martes, 30 de junio de 2020

Camino de Damasco

Uno conoce la trampa, pero luego sale por ahí de paseo y no para de caer en ella. Me refiero a aquella de la que nos advirtiera Nietzsche consistente en leer dos libros a los que no tienes derecho y creer que con eso ya lo sabes todo. Que eso es justo lo que me pasó cuando leí La Riqueza de las Naciones de Adam Smith. Y, entonces, voy y escucho una conferencia de Huerta de Soto y me entero de que fue precisamente con ese libro con el que comenzó toda la debacle ideológica que tanto sufrimiento ha traído al mundo. Sí, porque es en ese libro en donde, dejando de lado las precedentes teorizaciones de los escolásticos españoles, se sostiene que el precio de las cosas es objetivo, es decir que se puede calcular. Tantas horas de trabajo, tanta materia prima utilizada, etc.. Y así ha sido que desde entonces hasta hoy día, basándose en esa creencia, han crecido como hongos los ingenieros sociales que equivocadamente piensan que con sus cálculos afinados pueden regular nuestras vidas hasta límites que llegan hasta el mismo tálamo. 

Yo no he leído a los escolásticos españoles ni creo que lo vaya a hacer nuca, pero de un tiempo a esta parte he escuchado un buen número de conferencias acerca de ellos y me estoy dando cuenta de hasta qué punto cuadran las cuentas de nuestra historia patria. Porque es imposible que un país lleve a cabo tamañas hazañas como las que llevó España si detrás no hay unas cabezas en las que sustentarse. Porque un imperio que dura trescientos años sin mayores conmociones no es cualquier cosa al alcance de unos curas atrabiliarios y unos reyes hechizados... como se había querido hacernos creer. No, ni mucho menos, a aquel Siglo de Oro de Gracián, Cervantes, Lope y demás, le había precedido otro siglo no menos dorado, el de la Escuela de Salamanca o los Escolásticos Tardíos, como también se les conoce. Ellos teorizaron sobre sociología, economía, psicología y demás ciencias del espíritu, a tal nivel de clarividencia que todavía hoy es el día que muy pocos son los que se les pueden aproximar y, los que lo hacen, cual es el caso de la Escuela Austriaca de Economía, no pueden sino maravillarse y dedicarse a difundir su conocimiento. 

Resumiendo, que fueron esos escolásticos de Salamanca los primeros que se dieron cuenta de que lo de el precio objetivo de las cosas no pasaba de ser una milonga. Sostuvieron que son tantos los factores que intervienen en fijar ese precio que solo Dios puede conocerlo. Por lo tanto, el precio de las cosas siempre será subjetivo y al gobernante que pretenda lo contrario convendría que el pueblo, en el que reside la soberanía, se lo sacase de encima. ¡Se imaginan! Bueno, a Juan de Mariana le metieron una temporada en la cárcel por sostener tales lindezas.  

En fin, que uno va descubriendo a golpe de desmentido. Y esa es la cuestión, que se debiera ser más cauto, o distante, cuando uno piensa haber encontrado por fin el santo grial para no tener que apearse bruscamente del burro, luego, cuando vas camino de Damasco. 

lunes, 29 de junio de 2020

El de la peña

 Se viene hablando desde hace hace décadas de la decadencia de occidente, que si patatín, que si patatán, todo patochadas. La decadencia de occidente, señores, comenzó aquél día que un tipo se subió a una peña y empezó a enumerar las maneras que tiene el ser humano de convertirse en un bienaventurado. Empezando y sobre todo, siendo un pobre de espíritu. Luego, el tipo de la peña, para redondear la jugada, se les llevó a todos a merendar pan y peces a la orilla del lago Tiberiades. Ahí fue, precisamente, donde comenzó toda la milonga del estado benefactor. A partir de ese momento, los pobres de espíritu ya no quieren oír hablar de otra cosa. Y dan igual todos los castañazos que se hayan pegado, ellos seguirán forever erre que erre. 

Así es que olvídense de todo ese rimbomborio que hay montado alrededor de la lucha ideológica porque la cosa no puede ser más sencilla: los perdedores nunca se van a apear de la idea de que tienen derecho a que los ganadores les paguen la merienda a orillas de cualquier lago que sea. Lo dijo el de la peña y lo repitieron hasta la saciedad todos sus discípulos a lo largo de ls siglos: que paguen los ricos... porque, total, para qué quieren el dinero si no van a poder entrar en el reino de los cielos.

Veo hoy a una joven llorando amargamente porque el gobierno socialcomunista en curso ha recortado en un cuarenta por ciento el presupuesto de investigación en el que está trabajando. "Yo, que tengo una niña pequeña", decía entre sollozos. y entonces levantaba la mano para secarse las lágrimas y se podía ver que tenía el antebrazo tatuado. Bueno, todo ello son asuntos que cuadran. Ningún ganador llora porque el de la peña ya no reparte peces. Como si no hubiese mil sitios en donde se pueden pescar. Bueno tampoco es probable que alguien que se siente medianamente bien consigo mismo se haga un tatuaje. Una automutilación, en definitiva. 

Pero, da igual. Por mucho que el lastre de los llorones retarde la marcha, el mundo sigue su avance imparable hacia el desentrañamiento de su esencia... que es, se mire como se mire, lo único que importa. Lo único que importa aún a sabiendas de que por mucho que se avance siempre estaremos a la misma distancia de la comprensión total. Es una terrible paradoja, pero, para los que están en la lucha, como si no existiese. 

En cualquier caso, para los que ya han comprendido que nunca van a comprender, esto resulta muy cansado y con muy poco interés.   
  

sábado, 27 de junio de 2020

Sin rodeos

Estaba cruzando un paso cebra cuando llega un coche a toda mecha y pega un frenazo. Cuando llego a la otra acera oigo que el del coche está diciendo algo dirigido a mí. Retrocedo y le pregunto: si llego a saber todo lo que ibas a tardar en cruzar no le habría cedido el paso. No sé si hubiera sido más correcto por su parte usar el subjuntivo en vez del condicional. En cualquier caso, le contesté que es lo que tiene llegar a viejo y seguí mi camino sumido en pensamientos cargados de la más negra objetividad. ¡Ay, los viejos, qué carga más pesada para la sociedad! Ya se ha empezado a no disimular al respecto. 

Así es que están los unos rasgándose las vestiduras por los viejos que han muerto en las residencias y los otros llamándose Andana al respecto. A eso se reducido toda la lucha política por el poder. ¡Soberbia espirlochería! Como si no supiésemos que aquí, salvo los viejos, todo el mundo está feliz con la operación. De ésta, miles de familias se han visto libres de la noche a la mañana de la onerosa minuta de la residencia del abuelo. Incluso, en no pocos casos, ya podrán tocar por fin la ansiada herencia. Porque, no lo olviden, la generación de los abuelos de hoy fue la última que se sepa que tenía el ahorro como una de sus responsabilidades ineludibles. Pospusieron sus deseos pensando en sus hijos. Por si hay que ayudarlos. Y sí, ha habido que ayudarlos. Y cuanto más se les ayudaba menos se les notaba a los ayudados la irritación que les producía pensar que el puto viejo todavía estaba para durar. 

Ahora, parece que han salido a la luz estudios científicos que demuestran que la práctica totalidad de los viejos de las residencias son portadores de anticuerpos del coronavirus. No cuadra eso en absoluto con el estudio prospectivo hecho por el gobierno en el que solo un 5% de la población es portadora de ese tipo de anticuerpos. Aquí por lo que se ve, una de dos, o queman al santo de tantas velas como le ponen, o no le alumbran de tanto no querer gastar en velas. ¿O es que acaso tenemos que empezar a pensar mal? Yo, si quieren que les diga la verdad, eso del 5% nunca me lo creí. O sea, un virus que va por ahí diciendo, no, a este no que parece bastante joven y sano, no, no me merece la pena. Bueno, también hay que tener en cuenta que eso del 5% ha salido de un estudio hecho por socialistas, lo cual que como que da risa. O es que ustedes han visto alguna vez algo salido de un horno socialista que tenga que ver con la realidad. Antes se congelará el infierno, como se suele decir. 

En fin, me eduqué escuchando que obras son amores y no buenas razones. Si de 29.000 muertos que dicen que ha habido, 20.000 provienen de las residencias de ancianos, nadie, por mucha retorica que use, podrá negar que, al margen de intencionalidades más o menos conscientes, no se ha movido un dedo para proteger a los viejos. Sí, la cosa está más clara que el agua cristalina, para una inmensa mayoría de los cincuenta para abajo, los viejos damos un cante que es que no se puede aguantar. 

viernes, 26 de junio de 2020

Tibees over de rainbow




¡Oye, allá cada cual! El que quiera quedarse en la caverna viendo sombras, está en su derecho. Pero que no venga después exigiendo que me ponga la mascarilla porque sí. Porque las cosas no son porque sí para los que ya escaparon de las sombras. 

