con semejante explosión de talento en los medios? Ríanse ustedes de cuando aquella famosa generación del 98. Lo de ahora comparado con aquello es encarnizamiento hermenéutico adobado de sarcasmo décontracté. O sea, una invitación al optimismo porque no hay moros en la costa. Y los pocos que hay solo quieren venir para abrir las zanjas.
miércoles, 26 de septiembre de 2018
Música callada
Si uno se alimenta de la espuma de los días, que es lo que parece que hace la inmensa mayoría, diríamos que no hay más platos en la mesa que el espectáculo de la lucha por los sueldos del poder político, o la eterna y cansina pugna entre equipos de fútbol o similares, o el irresistible imán de la mirada que son los culos de las influencers de moda. Y tres o cuatro insignificancias más que pasarán a engrosar el saco del olvido en menos de lo que canta un gallo, como se solía decir. Pero ya digo, parece. Solo parece.
Hay otros alimentos a cierta profundidad que atraen el interés de mucha más gente de la que se tiende a pensar. Resulta que, no hace mucho, los miembros del Instituto de Física Teórica dieron un ciclo de conferencias sobre los elementos constitutivos de la materia. Pues bien, esas conferencias las gravaron y colgaron luego en youtube. Y lo más sorprendente, y marvilloso, de todo este asunto son los muchos miles, cientos de miles, de visitas que tienen esas conferencias.
Los elementos constitutivos de la materia, como interactuan entre ellos y demás, es algo endemoniadamente complicado y así, a vista de profano, da la impresión de nunca se va a llegar a comprender del todo. Pero, como con tantas otras cosas que son en principio inaprensibles, lo interesante es el afinamiento del espíritu que se consigue especulando sobre ellas en un intento tantas veces frustrante de vislumbrar lo que hay un poquito más allá.
Y ese afinamiento del espíritu es para mí la clave del sólido mantenimiento de todo este tinglado en el que vivimos que juzgando sólo por el ruido que mete siempre parece que está a un punto de la ruina total. Pero nada más lejos, ya digo, que son cientos de miles los que dedican sus ocios a la música callada del saber... por cierto, alguno de ustedes sabe a que velocidad tiene que salir del fusil una bala disparada horizontalmente, pongamos que en Finisterre, para llegar a la otra orilla del Atlantico sin caer al agua. Tengan en cuenta que la bala cae 9,81 metros por segundo y que el radio de la Tierra es de 6371 kilómetros. Música callada.
martes, 25 de septiembre de 2018
Bodrios
Que conste que lo único que me interesa de verdad de Sky News y la BBC es escuchar inglés en un inútil intento de conservar el poco que me va quedando ya. Es otro más de los muchos mantenimientos que hago para sacar adelante la ilusión de que, aunque sea en precario, mantengo el tipo. Pero, en fin, ésta es una historia jeremíaca en la que no quiero abundar. El caso es que escucho y veo esas emisoras y, con lo poco que entiendo, me doy cuenta de que lo del Brexit en Gran Bretaña es exactamente lo mismo que lo de Cataluña en España: dos escusas que se han buscado ambas sociedades para poder meter en sus aburridas y letales opulencias el salvífico ingrediente de la agonía.
La cosa no es difícil de entender. Uno mira la historia de los dos países del Renacimiento para acá y ve que han abusado como ningún otro de semejante droga. Y, a la vista de los resultados, con notable éxito. Ningún país que yo sepa tiene personajes como Blas de Lezo o Nelson que parece que se crecían cuanto más mutilados estaban. Sacando energía de las desgracias unos y otros han impregnado el mundo con sus costumbres. O culturas que le dicen. Y ahora, claro, vete tú y diles que a palo seco. No saben lo que es el mono los que tal sugieren.
Por eso, por más que tanto el Brexit como el Catalindondón parezca jugar con fuego, no se preocupen porque no es más que seguir con la adicción a la agonía. O al borde del precipicio. Pero siempre con cuerdas a mano para hacer rápel caso de que falle el equilibrio y haya que descender un poco. Nada grave salvo unos coscorrones para que la letra entre.
En cualquier caso, sendos bodrios de agonía. A la medida de la chusma que es en definitiva el dragón con el que ningún San Jorge puede.
La cosa no es difícil de entender. Uno mira la historia de los dos países del Renacimiento para acá y ve que han abusado como ningún otro de semejante droga. Y, a la vista de los resultados, con notable éxito. Ningún país que yo sepa tiene personajes como Blas de Lezo o Nelson que parece que se crecían cuanto más mutilados estaban. Sacando energía de las desgracias unos y otros han impregnado el mundo con sus costumbres. O culturas que le dicen. Y ahora, claro, vete tú y diles que a palo seco. No saben lo que es el mono los que tal sugieren.
Por eso, por más que tanto el Brexit como el Catalindondón parezca jugar con fuego, no se preocupen porque no es más que seguir con la adicción a la agonía. O al borde del precipicio. Pero siempre con cuerdas a mano para hacer rápel caso de que falle el equilibrio y haya que descender un poco. Nada grave salvo unos coscorrones para que la letra entre.
En cualquier caso, sendos bodrios de agonía. A la medida de la chusma que es en definitiva el dragón con el que ningún San Jorge puede.
lunes, 24 de septiembre de 2018
Curiosos impertinentes
El doodle de Google de hoy está dedicado a las cuevas de Altamira. Se trata del famoso bisonte. Pongamos que fue pintado hace entre quince y doce mil años, lo cual, entre otras cosas, nos viene a demostrar que el ser humano viene siendo complejo desde la noche de los tiempos. Con su sentido de lo simbólico y todo eso.
En los últimos tiempos, quizá influido por esa serie cómica que se llama The Big Bang Theory, me dedico a ver vídeos de física teórica. Cosas que son, pero no son y se pueden calcular por medio de las probabilidades. Y lo bueno del caso es que con esos cálculos de chamán se pueden fabricar después todas estas cosas de las que no podemos prescindir. Un mundo que pareciera de magia potagia, pero que, después, bien pensado resulta que no, que los que le habitan conocen sus límites y posibilidades. Queda, indiscutiblemente, mucho por explicar, pero con lo que ya sabemos tenemos más que suficiente para que se nos vaya la olla por el lado de la soberbia y dejemos el planeta al modo que describe Ovidio cuando a Faetón se le desbocaron los caballos.
Cuando a un primate cualquiera, por la acción de un rayo gama o la que fuese, le mutó un gen lo que en realidad paso es que se convirtió en un curioso impenitente. A partir de ese momento ya no pudo parar de querer saber lo que hay detrás de todos los muros. Así es, que, bien pensado, lo único que acaba por dar sentido a la vida es derribar muros. Y en la capacidad que tiene cada cual para llevar a cabo con éxito esa tarea estriba la gran diferencia entre unos y otros. Sin duda los elegidos son pocos, aunque después, una vez derribado el muro, los que miran y ven, que siguen siendo pocos, consideren como hazaña personal lo que fue mérito de otros. La inmensa mayoría por más que mire no ve nada ni falta que le hace para sentirse como un dios omnipotente con tal de tener la barriga llena y poder ir a votar cada cuatro años... a los socialistas por lo general.
Pero, en fin, a lo que iba, que hoy día tendemos a pensar que hemos evolucionado mucho como especie. Como si nuestras neuronas tuviesen ahora muchas más conexiones entre ellas que cuando lo de Altamira. No lo sé, la verdad. Pero puestos a apostar lo haría porque la proporción de personas capacitadas para pintar un bisonte como el que hay en aquel techo es exactamente el mismo que en aquel entonces. Una exigua minoría. La misma que unos años después extrajo los metales de las rocas y después les mezcló buscando la dureza capaz de matar mejor. Y así siempre. Hasta hoy con los quarks y los gluones que sólo unos pocos entienden para que sirven.
Así que, curiosos todos desde la noche de los tiempos. Lo malo, claro, es que esa curiosidad puede ser también impertinente. Y entonces te pasa como al memo de Candaules que no sólo le costó la vida sino, lo peor, que lo hizo de forma ridícula. Sospecho que es lo que nos acaba pasando a la inmensa mayoría. Desde siempre.
En los últimos tiempos, quizá influido por esa serie cómica que se llama The Big Bang Theory, me dedico a ver vídeos de física teórica. Cosas que son, pero no son y se pueden calcular por medio de las probabilidades. Y lo bueno del caso es que con esos cálculos de chamán se pueden fabricar después todas estas cosas de las que no podemos prescindir. Un mundo que pareciera de magia potagia, pero que, después, bien pensado resulta que no, que los que le habitan conocen sus límites y posibilidades. Queda, indiscutiblemente, mucho por explicar, pero con lo que ya sabemos tenemos más que suficiente para que se nos vaya la olla por el lado de la soberbia y dejemos el planeta al modo que describe Ovidio cuando a Faetón se le desbocaron los caballos.
Cuando a un primate cualquiera, por la acción de un rayo gama o la que fuese, le mutó un gen lo que en realidad paso es que se convirtió en un curioso impenitente. A partir de ese momento ya no pudo parar de querer saber lo que hay detrás de todos los muros. Así es, que, bien pensado, lo único que acaba por dar sentido a la vida es derribar muros. Y en la capacidad que tiene cada cual para llevar a cabo con éxito esa tarea estriba la gran diferencia entre unos y otros. Sin duda los elegidos son pocos, aunque después, una vez derribado el muro, los que miran y ven, que siguen siendo pocos, consideren como hazaña personal lo que fue mérito de otros. La inmensa mayoría por más que mire no ve nada ni falta que le hace para sentirse como un dios omnipotente con tal de tener la barriga llena y poder ir a votar cada cuatro años... a los socialistas por lo general.
Pero, en fin, a lo que iba, que hoy día tendemos a pensar que hemos evolucionado mucho como especie. Como si nuestras neuronas tuviesen ahora muchas más conexiones entre ellas que cuando lo de Altamira. No lo sé, la verdad. Pero puestos a apostar lo haría porque la proporción de personas capacitadas para pintar un bisonte como el que hay en aquel techo es exactamente el mismo que en aquel entonces. Una exigua minoría. La misma que unos años después extrajo los metales de las rocas y después les mezcló buscando la dureza capaz de matar mejor. Y así siempre. Hasta hoy con los quarks y los gluones que sólo unos pocos entienden para que sirven.
Así que, curiosos todos desde la noche de los tiempos. Lo malo, claro, es que esa curiosidad puede ser también impertinente. Y entonces te pasa como al memo de Candaules que no sólo le costó la vida sino, lo peor, que lo hizo de forma ridícula. Sospecho que es lo que nos acaba pasando a la inmensa mayoría. Desde siempre.
domingo, 23 de septiembre de 2018
Suizos
"Los suizos aprueban en referéndum incorporar la bicicleta a su Constitución", leo en un digital. No sé muy bien qué querrá decir eso, pero supongo que será dar facilidades para que la gente pueda trasladarse en semejante vehículo sin poner en peligro su vida y la de los demás. Poner las ciudades tal y como ya están en Holanda y Dinamarca, para que nos entendamos. O sea, con carriles para las bicicletas que en vez de quitar el espacio a los peatones se lo quitan a los vehículos a motor. ¡Elemental, Watson!
El caso es que, el otro día, mientras desayunaba en el Bariloche, leí en el Diario Palentino que el ayuntamiento de aquí tiene un ambicioso plan al respecto. De momento, la mayoría de los carriles que hay están desconectados unos de otros y casi siempre son a costa de estrechar las aceras, lo cual da a los peatones motivos más que justificados para no respetarlos. El espacio de los coches, en definitiva, es sagrado. Bueno, comenté la noticia con unos parroquianos del lugar, bien es verdad que viejos, y pude comprobar que no les hacía la menor gracia el asunto. Lo entiendo perfectamente porque son de los que accedieron al coche siendo ya mayores y por eso están como quien dice en plena luna de miel con él. No le ven problemático en absoluto. Al revés, parecía gustarles que las mesas de la terraza en la que hablábamos estuviesen protegidas de la intemperie por una muralla de coches.
Sea como sea, esta mañana he salido temprano a pedalear. La temperatura era ideal y el viento, del sur, imperceptible. Al pasar por la Balastera he visto que había amontonamiento de ciclistas seguramente esperando alcanzar la masa crítica necesaria para poder ponerse en marcha. Ya saben, ser muchos de lo que sea, da confianza. Después, hasta Villalobón, me han pasado como cien. Allí he parado a desayunar y el tabernero me ha dicho que tiene un master sin plagios en pinchos de tortilla. La verdad es que los borda. He seguido camino hacia Fuentes de Valdepero. Ya en solitario, ya en grupos, no cesaban de pasarme porque, yo, es que siempre voy de paseo. En Valdepero he parado en un banco a descansar y de paso a intentar sacar algo en limpio de mi nueva armónica cromática. Me está costando más de lo que creía. En el entretanto seguían pasando ciclistas que me miraban con curiosidad. He continuado luego hasta Monzón para tomar allí la desviación a Husillos. Bueno, no les doy más la lata con uno de mis habituales periplos. Sólo añadir que mi impresión es que, no ya de hace diez años, que eran una rareza, sino del año pasado a éste se han multiplicado por lo menos por mil el número de ciclistas. De todas las edades y géneros... bueno, trans, no sé.
Y esa es la cuestión, que moda mediante, la práctica del ciclismo ha crecido exponencialmente. Ya saben, el prestigio del deporte. Con unas bicicletas que por lo general parecen de las caras. Y casi siempre con artilugios para medir el rendimiento muscular e incluso cardíaco, que también es muscular. Pero por la ciudad, para ir al trabajo o los recados, no parece que la cosa pite. Lo que si se ven son patinetes eléctricos que van a toda leche por las aceras. En fin, ya veremos en qué queda todo esto porque por más que esta ciudad sea pequeña y plana al personal todavía perece tirarle mucho lo del status ligado al precio del coche que conducen. Son cuestiones psicológicas que no por chusmáticas dejan de tirar más que pelo de coño, que tira lo suyo.
Para terminar les diré que, también en referéndum, los suizos han rechazado con el pragmatismo que les caracteriza, toda esa mandanga de la agricultura sostenible y ecológica. Cosa de socialistas, han pensado. Es decir, subvenciones y burocracia. Así que, a mí no me la dan. En fin, entre unas cosas y otras, quién fuera suizo.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
Farwesteando
En el bar de Husillos, las antiguas escuelas, ayer a media mañana sonaban boleros mejicanos al estilo de Javier Solís. La camarera, una rubia añosa, tatuada y culona, se las arreglaba para mantener pegada a la barra a una mesnada de viejos de aire melancólico. Apenas mediaban palabras que no fuesen las precisas para repostar. En la terraza, tres jóvenes espatarrados fumaban porros y bebían birras con el consiguiente alborozo. Pedí café con leche y un pincho de tortilla y me fui con ello a una mesa a observar mientras lo zampaba. La tónica dominante eran las miradas de través al culo de la rubia. ¿Cómo podría ser de otra manera? Como una especie de calentar motores antes de salir pitando para El Caballero de Monzón, a menos de dos kilómetros de allí. Y así pasa la vida, las ilusiones, los sueños, todo se olvida, cantaban los Pata Negra. Se les olvidó añadir que siempre quedan las putas.
Me hace mucha gracia todo esto de los socialdemócratas, con sus suecos a la cabeza, queriendo que el mundo no sea como no puede ser de otra manera -perdonen el trastrabilleo lingüístico-. Me pregunto yo qué es lo que piensan hacer con esos viejos melancólicos una vez camuflado el culo de la rubia y cerrado El Caballero de Monzón. Quizá en su genialidad de visionarios ya les están imaginando pegados a la pantalla del ordenador para ver vídeos de física teórica.
Es difícil entender el mundo. Sobre todo según ciertas perspectivas redentoras. Así que decidí irme hacia aquellos bancos a la sombra de unos chopos cabezones que hay a la salida del pueblo a seguir con los boleros por mi cuenta. Siempre llevo la Seductora encima en estas cabalgadas por el far west. Pero ya estaba haciendo tiempo que echaba en falta bemoles y sostenidos. Así que dejé colgado a la mitad el "Solamente una vez" y pedaleé a la desesperada para llegar antes del cierre a Musical Sancho y hacerme con una Chometta 12. Hay que tener en cuenta que sin ella no hay forma de tocar en modo frigio. Pero en fin, esa es otra historia.
Me hace mucha gracia todo esto de los socialdemócratas, con sus suecos a la cabeza, queriendo que el mundo no sea como no puede ser de otra manera -perdonen el trastrabilleo lingüístico-. Me pregunto yo qué es lo que piensan hacer con esos viejos melancólicos una vez camuflado el culo de la rubia y cerrado El Caballero de Monzón. Quizá en su genialidad de visionarios ya les están imaginando pegados a la pantalla del ordenador para ver vídeos de física teórica.
Es difícil entender el mundo. Sobre todo según ciertas perspectivas redentoras. Así que decidí irme hacia aquellos bancos a la sombra de unos chopos cabezones que hay a la salida del pueblo a seguir con los boleros por mi cuenta. Siempre llevo la Seductora encima en estas cabalgadas por el far west. Pero ya estaba haciendo tiempo que echaba en falta bemoles y sostenidos. Así que dejé colgado a la mitad el "Solamente una vez" y pedaleé a la desesperada para llegar antes del cierre a Musical Sancho y hacerme con una Chometta 12. Hay que tener en cuenta que sin ella no hay forma de tocar en modo frigio. Pero en fin, esa es otra historia.
martes, 18 de septiembre de 2018
Elsewhere
Estuve viendo ayer un rato un programa de la NHK titulado algo así como "An street elsewhere". Una reportera va por la calle preguntando a la gente. Entra en un fish and chips que por comparación a los que yo recuerdo de aquella Inglaterra de los sesenta parecía un cinco estrellas. Se podía escoger entre treinta o cuarenta pescados y el aceite de las freidoras parecía recién llegado de Jaén. Todo lucía impoluto. Y nada de envases plásticos para envolver el take away, desde luego. Así, a primera impresión, podría tratarse de California o cosa por el estilo. En una plazoleta habían colocado arena en el suelo y una red para jugar al boleibol. Era la hora del break del mediodía y allí estaban un grupo de cachos y cachas practicando el deporte. En vez de en comer preferían gastar sus cincuenta minutos de asueto en esa actividad. Luego en la playa un grupo de remeros se entrenaban para una competición. Eran cuatro con su timonel por embarcación. La poca variedad étnica se limitaba a orientales. ¿Era inevitable preguntarte de continuo dónde demonios será esto? Entonces la reportera vio un mercado como cualquiera de los que hay en una ciudad española y decidió entrar a ver lo que se cocía dentro. Estaban las frutas, los pescados, las carnes, todo colocado como para una postal de propaganda turística. Hasta que en una carnicería puede descubrir el pastel: vendían conejo salvaje, lo cual ya mosqueaba, pero luego, en el otro extremo del aparador, todo era carne de canguro. Lo mejor el solomillo, dijo la carnicera. Pero también el rabo es muy preciado. Ya está, no hace falta más.
Elsewhere. Cualquier sitio. Con alto standard living, por supuesto. Esa y no otra es la aspiración universal. Buen clima, baja densidad demográfica, alto nivel de educación, poco tráfico rodado, nada de plásticos, alimentación equilibrada, ejercicio de mantenimiento... y ni un bar en todo el trayecto recorrido por la reportera. Por lo menos tuvo el buen gusto de no reparar en ellos caso de haberlos. ¿Quién no iba a querer vivir en un sitio así? Libre de tradiciones para mayor gloria del espíritu.
Esa es la cuestión, que todo lo que merece la pena es radicalmente idéntico. Las diferencias, el multiculturalismo que le dicen, es el producto de las miserias humanas. Así que ojo al parche cuando los sitios empiezan a exhibir nombre. Mucho más fiable cuando es Elsewhere.
Elsewhere. Cualquier sitio. Con alto standard living, por supuesto. Esa y no otra es la aspiración universal. Buen clima, baja densidad demográfica, alto nivel de educación, poco tráfico rodado, nada de plásticos, alimentación equilibrada, ejercicio de mantenimiento... y ni un bar en todo el trayecto recorrido por la reportera. Por lo menos tuvo el buen gusto de no reparar en ellos caso de haberlos. ¿Quién no iba a querer vivir en un sitio así? Libre de tradiciones para mayor gloria del espíritu.
Esa es la cuestión, que todo lo que merece la pena es radicalmente idéntico. Las diferencias, el multiculturalismo que le dicen, es el producto de las miserias humanas. Así que ojo al parche cuando los sitios empiezan a exhibir nombre. Mucho más fiable cuando es Elsewhere.
lunes, 17 de septiembre de 2018
Cuántica
Rosalía es una paya de un pueblo de Barcelona que quiere parecer gitana. Una curiosidad, en definitiva, que se ha convertido en un fenómeno. Maneja los melismas con indudable maestría aunque, diría, a veces abusa del timbre y raya en lo chillón. Nada grave que no quede rotundamente enmascarado tras una estética de aparente nuevo cuño. Como de gauche divine catalina. En España eso siempre chifló y hasta los más ilustrados tardaron en captar el componente de cursilería pijoprogre que impregnaba toda esa industria.
Sea como sea Rosalía ha desatado la locura y, también, la virulencia. Los puristas, que quizá debiéramos llamar puretas, de lo auténtico no se lo perdonan. Algo más viejo que los pedos. Porque además ha usurpado una identidad sagrada donde las haya, la gitana que, como dicen, lleva sangre de reyes en la alma de la mano. O sea, que ya estamos otra vez con la superioridad genética como escusa para vivir del cuento que, no lo olvidemos, es vivir de puta pena y a los hechos me remito.
