Están preocupadísimos los gobernantes por que no nos pase nada. Y como suele pasar en estos casos el preocupador que se preocupa engorda el bolsillo de los amiguetes. Es que, claro, si no nos dicen como tenemos que usar la mascarilla, alomejó lo hacemos mal y luego pues que nos morimos. Así es que han decidido llenar la ciudad con esos carteles tan didácticos que es que hasta un socialista lo puede entender, lo que ya es decir. Total por unas perrillas que vamos a dar a los de MALDITA.es, que como que todo queda en casa. Ya saben, a ese matrimonio de periodistas, reyes de la imparcialidad, siempre atentos a que nadie diga mentiras sobre nosotros que es que ya saben la de gente mal intencionada que nos quiere difamar, en fin, que van dados con nosotros.
Bueno, la verdad es que la gente se pasa por el culo la mascarilla, a los gobernantes, la crisis económica y todo lo que haga falta con tal de que la dejen ir a la playa, el bar y demás, es decir, que la dejen seguir con sus costumbres ancestrales, o sea, su cultura que le dicen. Allí estaba ayer la gente, tumbados sur l´herbe, al borde de los acantilados, contemplando la eterna sonrisa de las ondas marinas, y que aquí me las den todas. Ya te digo, ¡mascarillas a mí!, en todo caso chubasqueiros do pito, que eso sí que sí, si la ocasión se presenta.
Me voy a pasear que necesito escampar la boira.

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