Me desayuno hoy con un, a mi juicio, bellísimo vídeo de Tibees en el que nos pone al corriente de la física del arco iris. ¡Valla por dios, toda la magia a freír espárragos! Ahora ya sé a qué es debido todo. Una vulgaridad en definitiva. El mundo de la razón abriéndose paso por entre el potente entramado de creencias y supersticiones. Tibees mediante, a quien favorecieron los dioses para después guardarla para mayores trabajos. 

Sí, desde luego, para injustos los dioses. Porque ellos y solo ellos son la causa eficiente para que el socialismo solo sea un imposible metafísico, cualquier cosa que eso sea. Ellos reparten sus dones como se les antoja que no es, precisamente, de forma muy equitativa. A unos, Tibees, les colman de dones, a otros, la inmensa mayoría, para ir tirando de mala manera. Y así corre el mundo, tratando de compaginar la inanidad de los muchos con la excelencia de los pocos. Y de ahí todos esos inventos con pies de barro: las religiones, la cosa de la cultura, los sistemas políticos, etc.. Todos malfuncionan, pero permiten que la nave vaya. 

Así que ya saben, agarrándose a la mano que les tiende Tibees les será más fácil pasar de las sombras a la luz, de las supercherías a la realidad. Del ser un muerto viviente al estar vivo, en definitiva. Ustedes eligen.  

jueves, 25 de junio de 2020

Cuota óptima

Sin que me puedan caber muchas dudas al respecto les quiero confesar que de todas las tragedias griegas en las que me detuve la que más conmoción mental me produjo siempre fue Las Bacantes de Eurípides. Me pone la cabeza como una moto y no encuentro forma de poder echar el freno. Es tremenda la cantidad de sentimientos encontrados que suscita. Aunque en realidad, si bien se considera no trata de otra cosa que de la necesaria cuota de irracionalidad que necesita toda vida que no quiera verse avocada a la catástrofe. Así de sencillo.

La irracionalidad. ¿Y cuál es su cuota óptima? Porque, claro, una vez soltadas las riendas tiene una propensión innata a desbocarse. Sí, sin duda ésta es la tarea más penosa de la vida. Y, también, donde más se nota la calidad de la maquinaria que traemos de fábrica, la inteligencia y todo eso... bueno, quizá lo mejor para entender un poco de qué va todo esto sea leer a Bukowski: solo una fortaleza física y mental como la suya es capaz de, no solo sobrevivir sino, también, sacarle rendimiento a la irracionalidad desbocada. un don, en definitiva, que los dioses reservan a los elegidos. A los verdaderos elegidos, quiero decir, que es que nos tomamos cuatro cosas, empezamos a decir chorradas, y ya nos creemos que somos uno de ellos. 

Pues sí, ¿saben qué?, que si por mi fuese iba aponer a  todos los niños a aprender de memoria Las Bacantes. Luego, ya, sería cuestión de organizar los ritos necesarios para dar vueltas y más vueltas a cada frase, tratando de encontrar el sentido de su sinsentido. En fin, para que se hagan una idea de la importancia de estas cosas les contaré que la costumbre en Delfos era mandar todos los años tres meses a descansar a Apolo y dejar que durante ese tiempo campase Dionisos a su antojo.

miércoles, 24 de junio de 2020

Tebaida

Supongo que ya les habré contado contado alguna vez que el padre de un amigo de juventud nos solía decir que hay dos cosas en la vida que no valen para nada, el crédito y la experiencia. El crédito, porque solo se lo dan al que lo tiene. La experiencia, porque cuando ya la has adquirido eres tan viejo que no la puedes utilizar. Bueno, pues con el conocimiento, que no sé si será experiencia, pasa tres cuartos de lo mismo, eres ya tan viejo cuando tienes algo de ello que solo te sirve para hacer de Cebolleta si es que alguien te da la oportunidad, que suele ser que no. Anyway...

El caso es que estoy revisitando Las Bacantes de Eurípides y unas cosas hilan con otras y se va creando un tupido tapiz de conexiones que pareciera una viva imagen de los entresijos de la humana naturaleza en su faceta más descarnada. Y así es que van Cadmo y Tiresias cogiditos de la mano y ataviados de rokero que nunca muere a sumarse a la rave que Dionisos tiene montada en las laderas del Citerón. ¡Por todos los dioses, pero es que habéis perdido el juicio! Les espeta Penteo, nieto de Cadmo, al verles de tal guisa. Tú tranqui, le dice Tiresias a Cadmo, que a este chaval le falta todavía aprender mucho para saber lo que vale un peine. Y le grita a Penteo: "¡Hazme caso Penteo! No te ufanes de que tu autoridad te da poder sobre los hombres; ni porque te has forjado una creencia, pero una creencia tuya enfermiza, creas que tienes razón. ¡Acoge al dios en el país, haz libaciones, sirve a Baco y corónate de yedra la cabeza!" 

Cadmo, como supongo sabrán, a parte de haber sido el que introdujo en Europa la vid, era abuelo de Penteo y, también, por una serie de sorprendentes malabarismos, del dios Dionisos. Así que en nada puede sorprender que anduviese el hombre un poco dubitativo sobre a que atenerse respecto de la rave: Un nieto la organiza y otro nieto la quiere prohibir. ¿Quién sabe, a lo mejor Penteo tenía su palacio cabe las laderas del Citerón y andaba cabreado porque no le dejaban dormir? 

Lo de Tiresias es, si cabe, mas interesante todavía. Yendo un día por el campo vio a dos serpientes apareándose. Empezó a bastonazos con ellas y mató a la hembra, de resultas de lo cual se convirtió en mujer. Unos años después, lo mismo, pero en este caso mató al macho, y se convirtió de nuevo en hombre. Así que un día andaban como siempre a la greña Zeus y Hera sobre quien obtenía más placer en el coito, si el macho o la hembra. Entonces Zeus recurió a Tiresias que era el único que se supiese que tenía experiencia sobre las dos condiciones. La hembra, dijo Tiresias, sin dudar un ápice, obtiene diez veces más placer que el hombre. Hera se tomó de pena la revelación de semejante secreto. Ya saben, las mujeres, como que te hacen un favor y, de pronto, Tiresias mediante, vamos y nos enteramos que los que estamos haciendo el favor de verdad somos los hombres. Bueno, fue tanto el rebote que le cogió a Hera que dejó ciego a Tiresias. Y Zeus, para no ser menos y compensar la maldad de Hera concedió a Tiresias el don de la profecía y de la longevidad. Por eso nos encontramos a Tiresias el adivino desde Cadmo hasta su tataratatatanieto Edipo. 

Total, que, por si no lo saben, el hijo de Semele, hija a su vez de Cadmo, Dionisos, "inventó la bebida fluyente del racimo y se la aportó a los humanos. Ésta calma el pesar de los apurados mortales, apenas se sacian del zumo de la vid, y les ofrece el sueño y el olvido de los males cotidianos. ¡No hay otra medicina para las penas!"

Y vamos hilando. Ya les conté que pasadas varias generaciones había a las puertas de Tebas, la ciudad que fundará Cadmo, una esfinge que ponía un acertijo a todo el que se acercaba. Como nadie lo resolvía se los iba comiendo a todos. Hasta que alguien no lo acierte, había predicho Tiresias, que todavía andaba por allí, esto va a seguir igual, con esta especie de pandemia. Bueno, ya saben que fue Edipo el que desentrañó el acertijo y que la esfinge de pura rabia se tiró por un acantilado y que aquí paz, pero no gloria, porque la única realidad de la vida es que a problema resuelto, nuevo problema puesto. Ya les conté todo lo que vino después. 

O sea, la bebida fluyente del racimo de la vid que calma el pesar de los apurados mortales y por tal les hace inconscientes de que con el paso del tiempo lo apropiado es andar con tres patas, el tan denostado bastón por delator, que es lo único que hace que la esfinge se tire por el precipicio. Pero, ya digo, el bastón delator, ¿a ver qué viejo roquero se va a resignar a semejante humillación? Como dicen todos esos libros de autoayuda, no son los años que tienes sino cómo de joven te sientes. ¡Y un jamón con tres chorreras! Con el vino, la coca, la meta, y demás sustancias divinas no hay manera de apearse del burro y, de ahí que la esfinge siga teniendo tanto tajo y, según todos los indicios, cada día va a tener más. 

Y perdonen por la moralina. 

martes, 23 de junio de 2020

Chubasquieros do pito



Están preocupadísimos los gobernantes por que no nos pase nada. Y como suele pasar en estos casos el preocupador que se preocupa engorda el bolsillo de los amiguetes. Es que, claro, si no nos dicen como tenemos que usar la mascarilla, alomejó lo hacemos mal y luego pues que nos morimos. Así es que han decidido llenar la ciudad con esos carteles tan didácticos que es que hasta un socialista lo puede entender, lo que ya es decir. Total por unas perrillas que vamos a dar a los de MALDITA.es, que como que todo queda en casa. Ya saben, a ese matrimonio de periodistas, reyes de la imparcialidad, siempre atentos a que nadie diga mentiras sobre nosotros que es que ya saben la de gente mal intencionada que nos quiere difamar, en fin, que van dados con nosotros.