A mí me encanta el flamenco y ahora que ya estoy medio, o entero, zombi, una de las cosas que más me calma la ansiedad en mis solitarias veladas es agarrar la guitarra y empezar a puntear escalas en modo frigio. Para arriba y para abajo, rememoro todas aquellas melodías de mi infancia. En España todos nos criamos en ese modo que por eso más que por frigio se conoce en el mundo como el modo español. Y así es que luego, de mayor, te salen las melodías en él como por ensalmo. Porque no hay español que se ponga a hacer melismas en ese modo y no los borde.
En fin, el caso es que los gitanos, los pobres, y los catalinos, más pobres todavía, andan todavía con esa cosa de la identidad que es pura indeterminación cuántica por mucho que los unos la quieran ligar en exclusiva al modo frigio y los otros a de las pedras fan pans. Y Rosalía, pues ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Cuántica al fin.
Sea como sea Rosalía ha desatado la locura y, también, la virulencia. Los puristas, que quizá debiéramos llamar puretas, de lo auténtico no se lo perdonan. Algo más viejo que los pedos. Porque además ha usurpado una identidad sagrada donde las haya, la gitana que, como dicen, lleva sangre de reyes en la alma de la mano. O sea, que ya estamos otra vez con la superioridad genética como escusa para vivir del cuento que, no lo olvidemos, es vivir de puta pena y a los hechos me remito.
A mí me encanta el flamenco y ahora que ya estoy medio, o entero, zombi, una de las cosas que más me calma la ansiedad en mis solitarias veladas es agarrar la guitarra y empezar a puntear escalas en modo frigio. Para arriba y para abajo, rememoro todas aquellas melodías de mi infancia. En España todos nos criamos en ese modo que por eso más que por frigio se conoce en el mundo como el modo español. Y así es que luego, de mayor, te salen las melodías en él como por ensalmo. Porque no hay español que se ponga a hacer melismas en ese modo y no los borde.
En fin, el caso es que los gitanos, los pobres, y los catalinos, más pobres todavía, andan todavía con esa cosa de la identidad que es pura indeterminación cuántica por mucho que los unos la quieran ligar en exclusiva al modo frigio y los otros a de las pedras fan pans. Y Rosalía, pues ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Cuántica al fin.
domingo, 16 de septiembre de 2018
En resumidas cuentas
Creo que hay dos frases desdichadas con las que se puede resumir todo este barullo de la política patria. Una la pronunció el actual Presidente, Dotor Sánchez: "usted es un indecente", le espetó, así, a bote pronto, como se dice ahora, al entonces Presidente, Registrador Rajoy. La otra la soltó al tresbolillo un diputat catalán de rancio abolengo en el Parlament regional: "esto siempre ha sido nuestro y lo seguirá siendo".
Dos frases que expresan a la perfección dos sentimientos que por asquerosos envenenan, o imposibilitan, cualquier intento de convivencia civilizada. Uno, el de los socialistas, la superioridad moral. Dos, el de los nacionalistas, la superioridad genética. Dos superioridades que casan a la perfección y de ahí su fácil entendimiento. No en vano la ideología más poderosa del siglo pasado fue el nacionalsocialismo. Del siglo pasado, y de éste y de los que vendrán, porque a los desheredados de los dioses, que siempre serán mayoría, no les queda más posibilidad de consuelo que acogerse a los sentimientos. O sea, lo que no necesita de la inteligencia, y el esfuerzo, para alcanzar la excelencia. ¡Ya me dirán quién va a poder contra eso!
En resumidas cuentas, que no será por falta de pistas que no sepamos de qué va este invento. Y menos mal que nos queda Bruselas, porque si no... no quiero ni pensar cómo estaríamos a estas alturas.
Dos frases que expresan a la perfección dos sentimientos que por asquerosos envenenan, o imposibilitan, cualquier intento de convivencia civilizada. Uno, el de los socialistas, la superioridad moral. Dos, el de los nacionalistas, la superioridad genética. Dos superioridades que casan a la perfección y de ahí su fácil entendimiento. No en vano la ideología más poderosa del siglo pasado fue el nacionalsocialismo. Del siglo pasado, y de éste y de los que vendrán, porque a los desheredados de los dioses, que siempre serán mayoría, no les queda más posibilidad de consuelo que acogerse a los sentimientos. O sea, lo que no necesita de la inteligencia, y el esfuerzo, para alcanzar la excelencia. ¡Ya me dirán quién va a poder contra eso!
En resumidas cuentas, que no será por falta de pistas que no sepamos de qué va este invento. Y menos mal que nos queda Bruselas, porque si no... no quiero ni pensar cómo estaríamos a estas alturas.
sábado, 15 de septiembre de 2018
La otra vida
Les diré por qué la vida es cada vez menos interesante cuando no una verdadera mierda que cuesta sostener. Pues muy sencillo, porque llega un momento en el que da exactamente lo mismo esforzarse que no esforzarse para tener cubiertas todas las necesidades básicas. La realidad es que en nuestra inocencia pensamos que morirse es dejar el corazón de latir, pero nada más lejos de la verdad: en ese soñado momento en el que ya no tenemos que luchar para comer a diario y dormir a resguardo ya hemos pasado a mejor vida, nunca mejor dicho.
De vez en cuando, cuando ya no puedo más, me acuerdo de esa máxima erasmiana que asegura que hace mal el que no sale todos los días a dar una vuelta. Entonces, cojo, agarro, exprimo la poca voluntad que me queda, me calzo las sandalias y me voy a la calle. Confieso que la mayoría de las veces me supone una tortura. Mire para donde mire sólo veo perros y tatuajes. Y zombis fumando y bebiendo a las puertas de los bares. La sensación es la de que nadie tiene nada que hacer que no sea esperar el santo advenimiento de la parca.
No son pocas las veces que, ya en la puerta, desisto del intento, me quito las sandalias y vuelvo al salón a recrearme en la derrota. Sé de sobra que ni recopilando todos los restos de voluntad que me quedan podré hacer algo que sea capaz de sacarme de mi mismo. Porque en eso consiste exactamente la maldición que pesa sobre mí: las altas dosis de voluntad que se necesitan para realizar las actividades que pudieran provocarme la evasión. Voluntad, justo lo que le falta al que pasó a mejor vida y no se enteró. Muertos vivientes que le dicen. La otra vida.
De vez en cuando, cuando ya no puedo más, me acuerdo de esa máxima erasmiana que asegura que hace mal el que no sale todos los días a dar una vuelta. Entonces, cojo, agarro, exprimo la poca voluntad que me queda, me calzo las sandalias y me voy a la calle. Confieso que la mayoría de las veces me supone una tortura. Mire para donde mire sólo veo perros y tatuajes. Y zombis fumando y bebiendo a las puertas de los bares. La sensación es la de que nadie tiene nada que hacer que no sea esperar el santo advenimiento de la parca.
No son pocas las veces que, ya en la puerta, desisto del intento, me quito las sandalias y vuelvo al salón a recrearme en la derrota. Sé de sobra que ni recopilando todos los restos de voluntad que me quedan podré hacer algo que sea capaz de sacarme de mi mismo. Porque en eso consiste exactamente la maldición que pesa sobre mí: las altas dosis de voluntad que se necesitan para realizar las actividades que pudieran provocarme la evasión. Voluntad, justo lo que le falta al que pasó a mejor vida y no se enteró. Muertos vivientes que le dicen. La otra vida.
viernes, 14 de septiembre de 2018
Sitcom
En Liérganes vivía un doctor. Había sido compañero de carrera de Baroja y, como él, recorrió varias universidades buscando coladeros para las asignaturas difíciles. La cosa todavía funcionaba así en mis tiempos. A Valladolid venían alumnos de Zaragoza a terminar la carrera con la pediatría pendiente. Y es que en Zaragoza había un catedrático de pediatría que era un hueso. El caso es que si se tenía un padre pudiente no había problema. Y el del doctor de Liérganes lo era. Y por eso cuando acabó la licenciatura no puso pegas a comprarle una tesis doctoral. Hacer tesis doctorales para venderlas era en aquellos tiempos, por lo visto, una forma elegante de ganarse la vida. Baroja, según el mismo cuenta, no necesitó comprarla porque como tenía habilidades literarias la escribió en una noche. "El dolor. Estudio de Psicofísica", la tituló. El caso es que el doctor de Liérganes nos proveyó de anécdotas jugosas que nunca olvidaré. "Bien comidos, bien bebidos y, encima, con el esparrago fiero..." nos gritó una vez a un grupo de estudiantes que pasábamos por delante del hotel en el que vivía. El hombre ejerció poco la profesión para bien de la humanidad, pero, sin embargo, como por herencia paterna conocía todas las lindes de las fincas del pueblo fue un excelente y muy respetado juez de paz.
A mí nunca se me pasó por la cabeza, ni de lejos, lo del doctorado. Me bastó la licenciatura para sentirme sobrepasado por los restos. En realidad siempre pensé que más que carrera universitaria lo que yo tenía era una especie de eso que llaman formación profesional. Unos conocimientos rutinarios para solucionar problemas comunes de la gente. Empecé a ser dolorosamente consciente de ello cuando me acercaba a la cuarentena, lo cual, como comprenderán, me bajó considerablemente los humos y me proveyó de justificaciones para salir pitando a la búsqueda de nuevos ámbitos de autoafirmación. Ahora, después de mil descalabros y pifias, ya sé que moriré sin encontrarlos. ¡Y qué se le va a hacer!
Pensaba en estas cosas porque de repente la gobernanza del país parece haberse convertido en una sitcom con los prestigios académicos como punta de lanza de los consecutivos gags. Es como una competición de adolescentes a ver quien tiene ya sea la poya, ya sea la raja de la hija del rajá, más larga. Y todo puro fingimiento, porque el, o las, que la tienen considerable de inmediato son contratados/as por la industria del porno que, como supongo sabrán, es la más poderosa del planeta.
Y ese es todo el intríngulis de esta comedia de situación que nos tiene el culo partido de risa: el fingimiento pillado in franganti con su correspondiente excusa en primera instancia, "esto no es lo que parece" y, amenaza en segunda, "os vais a enterar". Y así, uno tras otro van cayendo todos los protagonistas con más daño que escarmiento. En definitiva, todo ello, prueba fehaciente de que todo este tinglado de parlamentarios, parlamentos y demás figurantes no tienen otra función que la de mantener al pueblo llano entretenido. Y las cosas de comer, pues Bruselas. A D. G..
