Salgo a dar una vuelta, mayormente por el parque Ribera Sur que lo tengo a tiro de piedra, y para evitar emperrarme con ideas obsesivas me coloco los auriculares y escucho cualquiera de las conferencias que por el querer de la diosa Atenea llevamos todos en el bolsillo. Así he conocido a Misses, a Hayek, la Escuela de Salamanca, las terribles consecuencias de las equivocaciones de Keynes, ect.. Bien es verdad que de lejos me viene el garbanzo al pico: ya hace años que me entusiasmé con La Riqueza de las Naciones de Adam Smith y, desde entonces, vengo manteniendo un intercambio de información al respecto con Santi que ha ampliado mucho mis horizontes sobre la ciencia económica. Pero es que, ahora, con estas conferencias flipo: Axel Kaiser, Daniel Calle, Martín Krause, Juan Ramón Rallo, Miguel Anxo Bastos, pero, elevándose unos palmos por encima de todos ellos, lo que ya es decir, Jesús Huerta de Soto.
Huerta de Soto es maestro de maestros en la cosa de la economía, pero por encima de todo es quijote hasta la médula. Su lema bien podría ser aquel parlamento de don Quijote que comenzaba así: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida." Porque, enterémonos de una vez por todas: la vida, para ser vida, tiene que ser una lucha ininterrumpida contra los que quieren limitar tu libertad para afianzar la suya. Empezando por el poder establecido y terminando por las hermanitas de la caridad, más letales si cabe que el poder establecido por aquello de que van camufladas.
Pues sí, según Huerta de Soto la libertad individual es el oxígeno que mantiene vivas a las células de la economía. Sí rebajas las cuotas de libertad las células languidecen y las baldas de los supermercados empiezan a estar vacías. Es un mecanismo infalible que se ha comprobado ya miles de veces. Y, sin embargo, como quien oye llover. El poder establecido, digamos que el Estado, ve las baldas vacías y automáticamente piensa que la causa del desastre es su limitado poder... y se lanza a quitar a los ciudadanos la escasa libertad que les queda. Y entonces, ya, en vez de languidecer, las células mueren directamente so pena de montarse en un cayuco y lanzarse a la aventura de alcanzar las costas de La Florida.
Es muy curioso todo esto, porque el desentrañamiento de la realidad tiene sus dificultades para los que no han leído de niños. Como sostiene Elon Musk, si no has leído de niño, lo más probable es que razones por analogías. Si has leído tendrás la posibilidad de hacerlo por principios. Y esto es, en sustancia, la madre del cordero de todas las diferencias entre los humanos: razonar por analogías o hacerlo por principios. ¡Métanselo en la cabeza! Porque, veamos, en qué se basan los liberticidas socialistas para tener ese odio a Franco. Pues muy sencillo, en que piensan por analogías: el fascismo, el nazismo y todas esas milongas... y ellos de eso nada, por supuesto, que lo suyo es mirar por el bien común, esa vulgaridad extrema. Claro, si pensasen por principios de inmediato caerían en la cuenta de que lo que hizo Franco fue exactamente lo que ellos harían si la gente se dejase. O sea, un Estado gigantesco para colocar en él a todos los míos: sanidad, educación, pensiones, bancos, electricidad, comunicaciones... prácticamente todo en manos del partido único. Bueno, la ciudadanía podía elegir entre El As y El Marca, lo que no era poco. Ahora, para no ser menos, entre Netflix y HBO, dos apariencias distintas de una misma propaganda: la exaltación de socialdemocracia, es decir, de Franco.
En fin, ya les dígo, Huerta de Soto: razonar por principios; luchar por la libertad. No hay otra manera de afrontar el futuro con posibilidades.
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