Bueno, la verdad es que la gente se pasa por el culo la mascarilla, a los gobernantes, la crisis económica y todo lo que haga falta con tal de que la dejen ir a la playa, el bar y demás, es decir, que la dejen seguir con sus costumbres ancestrales, o sea, su cultura que le dicen. Allí estaba ayer la gente, tumbados sur l´herbe, al borde de los acantilados, contemplando la eterna sonrisa de las ondas marinas, y que aquí me las den todas. Ya te digo, ¡mascarillas a mí!, en todo caso chubasqueiros do pito, que eso sí que sí, si la ocasión se presenta. 

Me voy a pasear que necesito escampar la boira.  

sábado, 20 de junio de 2020

Pisístrato again

Esto tiene una pinta de ir a acabar mal que tira para atrás. El vicepresidente Iglesias tiene veinticinco guardias civiles escoltando su casa y a los ciudadanos que se acercan por allí les multan. Por otra parte el gobierno ha mandado pintar las furgonetas y los buzones de correos con los colores del arco iris que como supongo que todos ustedes sabrán son los de la bandera de maricones y lesbianas. Y lo digo así porque creo que dado el cariz de provocación que están tomando las cosas se está haciendo muy conveniente volver a los viejos chistes de mariquitas y bolleras que, dicho sea de paso, estaban entre los que más gracia hacían al populus impurgatum... que ahí sí que tenía tajo Freud. 

Los partidos que dicen de izquierda, es decir, los de la gente vaga... sí, porque dicen que son los de la envidia, el rencor, el odio y demás sentimientos miserables, que sí, que puede ser que sí, pero preguntémonos de dónde les viene ese miserable sentir... se lo digo al cien por cien seguro, de la puta vaguería. Luego, ya, se podrá lucubrar todo lo que ustedes quieran acerca del porqué de la vaguería. Recuerdo que antiguamente, y puede que ahora también, se solía decir que el niño era muy inteligente, pero muy vago y por eso sacaba malas notas. No sé, puede ser, pero yo tiendo a pensar que esa composición de lugar no es más que un consuelo que se construyen los padres para no tener que aceptar que han engendrado a un perfecto inútil. En mi experiencia, los vagos, o gente de izquierdas, llámenlos como quieran, son personas con serios problemas de comprensión lectora. O, como dicen las analectas, incapaces de abarcar el todo con su pensamiento y, por tal, tendentes a tomar la parte por el todo. Pensamiento sinecdótico que le dicen. Por lo de la sinécdoque.

En fin, por todo lo cual, como digo, las cosas tienen muy mala pinta. Porque si ustedes miran por ahí con un poco de atención verán que a la arrogancia de maricones y lesbianas se le está empezando a oponer un frente intelectual que tiene como punta de lanza el cuestionamiento de la democracia. No puede ser, dicen, que gente que nunca ha trabajado lleguen a ministros o presidentes de gobierno por el simple procedimiento de prometer imposibles. Que es en lo que estamos ahora. Y por eso es que en lontananza, looming, que dicen los ingleses, se vean asomar ya las vanguardias de las tropas de Pisístrato. Sí, mis queridos niños, Solón era muy inteligente y redactó una constitución maravillosa, pero con palabras no se construyen las acrópolis. Hasta que llegó Pisístrato con la rebaja, Atenas era todo lo igualitaria y divertida para los señoritos que ustedes quieran, pero los supermercados estaban desabastecidos. Por eso Pisístrato murió de viejo en la cama después de haber puesto a Atenas a la cabeza de toda la Hélade en lo que a prosperidad se refiere. Un ejemplo, en definitiva, que nunca muere.

El estado profundo

Al parecer ya nos alzaron el entredicho que la tiranía imperante nos tenía puesto a la movilidad interregional. ¡Gloria al tirano! Claro que el bozal, de momento, y para largo, no nos lo podremos quitar a no ser que consumamos raciones y cazuelitas en las terrazas que a tal efecto se han instalado par ci par là, como dicen los franceses. Sí, sí, mírense debajo del cielo del paladar no vaya a ser que les hayan instalado una allí y no se hayan enterado. Desde mi balcón tengo control visual de tres de ellas que ocupan el espació que antes ocupaban unos veinte coches en batería o así. Y no vean lo bonito que lo han puesto todo, con flores de plástico y demás, que es que a ver quién es el guapo que pasa por delante y se resiste. Ayer a las once rebosaban de clientela compitiendo entre sí por levantar la voz hasta las tesituras más altas del volumen sonoro. Pero, ya saben, no problem: los espacios sagrados son inmunes al bicho de marras. 

Y mientras tanto, en un segundo plano al que solo acceden los avisados, sigue la lucha contra el estado profundo. Sí, ese ente demoníaco capitaneado por Soros, los Clinton y la madre que les parió. Bueno, si han leído las novelas de Conan Doyle solo tendrán que recordar a Moriarti y sabrán de qué estamos hablando: las escurridizas fuerzas del mal. Claro que si de niños nunca se dedicaron a pescar anguilas en el río de su pueblo, difícilmente se podrán hacer una idea de lo que significa escurridizo. Pero este es otro tema.    

Sí, no cabe duda de que existe un estado profundo. Una, por así decirlo, devastación moral de la sociedad que, a mi inmodesto juicio, trae causa de la prácticamente inexistente cantidad de agonía necesaria para la satisfacción instantánea de los deseos. ¡Aquí te pillo, aquí te mato! Y los deseos, para poder seguir siéndolo, cada vez tienen que ser más gordos y, si se me resisten, uso munición más potente... total, medio mundo vive de producir esa munición. O sea, que nunca pasamos del tratamiento sintomático al causal. 

Bueno, cualquier médico sabe que los tratamientos sintomáticos solo son apropiados para los enfermos terminales. Y en ello es en lo estamos, en las convulsiones finales de un ciclo en el que solo el consumo masivo de sustancias psicotrópicas evita que se produzca la traca final. Y así es como la agonía que nos evitamos para satisfacer nuestros cotidianos deseos la trasladamos a esta agonía global que cada vez pide con más insistencia cirugía radical. 

En fin, miro por la ventana y veo a los mohicanos de las terrazas con el perro entre las piernas y calentando la china. Se les ve felices, no paran de reírse en todo el día. Han venido regalados a este mundo y no les importa colocarse el bozal cuando abandonan las terrazas. Lo de su aspecto fiero solo es para asustar a las abuelitas, no vaya a ser que les nieguen la paga cuando van a pedírsela... su única ocupación productiva.   

viernes, 19 de junio de 2020

Analectas

Voy de paseo por ahí escuchando las Analectas de Confucio. Desde luego que son interesantes a más no poder. Y hubiesen querido los dioses que las hubiese sabido escuchar con tanta atención como ahora las escucho muchos años antes porque así, quién sabe, a lo mejor me hubiera equivocado un poco menos... claro que si a infinito le quitas un poco sigue siendo infinito. Porque ese es el sentimiento que me produce el ir escuchando a los sabios de la antigüedad, el de haber sido un redomado necio a todo lo largo de la vida. Claro que en mi descargo poseo la evidencia de haber vivido inmerso en un magma de necedad del que solo habiendo sido un titán hubiera podido escapar... bueno, en realidad, si hubiese sido un titán hubiera acabado encadenado a una roca del Caucaso esperando todos los días al águila que habría de venir a roerme el hígado, cual es el caso de todos los que escapan de ese magma... aunque muchas veces siento que ese, lo del hígado roído, ha sido precisamente mi sino sin necesidad de ser un titán... ni haber escapado.

Uno, sin embargo, conserva intacta la capacidad de maravillarse por toda la sabiduría que acumula el mundo. E, igualmente, sufro por el convencimiento de lo mal administrada que está esa sabiduría. ¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué este consumismo desatado, madre de todos los males, si los sabios más sabios de todos los tiempos nos advirtieron de los horrores que se derivan de no ser capaces de posponer el deseo? ¿Por qué tanta pequeña preferencia? ¿Por qué todos los objetivos tienen que ser a corto plazo? ¿Es que no nos damos cuenta de que así son todos objetivos miserables?  

Escuchaba que, curiosamente, los tres países más adelantados que hay en el mundo son de cultura netamente confuciana. Singapur, Corea del Sur, Taiwan. Y son adelantados principalmente en la cosa educativa y, lo demás, por añadidura. Cuando se tiene un 80% de población adulta con titulación superior no hay coronavirus que pueda con ella. Y a los hechos hay que remitirse. Porque la educación es el sustento de la virtud, lo mismo que la ignorancia lo es de la maldad. ¿O es que acaso conocen ustedes a un tonto que sea bueno? 