A mí nunca se me pasó por la cabeza, ni de lejos, lo del doctorado. Me bastó la licenciatura para sentirme sobrepasado por los restos. En realidad siempre pensé que más que carrera universitaria lo que yo tenía era una especie de eso que llaman formación profesional. Unos conocimientos rutinarios para solucionar problemas comunes de la gente. Empecé a ser dolorosamente consciente de ello cuando me acercaba a la cuarentena, lo cual, como comprenderán, me bajó considerablemente los humos y me proveyó de justificaciones para salir pitando a la búsqueda de nuevos ámbitos de autoafirmación. Ahora, después de mil descalabros y pifias, ya sé que moriré sin encontrarlos. ¡Y qué se le va a hacer!
Pensaba en estas cosas porque de repente la gobernanza del país parece haberse convertido en una sitcom con los prestigios académicos como punta de lanza de los consecutivos gags. Es como una competición de adolescentes a ver quien tiene ya sea la poya, ya sea la raja de la hija del rajá, más larga. Y todo puro fingimiento, porque el, o las, que la tienen considerable de inmediato son contratados/as por la industria del porno que, como supongo sabrán, es la más poderosa del planeta.
Y ese es todo el intríngulis de esta comedia de situación que nos tiene el culo partido de risa: el fingimiento pillado in franganti con su correspondiente excusa en primera instancia, "esto no es lo que parece" y, amenaza en segunda, "os vais a enterar". Y así, uno tras otro van cayendo todos los protagonistas con más daño que escarmiento. En definitiva, todo ello, prueba fehaciente de que todo este tinglado de parlamentarios, parlamentos y demás figurantes no tienen otra función que la de mantener al pueblo llano entretenido. Y las cosas de comer, pues Bruselas. A D. G..
jueves, 13 de septiembre de 2018
Diamantes
Sabido es que Atenea al final se compadeció de Prometeo y decidió convertir la roca a la que llevaba ya mucho tiempo encadenado en un diamante. Y le ordenó que engastase el diamante en una sortija que debería llevar en sus dedos para tener siempre presente el precio que hay que pagar cuando se juega a engañar a los dioses. Desde entonces hay gente que se esfuerza en imitar a Prometeo en lo de llevar un diamante en sus dedos sin ser conscientes de haber estado previamente jugando con la confianza de los dioses. Una vez más ¡sancta simplicitas!
Los diamantes son carbono puro que hasta hace poco sólo se podía formar a las altas presiones que hay a grandes profundidades de la corteza terrestre o, también, pueden haber sido traídos a la tierra por meteoritos producto del estallido de otras estrellas. Así es que se encontraban, una de dos, o cerca de donde habían caído meteoritos o donde hubo en tiempos erupciones volcánicas. Difícil encontrarlos en cualquier caso. Y de ahí su extraordinario valor y su convertirse en símbolo por antonomasia del poder . La gente poderosa, y sus señoras sobre todo, los lleva en los dedos sin tener en cuenta para nada los sufrimientos humanos que, por lo general, van ligados a su hallazgo: han sido necesarios muchos prometeos encadenados durante años en el fondo de las minas antes de dar con uno.
Pero como cantaba un folklórica hace años: "el no follar se va a acabar". Porque esa es la condición de todo, el acabarse algún día. Y lo de los diamantes como símbolo de poder no va a ser una excepción. Porque ahora los hacen sintéticos. Y para distinguirlos de los auténticos se necesita un aparataje tan costoso que no hay joyero que se lo pueda costear. Así, hoy día te puedes comprar un pedrusco por, pongamos uno, igual que otro que hasta ayer te costaba diez y no hay en muchos kilómetros en la redonda quién que pueda venir a descubrir el pastel. Una vez más Atenea se ha apiadado de los pobres desgraciados encadenados, en este caso en el fondo de una mina, y los ha liberado por el sencillo procedimiento de restar valor simbólico a lo que de allí extraían.
Y así es como poco a poco el mundo se va haciendo plano. El otro día les contaba lo de la carne sintética: todo el mundo la podrá comer dentro de cuatro días sin distinción de credo ni raza... y sobre todo de poder adquisitivo. Y digo yo que a este paso ¿con qué nos vamos a diferenciar los unos de los otros?
Los diamantes son carbono puro que hasta hace poco sólo se podía formar a las altas presiones que hay a grandes profundidades de la corteza terrestre o, también, pueden haber sido traídos a la tierra por meteoritos producto del estallido de otras estrellas. Así es que se encontraban, una de dos, o cerca de donde habían caído meteoritos o donde hubo en tiempos erupciones volcánicas. Difícil encontrarlos en cualquier caso. Y de ahí su extraordinario valor y su convertirse en símbolo por antonomasia del poder . La gente poderosa, y sus señoras sobre todo, los lleva en los dedos sin tener en cuenta para nada los sufrimientos humanos que, por lo general, van ligados a su hallazgo: han sido necesarios muchos prometeos encadenados durante años en el fondo de las minas antes de dar con uno.
Pero como cantaba un folklórica hace años: "el no follar se va a acabar". Porque esa es la condición de todo, el acabarse algún día. Y lo de los diamantes como símbolo de poder no va a ser una excepción. Porque ahora los hacen sintéticos. Y para distinguirlos de los auténticos se necesita un aparataje tan costoso que no hay joyero que se lo pueda costear. Así, hoy día te puedes comprar un pedrusco por, pongamos uno, igual que otro que hasta ayer te costaba diez y no hay en muchos kilómetros en la redonda quién que pueda venir a descubrir el pastel. Una vez más Atenea se ha apiadado de los pobres desgraciados encadenados, en este caso en el fondo de una mina, y los ha liberado por el sencillo procedimiento de restar valor simbólico a lo que de allí extraían.
Y así es como poco a poco el mundo se va haciendo plano. El otro día les contaba lo de la carne sintética: todo el mundo la podrá comer dentro de cuatro días sin distinción de credo ni raza... y sobre todo de poder adquisitivo. Y digo yo que a este paso ¿con qué nos vamos a diferenciar los unos de los otros?
miércoles, 12 de septiembre de 2018
Pessoa, Feynman
"A poet once said, “The whole universe is in a glass of wine.” We will probably never know in what sense he meant that, for poets do not write to be understood. But it is true that if we look at a glass of wine closely enough we see the entire universe. There are the things of physics: the twisting liquid which evaporates depending on the wind and weather, the reflections in the glass, and our imagination adds the atoms. The glass is a distillation of the earth’s rocks, and in its composition we see the secrets of the universe’s age, and the evolution of stars. What strange array of chemicals are in the wine? How did they come to be? There are the ferments, the enzymes, the substrates, and the products. There in wine is found the great generalization: all life is fermentation. Nobody can discover the chemistry of wine without discovering, as did Louis Pasteur, the cause of much disease. How vivid is the claret, pressing its existence into the consciousness that watches it! If our small minds, for some convenience, divide this glass of wine, this universe, into parts—physics, biology, geology, astronomy, psychology, and so on—remember that nature does not know it! So let us put it all back together, not forgetting ultimately what it is for. Let it give us one more final pleasure: drink it and forget it all!"
"Escribió un poeta: "El universo entero está en un vaso de vino". Nunca sabremos lo que quiso decir, porque los poetas no escriben para ser entendidos. Pero es verdad que si miramos con suficiente atención a un vaso de vino veremos el universo entero. Hay las cosas de la física: el retorcimiento del líquido que se evapora en función del viento y el clima, la reflexión en el vidrio, y nuestra imaginación añade los átomos. El cristal es una destilación de las rocas y en su composición vemos los secretos de la edad del universo y la evolución de las estrellas. ¿Que extraña mezcla de productos químicos hay en el vino? ¿Cómo llegó a ser lo que es? Hay fermentos, encimas, sustratos y productos. En el vino encontramos la gran generalización: toda vida es fermentación. Nadie puede descubrir la química del vino sin descubrir, como hizo Louis Pasteur, la causa de muchas enfermedades. ¡Qué vívido es el burdeos, imponiendo su existencia en la conciencia de quién le observa. Si nuestra pequeña mente, por alguna razón, divide este vaso de vino, este universo, en partes -física, biología, geología, astronomía, psicología y demás- recuerda que la naturaleza no sabe de ello. Por eso lo mejor es que lo dejemos estar sin olvidar para qué es. Y démonos un último placer: bebámoslo y olvidémonos de todo."
Este párrafo está sacado de "Feynman Lectures". Me ha traído a la mente otro de Pessoa que suelo citar: cuando va en el tranvía y ve que la señora de delante adorna su blusa con un cuello blanco hecho a ganchillo. Pensando en aquel cuello ve el mundo. Y es que esa es la cuestión, la erudición de la sensibilidad. El saber apreciar en la mayor extensión posible lo que tenemos delante de los ojos. Porque en todo lo que tenemos delante podemos ver el universo entero si previamente hemos cultivado la sensibilidad.
Bueno, y si a eso le añades lo que decía Pascal, que sólo se sale de la habitación para buscar la propia autodestrucción, entonces, ya tienes casi la cuadratura del círculo. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque es muy difícil, por no decir imposible, cultivar la sensibilidad pasando la vida de aquí para allá en el inútil intento de huir del funesto destino de uno mismo. La vida, para ciertas personas o es reflexión o no es nada. Y la reflexión, al margen de lo que natura dé, exige sus métodos.
Y eso es todo, cada cual escoge lo suyo y paga o cobra por su elección.
"Escribió un poeta: "El universo entero está en un vaso de vino". Nunca sabremos lo que quiso decir, porque los poetas no escriben para ser entendidos. Pero es verdad que si miramos con suficiente atención a un vaso de vino veremos el universo entero. Hay las cosas de la física: el retorcimiento del líquido que se evapora en función del viento y el clima, la reflexión en el vidrio, y nuestra imaginación añade los átomos. El cristal es una destilación de las rocas y en su composición vemos los secretos de la edad del universo y la evolución de las estrellas. ¿Que extraña mezcla de productos químicos hay en el vino? ¿Cómo llegó a ser lo que es? Hay fermentos, encimas, sustratos y productos. En el vino encontramos la gran generalización: toda vida es fermentación. Nadie puede descubrir la química del vino sin descubrir, como hizo Louis Pasteur, la causa de muchas enfermedades. ¡Qué vívido es el burdeos, imponiendo su existencia en la conciencia de quién le observa. Si nuestra pequeña mente, por alguna razón, divide este vaso de vino, este universo, en partes -física, biología, geología, astronomía, psicología y demás- recuerda que la naturaleza no sabe de ello. Por eso lo mejor es que lo dejemos estar sin olvidar para qué es. Y démonos un último placer: bebámoslo y olvidémonos de todo."
Este párrafo está sacado de "Feynman Lectures". Me ha traído a la mente otro de Pessoa que suelo citar: cuando va en el tranvía y ve que la señora de delante adorna su blusa con un cuello blanco hecho a ganchillo. Pensando en aquel cuello ve el mundo. Y es que esa es la cuestión, la erudición de la sensibilidad. El saber apreciar en la mayor extensión posible lo que tenemos delante de los ojos. Porque en todo lo que tenemos delante podemos ver el universo entero si previamente hemos cultivado la sensibilidad.
