martes, 31 de diciembre de 2019

Ya se murio el burro

"A partir de ahora el combate será libre" es el título de un libro publicado en los primeros años de este siglo en el que se recopilan una serie de artículos escritos por Rafael Barrett Álvarez de Toledo. Me enteré de su existencia por un artículo de Gregorio Morán en La Vanguardia. La semblanza que hacía del autor era tan atractiva que no paré hasta que me hice con un ejemplar. Y mereció la pena. Porque el caso es que venía yo de leer unas cuantas cosas acerca de la deslumbrante Viena de entre siglos y resultó que Barrett era un entusiasta de aquella época. Sus artículos estaban trufados de referencias a Wittgentein, Freud, Karl Kraus, etc., gente que, por lo demás, era coetánea suya.

Por otra parte, lo primero de Houellebecq se llamó "Ampliación del campo de batalla". Y ya se notaba allí que venía en plan de pegar fuerte. O de prescindir de los eufemismos al uso, eso que la apestosa socialdemocracia ha dado en llamar corrección política.

Efectivamente, si algo nos ha traído esta revolución del internet es una ampliación hasta casi el infinito del campo de batalla para que la lucha sea más libre. Muchísimo más libre, hasta casi el infinito también. Ahora ya no hay que estar respaldado por una corporación con, por supuesto, su línea editorial, para entrar en la liza. Ahora, basta con una buena cabeza y ganas de pelear. Exactamente las dos cualidades que hicieron de Don Quijote el arquetipo más admirado e imitado de la historia de la literatura. Y esa es la maravilla de esta contemporaneidad, que el mundo se ha llenado de quijotes reales que cabalgan a lomos de youtube para acudir a todas las encrucijadas en las que los gigantones malambrunos se dedican a obstruir la libre circulación, principalmente, de las ideas. Ahora, toda esa chusmilla que so capa de vocación de servicio y superioridad moral come a dos carrillos de los presupuestos del estado, tiene que soportar a diario la lluvia de mandobles que les caen del cielo. Y esa es la causa de su irritación creciente. Porque, como dice Escohotado, cuando se está estirando la pata se hace mucho ruido. Socialistas, feministas, animalistas, islamistas, nacionalistas y todos los demás terminados en istas que ustedes quieran, que no solo es que estén estirando la pata sino que, también, están arrugando el hocico. En fin, me parto al ver como se aporrea a esa gente. Ya era hora.  

domingo, 29 de diciembre de 2019

Roxana

Como ya les comenté en más de una ocasión, cuando pienso en mi vida el único sentimiento que me embarga es el de vergüenza. Y lo más curioso del caso es que este sentimiento en nada se ve alterado por los diferentes estados de ánimo: ya puedo estar eufórico, lo mismo que depresivo, que volver la vista atrás y entrarme unas ganas terribles de que me trague la tierra, todo es uno. El único consuelo que me queda es saber que a algunos grandes hombres que admiro les pasa, o pasaba, exactamente lo mismo. 

Por otra parte, también alivia mi pesar mirar a mi alrededor. Ya sé que la inmensa mayoría de la gente que me rodea en vez de vergüenza dicen sentir incluso orgullo por su pasado, pero a mí no me la dan, porque les conozco y sé que son incapaces de sostener la mirada a la imagen que les devuelve el espejo. De hecho, un número considerable de entre ellos ni siquiera se ven en el espejo porque están mordidos de origen: durmieron de niños con su abuelita y cosas así. 

Todas estas cosas que les cuento tienen que ver con esa ciencia empírica que llaman psicología. Es decir, una ciencia que observa los fenómenos y, después, somete al análisis estadístico lo que cree haber visto. Por ejemplo, la felicidad: hacen un muestreo de 56.000 personan a las que preguntan por algo tan etéreo como sus sentimientos al respecto. Personalmente me parece que todos esos estudios están corrompidos en origen, porque ya me dirán lo que uno se puede fiar del personal cuando se autoanaliza. Y así todo, muchas veces, de esos estudios se extraen conclusiones que parecen sensatas. Claro que, no nos engañemos, no más sensatas que las que vemos en las ristras de refranes que hay en el Quijote, el Criticón, la Celestina, y demás monumentos a la inteligencia que tenemos a nuestro alcance a nada que nos lo propongamos. 

El caso es que vengo de un tiempo a esta parte viendo vídeos que hacen referencia a esa ciencia empírica, o blanda, que les decía. El tal Jordan B. Peterson que ha devenido en verdadero gurú del asunto y no, desde luego, sin haber hecho méritos para ello.  A mí modo de entender, es tan sensato, o plausible, o bien argumentado, casi todo lo que dice que uno no puede sino quitarse el sombrero. Claro que no le viene el garbanzo al pico así porque sí: uno indaga en su currículum académico y alucina. Ese tipo de gente que uno no se explica como conservan la capacidad de sentarse porque tienen que tener el culo más pelado que un mono. 

Pero si Peterson me fascina lo de Roxana Kreimer es lo siguiente de lo siguiente. Y es que Roxana es doctora en psicología, pero es que, además, es licenciada en filosofía. Y vaya que sí que se nota. La mitad, si no más, de sus vídeos están encaminados a la difícil pedagogía del recto razonar. Y es que esa es la madre de todos los corderos: el recto razonar. ¿Cómo podemos saber que lo que nos están diciendo es una mamarrachada si suena tan bonito? Ahí es donde hace falta una buena formación para que no te la metan doblada. Porque esa es la tónica general: millones y millones de personas que han hecho su modus vivendi del feminismo, animalismo, indigenismo, etc., y que por tal han desarrollado un argumentario que repetido ad nausean parece haber tomado carta de naturaleza. ¿A ver quién es el guapo que se atreve a discutir eso? Y, sin embargo, todo es una pura falacia.  O puro oscurantismo, por decirlo de una manera que entronca con las fuerzas del mal que siempre estuvieron amenazando el progreso de la humanidad. Ya se lo he dicho mil veces, cuando una persona hace de cualquier milonga su modus vivendi lo mejor que se puede hacer es matarla porque, de lo contrario, te chupará toda la sangre. 

Bueno, no sigo porque ya me he desahogado lo suficiente por hoy.    

viernes, 27 de diciembre de 2019

Desde Miami sin complejos

Recuerdo una de aquellas canciones infantiles que decía:  el patio de mi casa es muy particular/ cuando llueve se moja como los demás. Pues sí, valga como metáfora que se caga en todas esas particularidades, -señas de identidad le dicen los más sinvergüenzas-, que son la munición de fogueo con la que los políticos locales tiene entretenida a la chusma. Bueno, para ser más preciso con el lenguaje, en vez de entretenida habría que decir seducida. Y esto, señores, desengáñense, seguirá siendo así hasta el mismísimo día en el que el valle de Josafat se convierta en el centro del mundo. 

Pero no se me amoinen por lo que acabo de decir, porque la evidencia científica, que diría un psicólogo evolutivo, deja claro hasta la saciedad que los políticos locales con, por supuesto, su pastoreada chusma en bandolera, cuentan muy poco, si no es nada, en el cómputo general de las fuerzas que, por así decirlo, imprimen carácter al cotidiano devenir. Para ser exactos, para lo único que cuenta, o sirve, esa gente es para organizar las fiestas del pueblo o, mejor, por aquello de estar más tiempo entretenidos, de los barrios, porque no olvidemos que todo pueblo tiene por lo menos cinco o seis de ellos, cada uno con la seva identitat

Pero, pelillos a la mar, porque lo que dicen las estadísticas es que cada día que pasa son más las personas que van siendo conscientes de que en todos los patios llueve por igual, y, aunque son y siempre serán minoría, cada vez es una minoría más densa gracias a las posibilidades de intercomunicación entre sus miembros que proporciona la tecnología. Y ya saben que densidad es sinónimo de peso o, si mejor quieren, influencia. 

Si, hoy día ya solo un chusma se pone a ver un tolk show dirigido por Buenafuente, el Gran Wayoming, o similares, entrevistando a la gloria nacional del momento. Cualquiera con dos neuronas funcionando preferirá mil veces escuchar a Jaime Bayley en conversación con Gloria Álvarez. Desde Miami, por cierto, que, por si todavía no se han enterado, es un territorio neutral en el que ha dado en concentrarse lo mejor de la inteligencia hispana. 

La inteligencia, eso que crece exponencialmente cuando interactúa. Como cuando Adam Smith fue de viaje por Francia y conoció a los fisiócratas, que por ello fue que de vuelta a su casa no se le ocurriese mejor idea que escribir lo de Las Causas de la Riqueza de las Naciones. Precisamente de la riqueza, porque, como sostiene Armando de la Torre, la pobreza no tiene causas, porque está ahí de por sí. Vamos, que es lo natural. Y perdonen la disgresión, pero es que está uno tan exaltado por lo escucha que no hay forma de controlarse. 

Pues sí, Gloria Álvarez, Paola Hermosín, Jaime Altozano, Alvinsch, Roxana Kreimer, los Luceros de Rio Verde, María Elvira Roca, David Lacalle... inteligencia hispana disparada que lleva camino de arrollar, si no el mundo, si todo ese lastre de papanatismo, o complejo de inferioridad, que viene siendo marca de la casa desde que Madrid dejó de ser el centro del mundo, allá por el XVII.     

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Elon y Jeff




Es una sensación curiosa ésta de no saber lo que se dice nada de todos esos dimes y diretes que tienen que ver con la política. Desde mediados de marzo de este año no he leído ni una línea de periódico alguno ni he visto en las televisiones nacionales otra cosa que los programas agrícolas de la cadena regional y series policíacas que pasan continuamente en esas cadenas raras.También estuve mirando una temporada las cadenas británicas por lo del brexit, pero ya hace meses que desistí porque me di cuenta de que no era más que más de la misma matraca catalana. Así es que todo lo que sé al respecto de la cosa pública es lo que me llega por las frases sueltas que escucho al azar. Que si Sánchez tal, que si Boris cual. Como quien oye llover, oye, que mientras Mercadona esté como está en la actualidad, a mí, allá cuidados, como Terete con sus corderos asados.

Lo que sí que me parece entretenido por su indiscutible enjundia es la competencia que se ha establecido por conquistar el espacio entre SpaceX y Blue Origin. La cosa tiene su miga, no se vayan a creer, porque da una idea bastante exacta de por donde van los tiros del poder, es decir, que las cosas realmente importantes de este mundo ya no se dirimen en los consejos de ministros de las potencias imperiales sino en los consejos de administración de las empresas punteras en conocimiento. Acuérdense de hace como quien dice cuatro días que andaban los americanos y los rusos enzarzados en una lucha sin cuartel por ver quien llegaba más lejos con su chorra. Pues nada, eso, ya, la noche de los tiempos. Ahora todo el bacalado lo parten entre Elon Musk y Jeff Bezos: dos concepciones de la jugada que no por diferentes dejan de ser complementarias. 

Complementarias en lo que hace a salvar a la especie de la extinción por agotamiento del planeta Tierra. Diferentes porque Musk piensa que lo suyo es colonizar otros planetas y Bezos que es más apropiado crear ciudades que orbiten la Tierra. A esas ciudades de Bezos se trasladaría toda la producción industrial y la Tierra quedaría en plan reserva natural con toda su biodiversidad y demás lindezas. En fin, parece todo ello pura locura, pero en el entretanto, las dos empresas, cada una a su particular manera, van invirtiendo sumas considerables y van creando unas infraestructuras de las de quitar el hipo.

Sea como sea, los hechos cantan. Después de más sesenta años lanzando cohetes al espacio a costa de los presupuestos del estado, ha tenido que venir una empresa privada a hacer lo mismo, pero sin que al contribuyente le cueste un duro y con tales avances tecnológicos que los costes se han reducido a la décima parte. Seguramente la mejor explicación de tales diferencias sea aquella que dio un día Feynman: las planificaciones estatales suelen estar bien concebidas, pero nadie ha explicado nunca porque la gestión de tales planificaciones tiene que recaer siempre en personas incompetentes. 

Resumiendo, que estas son las cosas de las que te enteras si, en vez de leer periódicos y ver telediarios, te dedicas a andar a la flor del berro. 




lunes, 23 de diciembre de 2019

Piqueteros

Anduve unos días por Santander disfrutando de la amistad al más puro estilo gracianesco, es decir, para que se enteren, viendo por ocho ojos, oyendo por ocho oídos, pensando con cuatro cabezas, etc.. Pero eso no fue todo, aproveché uno de esos paseos tontos para entrar en una librería, por la que por cierto se paseaban sueltos unos perros de considerable talla, por ver si sacaba algo en limpio a propósito de un libro que me habían comentado mis hermanas porque en él, al parecer, venían relatados los sucesos que habían acabado con la vida de mi abuelo materno. Pues sí, di con ello. Se trata de un libro sobre la revolución de octubre de 1934 escrito por un tal Miguel Ángel Solla Gutiérrez, de profesión historiador en su versión "me vuelvo al pueblo"... es decir, nacido en Cantabria, de soltera, Santander, que estudió en Cantabria, de soltera Santander, y escribe sobre Cantabria, también, de soltera, Santander. 

Así fue que, compré el libro, busque el párrafo en el que venía lo que me interesaba, comprobé que se ajustaba poco a lo que a mí me habían contado, le dije a María, que me acompañaba, que acababa de tirar 24 €, me contestó que pas du tout, que lo podía devolver perfectamente, cosa que me apresuré a hacer ya que estaba a menos de cincuenta metros de la librería de los perros. ¡Uf, qué alivio!

A mí de toda esa historia del abuelo de la que nada supe hasta muy entrado en años lo único que de verdad me interesa es la frase que me espetó mi ya centenaria madre una de aquellas interminables tardes en las que andaba por su casa de visita. Me dijo: mira hijo, en esta vida solo se es feliz después de una guerra cuando la has ganado. Me quedé con la copla al instante, y no sólo por su valor literal, que en su caso lo tenía, sino más bien por el simbólico ya que ¿qué otra cosa nos enseñaron los padres fundadores si no es el contenido que se encierra en esa frase? Pero en fin, sobre este tema vengo dándoles la tabarra hace ya demasiados años. 

El caso es que, por lo que leí en el libro de marras, el Sr. Solla viene a dar a entender que mi abuelo era un poco tirando a extremista lo cual que como que en cierta medida justifica que al socialista que le interpelaba se le escapasen tres tiros. Bueno, yo leí en la historia clínica que había en el servicio de cirugía del Dr. D. Abilio Barón que habían sido seis, pero eso, pal caso, ni fu ni fa, porque, caso de haber sido tres, fueron certeros donde les hubiese. Por lo demás, tal y como a mí me contaron, y no mi madre, por cierto, cuando le dispararon, mi abuelo acaba de entrar en los locales de su negocio y estaba dando ordenes al administrador para que cerrase el establecimiento... lo cual que a mí, una vez leída la versión del Sr. Solla, como que le quita un poco de épica al asunto. Porque enfrentarse a un piquete de huelga que te quiere imponer su visión de la jugada es para mí un deber sagrado como quizá no haya otro. ¡Dios, lo que yo hubiese dado por ver bajar a Chuck Norris de uno de esos camiones que paran los piqueteros!  

Total, que a saber cómo fue aquello, porque todo lo que digamos del suceso en cuestión entra dentro de las conjeturas. Pero también hay hechos incontestables al margen del asesinato. Por ejemplo, que una vez entrados los conocidos como nacionales en Reinosa se encontraron en una chatarrería los mecanismos de las seis pianolas que mi abuelo guardaba en sus almacenes. Ya se sabe, en tiempos de guerra ni siquiera los socialistas pueden ser respetuosos con las cosas de la cultura. Por no hablar de las cámaras fotográficas Agfa, de las que volaron todas las que había y más que hubiese habido... seguramente, a la sazón, se dio un súbito incremento de la afición a la fotografía por todas las villas campurrianas.  

En fin, como les iba diciendo, lo que queda es lo que queda, o sea, la felicidad que produce el ganar guerras. De ahí que sea tan importante être toujours sur la brèche

martes, 17 de diciembre de 2019

Destello de los dioses

Veo a Paola Hermosín y me emociono hasta tal punto que se me sale el corazón por los ojos en líquidos pedazos. Veo a Los Luzeros de Rioverde y tres cuartos de lo mismo. Y es que no me llamo a engaños: eso que es esa joven o son esos niños es exactamente lo que yo hubiese escogido ser de haber podido elegir. Por supuesto que por su maestría en lo que hacen, que a todas luces es prodigiosa, pero mucho más por la alegría, ese destello de los dioses, o ese destino cumplido, que se desprende de sus personas cuando se expresan. Son, pienso, la perfecta conjunción de raras, por extraordinarias, circunstancias. Sería prolijo enumerar, así que solo aventuraré la que a mí me parece la más importante de todas: unos padres envidiables. Sin unos padres excepcionales es imposible que salga algo parecido. 

En resumidas cuentas, que por mucho que presumamos saber que natura, o los dioses, o fortuna, reparte a voleo sus dones, no por eso se nos va a ir de la cabeza en los momentos aciagos que con otros padres, quizá... y eso por no hablar de cuando miramos hacia delante y nos sentimos concernidos. ¡Los padres, dios mío, qué lotería!

     

viernes, 13 de diciembre de 2019

Ter

Hay por ahí una una chiquita llamada Ter, no de Teresa sino de Esther, que se dedica a eso tan actual que es tener una tribuna en YouTube. Ser youtuber llaman a esa profesión. Pues bien, youtubers les hay para todos los gustos y de todas las calidades y, tan es así que, exagerando un poco, se podría decir que es a esa plataforma a donde se ha trasladado la eterna lucha entre las dos facciones que siempre han pugnado por la supremacía espiritual: las luces, por un lado, y el oscurantismo, por el otro. O el conocimiento científico y la ideología acrítica, si mejor les parece. Hoy día, ni periódicos, ni televisiones, ni na de na, porque lo que no está en YouTube, prácticamente ha dejado de existir. 

