miércoles, 24 de junio de 2020

Tebaida

Supongo que ya les habré contado contado alguna vez que el padre de un amigo de juventud nos solía decir que hay dos cosas en la vida que no valen para nada, el crédito y la experiencia. El crédito, porque solo se lo dan al que lo tiene. La experiencia, porque cuando ya la has adquirido eres tan viejo que no la puedes utilizar. Bueno, pues con el conocimiento, que no sé si será experiencia, pasa tres cuartos de lo mismo, eres ya tan viejo cuando tienes algo de ello que solo te sirve para hacer de Cebolleta si es que alguien te da la oportunidad, que suele ser que no. Anyway...

El caso es que estoy revisitando Las Bacantes de Eurípides y unas cosas hilan con otras y se va creando un tupido tapiz de conexiones que pareciera una viva imagen de los entresijos de la humana naturaleza en su faceta más descarnada. Y así es que van Cadmo y Tiresias cogiditos de la mano y ataviados de rokero que nunca muere a sumarse a la rave que Dionisos tiene montada en las laderas del Citerón. ¡Por todos los dioses, pero es que habéis perdido el juicio! Les espeta Penteo, nieto de Cadmo, al verles de tal guisa. Tú tranqui, le dice Tiresias a Cadmo, que a este chaval le falta todavía aprender mucho para saber lo que vale un peine. Y le grita a Penteo: "¡Hazme caso Penteo! No te ufanes de que tu autoridad te da poder sobre los hombres; ni porque te has forjado una creencia, pero una creencia tuya enfermiza, creas que tienes razón. ¡Acoge al dios en el país, haz libaciones, sirve a Baco y corónate de yedra la cabeza!" 

Cadmo, como supongo sabrán, a parte de haber sido el que introdujo en Europa la vid, era abuelo de Penteo y, también, por una serie de sorprendentes malabarismos, del dios Dionisos. Así que en nada puede sorprender que anduviese el hombre un poco dubitativo sobre a que atenerse respecto de la rave: Un nieto la organiza y otro nieto la quiere prohibir. ¿Quién sabe, a lo mejor Penteo tenía su palacio cabe las laderas del Citerón y andaba cabreado porque no le dejaban dormir? 

Lo de Tiresias es, si cabe, mas interesante todavía. Yendo un día por el campo vio a dos serpientes apareándose. Empezó a bastonazos con ellas y mató a la hembra, de resultas de lo cual se convirtió en mujer. Unos años después, lo mismo, pero en este caso mató al macho, y se convirtió de nuevo en hombre. Así que un día andaban como siempre a la greña Zeus y Hera sobre quien obtenía más placer en el coito, si el macho o la hembra. Entonces Zeus recurió a Tiresias que era el único que se supiese que tenía experiencia sobre las dos condiciones. La hembra, dijo Tiresias, sin dudar un ápice, obtiene diez veces más placer que el hombre. Hera se tomó de pena la revelación de semejante secreto. Ya saben, las mujeres, como que te hacen un favor y, de pronto, Tiresias mediante, vamos y nos enteramos que los que estamos haciendo el favor de verdad somos los hombres. Bueno, fue tanto el rebote que le cogió a Hera que dejó ciego a Tiresias. Y Zeus, para no ser menos y compensar la maldad de Hera concedió a Tiresias el don de la profecía y de la longevidad. Por eso nos encontramos a Tiresias el adivino desde Cadmo hasta su tataratatatanieto Edipo. 

Total, que, por si no lo saben, el hijo de Semele, hija a su vez de Cadmo, Dionisos, "inventó la bebida fluyente del racimo y se la aportó a los humanos. Ésta calma el pesar de los apurados mortales, apenas se sacian del zumo de la vid, y les ofrece el sueño y el olvido de los males cotidianos. ¡No hay otra medicina para las penas!"

Y vamos hilando. Ya les conté que pasadas varias generaciones había a las puertas de Tebas, la ciudad que fundará Cadmo, una esfinge que ponía un acertijo a todo el que se acercaba. Como nadie lo resolvía se los iba comiendo a todos. Hasta que alguien no lo acierte, había predicho Tiresias, que todavía andaba por allí, esto va a seguir igual, con esta especie de pandemia. Bueno, ya saben que fue Edipo el que desentrañó el acertijo y que la esfinge de pura rabia se tiró por un acantilado y que aquí paz, pero no gloria, porque la única realidad de la vida es que a problema resuelto, nuevo problema puesto. Ya les conté todo lo que vino después. 

O sea, la bebida fluyente del racimo de la vid que calma el pesar de los apurados mortales y por tal les hace inconscientes de que con el paso del tiempo lo apropiado es andar con tres patas, el tan denostado bastón por delator, que es lo único que hace que la esfinge se tire por el precipicio. Pero, ya digo, el bastón delator, ¿a ver qué viejo roquero se va a resignar a semejante humillación? Como dicen todos esos libros de autoayuda, no son los años que tienes sino cómo de joven te sientes. ¡Y un jamón con tres chorreras! Con el vino, la coca, la meta, y demás sustancias divinas no hay manera de apearse del burro y, de ahí que la esfinge siga teniendo tanto tajo y, según todos los indicios, cada día va a tener más. 

Y perdonen por la moralina. 

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