Bueno, y si a eso le añades lo que decía Pascal, que sólo se sale de la habitación para buscar la propia autodestrucción, entonces, ya tienes casi la cuadratura del círculo. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque es muy difícil, por no decir imposible, cultivar la sensibilidad pasando la vida de aquí para allá en el inútil intento de huir del funesto destino de uno mismo. La vida, para ciertas personas o es reflexión o no es nada. Y la reflexión, al margen de lo que natura dé, exige sus métodos.
Y eso es todo, cada cual escoge lo suyo y paga o cobra por su elección.
martes, 11 de septiembre de 2018
Comedia
Una de las cosas de las que se habla poco y que, a mi juicio, es de una trascendencia considerable es el asunto ese de la carne para hamburguesas fabricada en laboratorios. De seguir adelante con el invento el cambio va ser del tipo del que se produjo cuando se inventaron el tractor, las cosechadoras, empacadoras y demás. Si la presencia humana en el campo, entonces, se redujo a una décima parte de lo que había, ahora, con esta nueva carne, apaga y vámonos. Porque desaparecerán la mayoría de las granjas, pero sobre todo los cultivos dedicados a forraje y piensos, que son la mayoría. Al final, el campo volverá por sus fueros, o sea, a ser territorio salvaje por el que no se podrá transitar sin ir armado. ¿Se imaginan?
Será maravilloso, dicen los ingenuos, esa vuelta al estado primigenio. Nos habremos librado de una tacada del peor de los enemigos del planeta: los pedos de las vacas y supongo que de los cerdos, gallinas y demás. Como siempre, claro, los ingenuos ignoran a Prometeo. Piensan los muy tontos que los dioses se van a quedar de brazos cruzados viendo como les robamos otro poco más de fuego. ¡Sancta Simplicitas! Ya verán cuando empiecen a proliferar las fábricas de producción de carne y los yacimientos de las materias primas necesarias para elaborarlas. Ya me estoy imaginando la peste que va a recaer una vez más sobre el pueblo llano, o sea, el hacinado, cuando les instalen esas factorías cabe sus casas. No, desde luego, el pueblo, pase lo que pase, siempre va a tener motivos de sobra para seguir cantando flamenco que, como dice hoy en un periódico un artista socialista -perdonen el oximorón- es la expresión del dolor del pueblo. Ya saben: ¡Tiritiritiritirí, titiritando de frío!
Esto, en definitiva, es cosa de locos. La prueba fehaciente es esa serie que no puedo dejar de ver, The Big Bang Theory. La cosa más seria del mundo, Caltech, donde se cuece todo lo por venir, es una comedia. Al fin y al cabo, también el Olimpo lo era. Y no por nada sino porque, a la postre, todo lo que puedan maquinar en Caltech, o en el CERN, o el MIT, o cualquiera otro de los santuarios que hay por ahí, se queda en nada frente a la fuerza de atracción devastadora que ejerce un pelo de coño. Por cierto que no veo en el mundo signo de decadencia más alarmante que esa manía que les ha entrado a las mujeres de hacerse un koyak. Mucho peor que lo de Sansón cuando le cortaron la melena. En fin.
Será maravilloso, dicen los ingenuos, esa vuelta al estado primigenio. Nos habremos librado de una tacada del peor de los enemigos del planeta: los pedos de las vacas y supongo que de los cerdos, gallinas y demás. Como siempre, claro, los ingenuos ignoran a Prometeo. Piensan los muy tontos que los dioses se van a quedar de brazos cruzados viendo como les robamos otro poco más de fuego. ¡Sancta Simplicitas! Ya verán cuando empiecen a proliferar las fábricas de producción de carne y los yacimientos de las materias primas necesarias para elaborarlas. Ya me estoy imaginando la peste que va a recaer una vez más sobre el pueblo llano, o sea, el hacinado, cuando les instalen esas factorías cabe sus casas. No, desde luego, el pueblo, pase lo que pase, siempre va a tener motivos de sobra para seguir cantando flamenco que, como dice hoy en un periódico un artista socialista -perdonen el oximorón- es la expresión del dolor del pueblo. Ya saben: ¡Tiritiritiritirí, titiritando de frío!
Esto, en definitiva, es cosa de locos. La prueba fehaciente es esa serie que no puedo dejar de ver, The Big Bang Theory. La cosa más seria del mundo, Caltech, donde se cuece todo lo por venir, es una comedia. Al fin y al cabo, también el Olimpo lo era. Y no por nada sino porque, a la postre, todo lo que puedan maquinar en Caltech, o en el CERN, o el MIT, o cualquiera otro de los santuarios que hay por ahí, se queda en nada frente a la fuerza de atracción devastadora que ejerce un pelo de coño. Por cierto que no veo en el mundo signo de decadencia más alarmante que esa manía que les ha entrado a las mujeres de hacerse un koyak. Mucho peor que lo de Sansón cuando le cortaron la melena. En fin.
lunes, 10 de septiembre de 2018
Lo peor de lo peor
Leí no sé donde que no sé quién había dicho que el arte y la ciencia nos hacen mejores. Con pocas cosas podría yo estar más de acuerdo. Y también quiero decir que por ser mejor no me refiero a ayudar a las viejecitas a cruzar la calle, que eso lo puede hacer divinamente un socialista y seguirá siendo una desgracia para la humanidad, no, me quiero referir a esa dilatación de la sensibilidad que te permite captar la radical complejidad de absolutamente todo, empezando por lo a primera vista más simple.
Ahora, con la vejez, me asaltan con persistencia los ataques de melancolía, cosa que no sé si es lo normal o la consecuencia de un pasado del que no me siento orgulloso ni mucho menos. Me quedo largos ratos apesadumbrado por la insistencia del recuerdo de momentos siniestros de mi existencia. De la cantidad de cosas que quisiera no haber hecho, pero las hice con las consiguientes consecuencias calamitosas en propia carne, pero sobre todo en ajena. Quizá es que la vida no puede ser de otra manera, pero eso no me consuela.
Por otro lado, aunque menos, y no sé por qué, también sufro por cantidad de cosas que no hice habiéndolas podido hacer si hubiese estado a lo que estaba. Sin duda me faltó inteligencia. No alcancé a comprender hasta muy tarde, cuando ya cabía poca reparación, que había sido un privilegiado en oportunidades y que por pura necedad había tirado la mayoría por el retrete. Como todos los idiotas perdí la vida dejándome arrastrar por las modas del momento, ciego de soberbia e ignorante total de mis monstruosas limitaciones.
En fin, en cualquier caso, más vale tarde que nunca dice el dicho. Siempre se está a tiempo de saltar por el portillo del caer en la cuenta, como decía Gracián. El caso es tratar de corregir esa ceguera para saber más o menos cuales son los límites de tu ignorancia. Porque saber los límites ya es ser menos ignorante. Y una buena herramienta para intentarlo al menos, pienso, es el estudio. No sé si habrá otras formas de dilatar la sensibilidad. Me temo que no. Y una vez dilatada, automáticamente, ya eres mejor persona. ¿Por qué? Porque si comprendes la radical complejidad de las cosas estás incapacitado para ser cura, que no se engañen, es lo peor de lo peor.
Ahora, con la vejez, me asaltan con persistencia los ataques de melancolía, cosa que no sé si es lo normal o la consecuencia de un pasado del que no me siento orgulloso ni mucho menos. Me quedo largos ratos apesadumbrado por la insistencia del recuerdo de momentos siniestros de mi existencia. De la cantidad de cosas que quisiera no haber hecho, pero las hice con las consiguientes consecuencias calamitosas en propia carne, pero sobre todo en ajena. Quizá es que la vida no puede ser de otra manera, pero eso no me consuela.
Por otro lado, aunque menos, y no sé por qué, también sufro por cantidad de cosas que no hice habiéndolas podido hacer si hubiese estado a lo que estaba. Sin duda me faltó inteligencia. No alcancé a comprender hasta muy tarde, cuando ya cabía poca reparación, que había sido un privilegiado en oportunidades y que por pura necedad había tirado la mayoría por el retrete. Como todos los idiotas perdí la vida dejándome arrastrar por las modas del momento, ciego de soberbia e ignorante total de mis monstruosas limitaciones.
En fin, en cualquier caso, más vale tarde que nunca dice el dicho. Siempre se está a tiempo de saltar por el portillo del caer en la cuenta, como decía Gracián. El caso es tratar de corregir esa ceguera para saber más o menos cuales son los límites de tu ignorancia. Porque saber los límites ya es ser menos ignorante. Y una buena herramienta para intentarlo al menos, pienso, es el estudio. No sé si habrá otras formas de dilatar la sensibilidad. Me temo que no. Y una vez dilatada, automáticamente, ya eres mejor persona. ¿Por qué? Porque si comprendes la radical complejidad de las cosas estás incapacitado para ser cura, que no se engañen, es lo peor de lo peor.
domingo, 9 de septiembre de 2018
¡Vaya un tostón!
Recuerdo una película de los años sesenta o así, en la que un grupo de militares encabezados por un general que encarna Burt Lancaster intenta dar un golpe de estado en Wasington. Al final, como no podía ser menos, la intentona falla, pero el mensaje que deja la película es claro: nadie está a salvo. El poder está en donde está y a los niños se les deja jugar a las casitas mientras no destrocen el jardín.
Hoy leo un curioso artículo en el que se viene a afirmar que en EEUU lo que está pasando en realidad es que están llevando las riendas del Estado dos viejos generales. Y por eso no pasa nada que no sea un poco de ópera bufa para tener al personal distraído y que pueda seguir jugando a las casitas y creyéndose mayores. Pero el jardín que no me lo toquen.
Y es que me parece a mí que todo esto de la democracia está entrando en barrena. Le han salido tantos curas a esa religión que el personal ya no puede ni dormir tranquilo no vaya a venir uno de ellos y le birle la mujer. Es el eterno retorno al feudalismo medieval que acaba por provocar que la gente pida a gritos que venga un Rey unificador. Con un rey, o un tirano, el poder siempre está más lejos y la visión de sus privilegios se diluye en la distancia. Es más soportable en definitiva.
Ahora va uno y recuerda aquellos años en los que España era Una, Grande y Libre y añora el montón de ventajas prácticas que tenía. Una sola administración, una sola lengua, una sola sanidad, una sola educación, una sola calidad de ciudadanía. Luego vino aquella heroica Transición que al decir de los cuentistas fue la envidia del mundo mundial y todo se fue al carajo. De golpe y porrazo de ser una sociedad moderna y cosmopolita pasamos al provincianismo más cutre. Un regreso en toda regla al feudalismo, con los curas que sirven al señor de turno siempre encima de la chepa. Y no hay forma de sacudírselos porque lo saben todo de ti. Y menos mal que el pertenecer a Europa y la OTAN pone límites a sus ansias de control, que no por otra causa es que ya hayan empezado a dirigir todos sus esfuerzos a desprestigiar esas dos instituciones.
