lunes, 29 de junio de 2020

El de la peña

 Se viene hablando desde hace hace décadas de la decadencia de occidente, que si patatín, que si patatán, todo patochadas. La decadencia de occidente, señores, comenzó aquél día que un tipo se subió a una peña y empezó a enumerar las maneras que tiene el ser humano de convertirse en un bienaventurado. Empezando y sobre todo, siendo un pobre de espíritu. Luego, el tipo de la peña, para redondear la jugada, se les llevó a todos a merendar pan y peces a la orilla del lago Tiberiades. Ahí fue, precisamente, donde comenzó toda la milonga del estado benefactor. A partir de ese momento, los pobres de espíritu ya no quieren oír hablar de otra cosa. Y dan igual todos los castañazos que se hayan pegado, ellos seguirán forever erre que erre. 

Así es que olvídense de todo ese rimbomborio que hay montado alrededor de la lucha ideológica porque la cosa no puede ser más sencilla: los perdedores nunca se van a apear de la idea de que tienen derecho a que los ganadores les paguen la merienda a orillas de cualquier lago que sea. Lo dijo el de la peña y lo repitieron hasta la saciedad todos sus discípulos a lo largo de ls siglos: que paguen los ricos... porque, total, para qué quieren el dinero si no van a poder entrar en el reino de los cielos.

Veo hoy a una joven llorando amargamente porque el gobierno socialcomunista en curso ha recortado en un cuarenta por ciento el presupuesto de investigación en el que está trabajando. "Yo, que tengo una niña pequeña", decía entre sollozos. y entonces levantaba la mano para secarse las lágrimas y se podía ver que tenía el antebrazo tatuado. Bueno, todo ello son asuntos que cuadran. Ningún ganador llora porque el de la peña ya no reparte peces. Como si no hubiese mil sitios en donde se pueden pescar. Bueno tampoco es probable que alguien que se siente medianamente bien consigo mismo se haga un tatuaje. Una automutilación, en definitiva. 

Pero, da igual. Por mucho que el lastre de los llorones retarde la marcha, el mundo sigue su avance imparable hacia el desentrañamiento de su esencia... que es, se mire como se mire, lo único que importa. Lo único que importa aún a sabiendas de que por mucho que se avance siempre estaremos a la misma distancia de la comprensión total. Es una terrible paradoja, pero, para los que están en la lucha, como si no existiese. 

En cualquier caso, para los que ya han comprendido que nunca van a comprender, esto resulta muy cansado y con muy poco interés.   
  

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