El caso es que Ter es mucha Ter. Claro, para empezar, es arquitecta y, para seguir, disfruta al parecer de una a modo de fobia social que la empuja  a estar muchas hora en soledad con todo lo que eso conlleva de enriquecimiento espiritual a poco que no se sea un cenutrio. En resumidas cuentas, los vídeos de Ter rezuman inteligencia por los cuatro costados. Inteligencia y conocimiento. Lo cual no quita para que en ocasiones me parezca percibir en ellos ese matiz que podríamos llamar soberbia de mancebo, es decir, la inevitable falta de experiencia que lleva aparejada la condición juvenil.

En resumidas cuentas, a donde quería llegar es a que estaba el otro día Ter dando una charla a los estudiantes de arquitectura en una facultad de por el sur de España. En un momento dado les mencionó, sin ahorrar alabanzas, El Quijote. ¿Lo habéis leído? A ver, que levanten la mano los que lo hayan leído. Nadie levantó la mano. Y entonces pensé: en aquí la explicación de todos los males que aquejan a la patria. Pero Ter, con las tablas que la caracterizan, no se arredró y trató de seducirles con referencias al componente feminista de la obra, el discurso que les suelta Marcela a los pastores y demás. En fin, que la chavala hizo lo que pudo y, a buen seguro, no todo cayó en saco roto. 

Pues sí, esa es la cuestión, la terrible cuestión si mejor quieren, que la inmensa mayoría de los españoles no están por la labor de hacer el esfuerzo de leer El Quijote. Y no digamos, ya, El Criticón. Y claro, siendo así, como nos va a extrañar después que andemos a la greña a causa de no saber reconocernos en lo que somos. Por eso, cuando veo a todos esos socialistos y socialistas, y catalinos y catalinas, y aberzales y aberzalas, pariendo semejantes tonterías, me entran ganas de coger, agarrar y meterles en un campo de concentración y no dejarles salir hasta que pudiesen recitar de memoria esos dos libros que les he citado. Y ellos que lo iban a agradecer. No les quepa la menor duda.  

lunes, 9 de diciembre de 2019

Cava y ahoya

Dios me ha dicho que no sea tonto y aproveche esta tribuna que me brinda la contemporaneidad. Y no te preocupes, ha añadido, por la sensación de estar reiterándote hasta casi la náusea porque, precisamente, la reiteración es la materia de la que están compuestas todas las grandes obras de la literatura. Así que, insiste, y cava, y ahoya, y todo a una vez, que no de otro modo es que acaban por desentrañarse los más recónditos subterfugios del inconsciente, ¡ay!   

Pero, en fin, todo eso es lo de menos. Lo demás es hacer algo que mola. O sea, que sirve para despistar a las horas que hieren.  

martes, 19 de marzo de 2019

Dios dirá

Les comentaba, ayer sin ir más lejos, acerca de la complejidad del mundo. En realidad, si no ando equivocado, desde que empecé a escribir no he hecho otra cosa que tratar de escarbar en esa complejidad por ver si así podía encajar unas cuantas piezas más del inmenso puzle que es la realidad. No creo que pueda haber tarea más titánica ni por tanto tan inútil. Es como lo del mito de Atlas que de poco le servía disponer de una palanca y unas espaldas anchas al carecer de un punto de apoyo. 

Al no tener respuestas a las grandes cuestiones -de dónde venimos, quienes somos y, sobre todo, cómo interactúan las neuronas de nuestros cerebros- carecemos de puntos de apoyo para armar siquiera mínimamente el puzle. Nos tenemos que limitar a contar cuentos inspirándonos para fabricarlos con lo que nos parece observar a nuestro alrededor. Y así, cuento a cuento, vamos construyendo una ilusión que pretende abarcarlo todo. Bueno, hoy día dentro del mundo de la física teórica hay quien piensa que no pasamos de ser un holograma que es observado por alguna civilización extraterrestre... por fantasías que no quede.

Así que pienso que lo mejor va a ser que en lo sucesivo extreme mi prudencia y depure mi curiosidad. No quiero volver a saber más de todas esas batallas estériles que libran los infradotados para conseguir su peculio a cargo del erario.  Todo eso, lo sé por la propia experiencia, inutiliza más el espíritu que las drogas más malignas. Y se lleva la vida en un suspiro dejando una herencia de amargura al mundo. 

En resumidas cuentas, me voy a redesayunar al Bariloche y luego a comprar naranjas a Ceraduey. Luego, dios dirá.  

domingo, 17 de marzo de 2019

Antisemitismo

En una entrevista a BHL (Bernard Henri-Lévy) que hoy publica ABC encuentro lo que podría ser la respuesta, o solución, a uno de los misterios que me han venido perturbando a lo largo de mi ya dilatada vida: ¿por qué esa obstinación de las masas, desde tiempo inmemorial, en el antisemitismo? Pues bien, aquí va pregunta y respuesta:

"En su libro The Genius of Judaism afirma que para el judaísmo lo importante no es tanto creer en Dios como estudiar y entender. Un continuo cuestionamiento y reinterpretación. "

"Eso es lo que se les pide a los judíos. No es tanto creer, sino estudiar. Entender, trabajar, introducir más complejidad en el mundo o, al menos, traducir la complejidad que se da en el mundo y rehuir la simplificación."


¿Se dan cuenta? Complejidad frente a simplificación. Quedarse en casa a estudiar frente a salir a tomar vinos con los amigos... es que puede haber mayor disociación mental entre personas. Es un encaje prácticamente imposible. Y no por otra causa es y ha sido a lo largo de los siglos el que el conocimiento se haya desarrollado en las catacumbas, al abrigo de la mirada de las masas, sí, pero sobre todo al abrigo de la mirada de los clérigos que han vivido desde siempre de encandilar a las masas con sus simplificaciones de la realidad.  

En el fondo el antisemitismo viene a ser la prueba del nueve de que el analfabetismo funcional que asola el mundo alcanza a comprender que el auténtico y único poder del mundo es el conocimiento. Frente al que sabe, al que no sabe sólo le quedan dos opciones: sometimiento o violencia... porque ponerse a estudiar para igualarse es tremendamente problemático. En Fin.  

sábado, 16 de marzo de 2019

Tipos raros

Ayer un tipo raro entró en una mezquita y se puso a disparar. Sea como sea, el caso es que, así, como por arte de birlibirloque, el Brexit desapareció de todas la televisiones generalistas de este lado del Atlántico. Por así decirlo, un clavo sacó otro clavo. A buen seguro había ambiente de fiesta en las redacciones. Bocanadas de aire fresco que se suele decir.  

Esto de los tipos raros es algo que debiera ser tratado con un poco más de consideración por parte de las autoridades competentes en el asunto. Cuándo se les puede considerar cómo tal, por qué surgen, cómo se les detecta, y, lo más controvertido, qué se hace con ellos una vez constatada, o simplemente sospechada, su perversión. Porque, madre mía, menuda arma de destrucción masiva puede llegar a ser en ocasiones eso que llaman presunción de inocencia. Porque, claro, a un tipo, en puridad, como dicen los horteras, nadie le puede calificar de raro por acumular armas automáticas en su casa, o perros peligrosos, o por salir a tomar vinos con una cheira bajo el refajo. En cualquiera de los casos está en su  derecho y hasta que no lo use para hacer daño todo el mundo punto en boca. De hecho, en la inmensa mayoría de los casos esas aficiones un tanto estrambóticas no pasan de ser trucos con los que perseguir un poco más de respeto por parte del respetable.  Cosas de adolescencias pertinaces o, como diría Azúa, por no haber querido estudiar. 

Ya ven que la cosa no es sencilla. Como tampoco lo es encarrilar la propia vida sin dar miles de inútiles volteretas que se llevan toda la energía creativa. Por eso al final de todo, en la inmensa mayoría de los casos, como dijo el poeta, todo fue nada. Aunque, también hay que reconocer que en medio de la nada puede a haber, aunque sólo sea en forma de expectativa, deliciosas explosiones de tipo orgasmático que por si solas se bastan para justificar la obstinación con la que nos aferramos a permanecer. 

En fin, ayer me mandaron un video de una niña monísima echando la bronca a la generación de sus padres porque no hacen nada para parar lo que se conoce como calentamiento global. Un vídeo sin la menor sombra de duda concebido y realizado por mentes socialistas que son las que tienen soluciones para todo, incluido para evitar las dolorosas consecuencias que siempre conlleva, sin posibilidad de remisión, el robar fuego a los dioses. Oyes, dice, un suponer, un Dr. Sánchez cualquiera, cojo, agarro, hago un decreto ley prohibiendo la existencia de tipos raros y se acabó el problema de los atentados terroristas, la conocida como violencia de género o, incluso, los estragos consecuentes al afán de notoriedad de los que se sienten a si mismos como autenticas mierdas pinchadas en un palo. 