En fin, ya digo, a la postre el poder está donde está y si los niños empiezan a destrozar el jardín se les quita el juguete y se les castiga a permanecer en el rincón. No creo que vaya a tardar mucho en suceder porque esto ya se parece a la canción aquella que tocaba un marinero con su guitarra a la orilla del mar. ¡Vaya un tostón!
Hoy leo un curioso artículo en el que se viene a afirmar que en EEUU lo que está pasando en realidad es que están llevando las riendas del Estado dos viejos generales. Y por eso no pasa nada que no sea un poco de ópera bufa para tener al personal distraído y que pueda seguir jugando a las casitas y creyéndose mayores. Pero el jardín que no me lo toquen.
Y es que me parece a mí que todo esto de la democracia está entrando en barrena. Le han salido tantos curas a esa religión que el personal ya no puede ni dormir tranquilo no vaya a venir uno de ellos y le birle la mujer. Es el eterno retorno al feudalismo medieval que acaba por provocar que la gente pida a gritos que venga un Rey unificador. Con un rey, o un tirano, el poder siempre está más lejos y la visión de sus privilegios se diluye en la distancia. Es más soportable en definitiva.
Ahora va uno y recuerda aquellos años en los que España era Una, Grande y Libre y añora el montón de ventajas prácticas que tenía. Una sola administración, una sola lengua, una sola sanidad, una sola educación, una sola calidad de ciudadanía. Luego vino aquella heroica Transición que al decir de los cuentistas fue la envidia del mundo mundial y todo se fue al carajo. De golpe y porrazo de ser una sociedad moderna y cosmopolita pasamos al provincianismo más cutre. Un regreso en toda regla al feudalismo, con los curas que sirven al señor de turno siempre encima de la chepa. Y no hay forma de sacudírselos porque lo saben todo de ti. Y menos mal que el pertenecer a Europa y la OTAN pone límites a sus ansias de control, que no por otra causa es que ya hayan empezado a dirigir todos sus esfuerzos a desprestigiar esas dos instituciones.
En fin, ya digo, a la postre el poder está donde está y si los niños empiezan a destrozar el jardín se les quita el juguete y se les castiga a permanecer en el rincón. No creo que vaya a tardar mucho en suceder porque esto ya se parece a la canción aquella que tocaba un marinero con su guitarra a la orilla del mar. ¡Vaya un tostón!
viernes, 7 de septiembre de 2018
Aunque sea de cabo
Toda esta realidad ilusoria en la que vivimos parece que está dando unos signos de fatiga alarmantes. Esa patraña de la autodeterminación subjetiva -cada uno es y piensa como le da la gana- que ha tenido adormecidas a la masas durante décadas, incluso siglos en algunos sitios, se nos está viniendo abajo. Los ejemplos de regusto autoritario se extienden por doquier; el populus parece estar pidiendo a gritos que le purguen. Uno detrás de otro, en todos los países las opciones totalitarias suben como la espuma. El haber caído en la cuenta de que la milonga democrática también tiene limitaciones por todos los costados ha sentado francamente mal. Y luego, claro, está lo de que eres lo que eres por comparación con los otros: durante todo el siglo pasado no necesitábamos más para alimentar nuestro narcisismo que mirar a Rusia, pero, ¡ay, hijo!, ahora el espejo son los chinos y ahí lo tenemos más chungo. ¡Cómo han podido llegar a donde ha llegado esa gente sin necesidad de democracia!
El caso es que aquí en donde vivo es muy fácil enrollarse con el personal. Andan en grupos o solos por los soportales, los jardincillos o en el bar y, a la que te ven, se acercan con la diatriba a flor de boca: parecen estar todos hasta la coronilla de la realidad presente y nostálgicos perdidos de cuando lo de Franco. Son viejos que vivieron su epopeya personal en los sesenta del siglo pasado. Para empezar, fue cuando conocieron lo que es cagar en un retrete con su cisterna y todo. Y, luego, el que no cambio las mulas por el tractor comenzó a conducir su propio camión por toda la península o a trabajar en lejanas tierras a condición de poder regresar cada año por vacaciones en su propio coche. Y todo con una claridad de reglas y una estabilidad a prueba de demagogos. El paraíso en definitiva.
Ni que decir tiene que todo son percepciones falsas. La realidad fehaciente es que desde aquellos años sesenta a estos que estamos viviendo sólo han cambiado las cuestiones estéticas. En los años sesenta España ya estaba gobernada por tecnócratas competentes lo mismo que lo está ahora Europa, de la cual, conviene recordarlo, formamos parte. Y por eso las cosas aquí, en Europa, van como en China, o sea, viento en popa. Pero,¡ay!, las cuestiones estéticas se han deteriorado mucho. Toda esta lucha democrática por el poder provinciano, que es puro choriceo, deja a la dictadura franquista o a la tiranía china a la altura de las más exquisitas formas de organización social. Cuando lo de Franco, o ahora en China, la gente sabía y sabe a qué atenerse: ocuparse de lo propio y dejar a los que saben que se ocupen de lo público. ¡Oye, mientras a mí me vaya bien, buenas ganas de meterse en líos! Y el año que viene cambio el 600 por un 1500, porque a buen seguro que podré.
Así que, al loro, porque lo que se percibe es que todo este choriceo provinciano nos está envileciendo la vida. En definitiva, estéticamente es insoportable. Por favor, aunque sea de cabo, que vuelva el innombrable.
El caso es que aquí en donde vivo es muy fácil enrollarse con el personal. Andan en grupos o solos por los soportales, los jardincillos o en el bar y, a la que te ven, se acercan con la diatriba a flor de boca: parecen estar todos hasta la coronilla de la realidad presente y nostálgicos perdidos de cuando lo de Franco. Son viejos que vivieron su epopeya personal en los sesenta del siglo pasado. Para empezar, fue cuando conocieron lo que es cagar en un retrete con su cisterna y todo. Y, luego, el que no cambio las mulas por el tractor comenzó a conducir su propio camión por toda la península o a trabajar en lejanas tierras a condición de poder regresar cada año por vacaciones en su propio coche. Y todo con una claridad de reglas y una estabilidad a prueba de demagogos. El paraíso en definitiva.
Ni que decir tiene que todo son percepciones falsas. La realidad fehaciente es que desde aquellos años sesenta a estos que estamos viviendo sólo han cambiado las cuestiones estéticas. En los años sesenta España ya estaba gobernada por tecnócratas competentes lo mismo que lo está ahora Europa, de la cual, conviene recordarlo, formamos parte. Y por eso las cosas aquí, en Europa, van como en China, o sea, viento en popa. Pero,¡ay!, las cuestiones estéticas se han deteriorado mucho. Toda esta lucha democrática por el poder provinciano, que es puro choriceo, deja a la dictadura franquista o a la tiranía china a la altura de las más exquisitas formas de organización social. Cuando lo de Franco, o ahora en China, la gente sabía y sabe a qué atenerse: ocuparse de lo propio y dejar a los que saben que se ocupen de lo público. ¡Oye, mientras a mí me vaya bien, buenas ganas de meterse en líos! Y el año que viene cambio el 600 por un 1500, porque a buen seguro que podré.
Así que, al loro, porque lo que se percibe es que todo este choriceo provinciano nos está envileciendo la vida. En definitiva, estéticamente es insoportable. Por favor, aunque sea de cabo, que vuelva el innombrable.
jueves, 6 de septiembre de 2018
Melancholy
Miro en el buzón y me encuentro un catálogo de Ikea. Es un libro de más de cien páginas de papel satinado que irá directamente a la basura. Porque no necesito nada de lo que me ofrecen en ese catálogo. De hecho, lo que necesito, en cualquier caso, es deshacerme de unas cuantas cosas de las que tengo. Pero da igual, el mal ya está hecho, y eso que como soy una muy buena persona arrojaré el dichoso catálogo al contenedor de los papeles. Y no porque crea que el ayuntamiento va a mandar después esos papeles a reciclar, que por lo que he podido saber, no es la norma sino la excepción. Y, anyway, aunque lo reciclasen, que sería algo así como producir primero la herida a propósito para luego poder quedar como los ángeles curándola. O sea, como dijo Noséquién, entre idiotas anda el juego.
Mientras desayuno en Bariloche me entero de que los barrenderos han recogido de las calles en estos pasados días de fiestas un millón de kilos de desperdicios. Ya me había parecido a mí que había demasiada mierda everywere, sobre todo de esa que te deja pegada la suela al suelo, ¡que bella aliteración! Se necesitarán muchos días de lluvia para eliminar esa pasta enganchifoxa que diría un catalán al margen de su ideología.
También me entero mientras desayuno en Bariloche que un perro ha entrado en un centro de salud de un pueblo de Madrid y ha mordido a unas cuantas personas. A una de ellas, por lo visto, de forma desconsiderada. ¡Oye, nada que objetar! También se mata la gente en los coches y por eso no se van a prohibir los coches. Por cierto que, también en Bariloche, me he enterado de que el Ayuntamiento anda haciendo la vida imposible a los usuarios de coches. Ni siquiera con motivo de las recientes corridas de toros han hecho la vista gorda: todo el que estaba indebidamente aparcado, o sea, la mayoría, ha tenido que añadir doscientos euros de multa al ya abultado precio de las entradas. Pero, claro, que son los toros si no puedes ir en coche a verlos. Aunque vivas al lado de la plaza. Es ya una cuestión de redondear la tradición... more honored to observed it than to breaches, por llevar la contraria a Hamlet que, al fin y al cabo, era un pringao y seguro que iba a los toros andando.
En fin, no es que sea yo muy de bares, pero me he dado cuenta de que o voy a desayunar, o lo que sea, al Bariloche, o me quedo fuera de este mundo. Porque fuera de los bares puede que haya vida, pero qué vida es esa en la nadie te hace sentir caballero. ¡Dos sesenta, caballero! Y te vas feliz con el doble regusto del café y la autoestima apuntalada. Por no hablar del pincho de tortilla que mira que estaba bueno. Ya digo, España no hay más que una.
Mientras desayuno en Bariloche me entero de que los barrenderos han recogido de las calles en estos pasados días de fiestas un millón de kilos de desperdicios. Ya me había parecido a mí que había demasiada mierda everywere, sobre todo de esa que te deja pegada la suela al suelo, ¡que bella aliteración! Se necesitarán muchos días de lluvia para eliminar esa pasta enganchifoxa que diría un catalán al margen de su ideología.
