En una escena de la serie "The Big Bang Theory" se ve a uno de los protagonistas en trance de intimar con la mujer con la que se piensa casar. Como los dos son indios, se trata de un matrimonio apañado por sus padres. El caso es que están en la habitación de un hotel, sentados en la cama, contándose las cosas que les gustan o desagradan. Ella dice que no le gusta la música -grandes risotadas enlatadas-. ¿Qué música?, pregunta él. Todas, contesta ella con contundencia -más risotadas-.
Ya ven, así son las cosas y puede que siempre hayan sido y vayan a ser: el que no guste la música es más que nada un chiste. Como si fuese un imposible metafísico. Es decir, una cosa que es y no es al mismo tiempo. Y por tanto indemostrable. O inaprensible. ¡Yo qué sé! El caso es que no tengo por qué dudar de la muchacha, pero por otra parte me cuesta concebir que a alguien no le emocione en algún momento algún tipo de música. Incluso a mi padre, que parecía opaco al asunto, se le notaba que le ponían los cuplés que cantaba Sarita Montiel.
El caso es que yo no sé de quién lo habré heredado, de la familia de mi madre supongo, pero multitud de músicas me impresionan tanto que en ocasiones ni siquiera puedo contener las lágrimas. Me pasó hace dos días viendo a Paola Hermosín cantando, acompañándose con la guitarra, "Contigo aprendí" del maestro Manzanero. Y es que tengo que reconocer que por mucho que rebusque en mi pasado nunca podré encontrar momentos tan intensos como los ligados a los boleros. Es tal la conjunción entre música y poesía que, a mi parecer, se percibe en este género cuando andas un poco salido que es casi imposible que la cabeza no explote en forma de ataque de locura. ¡Cuántas declaraciones amorosas no se habrán producido bajo la influencia del bolero! Por Dios bendito, a veces pienso que habría que prohibirlos.
En resumidas cuentas, que comprendo perfectamente la relevancia social que tienen los músicos, sobre todo cuando a la vez son bardos. Y es que son algo así como catalizadores de la vida sentimental del personal. Es decir, que la impulsan. Y eso, como supongo habrán experimentado alguna vez, es enormemente placentero. Lo cual que, como que hay que andarse con cuidado porque cuando uno se entusiasma es, precisamente, cuando mas tonterías se hacen. O sea que, ¡ojo con la música! Sobre todo con los boleros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario