No me canso de escuchar conferencias que so capa de economía, filosofía, o cualesquiera otra pseudociencia, en realidad tratan de lo único que es realmente importante para el ser humano: la libertad. Su epistemología, por así decirlo. Es decir, sus principios o fundamentos. ¡Dios mío, hasta que punto se tergiversa ese concepto! Libertad sin ira, se cantaba cuando aquellos maravillosos años. ¡Qué ingenuidad! La única libertad posible es el continuo estado de guerra. Con uno mismo y con los demás. Porque uno mismo está siempre intentando cercenársela por mor de la ilusoria seguridad y, los demás, lo mismo, por aquello de la también ilusoria idea de que tu sometimiento es mi libertad con seguridad.
El sometimiento es otra de las patas fundamentales de la gran traición que nos hacemos a nosotros mismos. Porque no se crean que es fácil percibirlo. Lo normal es que nos entreguemos a él con entusiasmo en la creencia de que es precisamente lo contrario, nuestra liberación. Fíjense que he dicho "en la creencia": por definición, siempre que les salga de dentro ese sintagma, o expresión, échense a temblar, porque si creen es que no piensan. Y si no piensan es que otro lo está haciendo por ustedes en su propio beneficio.
Escuchaba el otro día razonar a Juan Ramón Rallo sobre una de las tergiversaciones más malignas de todo este entramado que nos sustenta a duras penas. El consumismo, que según la creencia generalizada es la consecuencia inevitable del capitalismo. Volvemos a creer y nos volvemos a equivocar. Nada más anticapitalista que el consumismo. Es elemental: el consumismo impide el ahorro; sin ahorro no hay inversión; sin inversión no hay innovación... o sea, justo el cáncer por el que han muerto todas las economías de corte socialista. Porque es que sin innovar se te lleva por delante el río de la historia.
No, entérense, la esencia del capitalismo es el ahorro. Y precisamente por eso el capitalismo es la única ideología que proporciona libertad real, empezando por el autocontrol a la hora de la satisfacción inmediata de los deseos, que no otra cosa es el ahorro. Sí, el ahorro es invertir en libertad. Sólo el que ahorró puede tomar decisiones respecto a cambiar el rumbo de su vida. El que no lo hizo, a dejarse arrastrar por el main stream, o sea, limitarse a lo que ordena el ojo que vigila. Consumo carajonero, en definitiva. La máquina de la ansiedad, o insatisfación perpetua si mejor quieren definirlo. Ya ven qué engaño. ¿Porque qué es lo que ofrece la ideología dominante en prácticamente todo el mundo? Pues eso, que satisfagas inmediatamente todos tus deseos. ¿Que te generan ansiedad? No problem. Contamos con infinidad de paliativos para ese efecto secundario: pastillas, copas, raciones y cazuelitas, etc.. En fin, lo dejo porque noto que estoy empezando a desvariar.
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