Dice el maestro: estudiar sin pensar es inútil; pensar sin estudiar es peligroso. O sea, en cualquier caso, mejor inútil que peligroso y, por tanto, siempre será mejor estudiar.     

jueves, 18 de junio de 2020

La familia

Sigo con mi periplo por las tragedias griegas usando como cayado el Diccionario de Mitología de Pierre Grimal. Y es que para comprender, o acercarse a comprender, las razones de tanta desdicha hay que disponer de elementos para poder remontarse en el tiempo hacia atrás. Porque, como dijo el clásico, y perdonen que me repita tanto, de lejos le viene el garbanzo al pico. O sea, que, por lo general, las cosas no pasan porque sí de la mañana a la tarde, no, siempre hay como una predisposición gravada a fuego que se trasmite por la herencia.Sobre todo cuando esa predisposición es a la maldad. 

Ayer terminé Agamenón de Esquilo. Y¡madre mía, que linaje! Su padre Atreo, para vengarse de su hermano Tiestes que, a parte de estar conspirando para derrocar de su trono a Atreo se estaba tirando a su mujer... para vengarse, digo, mató a dos hijos de Tiestes y se los sirvió guisados en un banquete. Pasados los años, un hijo de Tiestes, Egisto, se andaba tirando a Clitemnestra, esposa de Agamenón, hijo éste de Atreo, mientras Agamenón andaba por las riberas del Escamandro vengando la humillación recibida por su hermano Menelao, cuya esposa, Helena, se había fugado con Paris, hijo de Príamo, rey de Troya. Pero es que no acaba ahí la cosa, porque Clitemnestra, esposa de Agamenón, se sentía plenamente justificada para andar liada con Egisto, sobrino a su vez de su marido, porque quería vengarse de él por haber sacrificado éste a su hija Efigenia para aplacar a la diosa Artemis que era animalista y andaba cabreada porque a Agamenón le gustaba ir de caza, de resultas de todo lo cual, Artemis había convencido a Eolo para que soplase en dirección contraria a la que convenía a la flota argiva para desplazarse hasta Ilión a vengarse de lo de Elena. ¡Madre mía, qué chusma! En resumidas cuentas, que cuando Agamenón regresa victorioso de Troya, Clitemnestra, según guión preparado por Egisto, le recibe muy melosa, le lleva al baño y allí le asesta tres puñaladas de lo más traperas que acaban con su vida. Y suma y sigue, porque después viene todo lo de Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra que, por aquello de que de casta le viene al galgo, no puede dejar que las cosas queden así y añade más leña al fuego: Clitemnestra y Egisto salen entonces de la escena con los pies pa lante. ¡Uf!   

Bueno, así, en principio, parece todo muy exagerado, pero no se engañen, no es más que un artificio literario para dar intensidad al relato de lo que vendría a ser el común desenvolverse de las familias que se empeñan en serlo a causa, por lo general, de la condición anodina de todos sus miembros. Y es que, no sé si se habrán dado cuenta, pero cuando, en cualquier familia, unos de sus miembros empieza destacar por sus propios méritos lo primero que suele hacer es instaurar una especie de distanciamiento apolíneo que le lleva a no participar de los típicos eventos dionisíacos con los que se pretende mantener cohesionada a la familia. Así que ya saben, familia que permanece unida, familia donde ninguno de sus miembros sobresale por sus méritos. Y cuando varios sobresalen por sus méritos, entonces es cuando la familia adquiere su verdadera dimensión apolínea, es decir, que en vez de devorarse unos a otros a golpe de celebración sin motivo, se enriquecen mutuamente limitándose a prestarse libros. 

En fin, cuánto camino nos queda todavía por recorrer para sacarnos de encima toda la mugre que la pertenencia a lo que sea nos coloca sobre el espíritu.  

miércoles, 17 de junio de 2020

Al pairo

Personalmente, esto del coronavirus en lo que atañe a su faceta de ente patógeno me la trae absolutamente al pairo. Todas esas tonterías que se dicen por ahí no son más que los típicos sortilegios, ya sea para ahuyentar el miedo, ya sea para exacerbarlo con sabe dios qué intenciones. Pero la realidad es que no hay nada nuevo bajo el sol. Desde que existen los laboratorios de fisiología respiratoria se sabe perfectamente que las infecciones virales son letales para los que padecen EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Bueno, yo tuve la inmensa suerte de poder trabajar con el Dr. Palenciano, una eminencia en la materia. Aprendí con él a medir todo lo que hay medible en los pulmones. Que no son pocas cosas, créanme. Y así, midiendo por aquí y por allá uno se enteraba de un montón de cosas. Por ejemplo, que si a una persona sana le mides el flujo de aire a los seis meses de haber padecido una infección viral es más que probable que le encuentres fallas a la altura de los bronquiolos. Digamos que la parte más delicada del árbol bronquial. Muy próximo ya a los alveolos, que es donde se produce el intercambio de gases entre la sangre y el aire. Imagínense un árbol, pues los bronquiolos es como si fuese el peciolo que sostiene a las hojas, que serían los alveolos. Cuando el árbol languidece es precisamente por ahí por donde empieza la hecatombe. 

Bueno, no me gusta nada la divulgación científica. Siempre produce un conocimiento superficial que suele ser interpretado por el recipiendario como conocimiento profundo. Y no te digo nada ya si la divulgación es médica y el que la recibe es un hipocondríaco; entonces, dinamita pura. En fin, a lo que iba, que todo esto que está pasando nada tiene que ver con el virus y sí mucho con el miedo de una clase política que ve peligrar sus privilegios. Y es que las cosas de este mundo, por definición, no son estáticas. Y el modelo de organización política que ha sido hegemónico durante el último siglo, digamos que la socialdemocracia, no es más que una cosa de este mundo a la que ya le va tocando cambiar por otra cosa. Porque es que hay que estar muy anósmico para no sentir que huele a podrido que tira para atrás. 

Así es que, perdonen, pero yo me parto. Hoy veo un vídeo en YouTube en el que se anuncia el descubrimiento de un potente antiviral por parte de los científicos de la prestigiosísima universidad de Oxford, la más antigua del Reino Unido y una de las más antiguas del mundo. ¡Como para no creérselo! Pues bien, el antiviral es, ni más ni menos, dexametasona. O sea, el antiinflamatorio que se viene usando para las bronquiolitis desde la noche de los tiempos como quien dice. Y así todo. Y, mientras tanto, el populos se siente seguro con su bozal. Incluso, yo diría que feliz. Pero el tirano, ¡ay!, tiembla ya en su trono de paja. Y trata de ahuyentar su miedo inculcándoselo a la ingente masa de los iletrados. De nada le servirá. La Historia nos lo enseña.   

martes, 16 de junio de 2020

Encadenado

Yendo un día por ahí en bicicleta fui a parar a un polígono industrial que hay a la izquierda de la autopista que va de Palencia a Valladolid, pasado Dueñas y justo por donde se toma la carretera que va a Valoria la Buena, patria, por cierto, de los ancestros de Amancio Ortega el Grande. Pues bien, delante de una nave de ese polígono vi una estatua de considerables dimensiones. Me acerqué a verla y constaté con sorpresa que representaba a Prometeo. Me quedé estupefacto. Busqué por allí a ver si había alguien con el que poder comentar el prodigio, pero fue en vano. Nunca había visto homenajear al dios, o titán si mejor quieren, que quizá más lo merezca. El que más hizo por liberar a la especie humana de sus ataduras animales. Podrían, pensé, haber puesto esta estatua en el centro de cualquier ciudad y así sus habitantes hubieran mostrado su condición de bien nacidos por agradecidos. 

Para que los que no saben, sepan de qué estoy hablando, les voy a transcribir lo que de este dios dice Esquilo en su tragedia Prometeo encadenado:

"No imaginéis que callo de desdeñoso ni de arrogante sino que dentro, en el corazón, me devora la pena viéndome así tratado. Pues ¿quién otro que yo repartió a esos dioses nuevos todas sus preeminencias? Más callemos esto, que sería contarlo a quienes lo saben, y oíd los males de los hombres, y cómo de rudos que antes eran, hícelos avisados y cuerdos. Lo cual diré yo, no en son de queja contra los hombres, sino porque veáis cuánto los regaló mi buena voluntad. Ellos, a lo primero, viendo, veían en vano, oyendo, no oían. Semejantes a los fantasmas de los sueños, al cabo de los siglos aún no había cosas que por ventura no confundiesen. Ni sabían labrar con el ladrillo y la madera casas halagadas del sol. Debajo de tierra habitaban a modo de ágiles hormigas en lo más escondido de los antros a donde jamás llega la luz. No había para ellos signo cierto, ni del invierno, ni de la florida primavera, ni del verano abundante en frutos. Todo lo hacían sin tino, hasta tanto que no les enseñé yo las intrincadas salidas y puestas de los astros. Por ellos inventé los números, ciencia entre todas eminente, y la composición de las letras, y la memoria, madre de las musas, universal hacedora. Yo fui el primero que unció al yugo las bestias fieras, que ahora doblan la cerviz a la cabezada, para que sustituyesen con sus cuerpos a los mortales en las más recias fatigas. Y puse al carro a los caballos humildes al freno, ufanía de la opulenta pompa. Ni nadie más que yo inventó esos otros carros de alas de lino que surcan los mares. ¡Y después que tales industrias inventé por los hombres, no encuentro ahora, mísero yo, arte alguno que me libre de este daño!