Yo, por si las moscas el decreto ley no funciona, procuro no ir de noche por un descampado ni, tampoco, de día por un descampado lleno de gente. No quiero contribuir a ponérselo fácil a los tipos raros.   

jueves, 14 de marzo de 2019

Ratoneras

Lo que siempre me ha maravillado de los ingleses es sus dotes para la pedagogía. Por ejemplo, en mi vida profesional como médico hay un antes y un después de caer en mis manos los textos escritos por británicos. Recuerdo un librito de un tal West que me dejó niquelada la idea de cómo funciona un pulmón a sus niveles más intrínsecos, es decir, el del intercambio de gases entre la sangre y el medio ambiente. Y así podría poner mil ejemplos más, aunque creo que con citar a Adam Smith y su "Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones" ya queda suficientemente remachada la idea que les quiero transmitir: cualquiera que se haya tomado la molestia de leer ese texto ya nunca, por siempre jamás, podrá ser socialista o cosa semejante o, por decirlo al estilo Sostres, será siempre de "tenemos" y nunca de "podemos". 

Les contaba estas cosas porque sigo entreteniendome con las vicisitudes de la comedia Brexit y estamos ahora justo atrapados en la ratonera. Así que ahora las cabezas más brillantes de la nación escriben y debaten sobre los caminos, o mejor las pretensiones, que inevitablemente abocan a las ratoneras. Al final, el intríngulis es el de siempre, la clase social prepotente importándole un bledo el destino de los peones. Antes, para conseguir sus fines les mandaban a morir en un campo de batalla; ahora les envían al paro para que se pudran junto a la barra de un bar o paseando al perro. Pero, claro, el problema que tienen hoy esas clases prepotentes es que no lo son tanto porque los peones tampoco son tan peones. Y de ahí que si no se avienen los unos con los otros acaban todos en la ratonera, o en el impasse como dicen otros, o el cul de sac los de más allá. 

Recuerdo la estulticia prepotente de un Boris Johnson cargado de falsas razones para seducir a los menos dotados de comprensión lectora. Pues bien, le vi ayer en el Parlamento y, para empezar, ya prescinde de aquellos cabellos de niño bien rebelde que tanto encanto le daban. Ahora más bien parece Pedrosillo el Ralo. Ha perdido mucho pelo, desde luego. Quizá las preocupaciones. A ver si ahora tiene tantas ideas para escapar de la ratonera como las que tuvo para caer en ella. Claro, el debía pensar que el alto precio a pagar para conseguir el paraíso no le iba a afectar a él que seguiría cobrando un buen sueldo del Estado. Y los millones de parados que se pudiesen generar, pues a cruzar el desierto, que también eso se acaba algún día. 

Una gran lección, desde luego, como la que están aprendiendo los pobres catalinos. Alguien en algunos consejos de administración debieron pensar que si conseguían mandar a la mitad de la población al otro lado del Ebro y luego declaraban el territorio paraíso fiscal aquello iba a ser la de dios es padre en la cosa de forrarse. Y ahora, ya ven, con todos los esbirros camino de la cárcel. Y los prepotentes de los consejos de administración callados como putas no les vayan a llegar las salpicaduras.

En resumidas cuentas, que por mucho que parezca que el mundo avanza siempre estamos en las mismas con los clásicos flautistas encandilando a las inextinguibles ratas. A dios gracias, alguien inventó las ratoneras.  



miércoles, 13 de marzo de 2019

Fawlty Towers

Como para no acabar loco hay que diversificar el entretenimiento de vez en cuando me paso por el canal Sky News que está estos días dedicado al cien por cien a la comedia del Brexit. Y es que yo no sé si ustedes verían en su día aquella serie británica protagonizada por John Cleese que se titulaba "Fawlty Towers". Se trataba del típico hotelito inglés regentado por un matrimonio de descerebrados al que ayudaba un criado catalán que siempre estaba borracho -los catalanes cuando tradujeron la serie convirtieron al criado en mejicano-. Pues bien, yo pocas veces, por no decir ninguna, había visto en la televisión algo tan desternillante hasta ahora que estoy viendo lo del Brexit que no es otra cosa que Fawlty Towers pero a lo grande. Ayer la pobre May casi no podía hablar de la ronquera que la aquejaba y parecía que eso les daba gasolina a sus oponentes para redoblar sus tópicas respuestas. Es la clave de la comedia: cuando más cerca se está del precipicio, más empujan todos para empeorar la situación. Y el criado catalán, por descontado, sigue borracho todo el día. 

Tal y como yo lo veo, todo esto no es más que la constatación de una ola que recorre todo el occidente llevando el mensaje de que la democracia al uso ya no sirve para solventar los problemas de convivencia de las sociedades actuales. Hay demasiados problemas que no se pueden resolver dando satisfacción a todos o, dicho más claro, sin que los políticos al mando pierdan parte de su popularidad y por tanto sus posibilidades de renovar su poder. Y de ahí el que los muy ladinos dejen pudrir esos problemas creando con ello el malestar difuso que siempre traen consigo los desagradables  olores de la descomposición. Claro, hubo un tiempo en el que los curas se subían al púlpito para recordar a la filigresía cuales eran sus deberes, pero, de pronto, por alguna de esas intervenciones del maligno, los curas dieron en calificarse como obreros y como por arte de birlibirloque en vez de deberes lo que recordaban desde el púlpito eran derechos. Es decir, se habían convertido en políticos. Así, al faltar contrapesos las ambiciones de la chusma se desmadraron y la única ley respetada pasó a ser la de que el que más empuja más la mete. Y por tal es que tenemos todos el culo hecho un  bebedero de patos y ya no aguantamos más. 

 Bueno, vamos a ver que pasa, pero para mí que Pisistrato está a punto de ganarle definitivamente la partida a Solón. Y Confucio a Moisés. 

martes, 12 de marzo de 2019

Sinusoidal funtions

Andaba estos días interesándome por "Modeling with sinusoidal functions" en la Khan Academy. La verdad es que he conseguido meter en fórmulas matemáticas unas cuantas cosas de la vida común de las que nunca hubiera sospechado que se comportasen como una onda sinusoidal perfectamente medible. Por supuesto que mis hallazgos son absolutamente primarios, como de primate recién descendido de las ramas, lo cual no es óbice, ni tampoco cortapisa, para que no pueda intuir los grados de sofisticación a los que sin duda llegan los matemáticos curtidos cuando se ponen a modelizar la realidad. Seguramente no hay nada en esta vida que no se pueda describir con fórmulas matemáticas por más que todavía quede mucho camino por recorrer. 

El caso es que he vivido lo suficiente para ver demasiadas cosas subir y bajar y volver a subir y así hasta el aburrimiento... empezando por mis propios estados de ánimo que nunca duran más de dos días en la misma posición. A buen seguro que habrá un montón de constantes bioquímicas que de ser medidas darían un comportamiento sinusoidal coincidente con ese ánimo bailarín. En definitiva, todo bastante previsible. Y ahí está el que es quizá el quid más decisivo de nuestra condición humana, el que nos diferencia de todo lo demás que vive, incluido, lo siento, los perros: la capacidad de prever el futuro utilizando los mecanismos de la razón, o sea, de la lógica matemática para que nos entendamos. 

Así es que ojo al parche y a estar preparado para lo que inevitablemente ha de llegar. Ahora, por poner un ejemplo meridiano, está al llegar una recesión económica. Dará exactamente igual quién sea el que gobierne o las trampas que los grandes mandarines quieran poner a la ola que ya se ve en lontananza. Pongamos que es como querer modificar el ritmo de las mareas: cuando el fluido sube tanto por un lado ya ni a la luna con todo su poderío le quedan fuerzas para seguir tirando en la misma dirección. Así que lo suyo es que empiece la retirada. Y todo igual:ondas y ondas y ondas de las que sólo podemos defendernos aprendiendo a cabalgarlas. 

En definitiva y para que nos entendamos, estamos condenados a que tanto en el plano colectivo como el individual todo sea cíclico. Y el saber enjaular esos ciclos en una función sinuosidal para nada nos va a servir que no sea tenernos un rato entretenidos. Bueno, y también para ver venir con mayor precisión la flecha que, como decían los griegos, viéndola venir parece como si hiriera menos. 

lunes, 11 de marzo de 2019

De verde luna

Los domingos instalan un gran mercadillo en el solar multiusos que hay junto a la rotonda de la P, entre el Sector 8, el Polígono y Pan y Guindas. Ayer me interné en él para comprar un cinturón porque el que me agencié hace unos meses en una tienda de complementos del centro de la ciudad está hecho unos zorros y eso que me costó más bien caro. Era el mediodía o así y aquello estaba francamente animado. Pero no de compradores sino de vendedores. Juraría que estaba allí toda la comunidad gitana de la ciudad, cada familia, o clan, que es difícil saber dado el número, alrededor de su tenderete e intercambiando información reservada con los de los tenderetes de alrededor. Muy ocupados en cualquier caso. Seguí por entre el gentío y al cabo de un rato di con lo que andaba buscando, un puesto de complementos de propietario senegalés. Tenía un gran surtido de cinturones, unos sobre el mostrador y otros colgados, pero sin dar esa sensación de amalgama de los todo a cien que hace que parezca mercancía sacada de un saldo por derribo.  De hecho, el puesto del senegalés parecía una tienda de la milla de oro por comparación con los que tenía a su lado, a su derecha un padre e hijo gitanos, por los 150 el uno y los doscientos el otro. Todo barato, señoras; hoy la que quiera se puede aprovechar, gritaba el padre. Tenía una mercancía de bragas rojas de esas que se ponen las chavalas para cambiar de año. Bueno, chavalas por allí no había ninguna y para fin de año todavía queda, así que el del tenderete de enfrente que intentaba vender calcetines dijo con lo que intuí como sorna que "me parece a mí que hoy no se va a aprovechar ninguna". Eso sí, el hijo, el de los doscientos, sin moverse del trono que tenía instalado en la parte trasera de la furgo levantó lo único que podía levantar, o sea, la voz, para decir: "niño, tráeme un fanta".

En resumidas cuentas que compré el cinturón al senegalés por la cuarta parte de lo que me había costado el que compré hace meses en el centro de la ciudad. Y espero que me duré tanto como me han durado todos los que compré a comerciantes senegaleses en el pasado. O sea, años hasta aburrirse. Y seguí mi camino por el pasillo entre tenderetes que circundaba todo el solar. Bueno, no se hacen idea de lo gigantesco que es aquello y prácticamente todo etnia gitana. Y ahí es donde a mí me surge la pregunta: ¿y todo esto, a cuento de qué? Es que es posible que alguien pueda creerse que toda esta gente pueda estar viviendo de esto. Yo, desde luego, no. 

No sé, pero para mí que en todo esto hay un gato encerrado y no muy simpático por cierto. Para empezar, esa contumacia de los gitanos para seguir en sus trece. Y lo que parece interés de las autoridades por fomentarles esa contumacia. El caso es que llevan aquí siglos y han sido incapaces de diluirse en el todo como por otra parte han hecho todas las demás etnias que por aquí pasaron. Va uno por la calle en esta misma Palencia que podríamos considerar frasco de las esencias y ve grupos de adolescentes en los que no suele faltar algún oriental o negrito o andino, pero nunca ni por asomo un gitano. Es descorazonador porque tras ello se esconde el fracaso escolar con su secuela de condena de por vida a la estrechez del clan y la mísera subvención. ¡Ah, y no se te ocurra hacer chistes con el asunto porque de inmediato viene un socialista y te tacha de xenófobo? 

No sé, pero me parece muy penoso todo esto de los gitanos. Y sobre todo que no se pueda llamar a las cosas por su nombre, porque esa es la primera condición para que algo que está asquerosamente mal mejore. Los gitanos, como el grupo social aparte que se obstinan en ser, son una verdadera lacra. Y convendría hacérselo saber por todos los medios a nuestro alcance para ver si así dentro de un par de generaciones, de seguir existiendo como tal, que me temo que sí, tienen entre sus miembros al menos la mitad de porcentaje de población universitaria que el resto de la ciudadanía... porque ahora ni al uno por ciento creo que lleguen. ¡De verde luna! ¡Menudo grillete que les puso el poeta!

viernes, 8 de marzo de 2019

Valiente nuevo mundo

"Brave New World" es una novela de ciencia ficción que tuvo mucho prestigio cuando aquellos maravillosos años. La traducción literal del título al español sería, supongo, "Valiente Nuevo Mundo", sin embargo el editor, o quien fuese, decidió publicarla con el de "Un mundo feliz". El caso es que la distopía -así llaman ahora a la ciencia ficción- está llena de curiosidades de las de comentar en cualquier sobremesa de amiguetes, pero, sobre todas, a mi parecer, hay una que por si sola ya justifica todo el revuelo que montó el libro y es, ni más ni menos, que el útero de las mujeres ya no es necesario para gestar los embriones. Los óvulos fecundados se desarrollan en un líquido amniótico artificial dentro de un recipiente que reúne todas las condiciones requeridas para llevar la empresa a un buen fin. Por así decirlo, como en esos cultivos hidropónicos que no necesitan de la tierra para suministrar lechugas a los restaurantes de la ciudad. 

Para mí la gestación en vitro, ya digo, es un dato clave. Y no te digo ya ahora cuando todas estas oligofrénicas con carnet de socialistas en la boca nos quieren hacer tragar no digo ya ruedas de molino sino la mismísima refundación de toda la biología. Igualdad, berrean por calles y plazas como si estuviesen posesas. Bueno, pienso cuando las escucho, para eso, una de dos, o se inventa la gestación en vitro o será necesario que los hombres podamos parir. Y, francamente, eso lo veo problemático. En fin, si Descartes viviese ahora añadiría a lo de "pelos largos e ideas cortas" el calificativo socialista, que es lo que tiene creerse superiormente moral, que se atrofian las neuronas y se sueñan monstruosidades. 

 Así que, señoras socialistas, o sociatontas, que no sé, manos a la obra, que lo mismo que se descubrió la pilule, que por cierto no fue moco de pavo a efectos de mejorarnos la vida -a todas y todos como os gusta decir- se podrá descubrir si se pone en ello el suficiente empeño la forma de que podáis tener hijos sin que se os distienda la barriga. En llegados a ese momento, entonces, ya, sí, se os acabó el momio. Ya, los hombres, no tendremos por qué cederos el paso en las puertas ni demás imposiciones heteropatriarcalistas. Pero en el entretanto, por favor, dejar de dar la tabarra porque de lo contrario, una de dos, o nos suicidamos, o cogemos la metralleta. 

jueves, 7 de marzo de 2019

Perlas nada más

Hay socialistas (rencor, envidia, pero, sobre todo, pura vaguería). Hay PPistas (pleistocenismo, acomplejamiento). Hay los que se llaman a sí mismos ciudadanos, como si no lo fuésemos todos, o sea, más un movimiento que otra cosa... ¡toquemos madera! Hay, en fin, podemitas y voxingleros, analfabetos para que nos entendamos. Y, luego, por no dejar a nadie fuera, los sensatistas, o sea, fervientes defensores del sentido común como única ideología posible. 

Estos últimos, ¡no nos hagamos ilusiones!, caben todos en un autobús, pero nunca alquilarán uno ¡vade retro! para ir juntos. Son de ir a su bola, cada uno por su lado. Así van iluminando el mundo y a la postre, muy a la postre a veces, siempre acaban por ganar. 

Tres perlas sensatas de hoy mismo: 

Sobre de un cazador furtivo. "... será obligado a ver una y otra vez la película Bambi (no es coña). Sin pretenderlo, ese juez ha dejado hecho el mejor resumen del inmenso proyecto de ingeniería social con el que se está reeducando al Hombre Nuevo en el espíritu Disney que ya ha cavado una profunda zanja de incomprensión entre el campo y la ciudad."


Sobre el femioligofrenismo. "... advierte sobre las negativas consecuencias que el triunfo del tan ensalzado hombre feminizado acarreará a la sociedad. «Hoy en día, las jóvenes, siempre al borde de la anorexia, se fabrican un cuerpo de chico para complacer a los diseñadores homosexuales, a los cuales no les gustan las mujeres, pues las consideran simples "perchas" y las aterrorizan por algunos gramos de más, algunas onzas de redondez, de blandura, de feminidad que no quieren ver."


Sobre un Padre de una Patria. "Arzalluz tenía antecedentes carlistas y, hombre del siglo XX, estudió y trabajó en Alemania. Lo que siguió en el País Vasco fue nazismo a cámara lenta. Además de numerosos asesinatos masivos, sobre todo los asesinatos por goteo a lo largo de mucho tiempo, destruyeron la discrepancia y asediaron la democracia. Barrieron todo el espectro político y social vasco. Laminaron a la oposición mediante el crimen continuado..."

miércoles, 6 de marzo de 2019

Lengüecillas de mierda

 Escribe hoy Félix Ovejero un artículo en El Mundo sobre la diversidad de las lenguas, que personalmente podría suscribir al cien por cien. No hay lengua en la que se pueda expresar algo que no se pueda expresar en cualquier otra lengua. Y por eso es, por no diferenciarse una de otra más que por los signos que utiliza, por lo que la gente del común tiende a utilizar la que tiene los signos más utilizados. O sea, la que más sea habla que es con la que más fácil es hacer negocios. 

Ya digo, un artículo muy bonito y muy adecuado a estos tiempos que vivimos, pero en vez de haberlo titulado "La diversidad, ¿una bendición?", yo hubiese sido más explícito y hubiese puesto simple y llanamente, "Franco, ¿una bendición?". Porque todo lo que argumenta sobre el uso inteligente, o natural, de las lenguas es, exactamente, lo que regía cuando Franco gobernaba.  

Así que, aunque seamos de izquierdas, como suele dejar claro Félix Ovejero que es él, convendría empezar a llamar a las cosas por su nombre. Sí, con Franco en unas cosas había menos justicia y en otras mucha más. Porque la injusticia que hay ahora con lo de las lenguas vernáculas, esa mierda pinchada en un palo, para llamar a las cosas por su nombre, es flagrante. Se utilizan para crear privilegios de tipo medieval al contar como mérito el haber nacido en según que sitios... como cuando alguien nacía noble. 

Así que, dada la utilización que se ha hecho de esas lengüecillas de mierda y la pérdida de energía colectiva que ello ha supuesto, quizá lo mejor sería que sesudos hombres de izquierdas como Félix empezasen a sacarse la mugre de encima y tener el noble gesto de reconocer que ni aquello era tan malo ni esto tan bueno. 

martes, 5 de marzo de 2019

Il mondo

Mientras desayunaba en Bariloche leía en las cartas al director del Diario Palentino una especie de alegato en el que se mostraba amargura por el hecho de que ya casi no se ven por la calle niños con el síndrome de Down. Según el autor de la carta el que haya niños mongólicos, cuantos más mejor, por la calle es signo patognomónico, que decimos los médicos, de una mayor salud moral de la sociedad. Una especie, podríamos decir utilizando lenguaje de sacristía, de allanamiento del camino hacia el cielo. Es como cuando mi hermana cristiana se empeñó en tener siete días en agonía a mamá porque eso era lo que quería dios. Además, no está sufriendo, añadía. Bueno, eso es lo que queremos suponer, le respondí yo, dejándola un tanto turbada por más que su orgullo de ser moralmente superior le impidiese mostrar el menor titubeo al respecto. 

 En realidad, nada de lo que extrañarse si tenemos en cuenta  que en un país como España un 50% o así de la población tiene como parte fundamental de su proyecto de vida salir tres veces al día a la calle a jugar con las cacas de su chucho. A mí lo que quieran, dicen, pero esa parte de mi realización como persona que no me la toquen. 

Por no hablar, claro está, de la moda de sostener que la tierra es plana, de que los poderosos echan cosas en el aire con no se sabe que fines, de que las vacunas producen autismo, de que las medicinas alternativas son la solución... que no hay día que no salga famoso en los medios defendiendo todo tipo de majaderías. 

Esta especie de triunfo de la irracionalidad como venganza de no se sabe qué... aunque sospecho que es de sí mismo por aquello de intuirse despreciable y no ser capaz de ponerse a estudiar para mejorar un poco. En fin, qué mundo éste. 

lunes, 4 de marzo de 2019

La insaciable sed

La necesidad imperiosa de matar el tiempo con lo que sea me mata, valga la aliteración. Es verdaderamente desesperante. ¿Ir a dónde, si ya fuiste mil veces a todo lo que existe? ¿Ver qué, si lo mismo? ¿Leer? Bueno, siempre y cuando se necesiten unas cuantas pasadas para extraer algo... estudiar, lo llamaría, la única evasión posible de esta apestosa realidad que es la vida del muy viejo ya. ¡Tanta mentira y estupidez alrededor!

Aunque uno a veces pille pecios. Me dispuse en medio de la tarde infinita a contemplar un video sobre la vida y obra de James Clerk Maxwel. Ni que decir tiene que de la verdadera sustancia del vídeo no conseguí captar ni un ápice: tan lejos estoy de poder comprender la esencia de esas fórmulas por así decirlo prometeicas. Sí, así es, formo parte de la inmensísima legión de los discapacitados intelectuales respecto del universo en el que respiro.  

Pues bien, antes de entrar en harina, un profesor, a modo de introducción, hizo a sus alumnos unas consideraciones filosóficas sobre el devenir del mundo, o sea, eso que llaman historia. No hagan caso, les dijo, de todas esas guerras y demás mandangas que les cuentan para justificar por qué el mundo es como es. Nada que ver. El ritmo y la dirección de todo lo que ha pasado y pasa lo han marcado hombres como Newton, Maxwel, Einstein, y un pequeño puñado más de mentes tocadas por la divinidad. Es decir, Napoleón, pongamos por caso, a efectos históricos, es menos que un pigmeo si lo comparamos con Maxwel. 

Y ahí es, digo yo, donde reside la gran mentira del mundo. Nos quieren hacer pensar que estos politiquillos de tres al cuarto nos condicionan la vida y por eso, por nuestro interés, debemos estar siempre pendientes de lo que dicen y hacen. Pues no, mire usted, nuestro presente y futuro lo dirimen las grandes cabezas pensantes, es decir, las que saben explicar el mundo utilizando la lengua de los dioses, las matemáticas para que nos entendamos. Porque, de qué sirve que vaya Pedrito e implemente una ley guay si en el interín un tipo que está en Caltech, o Teknión, o el MIT, va y descubre la fórmula para que los olmos den peras. ¡Ale, todo otra vez patas arriba! Y entonces, sí, puede que tenga que haber guerras en la búsqueda de la adaptación a lo nuevo. Pero sólo serán una desagradable consecuencia de la causa primordial: la insaciable sed de conocimiento del ser humano. En fin.  

sábado, 23 de febrero de 2019

¡Ay, Arcadi!

De la une de los periódicos:

"Tenían dos hijas sanas, una bonita casa y toda una vida por delante. Pero a Julio y Alba les faltaba algo: un niño como Wei, español de origen chino con síndrome de Down. Hace dos años que le adoptaron... y ya es uno más de la familia López"

Por supuesto y como no podía ser menos la familia López tiene dos perros de los que nunca cesan de menear el rabo. 

Así está el patio señores: gente, no digo ya buena sino su superlativo, es decir, cojonuda. Y como siempre pasa cuando hay gente así, y como para mantener el equilibrio, tiene que haber gente detestable. Como Arcadi Espada, un suponer. O esa familia china que dio a su hijo en adopción. ¡Ay, esos chinos, tan sin principios morales! Como si DIOS no supiese lo que hace cuando quiere señalar a una familia con sus bendiciones. Claro, hay que entenderlo, esa mamá adoptante tiene una empresa de desarrollo personal. ¿Lo pillan?  

¡Jo, si mi padre levantase la cabeza se volvía a la incineradora, pero ya! ¡Ay, Arcadi, prenda, lo que te queda por aprender!

miércoles, 20 de febrero de 2019

Cansancio

En la historia de la humanidad han sucedido cosas que nunca nos pararemos lo suficientemente a pensar  en ellas para extraerlas todas las enseñanzas que contienen. Miren sino la actitud que tuvo la Iglesia Romana respecto de los descubrimientos de Galileo. Fue una actitud absolutamente cerril no sólo por equivocada sino también por vengativa. Y, a la postre, cuando ya era de dominio público la tremenda equivocación cometida, ¿en qué le afectó para mal ese cerrilismo? Ahí continúan hoy tan campantes plantandole cara a todo atisbo de racionalidad que cuestione sus arcaicas convicciones. Plantándole cara, claro está, porque saben los muy ladinos que las convicciones del populacho también son arcaicas por definición. ¡Ay, señor, a qué ímprobos trabajos nos condenas cuando nos exiges que vayamos adaptando nuestras convicciones al avance de nuestros conocimientos! No es ese pastizal en el que la chusma se pueda alimentar. 

Y en esas estamos y en esas estaremos. Y no por otra cosa es que cada día que pasa se agrande más a mis ojos el elogio a la vida retirada de Fray Luis, que también él supo por experiencia lo que es enfrentarse al cerrilismo de la Iglesia. De cualquier iglesia, diría yo, que nunca hubo en el mundo sinvergüenza sin luces que no corriese a apuntarse a una de ellas por puro instinto animal de supervivencia. ¿En dónde si no iban a encontrar esas gentes limitadas mayores posibilidades de medro personal?

En fin, ya estuvo bien. Así que en adelante: 


A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.



martes, 19 de febrero de 2019

Perspectiva


Leo por ahí que alguien ha dicho que lo que se echa en falta en el mundo actual es la lectura. Sobre todo la lectura de los clásicos. Yo, claro, no puedo estar más de acuerdo, pero no sé si con trampa porque como he utilizado más de la mitad del tiempo de mi vida en lecturas, incluidos clásicos, si ahora pensase que no me ha servido para nada me derrumbaría. Anyway, creo que hay algo que es difícil no reconocer y es la relación que hay entre la lectura, sobre todo de los clásicos, y la perspectiva. Leer, pienso, es la mejor terapia contra el adanismo, esa patología basada sobre todo en eso precisamente, en la ausencia de perspectiva, madre de todas las ignorancias. ¡Lo siento, hijo mío, pero todo eso que estás descubriendo es más viejo que los pedos! Sí, sí, hay unas tablillas de hace cuatro mil años que lo dejan meridianamente claro. 

