Personalmente, esto del coronavirus en lo que atañe a su faceta de ente patógeno me la trae absolutamente al pairo. Todas esas tonterías que se dicen por ahí no son más que los típicos sortilegios, ya sea para ahuyentar el miedo, ya sea para exacerbarlo con sabe dios qué intenciones. Pero la realidad es que no hay nada nuevo bajo el sol. Desde que existen los laboratorios de fisiología respiratoria se sabe perfectamente que las infecciones virales son letales para los que padecen EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Bueno, yo tuve la inmensa suerte de poder trabajar con el Dr. Palenciano, una eminencia en la materia. Aprendí con él a medir todo lo que hay medible en los pulmones. Que no son pocas cosas, créanme. Y así, midiendo por aquí y por allá uno se enteraba de un montón de cosas. Por ejemplo, que si a una persona sana le mides el flujo de aire a los seis meses de haber padecido una infección viral es más que probable que le encuentres fallas a la altura de los bronquiolos. Digamos que la parte más delicada del árbol bronquial. Muy próximo ya a los alveolos, que es donde se produce el intercambio de gases entre la sangre y el aire. Imagínense un árbol, pues los bronquiolos es como si fuese el peciolo que sostiene a las hojas, que serían los alveolos. Cuando el árbol languidece es precisamente por ahí por donde empieza la hecatombe.
Bueno, no me gusta nada la divulgación científica. Siempre produce un conocimiento superficial que suele ser interpretado por el recipiendario como conocimiento profundo. Y no te digo nada ya si la divulgación es médica y el que la recibe es un hipocondríaco; entonces, dinamita pura. En fin, a lo que iba, que todo esto que está pasando nada tiene que ver con el virus y sí mucho con el miedo de una clase política que ve peligrar sus privilegios. Y es que las cosas de este mundo, por definición, no son estáticas. Y el modelo de organización política que ha sido hegemónico durante el último siglo, digamos que la socialdemocracia, no es más que una cosa de este mundo a la que ya le va tocando cambiar por otra cosa. Porque es que hay que estar muy anósmico para no sentir que huele a podrido que tira para atrás.
Así es que, perdonen, pero yo me parto. Hoy veo un vídeo en YouTube en el que se anuncia el descubrimiento de un potente antiviral por parte de los científicos de la prestigiosísima universidad de Oxford, la más antigua del Reino Unido y una de las más antiguas del mundo. ¡Como para no creérselo! Pues bien, el antiviral es, ni más ni menos, dexametasona. O sea, el antiinflamatorio que se viene usando para las bronquiolitis desde la noche de los tiempos como quien dice. Y así todo. Y, mientras tanto, el populos se siente seguro con su bozal. Incluso, yo diría que feliz. Pero el tirano, ¡ay!, tiembla ya en su trono de paja. Y trata de ahuyentar su miedo inculcándoselo a la ingente masa de los iletrados. De nada le servirá. La Historia nos lo enseña.
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