...Y, en fin, echando al fuego los grasientos muslos y el ancho lomo, puse a los mortales en camino de arte dificilísimo, y abríles los ojos, antes ciegos, a los signos de la llama. Tal fue mi obra. Pues, y las preciosidades, ocultas a los hombres en el seno de la tierra: el cobre, el hierro, la plata y el oro, ¿quién podría decir que los encontró antes que yo? Nadie, que bien lo sé, si no quiere jactarse temerario. En conclusión, óyelo todo en junto. Por Prometeo tienen los hombres todas las artes."


Ya ven, el que liberó a la humanidad de su ceguera y sordera y le dio los instrumentos para constituirse como ser único y libre, se tiene que conformar con el patio de una nave industrial en un polígono perdido en medio de la nada y, sin embargo, el que incitó a los liberados a constituirse en rebaño obediente a su pastor reina desde el cerro que domina la ciudad. Es lo primero que ves cuando por la mañana abres la ventana con la intención de ventilar las habitaciones... mejor no lo hicieras, porque de inmediato sientes la fetidez de su aliento que lo impregna todo de letal sumisión. 

Esa es la verdad de todo esto, que el tirano, Zeus, sabe bien a quien tiene que hacer monumentos en los cerros que dominan la ciudad y a quien encadenar a una roca en el Caucaso. Los méritos ajenos son el terror del tirano. La mediocridad su arma de perpetuación. Y esto nunca va a cambiar. 

lunes, 15 de junio de 2020

De la Brevedad de la Vida

Paseo por el Parque del Agua, una isla vedada a los perros en medio de la ciudad, y me duele comprobar que no hay un puto banco en el que te puedas sentar sin que tengas que compartirlo con montones de inmundicia. Para mí, este incivismo sólo tiene un culpable: las autoridades. Pero, bueno, paso del tema y sigo paseando entre los chopos que cimbrean sus cimas al viento. Es un lugar bello donde les haya. Y en el entretanto voy escuchando "De la Brevedad de la Vida" de Séneca en la voz grave y armoniosa de un tipo que curiosamente se llama Artur Mas. 

Sostiene Séneca, y yo me identifico al cien por cien, que la vida es breve o larga en función de si malgastamos o aprovechamos el tiempo. Y es precisamente cada cual el que tiene volver la vista hacia sí y considerar como fue que lo empleó. ¿Lo malgastó, lo empleó bien? ¡Buena pregunta!, como suelen decir los entrevistados que se quieren congraciar con el entrevistador. Difícil de contestar en cualquier caso, porque ¿qué es una cosa y otra? Cada cual, supongo, dará su propia versión de tan metafísico asunto en función de la calidad de su sabiduría... que, no se equivoquen, no es lo mismo que conocimiento.

Sabiduría es saber abstraerse de los propios pensamientos para poder escuchar con atención. Parecerá una tontería lo que acabo de decir, pero no lo es en absoluto. Adquirir esa capacidad de abstracción que permite observar lo que nos rodea sin prejuicios requiere años de esforzado entrenamiento. Ver el mundo tal y como realmente es, es algo a lo que ni siquiera los mejores pudieron nunca llegar. Al respecto, solo hay destellos de vez en cuando y es precisamente a esos destellos a lo que debemos estar atentos.  

Ya saben que los destellos son luz y que la luz ilumina siempre y cuando no haya por medio un muro impenetrable. El muro de la avidez, de la arrogancia, de, en definitiva, de la ignorancia. ¿Cómo derribarlo? Bueno, si escuchas, si quiera mínimamente, a los que por sus méritos permanecieron a través de los siglos, quizá te enteres de que si prefieres dedicarte a los otros antes de haberte dedicado a ti mismo nunca conseguirás derribar esos muros que te impiden ver. Sí, aprender el duro oficio de la soledad es, al parecer de todos los sabios sin excepción, el único camino que existe para ampliar si quiera un poquito el campo de visión y, por lo tanto, de alargar la vida. En fin.   

domingo, 14 de junio de 2020

Situación imposible

Uno se levanta por la mañana tirando a desilusionado con la vida. El día anterior estuvo viendo vídeos sobre el cotidiano devenir del mundo. Mucho odio, mucha rabia, mucha envidia. Los perdedores no perdonan. Yo tampoco lo haría si lo fuese. Necesitaría, entonces, consuelo y lo buscaría allí donde estuviese, incluido el infierno, por supuesto. Como el expresidente Zapatero al que veo con el rosto desencajado pidiendo a los dioses omnipotentes que pongan a los EEUU en una situación imposible. Luego se filma con unos cocaleros y cuando uno de ellos le comenta que si alguien se va de la lengua se le corta el cuello de inmediato, el expresidente, sin apearse de esa sonrisa sandia que le caracteriza, le contesta: "es que tiene que ser así". ¡Lo borda el tío! Mejor que Marlon Brando haciendo de Vito Corleone. 

Por la mañana y por la tarde, mientras paseo, voy escuchando conferencias de mis maestros favoritos. Cuenta Huerta de Soto que, en cierta ocasión, un lord inglés muy acaudalado se dirigió a Hayek para mostrarle su preocupación por la deriva hacia el socialismo -cada vez más Estado- que se estaba viviendo en Inglaterra. Pensaba el citado lord que en tales circunstancias se estaba haciendo imprescindible financiar un partido político que enfrentase esas políticas letales. Hayek le dijo que estaba equivocado, que los políticos no son más que correa de trasmisión de las ideas que preponderan en la calle. Así que si quería cambiar el rumbo de las cosas la única manera de hacerlo era crear thinks tanks para intentar cambiar la forma de pensar de la gente. De hecho el lord creó varios de estos thinks y quince o veinte años después se recogieron sus frutos: Margaret Thatcher. ¿Qué sería hoy de Inglaterra si no hubiese sido por ella? Aunque claro, ya sé que los lectores de El País piensan que estaría mucho mejor de lo que está. Como Venezuela o así, que es que aquello es el paraíso. ¡Es broma! 

La guerra de las ideas. ¿Quién la está ganando? Uno ve a los chicos de Zapatero apoyados por esos millones de estadounidenses y europeos que no pueden evitar el tener que esnifar cocaína para mantenerse en pie. Claro, "las noches blancas" que organizan los dirigentes políticos de toda laya para que el mercado no decaiga. Así los zapateristas, estatalistas, totalitaristas, tienen fondos a punta de pala para financiar su propaganda y a sus camisas pardas. A simple vista, se diría que para ellos todo esto no es más que un paseo militar. Profundizando, quiero pensar, las cosas ni de lejos están tan claras. 

El caso es que hoy me levanto, enchufo el aparato y me pongo a ver el lanzamiento que tuvo lugar ayer en Cabo Cañaveral. Un falcón de SPACEX con carga de satélites que pondrán el internet al abasto en los lugares más apartados del planeta. Todo impecable. Empezando por la música. Me pregunto si Zapatero y sus coleguis verán estas cosas, porque, si las ven...  

sábado, 13 de junio de 2020

Bajada de humos

Esto de la geometría me tiene muy mosqueado. De hecho me provoca una especie de enfermedad maníaco-depresiva o bipolaridad, como ahora lo llaman. Me pongo a ello, estoy media hora dándole vueltas y me desespero. Sin embargo, otras veces, ¡zas!, a la primera. Y se me exalta el ánimo más de lo que justifica el hallazgo. Supongo que en todo ello juega un papel determinante lo que le dicen inteligencia emocional que, cualquier cosa que eso sea, de lo que estoy seguro es de que yo tengo muy poca. No controlo nada de nada. 

Le comentaba el otro día a Isi sobre estas cosas y le comparaba la geometría con el ajedrez. Le decía que para las dos cosas hace falta intuición, pero también mucha memoria. Me contestó que el ajedrez es prácticamente todo cuestión de memoria como demuestra el que los ordenadores sean capaces de ganar a los mejores ajedrecistas. Pues sí, y supongo que la geometría igual: si tienes unos cuantos miles de triquiñuelas, o teoremas, en el disco duro del cerebro no hay problema que se te resista. Y entonces ¿qué papel le reservamos a la intuición? O la inteligencia, si es que es lo mismo. Bueno, supongo que el del ordenamiento lógico de las triquiñuelas o teoremas que se adecuan al problema que te traes entre manos. 