Cojan, agarren y escriban dos números enteros, u y v. Porque el caso es ese que con dos números enteros cualesquiera se puede hallar un triángulo rectángulo en el que los catetos y la hipotenusa sean también números enteros. Es muy sencillo, pero claro está después de que alguien, utilizando los mágicos números complejos, diese con la fórmula para hacerlo: cateto uno (u^2-v^2), cateto dos ( 2uv), hipotenusa (u^2+v^2). Indiscutiblemente es un hallazgo que se diría necesitó de milenios de exprimir neuronas.Sin embargo, lo realmente curioso y sumamente interesante es que si lees te puede enterar de que en esa tablilla de la foto que fue esculpida hace cuatro mil años lo que hay en realidad son secuencias de números enteros que se corresponden con la fórmula de marras. Así que, perspectiva al canto porque venimos de lejos muy curtidos ya. 

Así y todo, al respecto de la promoción de la lectura, incluidos los clásicos, por supuesto, que tanta expectativas levanta en los aprendices de ingeniero social, personalmente, cada día soy más escéptico. Cada día que pasa estoy más convencido de que en la naturaleza hay una sabia distribución de funciones. Así, pienso que se haga lo que se haga tanto para incentivar como para desincentivar la lectura siempre habrá más o menos los mismos porcentajes de personas que se apasionan con esa actividad. Y dentro de esa actividad en los diferentes niveles, que se puede estar toda la vida leyendo y a duras penas sacar algo en limpio. Por todo ello, yo lo dejaría estar. Que la gente vaya a su bola que es seguro que siempre habrá unos cuantos encargados de mover el mundo. Y el resto, la inmensísima mayoría, pues eso, a vivir sin perspectiva y tan felices. O es que acaso Dionisos no lo es mucho más que Apolo. Sobre todo si la felicidad se mide por el ruido que se mete.

lunes, 18 de febrero de 2019

Irresponsabilidad narcisista

Hace ya bastantes años, en los ambientes que frecuentaba hubo una pareja de jovencitos que tuvo un hijo con síndrome de Down, trisómico en términos científicos, mongólico que se decía popularmente y diferente que se dice hoy rizando el rizo al eufemismo. Aparentemente lo llevaron bien, ¡qué remedio! Pero el caso es que por el mismo entonces unos familiares de la pareja esperaban un bebe. Como la señora sobrepasaba los treinta les pregunté si se había hecho análisis para descartar la trisomía. Pues bien, con un gesto casi de desprecio me contestó que para qué, que aunque los análisis fueran positivos pensaba tirar adelante con el embarazo. Lógicamente no contesté, pero la copla se me quedó clavada por siempre jamás. 

Este tipo de reacciones humanas no son para ser analizadas por cualquier aficionado. Son demasiado fuertes. O sea, ese abandonarse a lo que los dioses dispongan sin tener en cuenta todo el terreno que los humanos les hemos ido ganando con nuestra inteligencia y sacrificio. Porque dilucidar si el niño que viene es trisómico o no es algo que hoy día es sencillo. Y un niño mongólico, se mire como se mire, incluso si la mirada es socialista, es una cruz de por vida para el niño que nunca dejará de ser niño y para toda su familia y, ya extrapolando, para toda la sociedad. Es un fracaso de la naturaleza en definitiva y negarlo por razones humanitarias una estupidez sin paliativos. 

Les cuento esto porque viene en todos los periódicos un rifirrafe que ha tenido Arcadi Espada en un programa televisivo con el presentador. Dijo Arcadi que la seguridad social no debiera costear el tratamiento de los niños cuando sus padres han decidido que nazcan a sabiendas de que serán enfermos de trisomía. Entonces, por lo visto, el presentador dijo que le hervía la sangre al escuchar semejantes animaladas. Dado lo cual, Arcadi se levantó y se largó, pero no sin antes haber llamado tramposo al presentador. 

La verdad es que Arcadi a veces parece que no ha leído a Shopenhauer. A qué tiene que ir por ahí a entablar conversaciones con gente que en términos intelectuales no levanta dos dedos del suelo. En esas condiciones va de soi que siempre quede mal el alto. Y es que las mentalidades incultas sistemáticamente toman por insulto lo que no pueden comprender. Y por eso es que lo más importante en esta vida sea, no saber de qué estás hablando sino con quién lo estás hablando. Conciencia de situación que le dicen. 

Pues, bueno, uno nunca debe olvidar que hasta que se ve en una situación determinada no puede saber a ciencia cierta cómo la va a afrontar. Pero el ser humano es el único animal que tiene desarrollado el sentido de la previsión. Y por eso puede tomar decisiones con la suficiente antelación como para cambiar el destino de las cosas. Yo, desde luego, en este caso, puestos en la texitura, me parece que lo estrictamente humano es abortar. Lo contrario una irresponsabilidad narcisista que no quiero ni imaginar la penitencia que lleva consigo. Aunque ya se sabe que a toda esa gente devota del sagradocorazondejesusenvosconfío no hay nada que le ponga tanto como una buena penitencia. 

domingo, 17 de febrero de 2019

Pulsiones y simpatías

Cuentan las crónicas que Brezhnev, el que fuera secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, ¡uf!, por los sesenta, setenta, del siglo pasado, fue en cierta ocasión de visita de Estado a la Alemania del lado de acá del muro. Pues bien, por las razones que considerasen oportunas, los mandatarios alemanes le regalaron de entrada a Brezhnev un mercedes construido para la ocasión con todo tipo de lujos cuasi orientales. Viéralo el cejudo personaje y de inmediato se subió en él para probarle. Por lo visto ni cien metros pudo rodar el cacharro antes de convertirse en chatarra. El ilustre personaje iba borracho como una cuba. Pero no se arrugó a la vista de la chatarra. De inmediato exigió a las autoridades alemanas que le regalasen otro igual. No sé cómo acabaría aquello. Con la firma de algún jugoso contrato para los alemanes, supongo.

Bueno, la Unión Soviética se fue al garete no mucho después de aquel sintomático suceso. Es evidente que había allí unas pulsiones suicidas muy por encima de las habituales en cualquier lugar del mundo. Porque con eso, con las pulsiones suicidas que nos embargan a todos los humanos en determinados momentos de la vida siempre hay que contar. Conocerlas y saberlas identificar es el primer paso para no perder pie. Es, en definitiva, el arte de la prudencia, uno de los más difíciles y por lo tanto escasos. 

Les cuento esto porque a veces tengo la sensación de que esas pulsiones se han apoderado del entorno y nadie salvo Casandra es capaz de identificarlas. Lo sentí el otro día al escuchar por puro azar al todavía presidente Dr. Sánchez. Y lo siento por igual cada vez que veo la que me parece estulta sonrisa del no sé si también Dr., Sr. Cuadrado. Y así uno detrás de otro de los que se les supone cordura, que ya de los otros, como de las mujeres del tango, mejor no hay que hablar. 

Bueno, la gente se cansa de tanta sensación de estar siempre viviendo en un brete. Y ahora elecciones por partida doble. ¿No podían haberlo simplificado? Entre unas cosas y otras el gigante chino crece. Sobre todo en simpatías. 

sábado, 16 de febrero de 2019

Bocata de chorizo


A veces me parece captar un ambiente como de melancolía a lo Lars von Trier. Me acerqué ayer hasta Cascón más que nada porque me apetecía zamparme un bocadillo de chorizo casero. En el café La Laguna todo es zen empezando por la camarera. Apenas un susurro apoyado en una giocondina  sonrisa por toda comunicación. Mientras doy cuenta del bocadillo oigo las frases sueltas y pausadas del personal aburrido y miro por la ventana las evoluciones de las cigüeñas en el campanario de la iglesia al otro lado de la Plaza del Generalísimo. Bien pensado, lo de generalísimo tiene su gracia. ¿A quién se le ocurriría? En cualquier caso Cascón es un pueblo de colonización, o sea, que por mucho que quitasen la placa de la plaza, Franco seguiría estando allí en espíritu por los siglos de los siglos. 

En el porche de La Laguna había tres o cuatro mozos alrededor de una moza tan fermosa non vi en la frontera. Recordaban a un grupo de perros tras una perra en celo... cuando existía eso. La biología dejada a su aire siempre viene a dar en lo mismo. El resto de la plaza era toda para los pájaros... salvo un grupo de tres viejas que intercambiaban consejas a la puerta del consultorio. 

Tiré por la nava adelante camino de Mazariegos. Aquí y allá se veían tractores con las alas extendidas echando sabe dios qué al campo. Por lo demás, ni un alma en mil kilómetros a la redonda. Crucé Mazariegos y tampoco. En la adecuación que han hecho allí en la antigua estación del tren burra eché una pequeña sonata tendido sobre una mesa. Cuando abrí los ojos solo vi a una pareja de milanos evolucionando unos cientos de metros por encima. Ya incorporado para partir eché un vistazo a la inmensidad y vi que por encima del suelo solo destacaban las torres de las iglesias: la de Baquerin, la de Revilla, la de Meneses, la de Torremormojón... y así hasta cien por lo menos. 