También me entero mientras desayuno en Bariloche que un perro ha entrado en un centro de salud de un pueblo de Madrid y ha mordido a unas cuantas personas. A una de ellas, por lo visto, de forma desconsiderada. ¡Oye, nada que objetar! También se mata la gente en los coches y por eso no se van a prohibir los coches. Por cierto que, también en Bariloche, me he enterado de que el Ayuntamiento anda haciendo la vida imposible a los usuarios de coches. Ni siquiera con motivo de las recientes corridas de toros han hecho la vista gorda: todo el que estaba indebidamente aparcado, o sea, la mayoría, ha tenido que añadir doscientos euros de multa al ya abultado precio de las entradas. Pero, claro, que son los toros si no puedes ir en coche a verlos. Aunque vivas al lado de la plaza. Es ya una cuestión de redondear la tradición... more honored to observed it than to breaches, por llevar la contraria a Hamlet que, al fin y al cabo, era un pringao y seguro que iba a los toros andando.
En fin, no es que sea yo muy de bares, pero me he dado cuenta de que o voy a desayunar, o lo que sea, al Bariloche, o me quedo fuera de este mundo. Porque fuera de los bares puede que haya vida, pero qué vida es esa en la nadie te hace sentir caballero. ¡Dos sesenta, caballero! Y te vas feliz con el doble regusto del café y la autoestima apuntalada. Por no hablar del pincho de tortilla que mira que estaba bueno. Ya digo, España no hay más que una.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Ad infinitum
Este año en Castilla ha sido la repanocha. Hemos tenido toda el agua que nos ha dado la gana para regar y tirar. Y las cosechas en consonancia. Al final el PIB ha subido tres puntos y pico. Ni les digo lo ufano que está el gobierno local por lo que el parecer considera mérito suyo. Ya saben que, como dijo Noséquién, está esto de idiotas que no cabe uno más. En fin, ya se olvidó la catástrofe del año pasado que es que parecía esto la guerra del fin del mundo. Eso, se da por descontado, nunca volverá a suceder. ¡Faltaría mas!
Pero el caso es que mirando las televisiones de allende los Pirineos va uno y se entera de que lo del año pasado aquí ha sido la tónica general de este año en todo el norte de Europa. En la Ingalaterra que decían en mi pueblo, las vacas ya se han comido el forraje que se había almacenado para el próximo invierno y la cosecha de frutas y hortalizas ha sido un verdadero desastre porque, claro, acostumbrados como están a las lluvias continuas les ha pillado la sequía desprevenidos y sin recursos para paliarla. Y eso por no hablar de Suecia donde se han quemado extensiones ingentes de sus famosos bosques a causa no solo de la falta de lluvia sino también a las persistentes temperaturas rondando los cuarenta grados. Alemania, más de lo mismo. Y así todos. ¡Ay, lo que hubiesen dado todos ellos este verano por haber disfrutado en el pasado de un Paco el Rana! Lo que son las cosas.
Bromas aparte, esto del calentamiento global cada vez se está pareciendo más a lo de la existencia de dios. Defensores y detractores a falta de argumentos fehacientes para su causa, al final, sólo podrán echar mano de la violencia para defender su punto de vista. Sólo nos queda esperar, entonces, que lo del calentamiento no cause tantos muertos como lo de la existencia de dios que todavía se cobra hoy día buenos réditos en muchas partes del mundo.
Digamos que la inteligencia del ser humano alcanza hasta donde alcanza y a partir de ahí los honestos se limitan a especular y los sinvergüenzas a creer -la famosa fe-. Ya lo decía un tal Onetti, a las personas con fe, con la ayuda de dios no me las encuentro y, si dios me falla, pongo de mi parte todo lo que puedo para salir pitando. Porque la fe, que nadie se llame a engaño, sólo es un eufemismo de la burricie.
En definitiva, el planeta se calienta y el nivel de los océanos sube. Son hechos constatables. Sus causas también lo parecería que lo fuesen y por eso tienen tantos defensores, muchos incluso rayando el fanatismo. Pero a la postre sólo es un asunto de fe porque a los detractores no les cuesta encontrar soporte para sus tesis en la casuística. Hay en la memoria -si fuese socialista diría histórica- episodios de calentamiento y enfriamiento para los que no se tiene más justificación que los caprichos del azar. Ni siquiera con los famosos big data se pueden abarcar esos caprichos, así que, como decía, si somos honestos limitémonos a especular.
Ahora que lo que sí es verdad es que la mayoría de todas esas causas que según los fanáticos están en el origen del calentamiento son en general un verdadero incordio para la buena vida. Estas ciudades llenas de coches, estos cielos llenos de aviones, estas masas turísticas, éste despilfarro de decibelios, éste comer como chones, ésta inagotable ansia de celebrar lo irrelevante... podría seguir ad infinitum con la lista de estupideces que hacemos con la inútil pretensión de huir de nosotros mismos. Y no te digo ya, si coges, agarras y te pones a leer Las Cartas Morales a Lucilio, entonces, ya, apaga y vámonos, porque caes en la cuenta de que no has dado ni una en el clavo en tu puta vida. Y esa, y sólo esa, es nuestra condición.
Pero el caso es que mirando las televisiones de allende los Pirineos va uno y se entera de que lo del año pasado aquí ha sido la tónica general de este año en todo el norte de Europa. En la Ingalaterra que decían en mi pueblo, las vacas ya se han comido el forraje que se había almacenado para el próximo invierno y la cosecha de frutas y hortalizas ha sido un verdadero desastre porque, claro, acostumbrados como están a las lluvias continuas les ha pillado la sequía desprevenidos y sin recursos para paliarla. Y eso por no hablar de Suecia donde se han quemado extensiones ingentes de sus famosos bosques a causa no solo de la falta de lluvia sino también a las persistentes temperaturas rondando los cuarenta grados. Alemania, más de lo mismo. Y así todos. ¡Ay, lo que hubiesen dado todos ellos este verano por haber disfrutado en el pasado de un Paco el Rana! Lo que son las cosas.
Bromas aparte, esto del calentamiento global cada vez se está pareciendo más a lo de la existencia de dios. Defensores y detractores a falta de argumentos fehacientes para su causa, al final, sólo podrán echar mano de la violencia para defender su punto de vista. Sólo nos queda esperar, entonces, que lo del calentamiento no cause tantos muertos como lo de la existencia de dios que todavía se cobra hoy día buenos réditos en muchas partes del mundo.
Digamos que la inteligencia del ser humano alcanza hasta donde alcanza y a partir de ahí los honestos se limitan a especular y los sinvergüenzas a creer -la famosa fe-. Ya lo decía un tal Onetti, a las personas con fe, con la ayuda de dios no me las encuentro y, si dios me falla, pongo de mi parte todo lo que puedo para salir pitando. Porque la fe, que nadie se llame a engaño, sólo es un eufemismo de la burricie.
En definitiva, el planeta se calienta y el nivel de los océanos sube. Son hechos constatables. Sus causas también lo parecería que lo fuesen y por eso tienen tantos defensores, muchos incluso rayando el fanatismo. Pero a la postre sólo es un asunto de fe porque a los detractores no les cuesta encontrar soporte para sus tesis en la casuística. Hay en la memoria -si fuese socialista diría histórica- episodios de calentamiento y enfriamiento para los que no se tiene más justificación que los caprichos del azar. Ni siquiera con los famosos big data se pueden abarcar esos caprichos, así que, como decía, si somos honestos limitémonos a especular.
Ahora que lo que sí es verdad es que la mayoría de todas esas causas que según los fanáticos están en el origen del calentamiento son en general un verdadero incordio para la buena vida. Estas ciudades llenas de coches, estos cielos llenos de aviones, estas masas turísticas, éste despilfarro de decibelios, éste comer como chones, ésta inagotable ansia de celebrar lo irrelevante... podría seguir ad infinitum con la lista de estupideces que hacemos con la inútil pretensión de huir de nosotros mismos. Y no te digo ya, si coges, agarras y te pones a leer Las Cartas Morales a Lucilio, entonces, ya, apaga y vámonos, porque caes en la cuenta de que no has dado ni una en el clavo en tu puta vida. Y esa, y sólo esa, es nuestra condición.
lunes, 3 de septiembre de 2018
Cáncer
Recuerdo perfectamente aquel ya lejano día en el que Felipe González ganó por primera vez las elecciones. Residía yo por entonces en Barcelona y aquella tarde me vi celebrando la victoria en el piso de la hija del comisario jefe de la policía de Madrid. Ella era profesora de la Universidad, lo mismo que la mayoría de los que por allí andaban, todos, eso sí, dándole a las más diversas sustancias ya fuesen estimulantes ya fuesen estupefacientes. Por lo visto el triunfo de nuestro líder máximo, o de nuestra opción salvadora si mejor quieren, no era suficiente para serenar nuestros espíritus. Así son las cosas de la vida.
Al poco de ese día empecé a recibir noticias sobre innumerables conocidos míos con los que antaño había compartido ilusiones que de la noche a la mañana habían visto como sus sueldos se duplicaban o triplicaban por el simple mérito de mostrarse como los más entusiastas de la causa. Desde luego que no dejaron títere con cabeza en las estructuras de mando. Todo lo que tenía suplementos dinerarios lo coparon. Hubo casos que me parecieron tan escandalosos que sirvieron, de una vez por todas, para sacarme de encima toda la mugre buenista que hubiese podido albergar en el pasado. A partir de entonces, la política para mí ha sido sobre todo el asalto a los puestos mejor remunerados de la administración del Estado.
Pues bien, parece ser que ahora el Sr. Sánchez está levantando ampollas con la repetición de la misma jugada que hizo Felipe González con la entusiasta anuencia del respetable. Digamos que ya se ha descubierto el pastel y todo el mundo sabe de qué va la cosa. La democracia, señores, es fundamentalmente esto, que los que tienen vocación de servicio -la más miserable de todas las opciones de vida a mi juicio- se peleen entre ellos por esos puestos de trabajo que no precisan de formación alguna porque siempre van a tener a su lado a gente cualificada, los funcionarios de carrera, que les va a señalar el camino a tomar. Es un poco caro, pero hay que resignarse porque así se tiene controlada a la sección más tóxica de la sociedad.
Por cierto que ayer estuve viendo en la NHK un documental sobre una ciudad china del interior, lindando ya con el desierto. En realidad parecía una ciudad cualquiera de cualquier lugar del mundo desarrollado. Del más desarrollado, bien sure. Y bueno, me preguntaba al ver a aquella gente, que parece que hace más o menos las mismas cosas que hacemos aquí, si echarán en falta este rifirrafe verbal que es la democracia. Claro, en un documental no se aprecia eso porque sólo te enseñan a gente que se reúne para hacer música en el parque y cosas así de simpáticas. Pero sí, supongo que también allí habrá gente tóxica que so capa de vocación de servicio aspira a vivir del cuento. Pero se ve que les tienen controlados. No sé como lo lograrán porque debe ser de las cosas más díficiles, como combatir el cáncer o cosa por el estilo.