Sal Khan alude con frecuencia a la calidad de intuitiva que tiene una explicación. Me imagino que se refiere a la mayor o menor facilidad para realizar ese ordenamiento lógico que les decía. Si eres capaz de pensar las fórmulas en términos temporoespaciales, entonces, la cosa se facilita mucho. Bueno, mejor poner un ejemplo. Si tu escuchas que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa, puedes hacer dos cosas, creértelo y aplicarlo cuando venga al caso o imaginarte un triangulo rectángulo en el que cada uno de sus lados se transforma en un cuadrado. A partir de ahí no es muy difícil demostrar que el área del cuadrado formado con la hipotenusa es igual a la suma de las áreas de los cuadrados formados con los catetos. De hecho, me han dicho que hay un libro que recoge unas mil demostraciones diferentes que confirman esa intuición. De hecho, yo de niño conocía dos o tres de ellas. Sin embargo hay cuestiones de importancia vital que como suelen decir los que las explican son antiintuitivas. Es lo que pasa con eso que llaman mecánica cuántica. Eso de que a escala cuántica los fenómenos mecánicos se comporten de forma diferente en función de que las estés observando o no te lo tienes que creer porque los experimentos lo demuestran, pero nunca lo podrás comprender. Bueno, en realidad, los comportamientos humanos si que se atienen a esa regla y lo comprendemos perfectamente, pero esto es ya otro tema. 

La verdad es que no sé a cuento de qué me he explayado con estos asuntos que no llevan a parte alguna. Supongo que habrá sido por calmar la ansiedad que me produce constatar que mi habilidad para la geometría es harto limitada. Cada vez que me pongo ante un problema no puedo evitar pensar que me estoy haciendo un test de inteligencia... del que salgo escaldado las más de las veces. Bueno, en cualquier caso, nunca está de más recurrir a técnicas de bajada de humos.  

viernes, 12 de junio de 2020

Principios

Salgo a dar una vuelta, mayormente por el parque Ribera Sur que lo tengo a tiro de piedra, y para evitar emperrarme con ideas obsesivas me coloco los auriculares y escucho cualquiera de las conferencias que por el querer de la diosa Atenea llevamos todos en el bolsillo. Así he conocido a Misses, a Hayek, la Escuela de Salamanca, las terribles consecuencias de las equivocaciones de Keynes, ect.. Bien es verdad que de lejos me viene el garbanzo al pico: ya hace años que me entusiasmé con La Riqueza de las Naciones de Adam Smith y, desde entonces, vengo manteniendo un intercambio de información al respecto con Santi que ha ampliado mucho mis horizontes sobre la ciencia económica. Pero es que, ahora, con estas conferencias flipo: Axel Kaiser, Daniel Calle, Martín Krause, Juan Ramón Rallo, Miguel Anxo Bastos, pero, elevándose unos palmos por encima de todos ellos, lo que ya es decir, Jesús Huerta de Soto. 

Huerta de Soto es maestro de maestros en la cosa de la economía, pero por encima de todo es quijote hasta la médula. Su lema bien podría ser aquel parlamento de don Quijote que comenzaba así:  "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida." Porque, enterémonos de una vez por todas: la vida, para ser vida, tiene que ser una lucha ininterrumpida contra los que quieren limitar tu libertad para afianzar la suya. Empezando por el poder establecido y terminando por las hermanitas de la caridad, más letales si cabe que el poder establecido por aquello de que van camufladas. 

Pues sí, según Huerta de Soto la libertad individual es el oxígeno que mantiene vivas a las células de la economía. Sí rebajas las cuotas de libertad las células languidecen y las baldas de los supermercados empiezan a estar vacías. Es un mecanismo infalible que se ha comprobado ya miles de veces. Y, sin embargo, como quien oye llover. El poder establecido, digamos que el Estado, ve las baldas vacías y automáticamente piensa que la causa del desastre es su limitado poder... y se lanza a quitar a los ciudadanos la escasa libertad que les queda. Y entonces, ya, en vez de languidecer, las células mueren directamente so pena de montarse en un cayuco y lanzarse a la aventura de alcanzar las costas de La Florida. 

Es muy curioso todo esto, porque el desentrañamiento de la realidad tiene sus dificultades para los que no han leído de niños. Como sostiene Elon Musk, si no has leído de niño, lo más probable es que razones por analogías. Si has leído tendrás la posibilidad de hacerlo por principios. Y esto es, en sustancia, la madre del cordero de todas las diferencias entre los humanos: razonar por analogías o hacerlo por principios. ¡Métanselo en la cabeza! Porque, veamos, en qué se basan los liberticidas socialistas para tener ese odio a Franco. Pues muy sencillo, en que piensan por analogías: el fascismo, el nazismo y todas esas milongas... y ellos de eso nada, por supuesto, que lo suyo es mirar por el bien común, esa vulgaridad extrema. Claro, si pensasen por principios de inmediato caerían en la cuenta de que lo que hizo Franco fue exactamente lo que ellos harían si la gente se dejase. O sea, un Estado  gigantesco para colocar en él a todos los míos: sanidad, educación, pensiones, bancos, electricidad, comunicaciones... prácticamente todo en manos del partido único. Bueno, la ciudadanía podía elegir entre El As y El Marca, lo que no era poco. Ahora, para no ser menos, entre Netflix y HBO, dos apariencias distintas de una misma propaganda: la exaltación de socialdemocracia, es decir, de Franco.

En fin, ya les dígo, Huerta de Soto: razonar por principios; luchar por la libertad. No hay otra manera de afrontar el futuro con posibilidades. 

jueves, 11 de junio de 2020

Flix-flix

En la calle en la que vivo han quitado los aparcamientos de coches para habilitar grandes terrazas. Me han dicho que es así porque los clientes no pueden permanecer dentro de los bares. Bueno, algo hemos ganado, desde luego, porque no creo que haya sitio en el mundo donde más se degraden las personas que en el interior de los bares. Aunque también pudiera ser que cuando acuden a ellos ya no quede nada por degradar. La de tonterías, ¡por dios!, que dice la gente cuando tiene el codo apoyado en la barra. Ya sé que hay toda una mística al respecto, como lo de Marlowe con los gimlets, pero la realidad se parece mucho más a lo de Jack Lemon en Días de Vino y Rosas. ¡Ya te digo, psicoanalizándose con el camarero! La definición perfecta del perdedor. Leyera la gente las memorias de Buñuel y se enterara de cómo tienen que ser los bares y la bebida para ser realmente estimulantes. Pero bueno, a lo que iba, a las terrazas que han habilitado en mi calle y de las que tengo un total control visual desde mi casa. 

Ayer al atardecer había gente, aunque como las mesas están tan separadas da un cierto aspecto de desolación. Así no hay quien escuche las conversaciones de las mesas de al lado ni, tampoco, se presta a entablar relaciones ocasionales con ellas. Todo ello, como que le tiene que quitar mucho interés al asunto. Porque la clave de un espacio dionisíaco por naturaleza es la promiscuidad. Si quieres convertir un espacio en apolíneo, Buñuel dixit, pon silencio absoluto, lo mismo respecto de la soledad y, como consecuencia de todo ello, para que el espacio sea rentable y no quiebre, precios prohibitivos para el común de los mortales. ¡Y qué le vamos a hacer! 

En resumidas cuentas, que miro el panorama desde la ventana y me da mucha pena. Los pobres camareros con mascarillas y guantes y venga y darle al flix-flix sobre mesas y sillas en una desesperada persecución del virus. Me pregunto de que mente perturbada habrá salido esa idea del flix-flix. Supongo que si no se produce una sublevación masiva y se manda a tomar por el culo el flix-flix y la distanciación apolínea, se va a producir una reacción en cadena de quiebras hosteleras que, paradójicamente, pueden acabar siendo el remedio de la enfermedad patria por antonamasia, es decir, el amor cósmico adolescente propio de las intoxicaciones etílicas tibias. Claro está, amor cósmico sustentado en la demonización de todo lo que huela a liberal. El caso, en cualquier caso, valga la redundancia, es subsumirse en el rebaño. En fin, mejor lo dejo.    

miércoles, 10 de junio de 2020

Menelao



No tenía ni idea de que existiese un teorema de Menelao. Tampoco sé por qué se llama así y, desde luego, no pienso gastar un segundo en averiguarlo. Ya tengo suficiente información inútil en la cabeza como para ponerme ahora a atiborrarla un poco más. Lo que sí les aseguro es que su demostración es sencilla y limpia y que, sin embargo, cien años más que hubiera vivido no serían suficientes para que hubiese dado con ella por el solo ejercicio de mis neuronas. 

Ya ven, quién lo iba a decir, Menelao, el gran cornudo de entre todos los cornudos de la Historia, que han sido unos cuantos. Porque esa es la verdad, que mucho me too y demás mandangas, pero puestos a considerar con calma no tardaremos en caer en la cuenta de que las infidelidades de los hombres son pecata minuta por comparación a las de las mujeres. Solo hay que atender a la biología para comprenderlo. El hombre, en el peor de los casos, soluciona las consecuencias del trance con una inyección de penicilina, pero la mujer se puede ver avocada, y de hecho se suele ver con frecuencia, a tener que pasar nueve meses con pesadez de barriga y luego toda una vida ocultando su secreto. Porque si no mienten las estadísticas el número de hijos que retozan por ahí creyendo que su padre es el que no es llega al diez por ciento en muchos estudios de campo.  Ya saben, ¿dónde se la pongo señora? La bombona de butano, por supuesto. 