Volví por el camino del tren burra y tampoco me topé con nadie en todo el trayecto. Es increíble la cantidad y calidad de las dotaciones que tenemos para el ocio. Se diría, sin embargo, que a la gente no le gustan. ¡Donde esté el bar de la esquina! Qué quieren que les diga: lo veo normal. Estamos hechos para el gregarismo dionisiaco -pleonasmo-. Bueno, me demoré en la adecuación de Grijota para no entrar en la ciudad a la hora en la que la gente sale del trabajo con una guindilla en el culo. Tumbado en la mesa veía el cielo azul entre las ramas cuajadas ya de brotes. La primavera viene adelantada este año, no cabe la menor duda. Apechugaremos con ello. 

viernes, 15 de febrero de 2019

Hasta debajo del agua

Ahora le toca a las redes sociales. Según algunas de las más conspicuas plumas no hay mal del presente que de ahí no venga. Tiene gracia. La conspiranoia es la pata coja que lo mismo apuntala un roto que un descosido. Se suicida una niña en el Reino Unido y suenan todas las alarmas al respecto. Gana Trump las elecciones, lo mismo. El mal ya está identificado; ahora solo resta poner el cascabel al gato. 

¿El cascabel? Bueno, plumas más conspicuas todavía que las conspiranoicas insisten estos días en que la solución es cobrar por la información. O sea, como si no estuviésemos ya pagando un huevo y la yema del otro por el magro entretenimiento que nos proporcionan los digitales. Me parece a mí que, como se dice ahora, pues va a ser que no. El gato va a seguir por ahí sigiloso y los ratones que se jodan. 

Las redes sociales son cháchara. O sea, el pasatiempo predilecto de la humanidad desde que existe como tal. No tengo ni idea por qué será, pero el caso es que decir la tuya sobre lo que sea te sosiega. Es impepinable. Algunos, pero sobre todo algunas, no callan ni cuando están debajo del agua. Otros, en vez de hablar escriben para dar rienda suelta a sus fantasmas. Cojan, agarren y echen un vistazo a todos esos comentarios que hace el personal a propósito de cualquier noticia o artículo de opinión. No es que no haya a veces alguna sensatez, pero por lo general es todo abracadabrante. Los locos que antes se guardaban en los manicomios ahora se sujetan dejándoles explayarse en esos foros que sólo leen los otros locos y algún estudioso del devenir del mundo. Así que, ¿dónde está el problema?

Se lo diré: una vez más en Prometeo. Los dioses no nos perdonan que hayamos conseguido tener tanto tiempo libre como ellos. Y quieren que paguemos por nuestra osadía. Por eso no nos permiten que subamos el último escalón para llegar al Olimpo. No quieren que aprendamos a usar el tiempo libre de la misma forma que lo hacen ellos, es decir, dejando pasar el tiempo sin angustiarse. Un imposible metafísico para los humanos, en definitiva. En fin, y qué le vamos a hacer. Pues eso, hablar hasta debajo del agua.  

jueves, 14 de febrero de 2019

Machín

Entré en la Concordia de Monzón y sonaba "Aquellos ojos verdes de mirada serena". Era Machín. ¡Oh, los guateques de mi juventud!, le dije a la camarera. Sonrió. Después, mientras comía, me seguí empapando de Machín. Angelitos negros y todo eso. La España de Franco, tan de moda. Al otro lado del biombo, en la barra, un grupo de cincuentones aguzaba el ingenio en disputada competencia por agradar a las camareras. Ya saben, el modelo farwest. Ese bar atendido por tíos sería un puro muermo. En fin, venga una ministra socialista a explicárnoslo. 

El caso es ese, que los humanos, por lo que sea, tendemos a la nostalgia. Edulcoramos el recuerdo olvidando con pasmosa facilidad lo que en su día nos amargó. Y es que además en aquellos años había una música increíble. En Liérganes, subías de excursión a Los Picos y mientras zampabas el bocadillo escuchabas como todo el valle resonaba con las cúmbeas que salían por los altavoces del Hotel Cantábrico. Y si no eran cúmbeas eran los boleros de Javier Solis o las rancheras de Negrete. 

Pues sí, he leído por ahí que vuelven aquellos tiempos. Por lo visto, en esos aquelarres que monta la industria discográfica,  este año se lo ha llevado todo de calle la música latina. Y es que no es para menos si tenemos en cuenta que si para algo es la música popular es para poner a punto a los amantes,  cosa que dudo pueda conseguir la música anglosajona con sus ritmos de telar o, en su defecto, de obras en el piso de al lado. 

Resumiendo: ni fueron malos aquellos tiempos ni lo son estos para el que sabe apreciar la buena música, que es tanto como decir el saber estar a la tuyo y dejar que los demás se cuezan en sus mandangas. 

miércoles, 13 de febrero de 2019

A matter the small moment


No entiendo nada y me quiero morir. Ayer por la noche, con la idea de retirarme ya en la cabeza hice un zapping rápido con la misma convicción con la que podría haberme rascado el culo. Pero, hete aquí que de pronto caigo en una especie de parada de los monstruos y me quedo colgado. Con el mismo formato que usan las Kardashian para exhibir, aparte de culos y tetas, sus insulsas existencias, una familia de acondroplásicos se dedicaba a convencernos de que en realidad la acondroplasia is a matter the small moment como decía Sherlock Holmes cuando Watson le afeaba su adicción a la cocaína. Unas vidas, en definitiva, absolutamente normales para quien tenga la mirada limpia, la mente abierta y todas esas cosas que se dicen cuando la realidad es opresiva y se quieren doblegar los atavismos por medio de oraciones al sagradocorazóndejesúsenvosconfío. Somos personas con los mismos problemas e ilusiones que las Kardashian, nos venían a decir, pero ahí estaba la madrastra naturaleza para desmentir semejante pretensión: no hay persona que les esté mirando  que pueda sacarse de encima el horror por la biología torturada. En definitiva, morbo a raudales. 

No sé en qué medida este tipo de espectáculos son reprobables o recomendables. Me gustaría que los primeros espadas del mundo mediático aparcasen por unos días a los catalinos y reflexionasen un poco sobre la ética del entretenimiento. Porque, no lo olvidemos, es fundamentalmente con el entretenimiento con lo que se moldea el pensamiento de las masas. Es decir, con lo que se  adoctrina. Todo es cuestión de machacar con una idea. En este caso que les mentaba con la idea de que los fracasos de la naturaleza no crean anormalidades sino sólo diferencias. Los acondroplásicos sólo son diferentes, pero para nada padecen un handicap para competir en la vida. Y el que piense otra cosa es que es un facha. Y no digo ya a qué grados de fascismo se puede elevar al que tenga dudas sobre la conveniencia de que los acondroplásicos se reproduzcan entre ellos. 

Bueno, yo no soy quién para especular sobre temas tan complejos, pero ver ese programa me ha producido una cierta aprehensión. Del mismo tipo de la que me producen los antivacunas o los que desprecian los análisis prenatales en prevención de discapacidades de por vida. Abandonarse al azar es la antihistoria del ser humano. Y la eugenesia, se mire como se mire, siempre ha sido una aspiración. Pero claro, el problema surge cuando las mentes puras confunden la cosa en sí con los procedimientos para conseguirlo... en fin, en cualquier caso debatir estos asuntos es mucho más interesante que lo de los catalinos que es de libro de primero de primaria.  

martes, 12 de febrero de 2019

¡Eblouisante!

Estas mañanas invernales y anticiclónicas de Castilla son una pasada. La luz es ébloiussante y el aire es tan fino que uno no entiende cómo se pueden sostener los pájaros en él. Te pones en lo alto de un alcor y tienes la sensación de que puedes tocar las nieves del Curavacas, cien kilómetros más allá. Eso sí, hasta que el sol llega a su pobre cenit el grajo vuela bajo porque los insectos buscan el escaso calor que brota de la tierra. Así que más vale, en definitiva, salir bien abrigado. 

Por la Calle Mayor a esas horas la actividad es frenética. Todo es logística. Hay que reponer en el comercio todo lo que se consumió el día anterior. Es como un tejer y destejer penelopiano a la espera de que llegue el santo advenimiento. Más vale no pensar en ello porque entontonce la vida pierde su sentido. Bueno, yo me he llegado hasta allí porque quería comprar nueces en el colmado salmantino que hay al poco de pasar los Cuatros Cantones. Son nueces de Villagarcía de Campos, ya saben, el pueblo de Jeromín y, también, del autor de Fray Gerundio de Campazas que, por cierto, y no sé por qué, todavía no he leído. 

Y como yo, mucha gente mayor despilfarrando las renovadas energías de las primeras horas. Pillo conversaciones al vuelo de los que se demoran en las esquinas. Están todos contra Sánchez. Ya ven de que poco sirve ser tan guapo. Una que sin duda había sido hippy en aquellos maravillosos años -el look de la adolescencia nunca se abandona- entretenía la espera en el semáforo de Modesto Lafuente relatando su paso por la Plaza Colón de Madrid la mañana del pasado domingo. Quería convencer a los que la escuchaban que aquello había sido el desideratum. Bueno, pensé, hasta los hippys se han hecho de derechas; esto ya no hay quien lo pare. 

 Y entre pitos y flautas el sol ya alcanzó su cenit. No es que sea gran cosa, pero huele a primavera.