Al poco de ese día empecé a recibir noticias sobre innumerables conocidos míos con los que antaño había compartido ilusiones que de la noche a la mañana habían visto como sus sueldos se duplicaban o triplicaban por el simple mérito de mostrarse como los más entusiastas de la causa. Desde luego que no dejaron títere con cabeza en las estructuras de mando. Todo lo que tenía suplementos dinerarios lo coparon. Hubo casos que me parecieron tan escandalosos que sirvieron, de una vez por todas, para sacarme de encima toda la mugre buenista que hubiese podido albergar en el pasado. A partir de entonces, la política para mí ha sido sobre todo el asalto a los puestos mejor remunerados de la administración del Estado.
Pues bien, parece ser que ahora el Sr. Sánchez está levantando ampollas con la repetición de la misma jugada que hizo Felipe González con la entusiasta anuencia del respetable. Digamos que ya se ha descubierto el pastel y todo el mundo sabe de qué va la cosa. La democracia, señores, es fundamentalmente esto, que los que tienen vocación de servicio -la más miserable de todas las opciones de vida a mi juicio- se peleen entre ellos por esos puestos de trabajo que no precisan de formación alguna porque siempre van a tener a su lado a gente cualificada, los funcionarios de carrera, que les va a señalar el camino a tomar. Es un poco caro, pero hay que resignarse porque así se tiene controlada a la sección más tóxica de la sociedad.
Por cierto que ayer estuve viendo en la NHK un documental sobre una ciudad china del interior, lindando ya con el desierto. En realidad parecía una ciudad cualquiera de cualquier lugar del mundo desarrollado. Del más desarrollado, bien sure. Y bueno, me preguntaba al ver a aquella gente, que parece que hace más o menos las mismas cosas que hacemos aquí, si echarán en falta este rifirrafe verbal que es la democracia. Claro, en un documental no se aprecia eso porque sólo te enseñan a gente que se reúne para hacer música en el parque y cosas así de simpáticas. Pero sí, supongo que también allí habrá gente tóxica que so capa de vocación de servicio aspira a vivir del cuento. Pero se ve que les tienen controlados. No sé como lo lograrán porque debe ser de las cosas más díficiles, como combatir el cáncer o cosa por el estilo.
domingo, 2 de septiembre de 2018
Divertimento
Quizá la noticia más divertida, ¡y mira que las hay!, de entre las que han venido estos días en los periódicos es que el Presidente Sánchez no contempla la demolición de la cruz del Valle de los Caídos. ¡Imagínense, con toda la mitología que en su día se montó sobre el alarde tecnológico que supuso su construcción! Bueno, la ingeniería española ya había dado por entonces buenas pruebas de su excelencia construyendo las presas de los Arribes, pero esa cruz, a la vista del respetable, superaba todos los standares. El Valle con su Cruz, era para los estudiantes ilustradillos de mi generación, mucho más allá de cualquier significado político, una prueba fehaciente de que nuestras capacidades tecnológicas no eran mancas.
Supongo que el Presi habrá dicho lo de que no contempla porque algunos de sus compinches le estarán chinchando para que lo contemple como una posibilidad. Es indiscutible que sería un golpe de proporciones considerables. No de ganar por fin la Guerra Civil, pero casi. En cualquier caso, la idea ha sido lanzada y de momento la oposición la ha debido considerar tan descabellada que ni siquiera ha entrado al trapo, lo que ya es decir, porque entra a todos.
De todas formas, por pasar el rato, vamos a hacer historia ficción con lo que podría acontecer caso de que a un gobierno de frikis le diese por demolerla. Porque ya no se trataría de Franco, ni mucho menos, que la cruz, como los ajos, es sobre todo y por encima de todo el escudo que nos protege de los vampiros. Que no por otra cosa es que cuando los vampiros de provincias se aproximan a Madrit salgan despavoridos. Bueno, caso de destruirla quedarían los ajos de Las Pedroñeras por el sur, pero demasiados flancos al descubierto. Para mi que los madrileños no lo iban a consentir. Sería otro dos de mayo en ciernes, o dieciocho de julio acaso, pero desde luego que no se iban a ir de rositas los socios de Nosferatu. Porque, no nos llamemos a engaño, todos estos líos de lo que llaman política y es simple rebañar para casa son la obra de los vampiros que se cuelan por los flancos desprotegidos. Así que, con la cruz derruida lo mejor sería llamar a Polansky para dirigir la película.
sábado, 1 de septiembre de 2018
La Historia
Pasaba yo por aquel entonces una consulta de pulmón y corazón en el ambulatorio de San Adrián del Besos. Para la cosa del papeleo, que constituía el grueso de la tarea, disponía de un ayudante discreto y eficiente, catalán patanegra que además vivía en una de las plazoletas más guays, y ruidosas, del Barrio de Gracia, ¡casi na!. Aquella era una época en la que me había dado por leer Historia y como entre enfermo y enfermo tenía muchos ratos muertos los aprovechaba para darle a Tito Livio o Tácito o Suetonio que eran los que me molaban por entonces. Así fue que un día aquel ayudante me pasó un papel para que lo leyese. Pues bien, hoy me ha venido a la memoria porque el contenido de aquel papel es exactamente el mismo que viene hoy en El Mundo en una de las Valéryanas de un tal Tadeu. Perdón, valéryana quiere decir párrafos escogidos de un escritor francés de principios del XX de nombre Valéry. El párrafo dice así:
"La historia es el producto más peligroso que la química del intelecto haya elaborado. Sus propiedades son bien conocidas. Hace soñar a las personas, las embriaga, les da falsos recuerdos, exagera sus reflejos, mantiene sus viejas heridas, las atormenta en su reposo, las conduce al delirio de grandeza o de persecución, y hace que las naciones sean amargadas, soberbias, insoportables y vanas. Justifica lo que queramos. No enseña estrictamente nada, porque lo contiene y da ejemplos de todo. ¡Cuántos libros se escribieron que se llamaban: La lección de esto, Las enseñanzas de aquello!... Nada más ridículo que leer -después de los acontecimientos que siguieron a los acontecimientos- esos libros que interpretaban la dirección del futuro. En el estado del mundo, el peligro de ser seducido por la Historia es mayor que nunca".
No recuerdo lo que pensé al leer aquello. Seguramente me dio qué pensar. Porque ya por entonces, años 80 del siglo pasado, se atisbaba en el ambiente catalán está esquizofrenia del presente respecto de lo que fue el pasado. Efectivamente, si hay algún sitio en el mundo actual en el que la historia sirva para justificarlo todo, ese sitio es Cataluña. La escrita a beneficio de inventario, por supuesto. Pero eso da igual, porque lo que importa en cada momento es lo que sirve para justificar mis actos. Cuentos de buenos y malos, de superiores e inferiores. Los que mandan, si de una cosa están seguros, eso es que la chusma se lo traga todo a nada que le sobes el ego.
Sin embargo, sigo creyendo en aquello que nos solía decir mi padre: lo que no queráis que se sepa no lo hagáis. O lo que es lo mismo, que a la larga la historia acaba por conformarse más o menos fiel a lo que de verdad pasó. Y eso a pesar de que la propaganda puede evitarlo por periodos más o menos largos, pero al final siempre se descubre el pastel. Y hoy, al margen de las menudencias que sirven para justificar los agravios de los resentidos, podemos tener una idea bastante certera de lo que fue la antigüedad que conformó nuestro presente. Grecia ganó al Oriente porque supo enunciar el Teorema de Pitágoras. Ganó y sigue ganando España en América porque fue allí con las Leyes de Indias. Y de nada servirá la milonga del genocidio que cantan los adversarios porque pasarán más de mil, dos mil y tres mil años y ahí seguirá incólume, al igual que la Ilíada para los griegos, "La verdadera historia de la conquista de la Nueva España" de Bernal Díaz del Castillo. Porque ese es el caso, que la historia se puede manipular, pero cuando ya está convertida en leyenda, echalá de comer a parte: lo real y lo simbólico se hacen indistinguibles y el imaginario popular lo eleva a los altares. Ya no hay espacio para la manipulación; sólo, si acaso, para la especulación... que es lo bonito de cualquier ciencia.
"La historia es el producto más peligroso que la química del intelecto haya elaborado. Sus propiedades son bien conocidas. Hace soñar a las personas, las embriaga, les da falsos recuerdos, exagera sus reflejos, mantiene sus viejas heridas, las atormenta en su reposo, las conduce al delirio de grandeza o de persecución, y hace que las naciones sean amargadas, soberbias, insoportables y vanas. Justifica lo que queramos. No enseña estrictamente nada, porque lo contiene y da ejemplos de todo. ¡Cuántos libros se escribieron que se llamaban: La lección de esto, Las enseñanzas de aquello!... Nada más ridículo que leer -después de los acontecimientos que siguieron a los acontecimientos- esos libros que interpretaban la dirección del futuro. En el estado del mundo, el peligro de ser seducido por la Historia es mayor que nunca".
No recuerdo lo que pensé al leer aquello. Seguramente me dio qué pensar. Porque ya por entonces, años 80 del siglo pasado, se atisbaba en el ambiente catalán está esquizofrenia del presente respecto de lo que fue el pasado. Efectivamente, si hay algún sitio en el mundo actual en el que la historia sirva para justificarlo todo, ese sitio es Cataluña. La escrita a beneficio de inventario, por supuesto. Pero eso da igual, porque lo que importa en cada momento es lo que sirve para justificar mis actos. Cuentos de buenos y malos, de superiores e inferiores. Los que mandan, si de una cosa están seguros, eso es que la chusma se lo traga todo a nada que le sobes el ego.
Sin embargo, sigo creyendo en aquello que nos solía decir mi padre: lo que no queráis que se sepa no lo hagáis. O lo que es lo mismo, que a la larga la historia acaba por conformarse más o menos fiel a lo que de verdad pasó. Y eso a pesar de que la propaganda puede evitarlo por periodos más o menos largos, pero al final siempre se descubre el pastel. Y hoy, al margen de las menudencias que sirven para justificar los agravios de los resentidos, podemos tener una idea bastante certera de lo que fue la antigüedad que conformó nuestro presente. Grecia ganó al Oriente porque supo enunciar el Teorema de Pitágoras. Ganó y sigue ganando España en América porque fue allí con las Leyes de Indias. Y de nada servirá la milonga del genocidio que cantan los adversarios porque pasarán más de mil, dos mil y tres mil años y ahí seguirá incólume, al igual que la Ilíada para los griegos, "La verdadera historia de la conquista de la Nueva España" de Bernal Díaz del Castillo. Porque ese es el caso, que la historia se puede manipular, pero cuando ya está convertida en leyenda, echalá de comer a parte: lo real y lo simbólico se hacen indistinguibles y el imaginario popular lo eleva a los altares. Ya no hay espacio para la manipulación; sólo, si acaso, para la especulación... que es lo bonito de cualquier ciencia.
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