Pero lo de Menelao, como les decía, fue la mundial. Sus cuernos, por así decirlo, fueron la causa eficiente del comienzo de la historia escrita y, sobre todo, de la literatura.  Si Helena no hubiese estado tan buena como de verdad estaba los humanos nos hubiésemos perdido la guerra de Troya  que es como decir que esto hubiera sido todavía un poco más puto aburrimiento. Y es que cuando los cuernos salen a la luz ya no es cosa sólo del que los lleva, entonces, la mancilla del honor se traspasa a la familia e, incluso a la nación, si el ejecutor de la feliz fechoría es un extranjero.

En fin, mejor no meneallo, que ya sabemos que hay cosas que no tienen enmienda. Así que dediquémonos a la geometría o similares que es una buen manera de ir pasando la vida en una especie de limbo en el que los cuernos se convierten en perchas para colgar la ropa.  


martes, 9 de junio de 2020

Las leyes no escritas del cielo

La cosa fue más o menos así. Una vez descubierto que Edipo no sólo había matado a su padre sino que también se había casado y tenido hijos con su madre, sus hijos, Polinices y Eteocles, le mandan al destierro y deciden entre ellos que se alternarán en el poder, un año uno y al siguiente el otro. Empieza Polinices y al año cede el poder a Eteocles. Pasa otro año y Eteocles se llama Andana cuando Polinices le reclama el traspaso. Las malas lenguas apuntan a que detrás de la rotura del pacto está su tío Creonte. Pero Polinices no se arredra, se va a Argos, segunda patria de su padre, a pedir ayuda. Los argivos montan un ejercito y marchan sobre Tebas. Son derrotados y en la batalla mueren Polinices y Eteocles. Y así es como todo el poder queda en manos de Creonte, el pariente vivo más cercano ya que es hermano de Yocasta, la mujer que fuera de Layo y luego de su hijo Edipo que, a su vez es padre y hermano de Polinices y Eteocles. Y de Antígona e Ismene, por supuesto. Desde luego que si hay una familia que merezca haber pasado a los libros de historia esa sin dudarlo es ésta. ¡Por Dios bendito, que no pudo ser que todo fuese predestinación divina! Algo tuvieron que poner de su parte para que las cosas saliesen tan mal. 

Pero como al perro flaco no hay forma de que se le acaben las pulgas, las desgracias no pararon ahí. Todavía quedaba algo por destruir y a ello se puso Creonte con saña. Mandó que a Eteocles se le rindiesen honras fúnebres y que a Polinices, por traidor a la patria, lo dejasen insepulto para que se lo comiesen las aves y los perros. Y ahí fue donde pinchó en hueso, porque Antígona no quiso permitir tal sacrilegio. Y es que las leyes no escritas del cielo ordenan dar sepultura a los muertos. Y ahí es donde da comienzo una de entre las más bellas disquisiciones de la historia entre Antigona y Creonte sobre los límites del poder. Tan de actualidad, por cierto. ¿Porque es que, acaso tiene el poder terrenal derecho a conculcar las leyes no escritas del cielo? Bueno, eso es lo que pasa cuando la soberbia de los políticos entra en connivencia con su ignorancia. O sea, lo de cada día. Así es que ya sólo queda leer hasta el final la tragedia Antígona para saber lo que nos espera. 

Y es que Antígona no está dispuesta a dejar que su hermano quede insepulto:

Pero es que no fue Zeus el que lo proclamó
ni Justicia, que vive con los dioses de abajo,
esas no son leyes que a los humanos dictan;
no creí que pudieran tus pregones a un hombre
dar autorización para infringir las leyes
no escritas de los dioses, que son inquebrantables
y que no datan de hoy ni de ayer, sino eternas  
son sin que nadie sepa cuando se promulgaron.
Tales son estas normas y no me iba a exponer
a su sanción divina por temor al orgullo
de nadie. Que a morir iba, ya lo sabía
aun sin proclama alguna; y así, si antes de tiempo
muero, es beneficioso lo que en ello recibo...

Y Creonte:

Ésta supo mostrar ya su insolencia cuando
a infringir se lanzó la ley establecida:
pero tras el delito vino un segundo abuso,
el jactarse con burlas de haberlo cometido.
Ya no sería, pues, un hombre yo, mas ella,
si impune esta victoria sobre mi consigue.

Por todo lo expuesto fue que Creonte mandase enterrar viva a su sobrina Antígona que, por cierto, es la prometida de Hemón, hijo a su vez de Creonte. De nada valen los razonamientos de Hemón, ni de el adivino Tiresias, ni de los ancianos: Creonte sigue en sus trece porque todo lo apuesta a que el poder sea inflexible en sus decisiones. Es como aquello del padre de Jimena en las Mocedades del Cid: procure siempre acertarla/ el honrado y principal,/ pero si la acierta mal/ sostenerla y no enmendarla. Y claro, como no podría ser de otra manera, el padre de Jimena muere a manos del Cid. La estulticia tiene un precio.

Bueno, en descargo de Creonte hay que decir que al final cae en la cuenta de su error, pero ya es tarde. Antigona ya se ha suicidado y Hemón está a punto de hacerlo, pero no sin antes escupir en la cara a su padre. Después, de poco valen los lamentos:

¡Ay, ay de mí! Ningún mortal
podrá cargar con la culpa mía.
Yo, infortunado, te maté, hijo mío,
ésta es la verdad. ¡Eh, servidores
llevadme de aquí cuanto antes, conducidme lejos,
pues ya no existo, ya no soy nadie!

La obra concluye con la reflexión del Corifeo, o sea, la sabiduría que subyace en todas las conciencias una vez  liberadas de las fatales emociones:

La cordura es con mucho precisa al que quiera
ser feliz y también debiera abstenerse
de impiedades. Aquel que se muestre soberbio
y lenguaraz grandemente sus culpas
expiará y con los años
tendrá que aprender sensatez. 

lunes, 8 de junio de 2020

Sostiene Elon

Si hay un héroe en el mundo actual ese es Elon Musk. Ya he comentado sobre él en numerosas ocasiones en este blog. Recuerdo una en la relataba la entrevista que le hacía Sal Khan sobre el sentido de la vida o algo así. Elon aprovechaba el rato para comer un take away chino. Porque es que su tiempo sí que es oro. Como el de todos los apasionados por crear de la nada. O sea, lo que hacen los dioses. O semidioses al menos. Bueno, quizá haya que haberse interesado por el mundo clásico para saber de qué estoy hablando. Por aquel entonces, Zeus, o cualquier otro olímpico, se encoñaba de una tía buena y acababa haciéndole un hijo que luego daba mucho de qué hablar por sus habilidades poco comunes. En fin, como ven, lo único que ha cambiado en el mundo es la forma de contar las cosas. 

El caso es que ayer vi una entrevista que le hacían a Elon con la intención de sonsacarle sus opiniones sobre la movida en curso. Y ¿saben qué? Pues que el chaval no puede estar más de acuerdo con lo que yo pienso al respecto. Vamos, que como si me hubiese leído. Porque el caso es que ha desafiado al gobierno del condado en el que tiene su fábrica de coches y la ha puesto a producir. El gobierno, con la fatal arrogancia que les suele caracterizar, le ha amenazado, ¡faltaría más! Ah, sí, les ha contestado Elon, pues me llevo la producción a Nevada o Texas, que son estados que no se andan con remilgos. Y claro, ahí ha quedado todo porque los del gobierno, como es lógico, se han cagado por la pata abajo. 

Lo tiene claro, para él, como para mí, lo correcto es interpretar adecuadamente las estadísticas. Muertos por debajo de sesenta años, si no cero por ciento, casi. Muertos  por coronavirus, habría que ver quienes son realmente y en que condiciones estaban cuando les ha llegado el trance, porque, por poner un ejemplo, un tipo con enfisema, ¿por qué ha muerto, por el coronavirus o por el enfisema? ¡Seamos serios señores! Si en Santander la media de edad de los muertos es de ochenta y tres años, cualquiera con dos dedos de frente puede suponer que han muerto de cualquier otra cosa antes que por el coronavirus. O es que los enfermos crónicos que mueren constantemente no lo hacen por una descompensación de su frágil equilibrio a causa de cualquier tipo de infección, ya sea vírica, ya bacteriana. 

Si, para él, lo de quedarse en casa o salir es una cuestión meramente personal. Y lo que están haciendo los gobiernos imponiendo por la fuerza el confinamiento es sencillamente fascista. Oye, y que el que tenga tos que se ponga una mascarilla como vienen haciendo en Japón desde hace mucho. No porque sirva para algo sino porque lo de toser encima de la gente es de mal gusto. 

