Paseo por el Parque del Agua, una isla vedada a los perros en medio de la ciudad, y me duele comprobar que no hay un puto banco en el que te puedas sentar sin que tengas que compartirlo con montones de inmundicia. Para mí, este incivismo sólo tiene un culpable: las autoridades. Pero, bueno, paso del tema y sigo paseando entre los chopos que cimbrean sus cimas al viento. Es un lugar bello donde les haya. Y en el entretanto voy escuchando "De la Brevedad de la Vida" de Séneca en la voz grave y armoniosa de un tipo que curiosamente se llama Artur Mas.
Sostiene Séneca, y yo me identifico al cien por cien, que la vida es breve o larga en función de si malgastamos o aprovechamos el tiempo. Y es precisamente cada cual el que tiene volver la vista hacia sí y considerar como fue que lo empleó. ¿Lo malgastó, lo empleó bien? ¡Buena pregunta!, como suelen decir los entrevistados que se quieren congraciar con el entrevistador. Difícil de contestar en cualquier caso, porque ¿qué es una cosa y otra? Cada cual, supongo, dará su propia versión de tan metafísico asunto en función de la calidad de su sabiduría... que, no se equivoquen, no es lo mismo que conocimiento.
Sabiduría es saber abstraerse de los propios pensamientos para poder escuchar con atención. Parecerá una tontería lo que acabo de decir, pero no lo es en absoluto. Adquirir esa capacidad de abstracción que permite observar lo que nos rodea sin prejuicios requiere años de esforzado entrenamiento. Ver el mundo tal y como realmente es, es algo a lo que ni siquiera los mejores pudieron nunca llegar. Al respecto, solo hay destellos de vez en cuando y es precisamente a esos destellos a lo que debemos estar atentos.
Ya saben que los destellos son luz y que la luz ilumina siempre y cuando no haya por medio un muro impenetrable. El muro de la avidez, de la arrogancia, de, en definitiva, de la ignorancia. ¿Cómo derribarlo? Bueno, si escuchas, si quiera mínimamente, a los que por sus méritos permanecieron a través de los siglos, quizá te enteres de que si prefieres dedicarte a los otros antes de haberte dedicado a ti mismo nunca conseguirás derribar esos muros que te impiden ver. Sí, aprender el duro oficio de la soledad es, al parecer de todos los sabios sin excepción, el único camino que existe para ampliar si quiera un poquito el campo de visión y, por lo tanto, de alargar la vida. En fin.
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