En fin, pues lo dicho, un tío que no solo ha demostrado que tiene una inteligencia de las de aquí te espero sino que, también, vive rodeado de la máxima inteligencia que hay en el planeta como demuestra los grandes logros que han conseguido entre todos. Y ahora van a pensar los bien pensantes de siempre que dice lo que dice por egoísmo e ignorancia. ¡Anda ya! Tengan seguridad de que está asesorado al más alto nivel. Y eso, añadido a una gran cabeza, pues da lo que da, o sea, que todo esto es una jodida manipulación de la mafia de las mentes mediocres con fines a todas luces evidentes, o sea, que las mentes superiores no les desplacen del poder... es decir, que se les acabe lo de vivir del cuento.      

domingo, 7 de junio de 2020

¡Pedalead, malditos!

Hay, o había, un conocimiento empírico que prevenía sobre las falsas ilusiones que la gente se suele hacer cuando un moribundo experimenta una cierta mejoría. Es la mejoría que precede a la muerte, sospechaban los médicos, aunque, por supuesto, los muy ladinos no dijesen nada a los familiares. ¡Buena gana! Que vivan por unas horas con la ilusión y yo quedo como los ángeles y en el entre tanto me gano una pasta. 

Pues bien, eso mismo, ni más ni menos, es lo que dicen las gráficas históricas que pasa con la bolsa de valores. En todas las crisis bursátiles de las que hay memoria siempre pasó lo mismo. Una gran bajada seguida de un periodo de subidas poco explicables dados los malos balances de la mayoría de las empresas. Subidas en las que, por cierto, el llamado dinero tonto, o sea, el de los ignorantes, entra al trapo y, de pronto, cuando menos se espera, la gran degringolade: a tomar pol saco los últimos ahorros de los inocentes. Una, dos, tres... veinte batacazos, y la codicia de la gente del común sigue siendo igual de ciega. ¡Ahora es es el momento!, gritan con entusiasmo y corren hacia el despeñadero. 

!Qué le vamos a hacer si el mundo es cruel! Fíjense si son fáciles los cálculos: el valor real de todo lo que hay en EEUU es de cuatro billones -de los europeos continentales, o sea, cuatro millones de millones- de dólares y, sin embargo, los dólares en circulación son más de 230 billones. Es decir, doscientos veintitantos billones sustentados en la pura fantasía. Claro, ésta es la consecuencia de que a comienzos de los setenta del siglo pasado se retirase la paridad oro para el dólar. Ahora, no se engañen, la única paridad posible son las ganas de dar a la manivela de hacer billetes. "Pídeme dinero que yo te lo doy": en eso consiste toda la política monetaria. Gastar y gastar y gastar para que la maquinaria no se pare. Da igual a dónde nos lleve, porque lo que es impepinable es que si dejamos de pedalear nos vamos al suelo tan pronto como se extinga la inercia. Y ahí está el punto y la gravedad del momento, que llevamos meses sin pedalear y la inercia empieza a ser inapreciable. 

En fin, no sé porque me intereso por estas cosas porque a mí, en principio, poco me pueden afectar ya. Todavía no he experimentado esa mejoría que es heraldo del inminente final, pero siento ya sus pasos en los bordes de mi cuerpo. Así y todo, debe de ser cosa de la genética, como dicen los calés que es lo suyo, porque no puedo evitar un cierto resquemor interior por no haber sabido dejar un a modo de escudo, o salvavidas de emergencia, a la progenie que, por lo que sea, tengo. No parece que haya habido o haya o vaya a haber sentimiento más generalizado sobre la faz de la tierra: los progenitores quisieran que su descendencia no se extinguiese por los siglos de los siglos, amén... y por eso, precisamente, fantasean con las virtudes inmarcesibles de ese escudo o salvavidas que les hubiese gustado dejarles en herencia. ¡Soberbia espirlochería!  

viernes, 5 de junio de 2020

La fatal arrogancia

Trato de aliviar, y a veces lo consigo, este odioso confinamiento que nos señorea con la lectura de las tragedias griegas combinadas con la audición de sendas conferencias sobre la vida y obras de Hayek. Pues bien, no me cuesta mucho interrelacionar las unas con lo otro ya que el origen último de las tragedias no es otro que el principal caballo de batalla de Hayek, es decir, la fatal arrogancia. 

Layo y Yocasta tienen la fatal arrogancia de creer -porque son incapaces de pensar- de que muerto su hijo Edipo sus problemas se acabarán porque no se se podrá cumplir el oráculo ominoso que les destina a ser asesinados por Edipo. Pero, claro, como todos los arrogantes, son cobardes. No se atreven a poner por obra por propia mano el filicidio. Por eso encargan a un siervo la cruel tarea. Y aquí es donde comienza el orden espontaneo de la acción humana que solo las mentes arrogantes creen poder controlar en todos sus millones de imprevisibles conexiones. El siervo es piadoso y en vez de matar al niño se lo entrega a un pastor que apacienta los rebaños del rey de Argos. El niño, entonces, acaba siendo adoptado por ese rey que, por cierto, no tiene hijos. Un día, ese niño ya hombre, oye rumores sobre su origen y, como suele pasar en estos casos, quiere enterarse de la verdad. Se pone en camino. Al llegar a una encrucijada se topa con un señor ya mayor que va en una carreta acompañado por varios siervos. Ese señor, por lo que sea, no quiere dejar seguir adelante a Edipo, se arma entonces un lance de encrucijada que diría don Quijote del cual muere el señor y todos sus criados menos uno que escapa. Edipo sigue adelante y cuando ya se acerca a Tebas le corta el paso un ser horripilante mitad humano mitad león. La Esfinge para que nos entendamos. La Esfinge tenía aterrorizada a Tebas con su costumbre, o necesidad, de comerse cada día a unos cuantos tebanos. Solo había una manera de que la Esfinje acabase con su atroz necesidad, que alguien desentrañase el enigma que proponía a todo el que se le acercaba. ¿Cuál es el animal que primero anda a cuatro patas, luego a dos y después a tres?

Bien, aquí quiero hacer un inciso y lucubrar un poco sobre el porqué de que los habitantes tebanos fuesen incapaces de descifrar un enigma que tampoco es que sea para tanto. Bueno, quizá tenga que ver en ello el que Tebas fuese fundada por Cadmo un hijo de Agenor, rey de Fenicia, que recaló en lo que hoy es Grecia a consecuencia de andar buscando, por orden de su padre, a su hermana Europa que había sido raptada por Zeus disfrado de toro cuando andaba jugando en la playa con unas amigas. De Europa nunca más se supo, pero a Cadmo le pareció que aquellas colinas áticas le venían como de molde para plantar en ellas unas cuantas viñas. Cadmo es a los griegos lo que Noé a los judios. El inventor del vino. El caso es que allí plantó viñas y fundó una ciudad, y de tal confluencia surgió, también por designio de Zeus que se encaprichó de una hija de Cadmo, Semele,  el que todo aquello fuese consagrado a Baco, el hijo que surgió del mentado capricho. Y aquí es donde yo, hilando fino, llego a la conclusión de que ese culto a Baco es lo que tenía tan fuera de sí a los tebanos que eran incapaces de percatarse de que el paso del tiempo cambia la forma de moverse las personas: cuatro, dos, tres patas. Claro, Tebas debía ser una calle Peña Herbosa gigantesca llena de roqueros que nunca mueren. O, lo que viene a ser lo mismo, Monte Citerón lleno de bacantes. Patético todo ello y fue precisamente Edipo el que les dijo, ¡tíos, estáis dando un cante que es que no hay quien lo pueda aguantar!

La Esfinge, una vez resuelto el Enigma, se retiró de la escena y Tebas volvió a la normalidad. Y los tebanos agradecidos no solo hicieron rey a Edipo sino que, también, le casaron con la esposa, Yocasta, del antiguo rey, Layo, que había aparecido muerto en una encrucijada. Más orden espontáneo como pueden comprobar. Pero, claro, por ahí andaba huido el siervo que escapó cuando aquel lance de encrucijada. Y lo sabía todo y callaba por miedo, pero seguro que lo comentó con alguien  y con ello dio origen al rumor que no cesa y que, hilando por aquí y por allá, descubre todo el pastel... y estalla la tragedia. Yocasta se ahorca. Edipo al verla le quita unas fíbulas del vestido y se pincha los ojos hasta dejarlos inservibles. Etc.

En fin, perdonen mi atrevimiento al interrelacinar cosas que parecen churras con merinas. Pero no, no lo son. Todo está interrelacionado y la fatal arrogancia consiste precisamente en creerse capaz de poder abarcar ese todo y por ello tener en las manos las herramientas precisas para planificar el futuro. Craso error. El futuro es implanificable. El único artificio que podemos emplear para afrontarle con ciertas probabilidades de no darnos el catañazo es el de emplear los pocos datos de que disponemos para adentrarnos en el agotador procedimiento de prueba/error. O sea, avanzar cuatro pasos y parar a comprobar todos los errores que hemos cometido durante ese avance. No hay otra forma de aprender, es decir, avanzar sin estrellarse.